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viernes, 30 de septiembre de 2011

Tradiciones mexicanas: El cordonazo de San Francisco

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EL CORDONAZO DE SAN FRANCISCO
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Sabiduría empírica sobre el clima y el primer frío del año
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Como todos sabemos, el 4 de octubre es la fecha asignada por las efemérides cristianas para festejar a San Francisco de Asís. En muchos lugares de México, principalmente donde hubo fuerte influencia de misioneros franciscanos, se celebran las fiestas patronales o simplemente religiosas con gran algarabía, pues se dice que San Francisco es muy milagroso.
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Independientemente del lado religioso, en la tradición oral de muchas zonas rurales del país existe una conseja conocida como el cordonazo de San Francisco, que representa en sí el primer frío del año, alrededor del 4 de octubre. Cuando baja la temperatura en esos días o caen las primeras heladas, la gente dice: “Ya pegó el cordonazo de San Francisco”.
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¿Cómo y cuándo surgió esta conseja? No parecen existir referencias mitológicas o legendarias al respecto, pero la más conocida es una leyenda cristiana que cuenta lo siguiente: como San Francisco es el patrón de las lluvias, él se encarga de regar los campos y llenar las presas con agua suficiente para que dure por todo un año. Cuando se acerca el día 4 de octubre, y a sabiendas de que es la fecha de su fiesta, para llegar muy limpio a la celebración sacude su hábito y es cuando el cordón se agita vigorosamente en el cielo y trae la primera onda gélida, así como las últimas gotas de lluvia de la temporada. Cuando termina la fiesta, San Francisco se toma un largo descanso y por eso, se dice, ya no hay lluvias por varios meses. Texto tomado del blog de Homero Adame.
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Muchos campesinos tienen una conseja adicional: si el cordonazo de San Francisco no llega en las fechas esperadas, dicen que habrá fuertes heladas tempranas que afectarán los campos de cultivo cuando aún no se han levantado las cosechas.
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Y tú, amigo lector, ¿qué sabes de esta costumbre oral? ¿Qué cuenta la gente en el lugar donde vives? ¿Te sabes algún refrán que lo mencione?
Si sabes más sobre el cordonazo de San Francisco y te gustaría compartirlo con otros lectores, bienvenido; ya leeremos tu aportación con mucho interés y otros seguramente la comentarán.
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Si te interesa este tema, ve al blog de
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También puedes leer un relato sobre San Francisco de Asís en este enlace:
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Tradiciones mexicanas: Fiestas potosinas de San Jerónimo


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FIESTAS PATRONALES DE SAN JERÓNIMO
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En Moctezuma, SLP

El 30 de septiembre es el día de la fiesta patronal de San Jerónimo, en Moctezuma. Los festejos inician desde el 17 con una misa y la bajada de la imagen de San Jerónimo del nicho que ocupa en la iglesia. Los encargados de bajarla son los “padrinos” elegidos para este año.
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La novena comienza el día 22 con entradas de cera y una misa. En los días subsecuentes varios grupos de las comunidades hacen sus peregrinaciones.

Desde la tarde del día 29, la plaza se ve engalanada con la fiesta popular en, para la cual se elige a la reina. Texto en un blog de Homero Adame.

El 30 inicia con las tradicionales “mañanitas” a las 5:00 am. A media mañana se oficia una misa, que los niños aprovechan para hacer su primera comunión. A la 1:00 pm se oficia la solemne misa patronal. Texto de Homero Adame.
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En la tarde se hace el paseo de la imagen de San Jerónimo en procesión y con carros alegóricos. Después se celebra otra misa, para la cual se sube la imagen del santo a su nicho y luego se quema pólvora como conclusión de la fiesta.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Tradiciones mexicanas: Fiestas potosinas de San Miguel Arcángel


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FIESTAS PATRONALES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
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 En San Luis Potosí y en Mexquitic
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El 29 de septiembre es la fecha dedicada a San Miguel Arcángel por las efemérides cristianas. En algunos lugares del estado de San Luis Potosí se celebra ese día la fiesta patronal, por ejemplo:
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En el barrio de San Miguelito de la capital potosina, el cual se fundó en 1597, bajo la advocación de la Santísima Trinidad, pero en 1830 tomó su nombre actual y desde entonces es considerado como el barrio más tradicional de la ciudad.
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La novena da inicio el día 20 con una misa cantada, para que los ocho días siguientes lleguen diversas peregrinaciones a dejarle flores y cera a San Miguelito. El domingo previo al día 21 la imagen patronal es bajada de su nicho para llevarla a recorrer sus dominios (algunas calles del popular barrio).
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El día 29 se cantan las mañanitas y se oficia la misa de los ausentes y luego la de los difuntos. A lo largo del día hay movimiento en la plaza, con juegos mecánicos, antojitos y vendimias. A las 7:00 el arzobispo celebra la solemne misa y luego concluye la celebración con la quema de pólvora.
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El día 30 concluye la fiesta cuando los mayordomos suben a San Miguelito a su nicho previo a la misa.
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En Mexquitic de Carmona se organiza la Feria Regional de Mexquitic (FEREMEX) dentro del marco de las fiestas patronales. Aquí también es una novena que inicia cuando se baja la imagen de San Miguelito de su nicho en la parroquia y luego se organiza una peregrinación con música y pólvora por las calles del pueblo.
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En la tarde del día 28 salen los carros alegóricos y se presentan las candidatas a reina de la Feria, la cual será electa durante el baile popular esa misma noche.
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El 29 amanece con los cohetones que anuncian la llegada de tan esperado día y el canto de las mañanitas. A media mañana se celebra una misa dedicada a los niños que habrán de hacer su primera comunión. Al mediodía los grupos de peregrinos, guiados por matachines, recorren las calles antes de entrar a la iglesia, donde esperan a las altas autoridades eclesiásticas que habrán de oficiar la solemne misa. Por lo general ésta la celebra el arzobispo de San Luis Potosí. Por la tarde llegan más grupos con cera para ofrecérsela al santo de su devoción y en la noche hay juegos artificiales y baile popular.
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Las festividades concluyen el día 30, cuando al mediodía se sube la imagen de San Miguel de nuevo a su nicho, entre la algarabía popular.
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Puedes leer leyendas que hablan de San Miguel Arcángel en estos enlaces:
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jueves, 22 de septiembre de 2011

Arqueoastronomía desde la Joya Honda, SLP


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SOLSTICIOS Y EQUINOCCIOS EN LA JOYA HONDA, SLP
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En 2008, durante un recorrido que hice con mi hermano mayor por toda la circunferencia de un xalapasco* llamado La Joya Honda, en el estado de San Luis Potosí, encontramos una cueva hecha por alguien. Era el atardecer y esperamos allí hasta que el sol se ocultara detrás del perfil poniente. Nos llamó la atención que se metió cerca de una protuberancia natural. Especulamos si pasaría exactamente sobre ella en el solsticio u equinoccio. La única manera de saberlo era estando allí. Sin ser científicos, hicimos algunos cálculos y descubrimos que la cueva en cuestión se ubica casi a un grado al sur del Trópico de Cáncer (23° 27' de latitud Norte), pues sus coordenadas exactas son: 22° 25' 16.21 Norte / 100° 46' 58.20 Oeste.
En la primavera de 2009 fui a la cueva para observar el equinoccio. No imaginé entonces que 30 meses después iba a confirmar una teoría que fue gestándose con el tiempo. Investigación de Homero Adame.
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Aquella primavera de 2009 el sol se metió exactamente detrás de la protuberancia, promontorio o montículo natural en el borde poniente del xalapasco. ¿Era un marcador solar? Observé que había otro promontorio más definido hacia el norte y anticipé que por ahí debería pasar el sol en verano. De ser así, quizá estaba en un punto de observación astronómica que ahora se conoce como arqueoastronomía. La cueva no es natural e ignoro quién la hizo (hay también otras cuevas y abrigos rocosos naturales). Sin embargo, allí es antiguo territorio huachichil y, puedo especular, sus sacerdotes o astrónomos perforaron esa cueva con el fin de observar desde su interior los movimientos del sol y así calcular las estaciones.
Ese verano de 2009 fuimos puntuales a la Joya Honda para observar el solsticio y confirmar las sospechas. Pero estaba nublado y, de hecho, cayó una tormenta de miedo. Afortunadamente, en el interior de la cueva (que no es muy profunda) estábamos a salvo de la lluvia y de los rayos. Investigación de Homero Adame.
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Para el equinoccio de otoño de 2009 y el solsticio de invierno no pude ir. Había que esperar otro año.
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En 2010 fui a la cueva de la Joya Honda para los solsticios de verano y de invierno (el equinoccio de otoño estuvo muy nublado). Confirmé que el promontorio norte, efectivamente, es un marcador solar de verano.

Por su parte, para el solsticio de invierno no parecía haber un marcador, pues el sol se metió en el horizonte sin tener un perfil del xalapasco de por medio. Luego de ver las fotos a detalle caí en cuenta, empero, que sí había un “marcador”. Resulta que en el perfil sur de la Joya Honda, que es la parte más baja (donde recientemente hicieron una escalinata), es la antípoda de la cueva, y muy atrás en el horizonte hay una serranía conocida como San Miguelito. Las cimas de los cerros son irregulares, pero hay una que parece plana. Por ahí se metió el sol. ¡Ése debía el marcador!
Y así llegó el equinoccio de otoño de 2011 y, puntual, fui a la cita con los movimientos solares. El sol se ocultó exactamente en el mismo punto o marcador donde se mete en primavera. Por fin corroboré mis sospechas de haber descubierto un observatorio de arqueoastronomía huachichil. Investigación de Homero Adame.
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Los científicos muy ortodoxos dirán que las observaciones arqueoastronómicas se hacen al amanecer, cuando el sol sale, o bien, al mediodía, justo con el cenit. De acuerdo, pero en la Joya Honda no aplica así (como tampoco eran coincidentes los cánones huachichiles con los de Mesoamérica). El único sitio de observación es la citada cueva y los promontorios naturales están de poniente a sur. Por lo tanto, según mis conclusiones, allí se observan los movimientos del sol en la tarde.
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¿Para qué sirve todo esto? Tal vez para nada, pues a nadie le va a cambiar la vida ni el mundo va a ser mejor. No obstante, para mí ha sido una satisfacción haber descubierto algo del pasado, sin registro ni memoria, algo que posiblemente calcularon bien los huachichiles mediante la observación sistemática de los movimientos solares y por eso cavaron una pequeña cueva para desde allí precisar los cambios de estación, los ciclos de lluvia y, más importante para ellos, los ciclos de caza.
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* Nota: el xalapasco (también escrito jalapasco) es una especie de cráter de origen no volcánico. En términos geológicos es conocido como maar y se forma cuando en el subsuelo hay una gran cantidad de agua y ésta, al calentarse debido al magma más abajo, hace explosión de tipo piroclástico o freatomagmático, quedando como resultado un cráter de tales características. Investigación de Homero Adame.
Puedes ver otras fotos y videos en este enlace:
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domingo, 18 de septiembre de 2011

Mitos y leyendas de Zacatecas: “La casa de las cien puertas”

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MITOS Y LEYENDAS DE ZACATECAS: “LA CASA DE LAS CIEN PUERTAS”
Leyenda de Tacoaleche, Zacatecas
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El protagonista de esta leyenda es Antonio García García, quien fuera heredero de la hacienda de Tacoaleche, Zacatecas. Cuentan que en el año 1880, Antonio se enamoró de una joven de la hacienda La Sauceda y el padre de Antonio, que vivía en la hacienda de Trancoso, fue a pedir la mano de ella. El papá de la joven puso como condición que el pretendiente construyera una mansión de cien puertas para su hija –algo que parecía imposible.
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Enamorado, Antonio aceptó el trato y de inmediato se puso a construir la mansión, aunque tardó quince años en terminarla a su gusto. Cuando estuvo lista, Antonio fue a decirle a su novia (ya no tan joven) que la mansión ya estaba concluida y que ya podían casarse. ¿Qué creen que respondió la mujercita? Dijo que ¡ya no! Ella no quiso cumplir el trato, no hubo boda y el pobre de Antonio se quedo soltero para siempre.
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Durante la época de la Revolución, los villistas asaltaron la hacienda y dejaron a Antonio en la ruina. Él murió en 1927 y dicen que su fantasma todavía abre y cierra las cien puertas de esa vieja casona (ahora remodelada como Casa de Cultura). Leyenda en un blog de Homero Adame.
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Esta leyenda fue escrita y enviada por Lucila Torres Ortiz al blog de Xpresandote. Ella es originaria de Concepción del Oro, Zacatecas, pero radica en Monterrey.
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Puedes leer otra leyenda de una casa similar en Villa de Ramos, SLP, siguiendo este enlace:
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viernes, 16 de septiembre de 2011

Mitos y leyendas de Oaxaca: el nombre de Puerto Escondido y un tesoro


 EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL PUERTO Y UN GRAN TESORO

Leyenda de Puerto Escondido, Oaxaca

Narración en video basada en la leyenda publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, de Homero Adame, por Editorial Trillas, 2010.
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Esta leyenda oaxaqueña, en versión texto, se puede leer en el siguiente enlace:

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La obra Mitos y leyendas de todo México está a la venta en todas las librerías de Trillas en el país, así como en otras de prestigio.
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También se puede adquirir a través de la 

Y ésta es la página directa del libro: 

viernes, 9 de septiembre de 2011

"El peregrino" - relato en el libro 14 voces por un real

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El peregrino
Relato de Homero Adame en su libro 14 voces por un real
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—Áaamonoos. Destino Real de Catorce. ¡Última parada en Cedral! –grita a todo pulmón el conductor del autobús que puntual cada año hace el mismo viaje repleto de peregrinos.
—Siempre igual. A este chofer lo conozco de hace muncho tiempo y grita igualito cuando nos lleva al Real de Catorce –dice un pasajero a su compañero de asiento–. Usté es nuevo, ¿vedá? Sí, me lo afiguraba. Yo tengo más de una docena de años de hacer este viaje y nunca lo he vido antes.
Van dos hombres sentados uno al lado del otro. El primero tiene como setenta años de edad, es bajito de estatura, de piel morena, curtida por el sol y cabello entrecano; viste ropa de mezclilla desgastada, con chamarra gruesa, sombrero y huaraches. El otro es un hombre de unos cuarenta y cinco años, moreno también, pero más alto; viste ropa moderna y de colores: chaqueta verde, camisa amarilla, pantalones azul marino y tenis.
Entre el rumor del motor, el traqueteo del vetusto camión, los ronquidos de uno que otro desmañanado y la música ranchera del radio, sobresalen el grito de un chiquillo inquieto y los cánticos de los adultos quienes se encuentran ansiosos de llegar para cantarle las mañanitas a San Francisco, que este 4 de octubre celebra su santoral.
«♪♪♪ Vamos peregrinos/ ya estamos por llegar/ que a nuestro santo hemos de adorar... ♫♫♫.»
—Muy bonito, mi amigo –continúa diciendo el viejo, en una suerte de monólogo, sin casi permitir que su compañero le responda–. Todos cantan antes de llegar. Hay que afinar la garganta. Usté sabe.
“Yo tengo munchos años de venir. ¿Es su primera visita? Le va gustar, le va gustar. Primero hay que subir el cerro, luego cruzar el túnel. Muy asombroso, el túnel. Ya verá cómo le va gustar.
“Antes era distinto, cruzábanos el túnel en mueble. Ya no. Ora es muncho el gentillal que viene que luego no se puede pasar más que caminando. Sí, mi amigo, las cosas cambian, pero el fervor a San Panchito es igual de fuerte. Eso no cambia. No, señor.
El ánimo general decae un poco cuando la aurora empieza a despuntar. Ha sido largo el viaje. Hace diez horas salió el autobús del pueblo y ya van por los rumbos de Cedral, donde hizo la última parada para cargar gasolina y que los pasajeros bajasen al baño.
«Traca, traca, traca» –suena y se bambolea el camión cuando toma el camino a Real de Catorce. Ha disminuido la velocidad porque ahí no se puede circular más veloz debido a la subida y al empedrado. Aunque lo cierto es que el autobús está tan viejo que tampoco se le puede pedir que vaya más fuerte.
—Ándele, ya vamos a llegar. Un ratito d’empedrado y luego en La Luz nos apeamos del mueble pa’ treparnos en uno de redilas que nos lleve hasta’l túnel. Son como cuatro o cinco kilómetros de subida bien disgraciada, y luego dos del túnel. No’mbe, las viejas ya no aguantan tanta friega. Imagínese, diez horas apoltronados en este camión... los huesos s’entumen. Como dicen los muchachos di ora: “Hasta la raya se te borra” ¡Ah chamacos caranchos, cada cosa que sacan!
“¿Tiene familia? Yo tengo cuatro muchachos y dos chamacas. Ya están grandes. No les gusta venir. Dos se fueron pa’l otro lao. Una vive por el rumbo de Tampico, y el resto están ocupados con sus chambas. No les gusta el rancho tampoco. Cuando estaban chiquíos sí los tráibanos, pero desde que faltó su madre –que descansando en paz esté mi vieja– se desbalagaron.
“¿Por qué no trajo a su vieja? Ah, es ésa qu’está con aquea otra señora. Su suegra, ¿vedá? Me lo imaginaba. Desde que se treparon supe qu’eran nuevos ustedes. Les va gustar, ya verá. Muy bonito el pueblo. Y muy milagroso San Panchito, ¡eso que ni qué!
“Le voy a platicar. Cuando mi vieja se puso mala yo le prometí una manda a San Panchito. Y mire que me la cumplió. Mi mujer –que Dios la tenga en su santo reino– me duró siete años más, pero cuando ya ni la fe pudo hacer nada, pos se murió. Sus últimas palabras que me dijo fueron: «Ay Chemo, nunca dejes d’ir a ver a San Francisco. Ve siempr’en su mero día, préndele una vela, reza por mí, por los tuyos, y pídele nos dé descanso». Yo le prometí y no le fallo, hasta que Dios me dé licencia.
“¿Usté cree en los milagros, mi amigo? Sí, me lo afiguraba. Desde que lo vi supe qu’eran gente de fe. No, mi amigo, ya verá... Hay un cuarto en el templo requetelleno de mandas, regalos, oraciones, votos de agradecimiento por los milagros concedidos y munchas otras curiosidades. ¡Muy milagroso San Panchito... muy milagroso! Usté namás pídale y él cumple. Pero hay que pagarle la manda, eso sí, porque luego hay cada pelao que namás quiere pa’ su lado, y luego no cumplen. A esos luego se les retacha la cosa. San Panchito no es rencoroso, pero hay que cumplirle, sí, señor.
“Y ¿a qué se dedica usté? Ah, muy bueno, todo trabajo es bueno. Yo tengo unas chivitas y siembro maiz y frijolito. La vida es dura, pero nos da lo necesario. Este año la seca estuvo ni pa’ qué le cuento. No saqué ni pa’ la semía. Pero Dios siempre nos ayuda. Le prometí a San Panchito que nos echara una manita con la siguiente siembra y ya ve, ya nos llovió. Se va a poner bueno, el campo está rechulo, verde verde p’onde usté mire. Pa’ diciembre –Dios no quiera que nos caiga una helada tempranera– voy a levantar buena cosecha. Pero mire, pa’ poder venir y cumplirle a San Panchito –ai le traigo unas semillitas y unas candelas–, tuve que vender dos chivitas. Ni modo, una promesa es una promesa.
“Ah, ora sí, ya llegamos. Menos mal que no se nos ponchó una llanta. No’mbe, el año pasado nos quedamos tirados y ya no pudimos llegar pa’ las mañanitas. Las tocan a las meras seis, cuando suenan las campanas. Se pone muy bonito. Sí, tuvimos que caminar, siempre cuest’arriba del cerro, y llegamos tarde, pero llegamos. Eso es lo importante, digo yo, ¿no?
—A las cinco regresamos. No olviden nada en el camión. A ver, bájese con cuidado. Agarren a ese niño. A las cinco, sí, nos vamos a las cinco –explica el chofer a los pasajeros del viejo autobús que viene repleto, pero ninguno parado.
—Ora hay qu’encaramarnos como becerros en este camión porque ya no dejan que los muebles de pasajeros suban hast’arriba. Es que se pone muy duro el mequetreque allá. Pero ya falta poco, unos tres o cuatro kilómetros, creo yo. Antes llegábanos hasta’l túnel, ora ya no. Es un gentillal bruto que hasta parece hormiguero. Pero qué bueno, ¿no? Así el santito se pone más contento y cumple más milagros.
—¡Epa, nomás no empujen! –grita a todo pulmón el chofer del otro camión–. A ver, dele la mano a esta señora. Así es. Su bolsa, señora. ¿Ya quedó? Ora sí voy a cerrar la redila. Cuidado, no meta las manos, chamaco travieso éste, porque se las machuco. Ora sí, ámonos.
—Es l’único malo del viaje, pero aguanta –continúa el viejo con su monólogo–. Afigúrese, hay unos que llegan en tren a la estación Catorce y de ai tienen que subir todo el cerro. Eso sí está bien carancho. Pero eso no es nada, hay otros que se avientan dos o tres días caminando desde quién sabe dónde, trepando y bajando cerros, cruzando el desierto y qué sé yo. Lo qu’es la fe. ¡Cómo habrán de llegar ampollados de las patas!
«Traca, traca, traca...». El camión de redila sube la cuesta a vuelta de rueda, donde el empedrado se antoja más pesado. Las vistas panorámicas del valle son impresionantes, pero los pasajeros casi no ven nada, no por que esté oscuro, pues de hecho ya clareó la mañana y de un momento a otro saldrán los primeros rayos del sol, sino porque todos están apretujados entre sí y cubriéndose del frío con pañoletas, sombreros, pasamontañas o lo que sea.
—Ya merito, namás damos vuelta al cerro y llegamos. Tá frijolito, ¿vedá? Nos pegó el cordonazo de San Francisco. Mire qu’este año nos llegó temprano. Eso es bueno porque no v’helar antes de levantar la cosecha. Mire qué bonito cuando raya el sol, ¿vedá? Lo bueno que ya pusieron luz en el túnel. Antes había qu’entrar con tea. Ya llegó la modernidá.
—Con cuidao. Apéense con cuidao –indica el chofer del camión a la gente que viajó el tramo de pie, apretujada y dándose calor para mitigar el frío matinal–. Déme la mano, señorita, apóyese aquí. Eso es. ¿De quién es ese morral que se quedó ahí? Ándele, no ande dejando nada, porque yo no respondo.
—¿Qué horas trae? Ah, bueno, vamos a llegar a tiempo. En media hora cruzamos el túnel. Hay qu’ir en grupo, pos luego dicen que hay ladrones ai dentro. Nunca faltan; están en todas partes. San Panchito luego anda tan ocupado que no nos puede defender de los robachicos –prosigue el viejo diciéndole al que fuera su compañero de asiento.
“Ah, buenos días, señora. Sí, yo y su marido hemos venido platicando muy a gusto... Le digo que hay qu’irnos juntos porque le decía a él que luego roban en la oscuridá. Pero andando en bola los rateros ni se arriman.
“[...] sí, como le decía, Real de Catorce fue un pueblo muy rico. Ahora ya está en ruinas. Quesque asustan, no’mbe... mentiras. Asustan los vivos; esos sí. ¿Usté cree en los espantos? Yo no, pero le voy a platicar: una vez allá por el rumbo de mi rancho se oyó a La Llorona gritar junto al río. Los animalitos s’encabritaron y una señora se arrendó di a tiro que hasta perdió el crío que llevaba dentro. Sí, se puso retemala y la llevaron con el dotor y nada. La barrieron d’espanto y nada. Mi vieja, que todavía vivía –Dios la guard’en su bendito seno– la encomendó a San Panchito. La trajimos aquí una vez y como al año se curó. Misterios que pasan. Pero San Panchito es muy milagroso, sí, muy milagroso.
«♪♪♪ Señor San Francisco/ te aclamo al llegar/ con todo mi corazón/ te vengo a felicitar –cantan las personas que a paso lento caminan entre las penumbras de la trémula luz dentro del túnel–. Minas de Santa Ana y de San Miguel/ de Santísima Trinidad y San Ramón/ de San Agustín, Santa Eduviges y San Jerónimo/ a esta tierra vida dieron/ pero tú, divino San Francisco/ a tu pueblo le mantienes el ánimo.
“Minas Veta Grande y de Guadalupe/ también la de Dolores/ y la del Padre Flores/ caminos que recorremos/ nosotros pecadores ♫♫♫.»
—Ah, ya se ve la luz del otro lado del túnel. Se mira raro, ¿vedá? Poco falta. Este túnel también tiene su leyenda. Resulta que platican que hace no sé cuántos años venían un montón de peregrinos caminando ansina, como nosotros, y que s’empezaron a quedar tirados. Se murieron... sí, se murieron. Hay quien dice que fueron más de mil, pero yo no sé con esatitú. Croqu’en esos años dejaban que los coches entraran, junto con los caminantes, y pos luego el gas de los motores acabó con el aire bueno y eso mató a la pobre gente. Ha de haber sido muy triste, pero estoy seguro que San Panchito les mostró el camino al cielo porque venían ellos a visitarlo a él, ¿vedá?
«Tan, tan. Tan, tan...» –tañen las campanas a lo lejos.
—Ah, la primera llamada; vamos a llegar a tiempo. Qué bueno porque los peregrinos que llegaron desde ayer no esperan. Ellos cantaron toda la noche, y bailaron las danzas y pastorelas también. Los grupos que vienen de otras partes traen su pastorela y se pone rebonito. Se me hace qu’el año entrante me vengo desde unos días antes, al cabo tengo quien me cuide mis chivitas. Y lo más bonito pa’ mí es venir a darle mi devoción a San Panchito y...
«♪♪♪ Señor San Francisco/ ya te vengo a visitar/ hasta tu Divino Templo/ dame licencia pa’ llegar... ♫♫♫» –cantan con mayor ahínco los peregrinos una vez que salen del túnel y ya ven la torre de la iglesia.
«Tan, tan. Tan, tan» –repican de nuevo las campanas que ya se escuchan a tiro de piedra, un poco ensordecidas por el grito constante de los muchos vendedores que desde días antes instalaron sus puestos a todo lo ancho del estacionamiento y a lo largo de la calle principal.
—Ya oyó. La segunda llamada. Ya estamos aquí. Bueno, que se diviertan. Por ai nos miramos. Si tienen tiempo vayan al panteón o a la mina, o a la plaza si no quieren caminar muy lejos. ¿Yo? No, yo ya estoy muy viejo par’esos trotes. Yo me quedo todo el rato en el templo. Me gusta contemplar los dibujos que la gente ha dejado, y nunca olvido rezar un misterio frente al retablo que dibujó mi mujer con sus propias manos. Es l’único d’ella que siempre vive aquí en el Real de Catorce. A veces no sé si vengo a ver a San Panchito o pa’ ver la cosa ésa de mi esposa. Tan guapa qu’era pa’ todo, mi mujer...
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Este relato salió publicado en mi libro 14 voces por un real, que ganó el Premio 20 de Noviembre en narrativa, 2004.
Puedes ver extractos de las otras voces en este enlace:

También puedes leer una reseña del libro siguiendo este otro enlace:

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mitos y leyendas de Michoacán: La niña del torreón

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LA NIÑA DEL TORREÓN
LEYENDA DE TEPUXTEPEC, MICHOACÁN

Dicen los lugareños que aunque no existen pláticas de tesoros en la enigmática torre solitaria del bordo de San Carlos, ni tampoco se escuchan ruidos extraños, algunas personas sí han visto la misteriosa aparición de una niña como de diez años, de cabello largo y oscuro que anda vestida con algo así como un camisoncito blanco. Ella va corriendo detrás de un perrito negro por entre la milpa y cuando los dos llegan a ese torreón, simplemente desaparecen, como si entraran atravesando los recios muros de piedra. Nadie puede dar una explicación a esa aparición fantasmal, pero se cree que tal vez sea el ánima de una niña que pudo haber muerto accidentalmente en ese lugar. Leyenda de Homero Adame.

Ese torreón, de vanos ojivales, perteneció a la hacienda de San Carlos y parece que servía como lugar de oración en tiempos ya olvidados. Ahora es parte meramente decorativa de los terrenos del ejido Los Dolores, en lo que se conoce como “Bordo de San Carlos”. Leyenda en un blog de Homero Adame.

Otra versión de esta misma leyenda fue publicada en el libro Leyendas de todo México. Aparecidos y fantasmas, de Homero Adame por Editorial Trillas, enero 2016. Puedes consultar el contenido del mismo en el enlace remarcado en amarillo.

Puedes leer más leyendas michoacanas en este enlace: Adameleyendas