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jueves, 13 de setiembre de 2012

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: La enterraron viva, pero salió

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La enterraron viva, pero salió
Leyenda de Matehuala, SLP
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Ésta es la historia de una señora de las ricas de Matehuala cuando aquí era una ciudad de mucha alcurnia. Resulta que esa señora se murió de un ataque de catalepsia y la velaron por 72 horas hasta que la llevaron a enterrar al panteón Hidalgo.

En aquellos años, más que ahora aunque todavía se acostumbra, a los difuntos los enterraban con sus mejores joyas. Ya estaba todo el cortejo en el panteón y para darle la última despedida abrieron el féretro. Los enterradores se dieron cuenta de que la difunta llevaba muchas joyas. Al terminar el sepelio, la gente se retiró, pero una vez entrada la noche los enterradores decidieron robarse las joyas. Abrieron la tumba y también la caja y le quitaron las joyas a la difunta, pero un anillo muy bonito no le salía; por más que le jalaban no se lo podían quitar. Uno de los ladrones le dijo su compañero que había que mocharle el dedo y éste con la navaja se lo cortó para así poder extraer el anillo. En ese momento brotó un chorro de sangre y la señora se levantó pegando un grito de dolor. Se sentó asombrada, pero más asombrados estaban los ladrones que del susto empezaron a gritar y a correr. La señora se salió de su tumba y fue detrás de ellos diciéndoles: “No, no, yo no estoy muerta, yo tenía un ataque nada más.” Pero los ladrones ni así se detuvieron a ver si era cierto. Ya de rato, ella los alcanzó y ellos le pidieron perdón y la llevaron a su casa. Leyenda recopilada por Homero Adame.

Grande fue el susto de los familiares cuando vieron a la supuesta difunta ahí parada en la puerta, descalza y con aquel vestido tan bonito que usaban en aquellos años. Cuando todos se calmaron, los familiares mandaron por el doctor y éste testificó que la mujer no había estado muerta, que nada más había tenido un ataque de catalepsia. A los ladrones no los juzgaron porque gracias a ellos esta señora no murió enterrada viva.

Ella vivió muchos años más. Siempre platicaba que oía todo lo que decían los ladrones cuando estaban tratando de robarle sus joyas, pero como todavía se hallaba en el trance de la catalepsia entonces no podía moverse ni tampoco podía hablar. (Anécdota funeraria de Matehuala, SLP.)

Desde entonces y hasta el día de su muerte verdadera, ella todo el tiempo usó un guante negro para así cubrirse el dedo que le faltaba, el que le habían cortado los ladrones para robarle el anillo.
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Esta leyenda, recopilada por Homero Adame, fue publicada en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del Programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.
Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005.
Edición: Mtra. Déborah Chenillo Alazraki.
Diseño: Beatriz Gaytán Reyes.

1 comentario:

Carlos dijo...

muy buena leyenda, me gusto un chorro :)