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viernes, 29 de julio de 2011

Tradiciones y costumbres mexicanas: La Fiesta de la Cueva en Guanajuato

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LA FIESTA DE LA CUEVA
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(Tradición de Guanajuato)
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La ciudad de Guanajuato siempre está de fiesta. No pasa día sin algún evento cultural o popular en esta ciudad. Ese ambiente es parte de las rutinas. Las condiciones del clima no son impedimento para que los lugareños y los visitantes disfruten de la siempre amplia cartelera cultural y de espectáculos. El bullicio en todos los rincones es común, pero sólo en el centro se ven aglomeraciones, principalmente durante los fines de semana. Pese a ello, hay un día en el devenir guanajuatense cuando las rutinas se rompen por completo; en cierto rincón se ve más gente que nunca (las noches cervantinas se quedan cortas en comparación): toda la falda del famoso Cerro de La Bufa, o Los Calderones, toma una vida diferente; las típicas tonalidades sepias, pardas y los manchones de verde vegetación se tornan en una impresionante gama de abigarrados colores. Medio mundo sube en peregrinación a la cueva de San Ignacio; hoy es su día, su fiesta; es el 31 de julio. Texto de Homero Adame.
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Las procesiones inician con una velada en la víspera. A media noche, el cerro se ilumina con las teas y con las velas que los peregrinos llevan en sus manos. Los cohetes surcan el oscuro cielo para explotar en mil chispas de colores. Es un espectáculo sin igual. Luego la gente entona "las mañanitas" y muchos se quedarán allá arriba hasta el día siguiente. Quienes no subieron en la noche lo hacen desde temprano después del amanecer. Son pocos los que dejan pasar esta oportunidad para ir a la cueva y pasar un día de campo lejos de sus rutinas, pero teniendo a su querida ciudad a sus pies. Artículo de Homero Adame.
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Son tres las cuevas que a lo largo de los años han sido parte fundamental de la Fiesta de la Cueva, o fiesta de San Ignacio: la cueva encantada, la cueva de Los Picachos y la cueva nueva. En la cueva encantada (donde, por cierto, existen unas pinturas franciscanas sin fecha) se realizaba originalmente esta singular celebración, pero como quedaba muy lejos, fue reemplazada por la cueva de Los Picachos. Ésta ha caído en desuso también, pero sigue siendo visitada por los peregrinos. En la actualidad, la misa a San Ignacio se celebra en la cueva nueva, al medio día. Ahí existe un altar y es tan espaciosa que caben muchísimas personas.
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Son tantos los peregrinos y curiosos que en los últimos años resultó necesario organizar el camino. El ascenso a la cueva ya no es directo como antes, ahora se tiene que rodear por el paso de "Las Comadres" y luego bajar a la cueva para finalmente descender por el sendero convencional. En ciertos puntos, incluso, hay escaleras para que la bajada sea menos peligrosa. Aparte de los peregrinos a pie, existe un grupo de personas que sube a caballo. Ellos son algo así como una cofradía y se auto denominan "Los templarios". Algo muy relevante es el hecho de que aquí no haya matachines, como sucede en muchas otras fiestas, pero esto no le resta méritos, ni color, ni ambiente.
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En toda la ruta de subida vamos encontrando a los vendedores ambulantes y a los de ocasión que aprovechan este día para ganarse un dinero extra, así como a los músicos que entonan melodías bajo petición. Resulta simpático ver a los paleteros con sus carritos por ahí. No nos queda más que preguntarle a uno de ellos cómo le hace para subirlo. "Empujando y con mucho sufrimiento, porque no hay que fallarle a nuestro Nachito", es su respuesta. Asimismo, nos percatamos de que los peregrinos son de cualquier edad, desde niños hasta ancianos, como don Miguel Hernández, quien con más de 80 años a cuestas ha participado en esta festividad desde que tiene uso de razón, según nos explica. Ensayo de Homero Adame sobre la fiesta de San Ignacio, en Guanajuato.
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A mitad de camino encontramos la cueva nueva. Ésta no es natural porque fue hecha por los cantereros, quienes de aquí extrajeron muchísima cantera verde que hoy en día engalana innumerables fachadas guanajuatenses. Un poco más arriba hay que tomar la desviación y ascender hasta el paso de "Las Comadres", que es en sí el punto más alto a visitar en este recorrido.
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Son varias las tradiciones que siguen vigentes durante esta procesión. Una de ellas señala que los peregrinos deben primero detenerse en la cueva nueva (donde se oficia la misa), luego subir para visitar los picachos de "Las Comadres" y después continuar a la cueva de Los Picachos. Otra tradición, y quizá la primigenia, es venir en peregrinación con el afán de pedir la lluvia a los dioses, las deidades o a San Ignacio y, en efecto, después de las seis de la tarde normalmente cae una tormenta. Como todo mundo lo sabe, para esas horas ya han bajado del cerro y los que no, pues tendrán que buscar refugio en alguna de las cuevas o en cualquier abrigo rocoso por ahí, que son muchos, por cierto.
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La Fiesta de La Cueva es en sí una fusión de creencias y tradiciones tanto autóctonas como religiosas traídas durante la conquista. Para comenzar, tenemos el culto a las deidades de la lluvia, muy propio de las sociedades agrícolas de la antigüedad. Luego encontramos el culto a las cuevas con todos los mitos que esto implica. Finalmente, observamos el aspecto religioso moderno, con San Ignacio de Loyola como estandarte, quien fue, por cierto, el patrón legítimo de la ciudad al ser introducido por los primeros mineros (en la actualidad, Guanajuato tiene también como patrona a la Virgen de Guanajuato). Ahora bien, si estudiamos más a fondo la vida e historia de San Ignacio, encontramos un elemento muy interesante en el hecho de que él pasó mucho tiempo en la cueva de Manresa, en España; cueva donde existían pinturas "diabólicas" (¡rupestres!) y era sitio ritual de los hechiceros locales. Este dato es interesante porque en Guanajuato existe o existió algo similar en las dos cuevas viejas (¡con pinturas rupestres también!), donde algunos brujos se reunían para celebrar sus aquelarres con danzas, cánticos y ritos al fuego.
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Después de admirar los míticos picachos de "Las Comadres", continuamos el ascenso hasta llegar a la cima, desde donde se aprecian unas panorámicas poco conocidas de Guanajuato. Luego de platicar con algunas personas, quienes nos cuentan ciertas leyendas, iniciamos el descenso para llegar a la cueva de Los Picachos. Muchísima gente anda por ahí. En las paredes de esta cueva poco profunda aún se aprecian algunos restos de antiquísimas pinturas rupestres -las figuras prehistóricas casi han desaparecido por causa del graffiti (sólo quedan tres, y esto gracias a que debido a la altura son poco accesibles para los vándalos). Asimismo, hasta hace algunos años hubo ahí una pintura de San Ignacio de Loyola (con fechas de 1840 y 1874), pero alguien decidió cubrirla con pintura blanca (dicen que el encargado de tal barbaridad fue un cura "de la religión", o protestante). Es fácil notar que esta cueva ha sido vandalizada constantemente a través del tiempo. Entretanto, resulta interesante escuchar a los padres de familia explicarles a sus hijos que en el pasado no había graffiti y existían pinturas muy hermosas. A viva voz, muchos demuestran su coraje y anhelan que alguien se haga cargo de limpiar el sitio y restaurar las imágenes. Lamentablemente, esto suena algo utópico, ya que la cueva sirve como establo de borregos a lo largo del año.
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Un poco más abajo, por ese mismo cañón, existen unos abrigos rocosos donde descubrimos varias pinturas neo-rupestres. Éstas son de serpientes, caballos, lagartijas y motivos mitológicos, muy bien logradas (aunque de colores chillantes), tal vez hechas hace algunos 30 años o más, pero ya también han sido víctima de los vándalos. Y finalmente, a pocos metros de ahí, luego de bajar por una escalera de madera, volvemos al camino cerca de la cueva nueva. Las nubes anuncian un chaparrón. La gente apresura el paso para llegar abajo antes de que caigan las primeras gotas. Al atardecer la peregrinación concluye, una fiesta más a San Ignacio va quedando en el recuerdo, y la lluvia llega puntual. La gente ha cumplido y las deidades también. Texto de Homero Adame encontrado en uno de sus blogs.
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Cómo llegar:
El acceso más corto a la cueva nueva es por la carretera panorámica que rodea a la ciudad, hacia el sur, iniciando el ascenso a la altura de la estación de la Comisión de Electricidad.
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Nota: este texto fue publicado en el número 305 de la revista
México Desconocido, de julio de 2002, en el cual se incluyeron dos leyendas relacionadas con las cuevas.
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Para leer una leyenda que habla de esta cueva, sigue este enlace:
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Si andas buscando leyendas guanajuatenses, sigue este enlace:
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¿Buscas leyendas mexicanas en inglés? Aquí hay un enlace:
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viernes, 22 de julio de 2011

Mitos y leyendas de Coahuila: La fundación de Saltillo

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LA POSIBLE FUNDACIÓN DE SALTILLO SOBRE UN ADORATORIO PREHISPÁNICO
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(Leyenda de Saltillo, Coahuila)
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Como suele suceder en muchos lugares, los lingüistas no terminan de ponerse de acuerdo en la etimología del nombre de alguna ciudad, mientras que los historiadores tienen sus diferencias acerca del origen de la misma. Tal es el caso de Saltillo, pues existen muchas versiones sobre su fundación exacta, algunas de la cuales incluso rebasan, en ocasiones, el aspecto histórico para caer en la leyenda.
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Una de las tantas versiones dice que cuando los conquistadores llegaron a estas tierras, se sorprendieron mucho de encontrar un territorio por demás desértico, pero se les hizo muy extraño que los nativos defendieran ferozmente la cima de un cerro. Como aquellos españoles eran muy voraces y lo único que buscaban era oro, plata o cualquier yacimiento, tal vez pensaron que los nativos (¿quiniguas o huachichiles?) escondían en ese cerro sus riquezas. Por su parte, los misioneros pensaron que seguramente los indígenas estaban protegiendo un adoratorio consagrado a sus dioses. Así, unos llevados por la ambición y otros con la excusa de cristianizar a los “herejes”, terminaron matando a los aguerridos quiniguas o huachichiles, pero con la ayuda de los tlaxcaltecas.
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Cuando finalmente los españoles se apoderaron del cerro en cuestión, se percataron de que era un ojo de agua lo que defendían los nativos y no la entrada a una mina de plata u oro. El verdadero tesoro de aquellos pobladores era el agua, lo más preciado en el desierto. Para sacar provecho de esta circunstancia, y también poder subyugar a los indígenas con una nueva religión, los conquistadores levantaron en ese cerro la capilla del Santo Cristo del Ojo de Agua, lo que se supone fue el origen de la fundación de Saltillo. Leyenda en un blog de Homero Adame.
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El hecho de que el agua brotara, y siga brotando, en lo alto de un cerro, fue visto por aquellos españoles como un milagro del Cristo, pero también hay versiones que dicen que esto se debía a la magia de un chamán huachichil o quiniguas y que por eso los nativos tenían ahí un adoratorio.
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Una versión de la leyenda del Santo Cristo del Ojo de Agua se incluyó en el libro Mitos y leyendas de todo México, publicado por Editorial Trillas. Dicho libro está a la venta en cualquiera de las librerías de Trillas. También se puede adquirir en la tienda en línea, siguiendo este enlace:

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Myths and legends from Sonora: The Devil Does a Good Deed


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THE DEVIL DOES A GOOD DEED
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Folk story from the State of Sonora

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One evening, while having dinner with don Evaristo and doña Almanda, I asked our guest if he knew any stories from the state of Sonora. “You see, Emily and I are planning to drive to Sonora for the holidays,” I said.
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“Now, let me think,” don Evaristo said and thought for a while. “Ah, yes. I’ve just thought of a good one. ‘The Devil Does a Good Deed’, it’s called.”
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“The Devil.” said Emily, “Are you going to frighten us?”
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 “Not quite. This story is about an old lady named Eulogia, who lived all alone on a small ranch, in a forgotten corner in the middle of the Sonora desert. Eulogia had very few visitors. Maybe once or twice a year, a muleteer would take a wrong turning and come across the ranch by accident. And these chance visits were the only times Eulogia received any news from the outside world.” Don Evaristo began.
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 “Her husband had been a member of an infamous gang of bandits, feared throughout the territory. After one particularly dangerous raid against federal troops, the leader of the gang presented Eulogia’s husband with a dramatic painting of a devil. This was his way of thanking Eulogia’s husband for saving his life during the bitter encounter. Though he was not at all happy about the subject of the painting, Eulogia’s husband could not, of course, refuse a gift from his leader and friend. That day, when he arrived home, he placed the picture behind a door, and there it stayed. Even after his death, the picture stayed there; being one of the few things he left his solitary wife to remember him by.
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“Now, when our story begins, Eulogia was still in good health, though advanced in years. She still kept her own house and did her own housework, and, whenever she went through the door on which the strange painting hung, she used to say, ‘Poor thing! You never see the face of God, do you?’ Then she would take a cloth and gently sweep off the dust from the painting. This daily ritual repeated itself, day after day and year after year. After her husband’s death, she even moved the painting closer to her room, so she would not forget to dust it off.
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 “All flesh is weak, and so it happened that, strong as she was, one day Eulogia fell ill. Now very old indeed and all alone in the desert, she made up her herbal remedies and tried to take care of herself the best she could. But it was all to no avail. As each day passed, she grew weaker and weaker, until finally, she just lay motionless on bed, unable to move a finger.
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 “When the devil in the painting saw her sad condition, he materialized, came out of the picture and approached Eulogia’s bed. She knew very well that death was near. ‘Good-bye, old friend,’ she said to the devil. When the devil heard this, he rushed out of the house as fast as he could and ran and ran down the lonely desert road towards the nearest town.
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 “Once in town, he rushed inside the first church he came to. When the priest saw the devil, he recoiled in horror. ‘What do you want of me?’ he demanded, in a rage. ‘I just want you to come with me and give the last rites to someone who is dying,’ replied the devil.
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 “The priest found very hard to believe the devil’s words, but the idea of saving a poor soul seemed more important to him than any devil’s trickery. So, he agreed to go with the devil, but not without carefully packing a holy cross, holy water, incense and all the materials he needed for the sacrament.
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“Priest and devil together hitched the horses to a carriage and hurried off back to Eulogia’s ranch. When they arrived, they found the old lady smiling tranquilly. ‘I’ve just seen a beautiful lady dressed all in white,’ she whispered. ‘She was coming down a long tunnel to meet me and little children with wings were flying all around her.’
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“The priest then gave the old lady confession, and soon after, Eulogia passed away peacefully, and well accompanied. 
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“Moments later, the priest asked the devil to leave, but first he remembered to thank him for his good deed. Before they parted, the holy man said to the devil, ‘Tell me, what made you want to save a soul? Why on earth did you do a good deed? Is this a devil’s work?’
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‘Well, you know, that woman was extraordinarily kind to me. She even saved me from my prison in the picture! Besides, I already have her husband’s soul,’ the devil smiled and vanished. The priest, for his part, went back to the town and to all his priestly duties.
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“When the authorities and gravediggers came to bury the old lady, they found a strange painting beside her. A painting of a silhouette – the outline of a figure, where the devil’s form had once been...”
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“How strange, that the devil should do such a kind thing!” Emily exclaimed. “I can’t believe it.”
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“Neither can I, but who knows? Maybe even bad spirits can do good deeds, from time to time.” Don Evaristo laughed. “And it’s only a story, Emily!”
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Folk story originally published in the English textbook Orbit 3. By Homero Adame, Pat Grounds and Carol Lethaby. Ediciones Castillo, S.A. de C.V. Monterrey, Mexico. 2000. Pp. 206-207.
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domingo, 17 de julio de 2011

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: El ánima de una niña que llora en Días de Muertos

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LA NIÑA DIFUNTA QUE LLORA EN LA VÍSPERA DEL
DÍA DE MUERTOS

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Leyenda de Vanegas, S.L.P.
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En el pueblo de Vanegas cuentan que hace mucho tiempo asesinaron a una niña en el parque de béisbol. Fue una historia muy triste que afectó a muchísima gente, y más a los familiares, por supuesto. Dicen que la manera en que murió esa chamaquita inocente fue muy cruel. Pese a los años transcurridos, en dicho lugar se oyen los llantos de ella. Esto siempre sucede a partir de la media noche del 1° de noviembre. Quienes han escuchado ese lamento fantasmal afirman que es como un llanto solitario, y están seguros de que sea el ánima de la niña que ahí murió trágicamente.
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Por su parte, en la madrugada del día 2 en ese mismo lugar se escucha que mucha gente llora. Creen que sean los llantos de los familiares que estuvieron en el sepelio de aquella niña inocente que fue cruelmente asesinada. Leyenda escrita por Homero Adame.
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Aunque no queda algún familiar de esa difuntita viviendo en Vanegas, mucha gente acostumbra hacer un altarcito y prender velas para las fiestas de Día de Muertos en el lugar donde murió la niña. Esto lo hacen para que su ánima encuentre descanso. Leyenda encontrada en el blog de Homero Adame.
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¿Dónde se encuentra Vanegas?
Vanegas se ubica en la parte noroeste del Altiplano potosino. Colinda con los municipios de Catorce y de Cedral. También tiene colindancias con el municipio de Mazapil, Zacatecas, hacia el oeste, y con el municipio de Galeana, Nuevo León, hacia el norte.
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El pueblo de Vanegas se fundó como centro ferroviario cuando tendieron el ramal de la vía México-Laredo, a finales del siglo xix. Sin embargo, en esta región ya existía la hacienda de San Juan de Banegas. En 1922, la población fue elevada a categoría de municipio y de cabecera municipal.
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El origen de su nombre se debe a la citada hacienda de San Juan de Banegas, aunque en un momento de la historia la gente comenzó a escribirlo como Vanegas.
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Hay más leyendas de Días de Muertos en estos enlaces:
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Sigue estos enlaces para leer otros textos de tradiciones y costumbres durante los Días de Muertos.
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Si quieres leer leyendas y tradiciones de Días de Muertos en inglés, ve a cualquiera de estos enlaces:
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viernes, 8 de julio de 2011

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: San Francisco y las fonderas

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SAN FRANCISCO Y LAS FONDERAS
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Leyenda de Real de Catorce, municipio de Catorce, SLP
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De todas las historias recopiladas para este trabajo, posiblemente no haya otra que contenga mejores aspectos narrativos y de leyenda que ésta. Aquí, la narradora, doña “Carlitos” nos cuenta de un acontecimiento de la vida diaria del Real de Catorce que ya sólo queda en la historia oral, cuando el pueblo era un centro minero muy próspero. Además, explica el por qué la imagen de San Francisco presenta unas quemaduras y nos ofrece un dramático (o “lógico”) desenlace, el cual imprime un tono más rico de leyenda.
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Cuando entonces el Real de Catorce estaba en opulencia, mis abuelas, que eran unas mujeres viejillas antiguas, venían con sus animales y unos colotes y bidones de leche a vender, y desde el Puerto de los Aguadores hasta la puerta del panteón era la calle de Fondas; le decían «de fonderas» porque las fondas las atendían puras mujeres. Cuando salía el pueble [sic] de varones de la mina del Padre [Flores], de Guadalupito, de San Agustín, de San Pedro y de todos los minerales salían los puebles a comer a las fondas.
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Había una señora que tenía su fonda en un cuartito del panteón p’acá –todavía existe esa casita– y a ella no le gustaba que nadie la anduviera procurando, y entre sus males había algo que Panchito (San Francisco de Asís) le notaba. Todos los días que llegaban las gentes de mi rancho (Las Adjuntas) con sus borregas a vender, veían a San Panchito ahí parado afuera de la fonda de esa mujer. Como en aquel tiempo San Panchito vivía en la iglesia del panteón, le quedaban muy cerquita las fondas. Él salía siempre a ver el pueble a la hora de la comida. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Bueno, la mujer ésa se daba cuenta que llegaba un hombre a vigilarla a la orilla del cuarto, afuera de la fonda, pero ella no sabía que era San Panchito porque no platicaba con nadie ella. Ya harta de que ese hombre desconocido [para ella] la estuviera vigilando, un día tenía ella unas cazuelas jetonotas de mole y estaba menéele y menéele y el pueble estaba que ya iba llegar. Entonces ese día traía mucho coraje la señora –estaba agarrando quesos y gordas de horno que les había comprado a mis abuelas viejas– cuando llegó el hombre desconocido y se paró en la puerta y se asomó así. Como ella estaba menéele y menéele a la cazuela jetona del mole se enojó mucho porque se asomó el señor y [ella] le dijo unas maldicionotas. Le dijo: “Viejo jijo de quién sabe qué, ¿qué me cuidas?” –y es que San Panchito iba todos los día a cuidar las fondas, iba de fonda en fonda para que la comida estuviera buena y el pueble bien alimentado. Del libro Mitos y leyendas del Altiplano potosino.
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Estaba la vieja esa meneando el mole –¡vieja mugrosa!– y entonces Panchito se metió a saludar a la señora y al estirar la mano ella muy enojada le aventó el mole caliente en la mano. Panchito, sin decirle quién era, le dijo que le besara la mano y ella le contestó: “¡Sáquese de aquí, viejo fisgón!”, y San Francisco se regresó caminando y al momento que iba cruzar la puerta p’afuera, ella le aventó las cucharas de chile y le cayó el chile a San Panchito en la espalda. Por eso la imagen de San Francisco está quemada de aquí de su manita y también de su espaldita porque la vieja esa le aventó dos cucharones de chile que uno le cayó en la mano y el otro en la espaldita, además de que la mano ya la llevaba quemada con el mole caliente. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Mis abuelas sabían cómo se llamaba esa vieja mugrosa, pero yo sí me acuerdo que el marido de ella se llamaba Jacinto. Jacinto se dio cuenta y regañó a su señora diciéndole: “Vieja animal, ¿por qué has ofendido a San Panchito?”. Entonces ella ya se dio cuenta de quién era el hombre extraño que la vigilaba y se fue detrás de él por toda la calle. Se dio cuenta cuándo él se metió aquí a la iglesia y se subió a su camerino y lo vio ya sentado ahí con su manita quemada y ella pegaba de gritos por haber ofendido a San Panchito. El dolor y el llanto de arrepentimiento de esa mugrosa no fueron suficientes.
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San Francisco no castiga ni es rencoroso, pero hay otros poderes que sí castigan. A la mañana siguiente Jacinto –sí, su esposo– fue y mató a su mujer; la mató por haber ofendido al santo más bueno del pueblo. Nadie lo recriminó porque ella bien se había merecido la muerte. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Esta leyenda fue salió publicada en el libro Mitos y leyendas del Altiplano potosino, de la Editorial Ponciano Arriaga de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, en 2004.
Puedes leer esta misma leyenda en inglés siguiendo este enlace:
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martes, 5 de julio de 2011

Myths and Legends from the State of San Luis Potosi: Don Pantaleon – A ‘Diablero’

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DON PANTALEON – A ‘DIABLERO’
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(Folk story from El Sabino, in Santo Domingo, S.L.P.)
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Here in El Sabino, there was once a man named Pantaleon, who brought the skeleton of a dead bull back to life. This is a true story, I tell you, because I saw it all with my own eyes!
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Don Pantaleon was well-known for his amazing tricks. One day, just for fun, looking at a dried-up, white heap of bones, he said, “Look, guys, I’m going to fight that old, dead bull!” Who knows what magic spells he uttered, or what magic dust he threw up into the air, but sure enough, the skeleton slowly stood up. Then, little by little, new red flesh began to cover the white bones and strong black hair began to grow over the flesh, and very soon the bull began to snort and to prance and dance about again! And don Pantaleon, true to his word, grabbed a red blanket and began to fight the bull!
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We sometimes think that in the old days, people were much poorer and more ignorant than nowadays, but the truth is, they also had a lot of knowledge of things that have now been long forgotten. Don Pantaleon was, in fact, a ‘diablero’ and he knew how to do real magic.
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People in the past were more aware of the supernatural; they could speak with the spirits. They learned all these things from the Indians that lived in these lands long before the Spanish conquerors arrived. The Huachichiles, Caxcanes, and Coyoteros used to observe all natural phenomena with great attention, and experimented with many hidden arts. Folk story found in Homero Adame's blog.
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Much of this knowledge is now lost forever. For example, people say that the ‘diableros’ – a type of sorcerer or wizard, like don Pantaleon – even knew how to speak to all the spirits of nature, and how to make rain! But all of this has become just one more part of our great history…
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Written by Homero Adame and translated by Pat Grounds. Originally published in the English textbook Activate! 2. By Carol Lethaby, Homero Adame, and Pat Grounds. Ediciones Castillo, S.A. de C.V. Monterrey, Mexico. 2003. Pp. 180-181.
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The original version of this story, in Spanish, was published in the book Mitos y leyendas del Altiplano. Secretaría de Cultura del Estado y PACMyC. 2004..
If you wish to read more Mexican folk stories, just follow this link:
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domingo, 3 de julio de 2011

Mitos y leyendas de Guanajuato: Un tesoro en «Las Margaritas»

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UN TESORO EN «LAS MARGARITAS»
LEYENDA DE SAN BARTOLOMÉ, GUANAJUATO
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Ahí en «Las Margaritas» hay un tesoro que dejaron los gachupines. Dicen que son unas ánimas las que dan razón de dónde está el dinero enterrado –es harto dinero–. Dicen que se quejan las ánimas y que se ven las sombras que pasan porque hay gente que las han visto y que esas sombras señalan en dónde está enterrado ese tesoro; un tesoro muy grande. Yo entiendo que en la mera puerta de la iglesia está enterrado un cajón que mide metro y medio de largo por 80 cm. de alto y está lleno de puros centenarios que están acomodados muy bonito. Hay gente que le ha hecho la lucha pero luego les da miedo porque las ánimas los asustan. Eso me han platicado los que han ido allá a buscarlo. Leyenda recopilada por Homero Adame.
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Una vez unos muchachos que vieron las sombras de las ánimas se decidieron a escarbar y escarbar bien profundo y luego dijeron que sí abrieron el cajón; por eso sabemos de qué tamaño es y cómo están acomodados los centenarios. Entonces fue cuando ellos escucharon que las ánimas estaban alegue y alegue y que se les vino una tropelada de caballos, y entonces los pobres muchachos con el puro susto nomás corrieron y hasta dejaron los picos y las palas ahí tiradas. Leyenda en un blog de Homero Adame.
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Pero mire cómo son las cosas, porque a la mañana siguiente agarraron valor y fueron a buscar el tesoro, pues al fin y al cabo el pozo ya estaba abierto, y no se imagina cuánto se sorprendieron al darse cuenta que ya estaba tapado y que ni siquiera se miraban las señales del escarbadero que hicieron la noche anterior.
Yo les dije luego que lo que les falló fue que uno de ellos debería haber estado rezando y echando inciensos mientras que otro debería haber tenido un Cristo y agua bendita, mientras que los demás escarbaban. Pero lo curioso fue que encontraron otra vez tapado el pozo y ya mejor decidieron no volver a escarbar nunca. Leyenda subida por Homero Adame.
Esas ánimas ofrecen el tesoro porque ellas andan buscando descanso. Entonces digo yo que el que anda buscando tesoros también tiene que prometerles algo, como por ejemplo dar un socorro a la iglesia o a los prójimos pobres; una donación con parte del dinero que saque. Y además debe hacer un funeral en el panteón, aunque sea con una caja vacía.
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Esta leyenda me la contó don Cirilo Hernández (1907-2004) una mañana que estaba barriendo el atrio de la iglesia.
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