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domingo, 18 de enero de 2015

Leyendas de Nuevo León: La niña que jugaba con la ouija



LA NIÑA QUE JUGABA CON LA OUIJA
(Sucedido en Linares, N.L.)

Si mal no recuerdo, esto pasó en 1987. Fue de tal magnitud ese suceso que causó un alboroto tremendo en todo el pueblo. Por fin ya tenían algo de qué hablar, ¿no? Así pasa en los pueblos chicos, siempre buscando algo nuevo para que sea la comidilla de la semana y luego, cuando ya es un tema aburrido, encuentran algo más –explica el Ing. Juan Isaac Estrada Medina.
Esto fue real y a mí me tocó estar presente. Fue algo así como una posesión diabólica y tuvo que hacerse un exorcismo. Según cuentan, todo empezó porque esta niña tenía muchos problemas en su casa. Tal vez sus padres, como ellos trabajaban, no le daban la atención que necesitaba. Andaba un poco mal en la escuela y hasta dejó de juntarse con sus amiguitas. Y parece que –digamos en su soledad– empezó a jugar a la ouija. (Relato encontrado en un blog de Homero Adame.)
No recuerdo con quién jugaba, tal vez con alguno de sus hermanitos o con alguien, pues la ouija no se puede jugar sola, ¿verdad?
Pero bueno, el caso es que jugó tanto con ese juego que algo empezó a posesionarse de ella. Día con día sus problemas iban peor, al grado de que los papás pensaron en buscar un psicoanalista o a alguien que la pudiera ayudar y orientar.
Lo grueso se puso una noche que los papás habían salido y ella se puso a jugar como de costumbre. Dicen que se empezaron a oír un montón de ruidos y que la niña ésta empezó a gritar y a gritar. El profe [Gualberto], que vivía enseguida, escuchó el borlote y fue a ver qué pasaba. Dice que las cosas estaban gruesas, pero en serio. Que se movían cosas, que se oían ruidos, etc. ¿Te acuerdas de la película El Exorcista? […] Ándale, algo parecido. (Relato publicado en un libro de Homero Adame.) 
Y bueno, en un pueblo como éste la voz se corrió luego luego. Al poco rato ya todos sabíamos y fuimos a buscar al señor Obispo, pero creo que había salido de la ciudad. Entonces nos trajimos a un padrecito que sí estaba. Se trajo los óleos, el incienso y otras cosas. Y al llegar la niña estaba incontrolable.
El padre se la pasó un buen rato rezando el rosario, echando el agua bendita, los óleos y quemando el incienso adentro de la casa, mientras la niña ésta seguía gritando y comportándose bien raro. Al final de cuentas se calmó y todo volvió a la normalidad.
Imagínate qué impacto tuvo esto en la población que la familia hasta se tuvo que mudar –creo que a… Monterrey–. Y deja eso, la casa se quedó vacía por un buen tiempo. Ni quien la quisiera rentar. Pero luego se vino la bonanza y la falta de casas, alguien la rentó primero, y después alguien más. Pero esos inquilinos posteriores nunca han dicho que se escuchen cosas raras o cosas por el estilo. Lo que pasó aquella vez fue simplemente que jugar con la ouija no deja nada bueno.


Existe la creencia que la ouija es un medio para comunicarse con los espíritus o con el diablo mismo. Los orígenes del tablero se remontan a la antigua Mesopotamia y se cree que servía para juego, sin embargo, tomó otro giro durante el Renacimiento con las prácticas alquimistas y cabalistas, para convertirse en un sistema de comunicación con los espíritus de ultratumba.
Cabe hacer mención que un evento fuera de lo común que sucede en un pueblo donde todo se sabe, es factor para originar cualquier tipo de plática o interpretación. Con el paso del tiempo cada persona cuenta su propia versión, agregándole un poco de su cosecha para hacerla más interesante. Este fenómeno puede hacer que la esencia de la anécdota caiga en el terreno de la leyenda, como ocurrió en la ciudad de Linares, NL.

Este relato fue publicado originalmente en Mitos, cuentos y leyendas regionales, tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Posteriormente se publicó en Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León, por Editorial Font, 2005. La ilustración fue obra de Jennifer Hennen.

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