Historias del panteón-museo de San Juan de Dios
San Miguel de Allende, Gto.
Antiguamente, cuando San Miguel era una población muy
pequeña, el panteón principal estaba en San Juan de Dios, en las partes bajas
de la ciudad, y cuando había sepelios después de las misas de cuerpo presente que
se hacían en la parroquia o en algunas de las iglesias de arriba el cortejo
fúnebre bajaba en carreta por una callejuela que se llama Las Ánimas,
callejuela que baja a la calle San Antonio Abad casi hasta las rejas del viejo
cementerio. Los cortejos siempre fueron así hasta que el panteón dejó de
funcionar como tal y lo trasladaron a una nueva ubicación en la colonia San
Antonio, en la calle Camino viejo al panteón, paralela a la Salida a Celaya y
ahora se le conoce como panteón de Guadalupe. Tiempo después construyeron otro,
el Panteón municipal “Luz eterna”, en las partes altas de la ciudad, pero esa
es otra historia.
Aquel viejo panteón en San Juan de Dios quedó prácticamente
como un museo por sus criptas y mausoleos, ya no se hacen entierros, y al parecer
tampoco hay osamentas porque, dicen, fueron llevadas al panteón de Guadalupe y
el recinto sólo se abre en fechas especiales, como las fiestas de Días de
Muertos. (Leyenda en un blog de Homero Adame).
Aunque ya está abandonado y sin osamentas, la gente que vive
en esas calles que conectan con el callejón de Las Ánimas y posteriormente a
las puertas del panteón, cuentan que en ciertas noches se escuchan los cascos
de los caballos y los lamentos de la gente. Los que ya saben de qué se trata simplemente
se persignan y cierran sus postigos, sus ventanas o sus puertas; saben que se
trata de las ánimas del pasado cuando pasaban los cortejos fúnebres por ahí. Los
que no saben, salen y se asoman y no ven nada, pero oyen eso que les causa
temor. Ahora en las casas de esas calles viven principalmente extranjeros y
queda muy poca gente local, gente mayor que conoce este tipo de historias y tradiciones. (Leyenda de Homero Adame).
También cuentan que en ese mismo callejón de Las Ánimas pasa
un caballo blanco a todo galope, un caballo que baja desde el templo de San
José que está en la cuesta San José, en la parte alta de la ciudad por la
antigua salida a Querétaro. La razón de que pase ese caballo tiene que ver con
una historia que cuentan de un Día de Muertos cuando a las ánimas de los difuntos
se les da permiso de salir de los confines del cementerio con la condición y la
obligación de regresar antes del crepúsculo, antes de la “hora de las ánimas”.
Esta historia cuenta que a una de esas ánimas se le hizo tarde porque había ido
a visitar a sus familiares en las partes altas donde le tenían su altar y sus
ofrendas. Cuando se dio cuenta de que ya era la puesta del sol y cerrarían el
panteón, se montó en un caballo blanco y se fue a todo galope y alcanzó a
llegar a tiempo. Esa es la razón de que se oiga y ocasionalmente se vea a un caballo
blanco que viene bajando desde la cuesta de San José, luego sigue por
Independencia, da vuelta en Quebrada y luego baja por el callejón de Las Ánimas,
echando chispas con los cascos, hasta que desaparece en la puerta del panteón,
aunque la reja esté cerrada.
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El último párrafo es parte de una leyenda incluida en el libro bilingüe Historias y leyendas de San Miguel de Allende // Stories and Legends of San Miguel de Allende, disponible en Amazon.
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