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viernes, 15 de febrero de 2019

Libro de historia oral de Casa Europa México en San Miguel de Allende


CASA EUROPA MÉXICO Historia de la CasaEuropa desde la memoria de los sanmiguelenses es un libro enfocado en la historia de una de las casas más antiguas de San Miguel. Puesto que no existen documentos antiguos porque los archivos municipales se perdieron en dos incendios en el siglo XX, el autor Homero Adame recurrió a la historia oral, es decir, platicó con muchísima gente que sabe algo de la casa en cuestión y gracias a ello tenemos ahora este libro histórico con relatos desde la segunda mitad del siglo XIX, la visita de Maximiliano I de México, el abandono de la casa por parte de su último dueño, la expropiación para instalar allí oficinas de gobierno, la escuela secundaria, la escuela primaria, las oficinas de gobierno de nuevo hasta 2010 cuando la casa queda desocupada y se le da a comodato a la Fundación Casa Europa México, AC cuyo objetivo es ser lazo cultural entre México y los países de la Unión Europea.
El libro, que también incluye leyendas de la casa, fue publicado en cuatro idiomas en el mismo volumen: español, inglés, alemán y francés, siendo tal vez el primero que se hace así en el mundo de habla hispana.
Veamos a continuación algunos fragmentos de la historia oral contenidos en este libro:

La casa debió haberla construido Baltasar de Sautto o alguno de sus familiares. El último Sautto que vivió aquí como propietario fue la bisabuela de la señora Isabel Sautto de Jurado, y luego vino una familia de apellido Vázquez. Sabemos que después esta casa la tomó el gobierno y a partir de entonces fue la Oficina de Rentas, lo que llamaban anteriormente el Timbre. En la parte de abajo era la parte administrativa, y en la parte alta, llamada la parte noble, estaban las habitaciones donde vivía el administrador y su familia. Y también albergó escuelas, luego oficinas de Gobierno nuevamente, hasta que en 2011 se convirtió en la Casa Europa.
Luis Felipe Rodríguez

Los Vázquez fueron gente muy adinerada en el siglo XIX, cuando tenían esa casa y muchas propiedades, grandes tierras de haciendas. El viejo Vázquez era abogado del Imperio, muy cercano de la corte de Maximiliano y estaba muy encumbrado, pero cuando cayó el Imperio y Juárez restaura la República, todos los allegados al Imperio fueron castigados de alguna manera, ya fuera encarcelándolos o quitándoles tierras o puestos políticos. Yo creo que fue así como el viejo Vázquez perdió la casa porque luego su descendencia se quedó prácticamente sin nada. Pero como eran gente muy honesta y bien querida entre las familias de San Miguel, ya habían hecho lazos de casamientos con personas de apellido Sautto, Lámbarri, Malo, y fue así como los Vázquez se mantuvieron como parte de la crema y nata sanmiguelense. Y como gente de bien y del trabajo se supieron recuperar.
Arturo Cuevas

Cuentan que el dueño de esta casa tuvo un problema muy fuerte con otra persona y se enojó tanto que dijo: “Yo ya no quiero saber nada de San Miguel” y se fue; nunca regresó. Creo que por un tiempo la casa estuvo habitada por uno de sus parientes Sautto, y luego la cerraron no sé por qué y así siguió abandonada y cerrada hasta que finalmente el Gobierno se quedó con ella, esto por falta de pago de impuestos. Es una ley que se llama “el bien vacante” y es la ley que aplicó el Gobierno en este caso.
Samuel Jurado

Don Braulio Zavala llegó a San Miguel creo que a finales del siglo XIX como jefe de rentas. No sé si al principio la Oficina de Rentas estaba en alguna otra parte, pero sí sabemos que luego la ubican en la casa de San Francisco cuando ya la toma el Gobierno poco antes de 1920.
Maruja González

Sé que hace muchos años en esa casa hubo oficinas de Gobierno, y ahí vivieron primero los Zavala y luego los Jurado. Después vino la época de las escuelas en varias etapas: la primera que yo recuerdo es allá por los años 50, tal vez el 54, cuando estaba ahí la secundaria, y lo recuerdo porque allí estudiaron mis hermanos mayores. Luego la cambiaron por alguna razón que desconozco a donde está actualmente Teléfonos de México, y en ese tiempo era secundaria y escuela comercial. O sea, la Secundaria Oficial y la Escuela Comercial compartían el mismo espacio.
Entonces, más o menos puedo decir que en la casona de San Francisco 23 alrededor de 1954 o 1955 estuvo la Secundaria Oficial. Como en el 57 o 58 llegó la primaria y estuvo allí hasta el 61.Y la casa quedó abandonada por un tiempo, a lo mucho un año, porque del 62 al 64 yo cursé la secundaria en otro lugar, pero como teníamos rivalidad con los otros jóvenes sabíamos que ellos estaban allí en la calle de San Francisco donde había estado la primaria. Y después, ya por los años 70, se mudó la secundaria a donde está ahora la Leobino Zavala, que desde entonces tiene el nombre de su fundador. Como la casa quedó desocupada regresaron las oficinas de Gobierno. Más o menos esa es la secuencia que yo recuerdo.
Gustavo Vidargas Larrea

La primaria Hermanos Aldama antes estuvo en donde eran las oficinas de Gobierno allá en la calle de San Francisco. Estuvo pocos años allá; de hecho era una escuela de hombres porque la escuela de niñas era la Gabriela Mistral. Mientras construían la Secundaria Leobino Zavala aquí en este sector, ocupó el espacio de la primaria en la misma calle de San Francisco. Es que la idea era hacer un complejo educativo en esta zona y por eso está el DIF, la primaria y la secundaria, aunque muchas cosas se quedaron inconclusas.
Enrique Martínez Lara

Hace muchos años yo necesitaba una identificación que fuera mexicana y alguien me dijo que sacara una licencia de conducir. Ja, nunca he tenido carro y ni siquiera sé manejar, pero fui de todos modos a ver si podía sacar esa licencia. No me preguntaron nada, no me pusieron un examen de conducir como es obligatorio en los Estados Unidos; lo único que me preguntaron era mi tipo de sangre y mi dirección. Ellos sin saber inglés y yo sin hablar español me ayudaron a llenar la forma, bajé a pagar, volví a subir, me tomaron la fotografía y en menos de una hora ya tenía mi licencia de conducir, ja.
Michela Emeson

En 2011, siendo alcaldesa Lucy Núñez, el maestro Pablo Moreto me invitó a participar en el proyecto. Acepté la invitación sin saber exactamente de qué se trataba, pero yo confiaba mucho en el maestro por conocerlo de mucho tiempo y saber que por años había estado cercano al Gobierno del Estado de Guanajuato. A la semana me habló para decirme que ya estaba lista el acta constitutiva de la Fundación de Casa Europa, para la cual me habían nombrado como presidente.
En los estatutos se puso que la presidencia fuera por seis años, pero luego lo modificamos para que fuera de tres años y alternara entre un mexicano y un europeo para darle así más certeza y balance a la operatividad.
Fernando Balderas

Otra parte importante de nuestro proyecto es la biblioteca que estamos creando con donaciones en lenguas europeas. Recibimos una buena dotación de libros en francés y alemán de la Biblioteca Pública, también una colección de libros austriacos de Karl Anton von Bleyleben, el esposo de Anita Bleyleben. Además, Philippa Cranston nos donó una impresionante colección de libros de arte de su hermano Toller; parte de esa colección es de libros infantiles enfocados en el arte y queremos que los niños vengan y tengan acceso a esos libros. Muchos ya están catalogados y parte de nuestra misión es que la gente de San Miguel venga y los consulte, que los lea adentro de la biblioteca.
Maria Abel, presidenta de CEM

Este libro se puede adquirir en AMAZON.

Si buscas más historias y leyendas sanmigulenses, aquí tenemos otro escrito por Homero Adame y traducido al inglés por Dr. Patricia Grounds:


https://www.amazon.com/dp/607297287X



viernes, 25 de febrero de 2011

Mitos y leyendas de Puebla: Un sótano en la biblioteca palafoxiana

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ESPANTOS EN UN SÓTANO DE LA BIBLIOTECA PALAFOXIANA

(Leyenda de Puebla)

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Cuentan en Puebla que hay varios túneles en las casas más antiguas, o sea, en las residencias de antes y que conectan con la catedral y también hasta con otras iglesias. A un costado de la catedral se ubica una casona que alberga la biblioteca Palafoxiana, donde hay libros muy antiguos.

Cuenta mi abuelita que hace muchos años un velador que se quedaba solo cuidando esa casona siempre oía ruidos en las noches y como le daba miedo, porque ya le habían platicado que había espantos en esa casona, entonces ni se atrevía a averiguar de dónde provenían los ruidos misteriosos. Una noche, sin embargo, llegó un primo suyo y estuvieron platicando hasta que se oyeron los ruidos. El velador le dijo a su primo: “Son unos espantos”. El primo no quiso creer y le dijo: “Vamos a ver qué es porque los que asustan son los vivos y no los muertos”. El velador no quería, pero accedió ante la insistencia de su primo.

Entraron en la biblioteca, donde se escuchaban los ruidos, y como no había nadie el primo dijo que seguramente eran las ratas. Los ruidos se oían provenir de atrás de un estante y el primo le dijo al velador: “Vamos a moverlo para ver qué es”. Y sí, movieron el estante y grande fue la sorpresa de ambos advertir que era la entrada a un túnel, es decir, abajo del estante, en el piso, estaba la entrada.

Con la curiosidad de descubrir qué había allá abajo, el velador fue a traer unas lámparas y así junto con su primo bajó unas escaleras que estaban bien empolvoradas. Encontraron un sótano donde hay muchos libros más antiguos en estantes que están guardados así como “bajo siete llaves”, o por decirlo de otro modo, nadie puede abrir los estantes. Según esta leyenda, nadie puede abrir los estantes porque los ruidos son de unos monjes fantasmas que cuidan esos libros. Se dice que los ruidos son como el murmullo de los monjes que están rezando, o bien, como cánticos o letanías.

No se sabe si el velador y su primo recorrieron otras partes del túnel, pero de acuerdo con la leyenda, al día siguiente el director del museo despidió al velador por haber explorado lugares sin permiso. Posteriormente, el director ordenó que sellaran la entrada debajo del estante para que así nadie entre y descubra los libros más valiosos.

Y de tal modo concluyó aquella historia, pero los veladores del presente, según se dice, todavía oyen en las noches esos ruidos como si fueran rezos o cánticos y saben que abajo hay un túnel y un sótano donde los monjes rezaban las liturgias. Se cree que éstos habrán muerto abajo o los dejaron encerrados para que cuidaran las riquezas de ese lugar –por eso sus fantasmas siguen orando en la actualidad–, pero dichas riquezas no son tesoros de oro o joyas, sino libros antiguos que son, en sí, el verdadero tesoro.

Nota: esta leyenda fue enviada a principios de 2011 por Miranda García Navarro, quien radica en el Distrito Federal, como comentario (No. 23) al post de Mitos y leyendas de todo México.

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Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas


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Mitos y leyendas del norte de México