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sábado, 26 de septiembre de 2026

Leyendas del viejo cementerio en San Miguel de Allende

Historias del panteón-museo de San Juan de Dios

San Miguel de Allende, Gto.

 

Antiguamente, cuando San Miguel era una población muy pequeña, el panteón principal estaba en San Juan de Dios, en las partes bajas de la ciudad, y cuando había sepelios después de las misas de cuerpo presente que se hacían en la parroquia o en algunas de las iglesias de arriba el cortejo fúnebre bajaba en carreta por una callejuela que se llama Las Ánimas, callejuela que baja a la calle San Antonio Abad casi hasta las rejas del viejo cementerio. Los cortejos siempre fueron así hasta que el panteón dejó de funcionar como tal y lo trasladaron a una nueva ubicación en la colonia San Antonio, en la calle Camino viejo al panteón, paralela a la Salida a Celaya y ahora se le conoce como panteón de Guadalupe. Tiempo después construyeron otro, el Panteón municipal “Luz eterna”, en las partes altas de la ciudad, pero esa es otra historia.

Aquel viejo panteón en San Juan de Dios quedó prácticamente como un museo por sus criptas y mausoleos, ya no se hacen entierros, y al parecer tampoco hay osamentas porque, dicen, fueron llevadas al panteón de Guadalupe y el recinto sólo se abre en fechas especiales, como las fiestas de Días de Muertos. (Leyenda en un blog de Homero Adame).

Aunque ya está abandonado y sin osamentas, la gente que vive en esas calles que conectan con el callejón de Las Ánimas y posteriormente a las puertas del panteón, cuentan que en ciertas noches se escuchan los cascos de los caballos y los lamentos de la gente. Los que ya saben de qué se trata simplemente se persignan y cierran sus postigos, sus ventanas o sus puertas; saben que se trata de las ánimas del pasado cuando pasaban los cortejos fúnebres por ahí. Los que no saben, salen y se asoman y no ven nada, pero oyen eso que les causa temor. Ahora en las casas de esas calles viven principalmente extranjeros y queda muy poca gente local, gente mayor que conoce este tipo de historias y tradiciones. (Leyenda de Homero Adame).

También cuentan que en ese mismo callejón de Las Ánimas pasa un caballo blanco a todo galope, un caballo que baja desde el templo de San José que está en la cuesta San José, en la parte alta de la ciudad por la antigua salida a Querétaro. La razón de que pase ese caballo tiene que ver con una historia que cuentan de un Día de Muertos cuando a las ánimas de los difuntos se les da permiso de salir de los confines del cementerio con la condición y la obligación de regresar antes del crepúsculo, antes de la “hora de las ánimas”. Esta historia cuenta que a una de esas ánimas se le hizo tarde porque había ido a visitar a sus familiares en las partes altas donde le tenían su altar y sus ofrendas. Cuando se dio cuenta de que ya era la puesta del sol y cerrarían el panteón, se montó en un caballo blanco y se fue a todo galope y alcanzó a llegar a tiempo. Esa es la razón de que se oiga y ocasionalmente se vea a un caballo blanco que viene bajando desde la cuesta de San José, luego sigue por Independencia, da vuelta en Quebrada y luego baja por el callejón de Las Ánimas, echando chispas con los cascos, hasta que desaparece en la puerta del panteón, aunque la reja esté cerrada.


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El último párrafo es parte de una leyenda incluida en el libro bilingüe Historias y leyendas de San Miguel de Allende // Stories and Legends of San Miguel de Allende, disponible en Amazon.




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viernes, 3 de abril de 2026

Maravillas del pueblo mágico Real de Asientos, Ags.


Tesoros en Asientos, Aguascalientes


El pueblo mágico de Real de Asientos, en lel estado de Aguascalientes, esconde algunos tesoros dignos de admiración. Por ejemplo, en la torre de la parroquia dedicada a Nuestra Señora de Belén, construida a mediados del siglo XVIII y remodelada con motivos neoclásicos entre 1934 y 1940, se encuentra la campana más grande de la diócesis de Aguascalientes, cuyo peso es de 4.5 toneladas, y en el atrio exhiben la más antigua, conocida como “campana rústica de cazuela”. En el interior de la iglesia, el ciprés del altar fue obra de Refugio Reyes Rivas, el arquitecto empírico que construyó el ecléctico templo de San Antonio en Aguascalientes, entre otros edificios. A la izquierda del altar mayor se encuentra el Santo Entierro que es en sí una joya invaluable porque sus articulaciones son móviles y, más que nada, porque este Cristo traído de España hace como unos 400 años tiene ¡costillas, dientes y cráneo reales! Se dice que en el mundo sólo existen tres cristos con partes humanas y la gente de Asientos se siente afortunada de tener uno aquí en su pueblo.

En la parte trasera de la parroquia hay algo por demás inusual: un antiguo cementerio (del siglo XVII) ya en desuso, donde enterraban a la clase gobernante y a la élite, mientras que en el campo abierto, al pópulo. Lamentablemente, según se dice, todo fue saqueado cuando se trasladaron las osamentas al ahora panteón municipal. Sin embargo, debajo de una arcada todavía existe una fosa común y dos criptas. Los restos ahí sepultados pertenecen a sacerdotes fallecidos en funciones.

Hoy en día museo de sitio, en el umbral del “Juicio Final”, según se lee en el remate de una puerta sellada, donde también se aprecia una pintura con mucha gente siendo juzgada. Las tres paredes del entorno están cubiertas de dibujos, alegorías y poemas alusivos a la Muerte, entre ellos 18 sonetos y una lista de "los señores sacerdotes que se hallan enterrados en este campo santo". Por ejemplo, coronando al dibujo de un esqueleto con su guadaña –o imagen de la Muerte misma–, y sobre las representaciones de algunos difuntos frailes, se lee la siguiente elegía, firmada por Mariano Camino:

«En este lugar de duelo y pena / Regado con el llanto / Ven los mortales con espanto. / Mi lira suena / No suena melodiosa y divertida / Cual ha sonado en tiempo más dichoso / Yo cantaré con eco doloroso. / ¡¡¡Nada es la vida!!!

 Nada es / Toda es ficción, toda mentira / En toda ella obra la casualidad. / Si quereis conoser (sic) la rialidad (sic) / Aquí se mira. / ¿Ves al guerrero presumir su espada? / ¿Al sabio con sus ciencias orgulloso? / ¿Vestirse de oropel el Poderoso? / Aquí son nada.

 La joven vella (sic) que el amor atiza / Con sus ojos de fuego y de ternura / Aquí ya hase (sic) / En triste sepultura / Hecha ceniza.

 La huesa, confundida con la huesa / El polvo, con el polvo confundido / No hay baliente (sic), no hay sabio distinguido / No hay rico, no hay velleza (sic).

  Aquí toda es igualdad / Y con cilencio (sic) profundo / Está contemplando al mundo / La terrible Eternidad.».

Imagen de Story Pin

Notas: La imagen panorámica de la plaza y parroquia de Asientos fue tomada de Fotografiando México, en Pinterest. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

2. La fotografía del panteón fue tomada de Panteón de Guadalupe en Real de Asientos, Aguscalientes, en Pinterest. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

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viernes, 24 de octubre de 2025

Los descalzos (leyenda de Día de Muertos)

Los descalzos

Leyenda de San Miguel de Allende, Gto.

 

En San Miguel cuentan una historia que sucede en el panteón de Guadalupe que es como el panteón municipal y el más tradicional porque hay otros, uno es un panteón museo que solamente abren en ciertas fechas del año y hay otro más moderno que está en las afueras de la ciudad. El panteón de Guadalupe estaba originalmente extramuros del centro del pueblo, en la colonia San Antonio y sigue en servicio, pero ya casi no tiene capacidad. Cuentan que pasan cosas raras, como en todos los panteones, pero esta historia en particular es de una persona que iba todos los años a dejar flores a las tumbas de sus seres queridos en Día de Muertos y también el día primero porque dejar ofrendas de dulces en las tumbas de los unos niños de la familia que habían fallecido de pequeños. El día 2 siempre iba acompañado con familiares y amigos y se tomaban fotos con la decoración de las tumbas. Cada año hacían lo mismo, una tradición de estas personas y, sin saberlo, era como un registro. (Leyenda publicada en un blog de Homero Adame).

Años después hubo una reunión familiar en cualquier otra fecha y salió el tema de las fotografías y los recuerdos de ir al panteón el Día de Muertos. Entonces como esta persona tenía todo ordenado en el álbum de fotografías, sacó el álbum y allí estaban todos ellos junto a las tumbas decoradas. Comentaron cómo van cambiando las modas, la ropa, los sombreros. En eso, alguien de los que estaban ahí viendo las fotos notó algo extraño y dijo: “Miren, en cada foto, cada año en la barda del fondo están tres hombres sentados”. “Pues sí, qué raro, ¿no?”, dijeron todos los demás. Y no sólo eso: se dieron cuenta de que los tres hombres en la barda con el paso de los años eran exactamente los mismos, como que no se cambiaban de ropa, no envejecían y ninguno traía zapatos, los tres estaban descalzos en cada foto de cada año. Entonces llegaron a la conclusión de que seguramente eran ánimas que en Días de Muertos tienen licencia de venir al mundo para estar con los suyos, pero tal vez estos tres no tienen ya quién los visite y les deje ofrendas y por eso se sientan en la barda a observar la fiesta y sin duda hacen lo mismo año con año.

Si algún año de estos van ustedes a San Miguel y el Día de Muertos van al panteón, que es muy aglomerado, por cierto, fíjense en las bardas a ver si hay tres hombres sentados y descalzos.



Nota: la imagen fue creada con el Generador de imágenes en Bing, con Tecnología DALL -E3.



Otra versión de esta historia fue publicada en el libro bilingüe Historias y leyendas de San Miguel de Allende // Stories and Legends of San Miguel de Allende que se puede conseguir en Amazon.



miércoles, 1 de noviembre de 2023

La tumba profanada: leyenda matehualense


En el panteón de Matehuala hay dos mausoleos que, aparte de la iglesia, sobresalen por su tamaño y su estilo. Uno es la tumba de don Manuel Fernández, la cual fue construida a principios del siglo XX. El otro pertenece a la familia Castillo y no hay registro de una fecha exacta de cuándo se levantó, pero es del siglo antepasado, del XIX --explica Tomás Ferrándiz para esta publicación de Homero Adame. Esa tumba de la familia Castillo fue profanada. Por un lado podemos hablar de lo que es la historia, porque hay documentación de ese hecho, y también un poco de cómo es la leyenda:


En el año de 1892, el padre Pánfilo Castillo construyó e inauguró el santuario de Guadalupe, en Villa de Reyes y luego el señor Montes de Oca y Obregón lo trajo aquí a Matehuala con la intención de tumbar la parroquia original para construir lo que es ahora catedral. La última semana de noviembre de 1900, Montes de Oca y Obregón colocó la primera piedra y a partir de entonces el padre Pánfilo Castillo se dedicó a tumbar la iglesia. La ley lo metió a la cárcel, pero él se acogió a los derechos que tenía y salió libre. Terminó de tumbar la iglesia y la volvieron a construir. 
El padre Pánfilo siguió aquí en la región hasta 1928, año en que murió o lo mataron. Fue enterrado en el mausoleo de la familia Castillo porque sus ancestros estaban ahí sepultados.

Al cabo de cinco años, según se publicó en el periódico El Nuevo Día, se dice que la tumba fue violada para robarle las joyas y el Cristo de oro. Ese es un tesoro que apareció en un hoyo del ala sur cuando se tumbó la iglesia. Hay que saber que todas las iglesias tienen un tesoro; justo antes de colocar la primera piedra se hace un hoyo y ahí los feligreses echan lo que quieren, joyas u objetos de valor, y ya después se construye la iglesia. Ese es el tesoro de toda iglesia.

Ya en el campo de la leyenda, supuestamente el padre encontró ese tesoro cuando tumbó la parroquia original y cuentan que al morir lo enterraron con el tesoro, todo en el mismo féretro. A los pocos días corrió el rumor de que alguien profanó la tumba para robarse el tesoro, lo cual fue cierto, según testimonios y lo publicado en aquel periódico. Se le dio aviso a las autoridades y también a los familiares del padre Castillo; éstos vinieron y se llevaron los restos en tren a Villa de Reyes, donde lo sepultaron en la parroquia de allá. (Leyenda publicada por Homero Adame).

Jamás se supo quién profanó esa tumba para robarse el tesoro en cuestión. El periódico habló de joyas y del Cristo de oro, pero quién sabe si eso haya sido cierto. De todas maneras, todo esto a la larga dio pie a esta leyenda.

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Nota: esta leyenda fue publicada en la plaquette “Leyendas del Festival de Desierto” de Homero Adame, por la Secretaría de Cultura del estado de San Luis Potosí, 2005.

jueves, 8 de marzo de 2018

Hoctún, el panteón más simpático de México

El FESTIVO PANTEÓN DE HOCTÚN, YUCATÁN

Como es bien sabido por todos, estas fechas de noviembre antiguamente eran días de guardar, y en la actualidad son fechas de festividad. Todos los panteones del país se inundan de color, algarabía y vida para celebrar a la muerte. Son pocos los días que este abigarramiento perdura en dichos camposantos, una semana a lo mucho; el resto del año permanecen como sitios lúgubres y silenciosos que sólo ven interrumpida su tranquilidad cuando un cortejo fúnebre trae, a paso lastimero, a un nuevo morador.

De este clásico esquema para los panteones de México, quizás existan aisladas excepciones, donde el movimiento y ajetreo es más constante, no por la frecuente llegada de nuevos inquilinos, sino por otro tipo de causas. Como mejor ejemplo tenemos el cementerio de Hoctún, el cual luce una eterna festividad. (Artículo de Homero Adame.)

Hoctún es un pequeño poblado que se encuentra entre Mérida y Chichén Itzá, justo en donde la carretera se desvía hacia la pintoresca Izamal. Es casi un pueblo de carretera, es decir, que se mantiene vivo gracias al tráfico pertinaz, el cual, en cierta medida, aporta algo a la economía local.

No obstante, Hoctún posee un atractivo sin comparación en todo el territorio nacional e, incluso, en el mundo entero. Una tradición única, que bien vale la pena conocer.

Cuando en cualquier fecha del año vamos manejando esa carretera –rumbo a las pirámides o a Izamal– al lado derecho del camino percibimos el pequeño cementerio de Hoctún. Si nos detenemos por curiosidad, la primera sorpresa será encontrar a unos músicos, con tambora y trombón, esperando al cliente ocasional para deleitarlo y entretenerlo con sus desafinadas melodías. La segunda sorpresa será la presencia de cuatro o cinco ancianos que, sentados en sillas o hasta mecedoras bajo alguna sombra de las criptas, esperan recibir una limosna.

En este momento inevitablemente surge la pregunta: ¿por qué esta gente se encuentra ahí? La evidente respuesta es porque se trata de un lugar turístico. ¿Cuál es su atractivo? Su atractivo es la tercera sorpresa, que le da ese toque original y extraordinario.

Aunque este cementerio es relativamente pequeño (la población de Hoctún no rebasa los mil habitantes), la mayoría de sus tumbas –ahí llamadas mausoleos– están decoradas de una manera por demás singular. Así podemos apreciar construcciones en miniatura tan disímbolas y extraordinarias como pirámides tipo el Castillo de Chichén Itzá, jacales estilo caribeño, torres de iglesias, imágenes de la virgen de Guadalupe, una mal hecha torre Latinoamericana y hasta un Partenón griego, entre otros.

Ahora bien, ¿por qué esos motivos? Bueno, según la costumbre muy local (acaso sin par en el mundo entero), la tumba o mausoleo llevará representado el último lugar que el difunto visitó en vida. Es por ello que en ese panteón se observan pirámides, iglesias, jacales, edificios de la Ciudad de México, etc. Ah, y el Partenón griego es de un lugareño que falleció en Grecia.

Esta incomparable tradición hace, por consiguiente, que el cementerio de Hoctún sea muy concurrido por infinidad de turistas extranjeros y no pocos mexicanos. Cualquier día del año es festivo para dicho lugar. En lo personal no sé cómo se pone el ambiente durante un Día de Muertos, pero puedo imaginarme que la romería se incrementa por mucho.
Así que ya sabe, si un día anda de visita por tierras yucatecas, no olvide detenerse en ese poblado para conocer una de las costumbres funerarias quizás más curiosas de nuestro México.

Notas:
1. Este texto de Homero Adame fue publicado originalmente en la revista México desconocido en 2003.

2. Las imágenes que acompañan el texto fueron tomadas de Internet. Que el enlace sirva de crédito a sus autores: Panteón de Hoctún y Torre en color rojo-ladrillo y blanco

viernes, 1 de septiembre de 2017

Costumbres fúnebres en México

Esta información fue publicada en Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León, Editorial Font, 2005. En este libro Homero Adame aporta sus intereses en antropología y etnología del folclore no sólo del estado de Nuevo León o de la región Noreste de México, sino del país y de otras culturas. Por ejemplo, como continuación a las costumbres hispanas y mediterráneas, el investidador menciona muchas otras costumbres funerarias de origen prehispánico, así como judío-sefarditas y de Medio Oriente que llegaron con las migraciones y de cierto modo, se arraigaron en la vida cotidiana.

sábado, 8 de octubre de 2016

El toro negro en el panteón - leyenda de Montemorelos, Nuevo León



Esta leyenda fue escuchada en Nogalitos, una comunidad perteneciente al municipio de Montemorelos, N.L. y se publicó originalmente en el libro Mitos, cuentos y leyendas regionales, tradición oral de Nuevo León, de Homero Adame, por Ediciones Castillo, 1998.

En 2022, Homero Adame publicó Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, libro cuyos antecedentes son Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León (Ed. Font. 2005), Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Ed. Font. 2005) el cual fue, a su vez, una edición corregida, aumentada y mejorada de Mitos, cuentos y leyendas regionales – tradición oral de Nuevo León, originalmente publicada por Ediciones Castillo en 1998.


Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur
 (Guadalajara. 2022) contiene exclusivamente relatos de doce municipios neoleoneses, seis de ellos ubicados en la Región Citrícola y, otros seis, en la Región Sur. Está compuesto por tres capítulos: 1. Mitos, 2. Cuentos y 3. Leyendas; este último subdivido por épocas y temas: a) Leyendas con contenido prehispánico, b) Leyendas coloniales de santos y vírgenes, c) Leyendas de aparecidos y fantasmas, d) Leyendas de brujas y curanderos, e) Leyendas de cementerios y f) Leyendas de tesoros. Más aún: en este tratado el autor presenta cada relato recreando el habla de zonas rurales y serranas de Nuevo León, donde se usa un lenguaje sencillo, pero con vocablos y locuciones poco comunes o desconocidas en otras regiones del país o en las urbes.

Cabe destacar que más allá del relato, Homero Adame analiza el contenido de cada leyenda y encuentra simbolismos, hierofanías, elementos teogónicos del pensamiento desde el tiempo mítico y, de tal modo, sitúa a estas regiones neoleonesas en el contexto de la mitología universal.

La aclamada obra Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, está disponible en librerías y también en Amazon, tanto en formato digital (Kindle) como en formato impreso o formato papel.

https://www.amazon.com.mx/Mitos-cuentos-leyendas-Nuevo-Le%C3%B3n/dp/6072930409/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=


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miércoles, 20 de agosto de 2014

Museo y folclor en Guadalajara: El panteón de Belén



EL PANTEÓN DE BELÉN
Museo y folclore de Guadalajara

Texto y fotografías: Homero Adame

Dentro de las muchas curiosidades de Guadalajara existe una en forma de cementerio que hoy en día es un museo viviente. Se trata del panteón de Belén que funcionó como tal por un lapso de 130 años, a juzgar por las fechas inscritas en la primera y en la última tumba. La más antigua data del 22 de abril de 1849 y la más reciente del 14 de noviembre de 1974. Sin embargo, y de acuerdo con los datos históricos, la primera inhumación se efectuó en diciembre de 1844 y correspondió a Isidro Gómez Tortolero, un sacerdote de Tala, Jal., cuyo epitafio está perdido. Supuestamente, el panteón fue clausurado en 1896, aunque hubo entierros aislados en las siete décadas siguientes.

El cementerio actual está dividido en dos partes: una compuesta por sendas paredes laterales, o columnatas, que albergan 1,650 nichos (750 en la de acceso y 900 en la del lado norte) y la otra por el patio central donde vemos mausoleos, criptas, tumbas y, al centro, la antigua Rotonda de Hombres Ilustres, donde originalmente eran sepultados los hijos pródigos de esta capital o del estado. Muchos de esos restos fueron exhumados en algún momento para llevarlos a la actual Rotonda de los Hombres Ilustres en el centro de la ciudad.

Dicho patio estuvo seccionado en dos, una para la aristocracia y la otra para el pueblo, donde también se encontraba la fosa común, pero esta segunda sección fue demolida en 1967. La mayoría de las antiguas tumbas que aún persisten, casi todas elaboradas con cantera y en estilos disímbolos que dan en conjunto un eclecticismo muy sui generis, se hallan en un avanzado estado de deterioro y no pocas se han colapsado. Sin embargo, y como todo museo que siempre debe observar que sus piezas en exhibición se encuentren en el mejor estado posible, en el panteón de Belén ya empiezan a verse los progresos de un proyecto de restauración en determinadas tumbas, aunque a decir verdad algunas de ellas no sean muy artísticas. También hay otras sepulturas más recientes, del segundo cuarto del siglo XX, cuyo estilo es notorio y hasta chocante porque fueron hechas de granito y ya no de cantera ni tampoco mármol.

Volviendo a las columnatas, en ese sector podemos advertir que un buen número de nichos están cubiertos con mármol de Carrara. Tal vez el más fascinante desde el punto de vista artístico sea uno fechado el 9 de junio de 1861, en memoria de José Castro quien falleció a los 29 años de edad; se trata de un fino trabajo esculpido con personajes de la mitología griega o romana. (Texto de Homero Adame.)

Casi al centro de la columnata de acceso, a la izquierda, hay dos nichos que recuerdan a una pareja de escoceses (Joseph Johnston, 5 de enero de 1832 - 18 de abril de 1896 y Jean Young, 3 de mayo de 1838 - 17 de septiembre de 1896) que llegaron a radicar a esta ciudad y aquí murieron, curiosamente en el mismo año aunque no en la misma fecha. Nada se sabe de quiénes hayan sido ni cuáles las causas de los fallecimientos, sin embargo, lo único que sí sabemos, gracias a los epitafios, es que eran esposos y que nacieron en Paisley, Escocia.

Lo interesante de estos dos nichos es que en Guadalajara existe una conseja popular o singular costumbre que consiste en traer veladoras u ofrendas florales exactamente a las 12 del mediodía para solicitar algún favor a estos espíritus que se han vuelto una especie de benefactores de los tapatíos. Parte de la tradición indica que además de la ofrenda dejada es imprescindible rezar un rosario frente a sus nichos para que el deseo sea cumplido, incluso se sabe de personas que hacen el novenario completo.

Asimismo, hay que mencionar que hay otras tumbas, nichos y criptas que de algún modo se han integrado a la amplia gama de costumbres tapatías. Por ejemplo, encontramos la tumba de un niño (Ignacio Torres Altamirano, muerto el 24 de mayo de 1882) que, según la leyenda, salía de su fosa con todo y féretro porque tenía miedo a la oscuridad. A esta tumba viene la gente a traer juguetes, dulces, globos, canicas, monedas, etc., aparte de veladoras para que el ánima del infante siempre tenga luz. En otro punto vemos el sepulcro de los enamorados, dos tumbas contiguas adonde muchas personas llegan para dejar cartas y recados de amor y con ello solicitarles ayuda para encontrar la dicha en su vida amorosa; también hay quienes dejan mensajes para desearle a esta pareja felicidad en el más allá.

Y si de leyendas se trata, el panteón de Belén tiene muchas, como la del vampiro cuyo corazón fue clavado con una estaca y de ésta creció un árbol, un tabachín, que supuestamente sangra; sus raíces han cubierto casi toda la tumba y parecen como si fueran cuadradas. O también la de la mujer que fue enterrada viva y al día siguiente su mano estaba afuera de la tierra y por eso la tumba tiene una mano labrada.

Pero también existe otro tipo de misterios que rondan en este panteón-museo. A la entrada hay una serie de fotografías, sólo una de ellas en blanco y negro, en las cuales aparecen “fenómenos” inexplicables, aunque es posible que se traten de trucos de laboratorio cuando la fotografía digital ni siquiera existía. Supuestamente, esos fenómenos son las auras de las personas que estaban siendo retratadas, y junto a las fotografías hay un escrito que explica estos fenómenos electromagnéticos, o reflejo del aura. Por su parte, la imagen en blanco y negro es muy interesante porque al parecer se ve un fantasma encapuchado caminando entre unas tumbas, lo cual ha dado pie a todo tipo de interpretaciones y más leyendas. (recopiladas por Homero Adame)

Así, el hecho de haber mencionado que este panteón sea un museo viviente es porque en Guadalajara existe la singular tradición entre novias, quinceañeras e incluso niñas que van a hacer su primera comunión de venir para que les tomen sus fotografías del recuerdo tanto al lado de las tumbas como en la arcada de las columnatas. Ésta es una costumbre bastante extraña porque vale hacer la referencia que en otras regiones del país se tiene la creencia de que una novia jamás debe entrar con su vestido de novia a un cementerio, ya que esto le traería mala suerte en su vida matrimonial.

El panteón se encuentra en la calle Belén, esquina con Eulogio Parra, en el sector Hidalgo. Las horas de visita son de lunes a viernes de 9:00 a 15:00 y los sábados de 9:00 a 18:00. Como último dato: si el visitante desea disfrutar un tranquilo recorrido, no es aconsejable que venga a ninguna hora los sábados, día en el que muchísimas familias y fotógrafos visitan el lugar para retratar novias, quinceañeras y niñas que ese día harán su primera comunión.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: La enterraron viva, pero salió

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La enterraron viva, pero salió
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Leyenda de Matehuala, SLP
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Ésta es la historia de una señora de las ricas de Matehuala cuando aquí era una ciudad de mucha alcurnia. Resulta que esa señora se murió de un ataque de catalepsia y la velaron por 72 horas hasta que la llevaron a enterrar al panteón Hidalgo.
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En aquellos años, más que ahora aunque todavía se acostumbra, a los difuntos los enterraban con sus mejores joyas. Ya estaba todo el cortejo en el panteón y para darle la última despedida abrieron el féretro. Los enterradores se dieron cuenta de que la difunta llevaba muchas joyas. Al terminar el sepelio, la gente se retiró, pero una vez entrada la noche los enterradores decidieron robarse las joyas. Abrieron la tumba y también la caja y le quitaron las joyas a la difunta, pero un anillo muy bonito no le salía; por más que le jalaban no se lo podían quitar. Uno de los ladrones le dijo su compañero que había que mocharle el dedo y éste con la navaja se lo cortó para así poder extraer el anillo. En ese momento brotó un chorro de sangre y la señora se levantó pegando un grito de dolor. Se sentó asombrada, pero más asombrados estaban los ladrones que del susto empezaron a gritar y a correr. La señora se salió de su tumba y fue detrás de ellos diciéndoles: “No, no, yo no estoy muerta, yo tenía un ataque nada más.” Pero los ladrones ni así se detuvieron a ver si era cierto. Ya de rato, ella los alcanzó y ellos le pidieron perdón y la llevaron a su casa. Leyenda recopilada por Homero Adame.
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Grande fue el susto de los familiares cuando vieron a la supuesta difunta ahí parada en la puerta, descalza y con aquel vestido tan bonito que usaban en aquellos años. Cuando todos se calmaron, los familiares mandaron por el doctor y éste testificó que la mujer no había estado muerta, que nada más había tenido un ataque de catalepsia. A los ladrones no los juzgaron porque gracias a ellos esta señora no murió enterrada viva.
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Ella vivió muchos años más. Siempre platicaba que oía todo lo que decían los ladrones cuando estaban tratando de robarle sus joyas, pero como todavía se hallaba en el trance de la catalepsia entonces no podía moverse ni tampoco podía hablar. (Anécdota funeraria de Matehuala, SLP.)
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Desde entonces y hasta el día de su muerte verdadera, ella todo el tiempo usó un guante negro para así cubrirse el dedo que le faltaba, el que le habían cortado los ladrones para robarle el anillo.
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Esta leyenda, recopilada por Homero Adame, fue publicada en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del Programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.
Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005.
Edición: Mtra. Déborah Chenillo Alazraki.
Diseño: Beatriz Gaytán Reyes.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Mitos y leyendas de Guanajuato: El ánima que quería irse a otra tumba



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viernes, 21 de octubre de 2011

Historias de panteones: Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas


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UN SOMBRERO EN EL PANTEÓN
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Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas
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Una noche negra como pocas veces (la luna andaba seguramente de vacaciones), estaban reunidos varios amigos en un lugar muy cerca del panteón de Concepción del Oro; para ser exactos, en el arroyo. Aburridos de la misma rutina, uno de ellos dijo: “Hagamos algo diferente, algo que no hayamos hecho; ¿qué les parece si en punto de las doce, nos metemos al panteón?”.
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“Escuchen bien las instrucciones: uno de nosotros llevará un sombrero, lo dejará en la última tumba, saldrá de allí, vendrá hasta nosotros y el segundo irá por el sombrero y lo traerá aquí, se lo entregará al siguiente y así sucesivamente… ¿Entendieron?”.
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“¡Sí, sí entendimos!”, todos contestaron.
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Y así empezó el juego, sin ninguna novedad. Pasaron los minutos y se hicieron horas. Ya habían pasado fácilmente unas cinco personas, algunos con miedo, algunos más valientes, pero sin ningunas complicaciones; solamente el crujir del viento hacía que el que se adentraba y pisaba algunas tumbas se le ponía la piel “chinita” “chinita”. Las piedras resbalaban frecuentemente hacia algunas tumbas descuidadas, y por supuesto abiertas. Algunos tenían que hacer malabares para no caer adentro y lastimarse…
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Cuando al sexto compañero le tocó el turno de ir a dejar el sombrero, no quería ir; empezó a temblar y a temblar, pero ante la insistencia de los amigos, tuvo que entrar al camposanto. Con todo el miedo que tenía, empezó a avanzar lentamente… pero su corazón latía con rapidez. En eso cayó a una tumba deteriorada, su cuerpo lleno de pánico se deslizó por la fosa –serían algunos cuatro metros–, hasta que pisó, o más bien, tocó fondo.
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Él, todo asustado, quiso salir. De hecho, empezó a gritar desesperado, pero nadie lo oyó, sólo algunas lechuzas se abalanzaron y se quedaron esperando tan apetitosa comida. De pronto, intentó de nuevo salir, pero sintió que “alguien” lo detenía de la pierna derecha; no pudo zafarse y ahí se quedó…
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Mientras tanto, sus compañeros empezaron a desesperarse, pues ya había transcurrido el tiempo necesario. Uno de ellos dijo: “Nada que viene y ya son cerca de las seis de la mañana, ¡es mejor ir por él!”.
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Partieron todos a buscarlo, las lechuzas espantadas y enojadas al mismo tiempo, emprendieron su vuelo. Los amigos vieron el sombrero a un lado de la tumba. Momentos después uno de ellos gritó: “¡Aquí está! ¡Aquí está!”.
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Se asomaron todos a la tumba… Vieron a su compañero con los brazos cubriéndose la cabeza, como queriendo salir, y también notaron que una rama o raíz le enredaba la pierna…
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(Seguramente por el susto, el compañero había pensado: “¡Es la mano de un muerto! ¡Es la mano de un muerto!”.)
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Así me lo contó mi padre… y así que quede escrito...
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Tomás Magallanes Rodríguez      
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Notas:
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1. Esta historia la envió Tomás Magallanes al blog de Xpresandote.com como comentario (No. 133) al post Concepción del Oro, Zacatecas – sucursal bis.
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2. Las dos fotografías son cortesía del FaceBook de Zoylaystorya de Concha. (La primera foto lleva un arreglo en Photoshop de Homero Adame).
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