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viernes, 21 de octubre de 2011

Historias de panteones: Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas


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UN SOMBRERO EN EL PANTEÓN
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Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas
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Una noche negra como pocas veces (la luna andaba seguramente de vacaciones), estaban reunidos varios amigos en un lugar muy cerca del panteón de Concepción del Oro; para ser exactos, en el arroyo. Aburridos de la misma rutina, uno de ellos dijo: “Hagamos algo diferente, algo que no hayamos hecho; ¿qué les parece si en punto de las doce, nos metemos al panteón?”.
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“Escuchen bien las instrucciones: uno de nosotros llevará un sombrero, lo dejará en la última tumba, saldrá de allí, vendrá hasta nosotros y el segundo irá por el sombrero y lo traerá aquí, se lo entregará al siguiente y así sucesivamente… ¿Entendieron?”.
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“¡Sí, sí entendimos!”, todos contestaron.
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Y así empezó el juego, sin ninguna novedad. Pasaron los minutos y se hicieron horas. Ya habían pasado fácilmente unas cinco personas, algunos con miedo, algunos más valientes, pero sin ningunas complicaciones; solamente el crujir del viento hacía que el que se adentraba y pisaba algunas tumbas se le ponía la piel “chinita” “chinita”. Las piedras resbalaban frecuentemente hacia algunas tumbas descuidadas, y por supuesto abiertas. Algunos tenían que hacer malabares para no caer adentro y lastimarse…
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Cuando al sexto compañero le tocó el turno de ir a dejar el sombrero, no quería ir; empezó a temblar y a temblar, pero ante la insistencia de los amigos, tuvo que entrar al camposanto. Con todo el miedo que tenía, empezó a avanzar lentamente… pero su corazón latía con rapidez. En eso cayó a una tumba deteriorada, su cuerpo lleno de pánico se deslizó por la fosa –serían algunos cuatro metros–, hasta que pisó, o más bien, tocó fondo.
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Él, todo asustado, quiso salir. De hecho, empezó a gritar desesperado, pero nadie lo oyó, sólo algunas lechuzas se abalanzaron y se quedaron esperando tan apetitosa comida. De pronto, intentó de nuevo salir, pero sintió que “alguien” lo detenía de la pierna derecha; no pudo zafarse y ahí se quedó…
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Mientras tanto, sus compañeros empezaron a desesperarse, pues ya había transcurrido el tiempo necesario. Uno de ellos dijo: “Nada que viene y ya son cerca de las seis de la mañana, ¡es mejor ir por él!”.
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Partieron todos a buscarlo, las lechuzas espantadas y enojadas al mismo tiempo, emprendieron su vuelo. Los amigos vieron el sombrero a un lado de la tumba. Momentos después uno de ellos gritó: “¡Aquí está! ¡Aquí está!”.
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Se asomaron todos a la tumba… Vieron a su compañero con los brazos cubriéndose la cabeza, como queriendo salir, y también notaron que una rama o raíz le enredaba la pierna…
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(Seguramente por el susto, el compañero había pensado: “¡Es la mano de un muerto! ¡Es la mano de un muerto!”.)
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Así me lo contó mi padre… y así que quede escrito...
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Tomás Magallanes Rodríguez      
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Notas:
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1. Esta historia la envió Tomás Magallanes al blog de Xpresandote.com como comentario (No. 133) al post Concepción del Oro, Zacatecas – sucursal bis.
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2. Las dos fotografías son cortesía del FaceBook de Zoylaystorya de Concha. (La primera foto lleva un arreglo en Photoshop de Homero Adame).
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