Otra parte importante de nuestro proyecto es la biblioteca que
estamos creando con donaciones en lenguas europeas. Recibimos una buena
dotación de libros en francés y alemán de la Biblioteca Pública, también una
colección de libros austriacos de Karl Anton von Bleyleben, el esposo de Anita
Bleyleben. Además, Philippa Cranston nos donó una impresionante colección de
libros de arte de su hermano Toller; parte de esa colección es de libros
infantiles enfocados en el arte y queremos que los niños vengan y tengan acceso
a esos libros. Muchos ya están catalogados y parte de nuestra misión es que la
gente de San Miguel venga y los consulte, que los lea adentro de la biblioteca.Blog de Homero Adame sobre leyendas y mitos mexicanos; también costumbres y tradiciones mexicanas y escritos literarios del autor.
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viernes, 15 de febrero de 2019
Libro de historia oral de Casa Europa México en San Miguel de Allende
Otra parte importante de nuestro proyecto es la biblioteca que
estamos creando con donaciones en lenguas europeas. Recibimos una buena
dotación de libros en francés y alemán de la Biblioteca Pública, también una
colección de libros austriacos de Karl Anton von Bleyleben, el esposo de Anita
Bleyleben. Además, Philippa Cranston nos donó una impresionante colección de
libros de arte de su hermano Toller; parte de esa colección es de libros
infantiles enfocados en el arte y queremos que los niños vengan y tengan acceso
a esos libros. Muchos ya están catalogados y parte de nuestra misión es que la
gente de San Miguel venga y los consulte, que los lea adentro de la biblioteca.viernes, 25 de febrero de 2011
Mitos y leyendas de Puebla: Un sótano en la biblioteca palafoxiana
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ESPANTOS EN UN SÓTANO DE LA BIBLIOTECA PALAFOXIANA
(Leyenda de Puebla)
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Cuentan en Puebla que hay varios túneles en las casas más antiguas, o sea, en las residencias de antes y que conectan con la catedral y también hasta con otras iglesias. A un costado de la catedral se ubica una casona que alberga la biblioteca Palafoxiana, donde hay libros muy antiguos.
Cuenta mi abuelita que hace muchos años un velador que se quedaba solo cuidando esa casona siempre oía ruidos en las noches y como le daba miedo, porque ya le habían platicado que había espantos en esa casona, entonces ni se atrevía a averiguar de dónde provenían los ruidos misteriosos. Una noche, sin embargo, llegó un primo suyo y estuvieron platicando hasta que se oyeron los ruidos. El velador le dijo a su primo: “Son unos espantos”. El primo no quiso creer y le dijo: “Vamos a ver qué es porque los que asustan son los vivos y no los muertos”. El velador no quería, pero accedió ante la insistencia de su primo.
Entraron en la biblioteca, donde se escuchaban los ruidos, y como no había nadie el primo dijo que seguramente eran las ratas. Los ruidos se oían provenir de atrás de un estante y el primo le dijo al velador: “Vamos a moverlo para ver qué es”. Y sí, movieron el estante y grande fue la sorpresa de ambos advertir que era la entrada a un túnel, es decir, abajo del estante, en el piso, estaba la entrada.
Con la curiosidad de descubrir qué había allá abajo, el velador fue a traer unas lámparas y así junto con su primo bajó unas escaleras que estaban bien empolvoradas. Encontraron un sótano donde hay muchos libros más antiguos en estantes que están guardados así como “bajo siete llaves”, o por decirlo de otro modo, nadie puede abrir los estantes.
Según esta leyenda, nadie puede abrir los estantes porque los ruidos son de unos monjes fantasmas que cuidan esos libros. Se dice que los ruidos son como el murmullo de los monjes que están rezando, o bien, como cánticos o letanías.
No se sabe si el velador y su primo recorrieron otras partes del túnel, pero de acuerdo con la leyenda, al día siguiente el director del museo despidió al velador por haber explorado lugares sin permiso. Posteriormente, el director ordenó que sellaran la entrada debajo del estante para que así nadie entre y descubra los libros más valiosos.
Y de tal modo concluyó aquella historia, pero los veladores del presente, según se dice, todavía oyen en las noches esos ruidos como si fueran rezos o cánticos y saben que abajo hay un túnel y un sótano donde los monjes rezaban las liturgias. Se cree que éstos habrán muerto abajo o los dejaron encerrados para que cuidaran las riquezas de ese lugar –por eso sus fantasmas siguen orando en la actualidad–, pero dichas riquezas no son tesoros de oro o joyas, sino libros antiguos que son, en sí, el verdadero tesoro.
Nota: esta leyenda fue enviada a principios de 2011 por Miranda García Navarro, quien radica en el Distrito Federal, como comentario (No. 23) al post de Mitos y leyendas de todo México.
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