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sábado, 4 de febrero de 2012

Cuentos mexicanos: El conejo y el coyote


EL CONEJO Y EL COYOTE
Cuento tradicional mexicano; versión de Galeana, N. L.
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Había una vez una viejita que tenía sembradíos de lechuga, rábanos y betabeles, y había un conejito que llegaba todas las noches a comérselos. Harta de eso, la viejita ponía trampas, pero como el conejo era muy audaz nunca caía. Un día la viejita pensó:
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«A la próxima le voy a poner un monito de cebo, a ver si con eso se asusta y ya no viene.»
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Pasaron los días y llegó el conejo con el afán de comer algo. Cuando vio al monito, comenzó a burlarse de él, pero como éste no le contestaba, el conejo le dijo: «Mira, monito, no te voy a comer». De todos modos, le siguió haciendo bromas y lo empezó a golpear hasta quedarse pegado, pues el monito era de cebo tipo engrudo. Como en ese momento la viejita no andaba por ahí, no se dio cuenta de que el conejo se había quedado atrapado. Sin embargo, en eso llegó el coyote y al verlo así lo pescó. Pero el conejito, muy astuto, le dijo:
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–Por favor no me comas, coyote. Mira, ¿ves aquella majada que está allá? Dime, cuál chivita te gusta y ahorita te la traigo. 
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Como ese coyote era un poco tonto, le creyó. Al soltarlo el conejo se fue corriendo lo más rápido que pudo y sólo se le veían las orejitas moverse. El coyote se quedó esperando que le trajera la chivita, pero aquél nunca regresó con la presa. Cuento recopilado por Homero Adame.
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Al poco tiempo el coyote se volvió a encontrar al conejo y le dijo:
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–Ya te pesqué otra vez, conejito. Hace varios días te andaba buscando y como me hiciste trampa ahora sí te voy a comer.
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No’mbre, coyotito, déjame explicarte: resulta que atrapé la cabra que te dije, pero cuando te fui a buscar no te encontré, así que se me ocurrió hacerla chicharrones. Por eso aquí me ves preparándolos. Hm… están quedando al puro punto -explicó el conejo. (Cuento en un blog de Homero Adame.)
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–Está bien -dijo el coyote-, ahorita nos los comemos.
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El coyote empezó a menear el cazo donde supuestamente estaban los chicharrones que no eran tal, sino un panal de abejas que zumbaban, produciendo un ruido como si algo estuviera friéndose. En eso el conejo le dijo que en un rato regresaba y se fue lo más rápido que pudo, mientras el tonto coyote seguía meneando sus supuestos chicharrones. Como es de esperarse, lo picaron bastante las abejas. Cuento recopilado por Homero Adame.
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A la noche siguiente, el conejo estaba comiéndose unos rábanos en la huerta de la viejita y el coyote lo vio y que lo pesca.
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–Mira, conejo mañoso, traigo un hambre atroz y no hay más remedio comerte a ti, al fin y al cabo ya te burlaste de mí dos veces.
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Cuando estaba a punto de darle una mordida, el conejo le dijo:
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–No, coyote, no seas tonto. ¿A poco crees que se te va a quitar el hambre con comerme? Mira, ¿ves aquel bulto que está allá? Bueno, ésa es una borrega que yo mismo pesqué para ti, y si te la comes ya verás que te alcanza para dos o tres días.
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¿Qué te parece?
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El coyote se entusiasmó y corrió a comerse la supuesta borrega, pero cuando le dio el primer zarpazo nada más pegó un aullido de dolor. ¡Era un cactus y se había espinado! El conejo lo había hecho tonto de nuevo.
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Pasó el tiempo y de nuevo el coyote se encontró a su enemigo; esta vez en la orilla de una laguna. (Cuento encontrado en un blog de Homero Adame.)
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–Mira, conejo desgraciado, ahora sí te voy a comer -le dijo-. Ya me hiciste tonto tres veces y ya no me voy a dejar.
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–Pero amigo coyotito, antes de querer comerme debes saber que te andaba buscando porque te traía un queso, pero se me cayó en la laguna y no lo puedo alcanzar con mi manita que es muy corta -le explicó el conejo-. Estaba pensando en una solución para sacar el queso de ahí y se me ocurre que entre los dos podemos lograrlo. ¿Cómo la ves, me agarras o te agarro yo hasta que podamos sacar el queso del agua?
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Estuvieron discutiendo quién asía la mano de quién hasta que finalmente se pusieron de acuerdo. Quedaron en que el conejo iba a sujetar al coyote para que éste, con sus brazos más largos, alcanzara el queso. Pero lo que el coyote no sabía es que el supuesto queso no era más que la luna llena reflejada en el agua y no un queso como le había hecho creer el mañoso conejo. Como éste tenía otros planes, cuando el coyote ya estaba adentro del agua, lo soltó y el coyote se ahogó. Cuento encontrado en un blog de Homero Adame.
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Comentario de Homero Adame sobre este cuento
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En muchos relatos indígenas mexicanos, y de las etnias del desierto americano, existe una saga de cuentos donde los protagonistas son un conejo y un coyote, resultando como ganador uno u otro indistintamente. Por lo general, esa clase de cuentos lleva una moraleja implícita, la cual es una característica convencional en este género literario.
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En la versión que acabamos de leer, narrada por Milton de la Peña, un estudiante de Geología en Linares, quien nos dice que todavía se cuenta a los niños en las regiones serranas de Iturbide, los símbolos son los mismos: un coyote, animal embustero que siempre se sale con las suyas, cuya naturaleza en el folclore es dual, pues aparte de tramposo es también un héroe cultural, ya que imparte conocimiento de las artes y no permite que se extinga el fuego, protegiendo así a la raza humana. Y un conejo, que también en el folklore de algunos pueblos es un animal tramposo y embustero, aunque de igual forma es benefactor, pues él trajo el fuego de allende el mar para beneficio de la humanidad; con lo cual demuestra su naturaleza dual, similar a la de su contrincante.
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Este cuento fue publicado, en una edición corregida y aumentada, en el libro Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Editorial Font, 2005. Monterrey, México, editado por Déborah Chenillo Alazraki y diseñado por Beatriz Gaytán y Nuevas Letras. El dibujo de “Conejo y coyote” fue elaborado por Jennifer Hennen.
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Puedes leer este cuento en inglés siguiendo este enlace:
Este libro se puede adquirir la Librería Cosmos, de Monterrey, N.L.

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