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jueves, 19 de julio de 2012

Mitos y leyendas de la Huasteca: Leyenda de Jipak y de la fundación de Tancoco


LEYENDA DE JIPAK Y DE LA FUNDACIÓN DE TANCOCO

(Toponimia. Tancoco: de Tan, lugar y cucú, paloma = Lugar de las palomas)

Por el año de 1400 vinieron del norte tribus de olmecas, nahoas y toltecas. Estos últimos acamparon en un lugar que llamaron Cacateapam, que significa árbol de ciruelas moradas junto a un templo. Venían guiados por un anciano jefe de la tribu, a quien su Dios le dio una señal donde fundaría un pueblo importante; empezaron a construir sus chozas, las cuales fueron mejorando, y empedraron las calles (quedan vestigios).
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 Todos vivían como en un paraíso terrenal, tranquilo y feliz. Cada habitante de Cacateapam poseía una piedrita cuadrada como de quince centímetros de largo, seis centímetros de ancho y dos y medio centímetros de espesor (según datos recopilados). Esta piedrita mágica satisfacía en cualquier momento sus problemas de alimentación y de salud. Con sólo decir U-le-tin-jayul o ibach-yaulach, surgían como por encanto la alimentación que ellos deseaban o el remedio a sus males, si tenían alguna molestia. Entre ellos estaba Choquil-an-ap, Dios del trueno y de la lluvia.
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El tiempo trascurrió apacible y tranquilo en Cacateapam, hasta que un día otra tribu de mujeres que venía del norte acampó cerca, como a tres kilómetros, por el sureste, en un lugar denominado “La Laja”. Su jefe y guía traía consignas de su Dios para que en ese lugar fundaran una ciudad, que con el tiempo sería capital de un gran imperio, el más importante, según cuenta la leyenda. Esta tribu era bien organizada y empezó a construir viviendas y su templo con piedras y mampostería.
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Pero un sentimiento maléfico y destructor nació en algunos habitantes de Cacateapam, ese sentimiento que todos llamamos envidia y el Mam o jefe, los reunió y les llamó la atención, recriminando su mal comportamiento, diciéndoles que si no se corregían les vendrían grandes males.
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Y todo parecía haberse superado, pero una mujer, burlándose de ellos, hizo este comentario: In-ulal-ed-albel-ni-yeche-bichou, Ejtal-ni-amulil-neech-ca-ulich-jon-ti-cuajat-chi-yeche-teneclap, y al decir esto, la piedrita mágica que ellos llamaban Taj, desapareció de sus manos y se hizo pedazos.
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Al ver la hostilidad de que eran objeto, sus vecinos optaron por retirarse, abandonando todas sus construcciones, quedando solamente ruinas, peregrinaron hacia el sur para encontrar otra señal y fundar la ciudad prometida por su Dios. Pero antes de irse, el jefe o Yejchel-mam, les profirió una maldición y dijo: “Todas las mujeres de Cacateapam serán castigadas, se quedarán sin la protección del hombre, y todos los hombres que nazcan de aquí en adelante morirán”. Y así fue, porque algunos hombres empezaron a morir y los que nacían también.
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Todo se convirtió en tristeza y desolación, pero como tenían que sobrevivir, empezaron a cazar y pescar, sembraron granos, principalmente maíz y frijol.
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El tiempo iba transcurriendo, ya casi no había hombres y esto preocupaba grandemente a Inic-Mam, el gran jefe de la tribu, que se veía impotente para remediar la situación. Hacían ofrendas y rogaciones, pero no fueron escuchados, hasta que Inic-Mam tomó una decisión: cambiaría a su pueblo de lugar a dos kilómetros hacia el sur para ver si así cesaba la maldición de Yejchel-Mam. Abandonaron Cacateapam y se vinieron hacia el sur fundando otro pueblo, que llamaron Tan-cucú, por el gran número de mujeres que lo poblaron, creyendo que solamente así cesaría la maldición. Pero para su desgracia, no fue así, porque grande fue su sorpresa que cuando nació el primer niño, vieron llegar del sur a un ser horripilante volando, mitad hombre y mitad gavilán de la cintura para arriba, a quien llamaron Jipak, que al andar volando les habló y les dijo, “Yejchel-Mam me manda porque la maldición seguirá aunque se hayan cambiado de pueblo. Cada niño que nazca, al cumplir exactamente un año, tendrán que depositarlo como ofrenda en el lugar que abandonaron sus vecinos, en La Laja, en la piedra alta y cuadrada que se parece una cuna, para que ustedes vean cómo lo voy a devorar. Si no cumplen, les vendrán todos los males del mundo”. Al decir esto se fue volando.
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Al cumplir un año el primer niño que nació en Tan cucú, lo llevaron en procesión, llorando todos al mismo tiempo, a depositarlo en el lugar convenido y vieron como el horrible Jipak lo devoraba.
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Y así sucesivamente cada niño que nacía corría la misma suerte, los padres no podían hacer otra cosa que lamentarse, Inic-Mam, el jefe no sabía qué decisión tomar. Hasta que un día llegó un muchacho joven, sano y fuerte, que unos llamaron Uti y otros Shinguiri, que al darse cuenta del mal que padecían, les prometió que los ayudaría. Pero para esto, tendría que esperar hasta que naciera un bebé. Por fortuna nació un niño a quien llamaron Chacan-cuitol, su nacimiento fue todo un acontecimiento.
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Shinguiri les dijo que lo ayudaran a tejer una onda que llevaría cerdas de jabalí, pedazos de piel de todas las serpientes y cabellos de todos los animales que había en la sierra, y tenían que celebrarse ritos, velaciones y rogaciones en el templo; y además, tendría que curar la onda con ciertas hierbas para que no fallara, así lo hicieron.
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Al cumplir un año Chacan-cuitol, se fueron en procesión a depositarlo en el lugar de costumbre y Shinguiri les dio instrucciones de que se retiraran un poco más lejos. Y al depositarlo, inmediatamente apareció Jipak. En el momento en que se disponía a devorarlo, Shiguiri accionó su onda y de una certera pedrada en la cabeza derribó al Jipak.
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Al ver esto las mujeres se abalanzaron para verlo de cerca y rescatar a Chacan-cuitol. Con alegría desbordante regresaron trayendo a Shinguiri como héroe y trajeron al Jipak para exhibirlo. Durante varios días vinieron de otros pueblos a verlo, hasta que se desintegró y sus restos fueron enterrados en medio del templo.
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Pasó el tiempo y todo se fue normalizando y olvidando, ya Chacan-cuitol había crecido y era un hombre. Los padres de familia se lo disputaban para sus hijas, y todos los varones que nacían ya estaban comprometidos. De ahí nació la costumbre de que los matrimonios los arreglaban los padres, por lo tanto, se fomentó el machismo.
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Toda la gente se empezó a portar mal con quien les había hecho un gran favor. Shinguiri se sentía muy triste al ver la ingratitud. El único que lo quería mucho era a quien había salvado. Un día Shinguiri le aconsejó que contrajese matrimonio con una joven que, según él, poseía grandes virtudes y le dijo: “Cásate cuando antes porque el Dios Choquil-an-ap está muy enojado por el mal comportamiento de los habitantes de Tan cucú y va a castigar a todos. Va a llover muchos días y muchas noches. Construye una caja de madera grande, donde puedas reunir muchas provisiones y una pareja de animales de cada especie, invita a quien quiera escucharte”.
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Pero todos se reían de él cuando les comunicaba lo que Shinguiri le había confiado. Al ver que nadie lo tomaba en cuenta, empezó a construir la caja grande. Poco a poco fue juntando los animalitos. En esos días Shinguiri desapareció y empezó a llover de día y de noche. Al ver que el agua iba subiendo, Cuitol y su esposa subieron a la caja, viendo con desesperación cómo se inundaba todo el pueblo y algunos le gritaban que los salvara, pero él ya no podía hacer nada por ellos.
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El agua fue subiendo hasta rozar el cielo, entonces un conejo travieso, al asomarse y ver tan cerca el cielo, brincó y al querer regresar ya no pudo, y se quedó sentado en la luna esperando que lo rescaten.
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El agua poco a poco fue bajando hasta que llegaron a tierra firme. Cuitol dio órdenes de que nadie bajara ni saliera de la caja y todos obedecieron. Al tercer día mandó al zopilote a explorar y que buscara en donde había quedado Tancu cú. El zopilote salió y buscó el lugar, sólo encontró desechos, y a pesar de que habían recomendado no tocar ni comer nada, no soportó la tentación y se hartó, pero ya no pudo regresar.
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Así, poco a poco fueron mandando distintos animales para que llevaran el mensaje. Pero unos por una causa y otros por otra, no regresaron. Hasta que mandaron a la chuparrosa y le dijeron: “Vete a ver lo que pasa, pero tú no hagas lo que han hecho los demás, por favor regresa y tráeme el mensaje”.
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La chuparrosa se fue y vio todo lo que pasaba, y aunque le insistieron, no quiso defraudar la confianza que habían depositado en ella y regresó. Dio toda la información y Dios dijo que la chuparrosa sería en adelante, un animal sagrado.
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Cuitol y su esposa regresaron y empezó una nueva generación a poblar Tancu cú. Todos se portaban muy bien vivían felices y tranquilos, hasta que otra mujer, a quien llamaban Dac-cham-usum, vino a romper la tranquilidad, porque ella sabía el arte de la hechicería y enseñó a algunos sus malas artes.
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Entonces otro de los Dioses, llamado Kamal, se enojó mucho y les dijo: “Neech-ka-chikan-ankailal”, y al decir esto, alrededor de Tan cucú empezó a arder y las llamas iban devorando y cercando el poblado. Entonces todos pedían a Dios que los perdonara, y al ver este cuadro desolador, la Virgen de Guadalupe también le pidió a Dios que los perdonara, y empezó a llorar tanto que sus lágrimas iban formando una bellísima cascada que fue apagando el fuego poco a poco.
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Cuenta la leyenda que el día que la gente se vuelva a portar mal, esa bellísima cascada se va a secar y todos morirán devorados por las llamas.
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Por lo pronto, en el cerro más alto de la sierra de Otontepec, que se divisa antes de llegar a Tancoco, se ve la imagen de la Virgen de Guadalupe, y a su lado una bellísima cascada llamada y conocida por todos como “cascada de la Virgen de Guadalupe”.
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Trabajo ganador del primer lugar en el concurso literario sobre leyendas de Veracruz, que convocó el Departamento de Investigaciones Estéticas y Difusión Cultural de la D.G.E.P.
Trascrito en forma total de su original con autorización de la Profra. Blanca Estela de la Cruz Sarmiento, hija de la autora, como un homenaje a su señora madre, la Profra. Malaquías Sarmiento Martínez.
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Esta leyenda fue publicada en el libro “Cuextécatl volvió a la vida”, de José Reyes Nolasco y se publica en este blog con autorización de la autora y del recopilador.


miércoles, 18 de julio de 2012

Mitos y leyendas de Chiapas: La Titchanila




LA TITCHANILA
Leyenda de Tapachula, Chiapas
 Leyenda recopilada y publicada por Homero Adame
Ahora que anduve en Tapachula le pregunté a varias personas cosas así de leyendas para tus libros y, entre otras historias, te tengo ésta de la Titchanila, que es como un espanto muy conocido en esos lugares. Entre plática y plática con tres maestros universitarios, todos me dieron sus versiones, así que aquí te va la mía –dice Pat Grounds, quien trabaja como asesora de proyectos especiales del Consejo Británico y radica en San Luis Potosí.

Me dijeron que afuera del panteón de Tapachula se aparece la famosa Titchanila, a la que también le llaman la Mala mujer. Dicen que es el ánima de una mujer que solamente se le aparece a los hombres y quienes la han visto y han sobrevivido para contarlo afirman que es una mujer de lo más bella que te puedas imaginar. Según los recuentos de muchos, ella anda vestida de una forma muy sensual y provocativa. Por eso mismo, cuando un muchacho la ve, pues obviamente se siente atraído y se le aproxima para tratar de conquistarla. Pero el problema radica en que nada más viéndola de cerca, el iluso don Juan se da cuenta que el rostro de ella es una calavera. Cuentan en Tapachula que muchos hombres de varias edades han caído muertos de susto en el mero lugar del infortunado encuentro; al hallarlos al día siguiente, notan que sus ojos están abiertos y en sus rostros se dibuja un rictus de horror. Por eso todo mundo sabe que el muerto falleció porque vio a la Titchanila.

O sea, de acuerdo con lo que dicen, al día siguiente las autoridades hacen investigaciones y, después de la autopsia de ley, no encuentran absolutamente ningún factor que pueda determinar que el muchacho haya muerto por asesinato, envenenamiento, suicidio, etc. Siempre el resultado es un infarto y lo curioso es que aparentemente se trata de hombres saludables que jamás habían presentado problemas cardiacos. Entonces la conseja popular es que mueren de susto por haberse topado con la Titchanila. (Leyenda publicada por Homero Adame.)


Notas:
1. La imagen fue tomada del sitio de internet de Linkmesh. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.


2. Otra versión editada de esta misma leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por la Editorial Trillas.


3. El libro se puede conseguir en cualquiera de las sucursales de Editorial Trillas en el país, o bien, a través de la Tienda en línea.


Para más fácil acceso, sigue el enlace directo al libro: Mitos y leyendas de todo México.