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viernes, 7 de enero de 2011

Mitos y leyendas de la Huasteca potosina: Los seres luminosos de Puente de Dios

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LOS SERES LUMINOSOS DE PUENTE DE DIOS
(Leyenda de Tamasopo, SLP)
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Las leyendas de pueblos fantásticos que existen en el interior de la Tierra o en otra dimensión se narran en todos los rincones del planeta. Son historias ricas en imaginación, en vivencias y en misterios que hablan de extraños habitantes y de exóticos lugares a donde no cualquier humano tiene acceso, salvo por casualidad.
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La gente de Tamasopo y los alrededores advierten a los visitantes que en la cascada de Puente de Dios se forman peligrosos remolinos y que por tal razón quienes se meten a nadar ahí pueden morir ahogados. Cuando algo así ocurre, rescatan los cadáveres para luego transportarlos a su lugar de origen y darles las honras fúnebres. Sin embargo, se dan casos en que jamás los encuentran; nadie sabe dónde quedan esos cuerpos, situación que constituye parte del misterio.
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Se supone que atrás de la cascada hay una cueva y dicen que ladrones del pasado ahí escondieron un tesoro que habían robado de una de las haciendas. Al parecer, nadie ha logrado traspasar hacia la parte trasera de la cortina, pues los chorros de agua producen corrientes tan turbulentas que tornan muy peligrosa esa parte del río. Cuentan, sin embargo, que hace muchos años una familia llegó a pasar un día de campo a Puente de Dios. Como desconocían las advertencias acerca de los peligros, tras haberse metido a nadar, todos se ahogaron, excepto uno de los hijos. Él tuvo la triste experiencia de ver cómo los remolinos se tragaban a cada integrante de su familia y no pudo más que echarse a llorar sentado a la orilla. No sabía qué hacer, si ir al pueblo a pedir ayuda o dejarse morir también, porque de todos modos ya había perdido a todos sus seres queridos. Leyenda escrita por Homero Adame.
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La noche cayó y él seguía en el mismo sitio, inmerso en su profunda tristeza. En eso, vio que unas personas salieron de atrás de la cascada, aunque eran muy diferentes a cualquier ser humano: eran seres luminosos. Por un momento pensó que las ánimas de sus familiares habían regresado del más allá, pero luego se dio cuenta que esos espíritus volvieron a meterse por donde habían salido. Armándose de valor, se quitó sus ropas y se lanzó al agua para llegar hasta la supuesta cueva que cubre la cortina de agua. Pensó que si moría en el intento, al menos podría reunirse con sus padres y hermanos.
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Nadó hacia la cascada por un lado y con gran esfuerzo alcanzó la parte de atrás; era roca viva, pues no existía puerta ni entrada a cueva alguna. Estaba seguro de que aquellos seres luminosos habían entrado y salido por ahí y decidió aguardar para ver si aparecían de nuevo. Esperó ahí durante largas horas, expectante y triste, a la vez.
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De pronto, de un remolino que formaba la cascada al caer, en su parte trasera surgieron más de esos seres luminosos. Cuando éstos lo vieron sentado ahí, sólo lo saludaron y se fueron hacia el bosque. Más tarde, volvieron y entraron de nuevo por el mismo remolino. El muchacho, tirándose de clavado, los siguió.
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Como era de noche, el agua estaba muy fría y sintió que se ahogaba. No podía ver nada. El remolino lo hacía dar vueltas y vueltas. Siguió nadando hacia abajo. De repente, abrió sus ojos y vio que en las profundidades había un pueblo, pero era un pueblo diferente a los que él conocía. También la gente era distinta, pues sus cuerpos eran luminosos y no opacos, como los de los humanos. El muchacho «caminó» entre esos habitantes y por fin encontró a sus familiares, quienes, de igual forma, ya tenían la apariencia de los demás. Un anciano se le aproximó y le dijo que mejor se fuera de ahí, pues ése era un lugar donde los humanos no podían vivir en sus cuerpos. El muchacho pidió que lo dejaran quedarse; aparte del anciano, habló y con otros seres luminosos, también con sus familiares; de hecho, lo hizo con todos y les dijo que su máximo deseo era el de permanecer ahí por toda la eternidad. Los habitantes tuvieron una reunión y hablaron entre ellos. Al cabo de un rato, le informaron que podía quedarse tres días solamente para que disfrutara de sus familiares por última vez. Como no tenía mejor alternativa, aceptó. Al tercer día, se despidió de sus padres y hermanos para siempre. Otros seres luminosos de ese extraño pueblo lo acompañaron a la salida y le desearon buena suerte.
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Así concluyó su aventura, o casi... Resulta que de regreso en su ciudad, al llegar descubrió que todo era distinto. Ya nadie lo recordaba a él ni a su familia, pues habían pasado 30 años desde su desaparición. Treinta años y él seguía igual de joven. Leyenda encontrada en el blog de Homero Adame.
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Esta leyenda es contada en el municipio de Tamasopo, S.L.P. México, y salió publicada en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, de Homero Adame. Editado por la Secretaría de Educación del Estado y la Secretaría de Cultura, en 2007. La edición estuvo a cargo de Déborah Chenillo y el diseño lo hizo Beatriz Gaytán.
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En este enlace puedes encontrar más leyendas indígenas.
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2 comentarios:

Fernando dijo...

Soy originario de Tamasopo, con una propiedad cercana al Puente de Dios, en mi niñez y juventud fue mi área de recreo, no conocemos esta leyenda. Si existe una cueva, y no atrás de la cascada, sino arriba y es franqueable, ahí en el fondo es un nacimiento de agua.Si hay leyendas de la zona, pero esta no la conocemos.

En otra leyenda de Veracruz también la recrean con una fotografía de este hermoso y singular lugar.

Anónimo dijo...

HOLII esa leyenda da poco miedo mejor escribe la de la llorona de san martin chalchicuautl....esa si esta buena:)