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jueves, 10 de octubre de 2019

Leyendas de Nuevo León: Los novios


LOS NOVIOS
(Leyenda de Doctor Arroyo, NL)

Hay una plática de aquí en la iglesia que han visto fantasmas salir. Unos muchachos que andaban enfrente de la plaza echando cerveza ya muy de madrugada dijeron, según ellos, que vieron que salieron unos novios de aquí a las cuatro de la mañana. Sí, que salieron y que estaba la puerta abierta –a esas horas siempre está cerrada– y uno de esos muchachos los fue a alcanzar hasta allá por aquella cuadra. Pero como esos novios iban más adelante, cuando dieron vuelta en la esquina pues el corrió y ya no vio a nadie. Los otros no se movieron de la banca por el miedo. Cuando regresó el que había seguido a esos novios venía pálido que hasta la borrachera se le bajó a él; a los otros ya se les había bajado del puro susto. Pero este muchacho se puso muy malo y hasta lo llevaron al hospital; lo tuvieron todo el día internado, por un lado por la excitación de alcohol y por otro, por el susto. Y no se curaba y parece que ya luego lo llevaron con alguien allá en Albarcones para que lo barriera de espanto –cuenta el sacristán Rosario Villegas en esta leyenda publicada en un blog de Homero Adame.
    El que andaba con ellos era un chavo –bueno, ya es un señor porque esto que le cuento pasó hace varios años– que tiene una carnicería que se llama «Rancho largo», por toda esta calle allá por otra placita de aquel lado. Ese andaba con ellos y fue el que me la contó. Un día me dijo: “Oye, tú que hay veces andas aquí cuando hay misa de gallo, ¿no oyes cosas o ves cosas?”. Yo le dije que sí oigo ruidos, pero nunca he visto nada. Es que adentro de la iglesia se oyen ruidos hasta en el día. Cuando está solo y ando haciendo aquí el aseo se oye como que truena la madera y como que se sienta alguien en alguna banca; así se oye, pero no es nada. Pero nunca he oído voces ni visto nada. Ahora no me asusto porque ya me acostumbré.
    Quién sabe, lo que pasa es que cuando reconstruyeron la iglesia en 1888 encontraron unos restos de huesos humanos, pero nunca hemos sabido de quien hayan sido, si de un sacerdote o de la gente rica de antes. Es que usted ha de saber que antiguamente enterraban a gentes en las iglesias, pero ya no. A esos huesos luego les dieron cristiana sepultura en el panteón.

Notas:
1. La imagen exterior de la parroquia de la Purísima Concepción fue tomada de la página oficial del municipio: Doctor Arroyo. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La foto de la iglesia al atardecer fue tomada del sitio de Internet Pueblos América. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

En 2022, Homero Adame publicó Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, libro cuyos antecedentes son Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León (Ed. Font. 2005), Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Ed. Font. 2005) el cual fue, a su vez, una edición corregida, aumentada y mejorada de Mitos, cuentos y leyendas regionales – tradición oral de Nuevo León, originalmente publicada por Ediciones Castillo en 1998.


Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur
 (Guadalajara. 2022) contiene exclusivamente relatos de doce municipios neoleoneses, seis de ellos ubicados en la Región Citrícola y, otros seis, en la Región Sur. Está compuesto por tres capítulos: 1. Mitos, 2. Cuentos y 3. Leyendas; este último subdivido por épocas y temas: a) Leyendas con contenido prehispánico, b) Leyendas coloniales de santos y vírgenes, c) Leyendas de aparecidos y fantasmas, d) Leyendas de brujas y curanderos, e) Leyendas de cementerios y f) Leyendas de tesoros. Más aún: en este tratado el autor presenta cada relato recreando el habla de zonas rurales y serranas de Nuevo León, donde se usa un lenguaje sencillo, pero con vocablos y locuciones poco comunes o desconocidas en otras regiones del país o en las urbes.

Cabe destacar que más allá del relato, Homero Adame analiza el contenido de cada leyenda y encuentra simbolismos, hierofanías, elementos teogónicos del pensamiento desde el tiempo mítico y, de tal modo, sitúa a estas regiones neoleonesas en el contexto de la mitología universal.

La aclamada obra Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, está disponible en librerías y también en Amazon, tanto en formato digital (Kindle) como en formato impreso o formato papel.

https://www.amazon.com.mx/Mitos-cuentos-leyendas-Nuevo-Le%C3%B3n/dp/6072930409/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=


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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Leyenda de la luz errante


LA LUZ ERRANTE
(Leyenda de Jaumave, Tamaulipas)

No, mi amigo, por estos rumbos no hay cuevas ni cosas grandes de los indios de antes –afirma el Sr. Félix, un campesino que vive en Pentezuela–. Quién sabe si esos indios se bañaban en las aguas éstas. Lo que sí hemos visto son pedernales así d’este tamaño. Cuando uno anda en la labor luego se los encuentra por ai tiraos. Son las mentadas puntas de flecha de los indios. Allá p’aquel lao, en aquellos cerros altos, sí hay cuevas y pos cuentan cosas que se han hallao ai dentro. Pa’ que le voy a echar mentiras, yo no he entrao en ellas. Ni siquiera sé con esatitud ónde quedan.
Lo que sí hemos mirao aquí es la luz errante. Todos los rancheros de aquí hasta Burgos y San Carlos l’han visto alguna vez. Mire, ai onde andan aqueos caballos (una planicie desmontada que rodea el baño) yo he visto la luz errante en la noche. Se ve clarita. Uno pos sí se asusta las primeras veces, pero como que luego le agarra uno confianza porque esa luz es buena para uno; lo acompaña por las veredas, siempre adelantito de uno. Quién sabe qué será, pero es una luz buena que ayuda al que anda en el monte por la noche, o al que anda perdido. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)



Jaumave fue la segunda población que fundó el conde de Sierra Gorda, José de Escandón, el 19 de mayo de 1744, llamándose en esa fecha San Lorenzo de Jaumave. Para su fundación, el mencionado conde trajo familias procedentes de Guadalcázar, jurisdicción de San Luis Potosí. Siguiendo con las costumbres de aquella época, después del acto de fundación se ofició una misa por órdenes del colonizador, para después hacerse el trazo de los límites del poblado, señalando los solares y las calles; dotando a los habitantes de agua del manantial que hoy se denomina Media del Pueblo. 

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viernes, 6 de octubre de 2017

Mitos y leyendas de CdMx: Misterios en la Plaza de Santo Domingo

MISTERIOS EN LA PLAZA DE SANTO DOMINGO
Leyenda de la Ciudad de México


Uy, sí, hartas cosas platican de por aquí, de esta plaza, cosas misteriosas que de ruidos, que de aparecidos fantasmas y cosas así. Es que parece que cuando la Inquisición aquí quemaban a las brujas; más bien entiendo que las quemaban en el palacio ese de la esquina (antiguo Palacio de la Escuela de Medicina). Ahí entiendo que los de la Inquisición –eran algo así como policías religiosos– dictaban las sentencias a la gente acusada de algo malo, de algo en contra de la religión, como la brujería, y a las que decían que eran brujas luego las quemaban vivas con leña verde y es por eso que luego dicen que se oyen gritos bien feos –dice Luis Ibarra, un bolero originario de Huajuapan de León, Oax. (Leyenda publicada por Homero Adame.)

Entiendo que hay unos túneles que van del palacio al estacionamiento aquél (sobre la calle de República de Brasil o Belisario Domínguez), y abajo encontraron un chorretal de muertos, o sea los esqueletos. Ahí metían a toda la gente que quemaban. No sé si los hayan sacado para sepultarlos en algún panteón o todavía siguen los esqueletos allá bajo.

Y luego también dicen que en el mismo palacio, que ahora es el Museo de Medicina, se aparece un decapitado. Eso me han contado, pero no me sé muy bien esa historia.

Lo que sí sé es que aquí en el atrio (del templo de Santo Domingo), en la noche se oyen los quejidos de los borrachos. Es que usted habrá de saber que esta capillita (anexa) un tiempo fue pulquería, entonces entiendo que el sacerdote salía de la iglesia grande y regañaba a los borrachos, los agarraba a latigazos y por eso se oyen los quejidos de aquella gente.

Mire, también cuentan de un monje que se aparece. Dicen que sale de la iglesia (de Santo Domingo), que pasa por el callejón que se ve allá (Leandro Valle) y entiendo que se mete en aquella imprenta de paredes amarillas. Es que los que trabajan ahí dicen que de vez en cuando, cuando se quedan trabajando ya tarde, que han visto a un monje caminar y que cruza la pared, la cruza como si no hubiera pared, así como uno puede andar caminando aquí por la plaza.


La plaza de Santo Domingo es una de las más emblemáticas y con mayor historia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se cree que allí estuvo la casa de Cuauhtémoc, hasta que los conquistadores la demolieron para dejar un espacio que sirviera como plaza pública. La mayoría de los edificios que la rodean fueron construidos en el siglo XVIII, entre los cuales destacan el templo de Santo Domingo, el Palacio de la Santa Inquisición y el Edificio de Aduanas.
El antiguo Palacio de la Inquisición fue construido entre 1732 y 1736. Después tuvo diferentes usos hasta que albergó el Colegio de Medicina y ahora es museo. En tanto, desde el siglo XIX, en los portales de la plaza ha habido escribanos o evangelistas, tradición que sigue vigente y está relacionada con las imprentas.



Notas:
1. Una versión similar pero editada en otro estilo narrativo fue publicada en el libro Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, por Editorial Trillas. El libro se puede conseguir en las sucursales de Trillas, en librerías de prestigio o en la tienda en línea siguiendo este enlace: Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, de HomeroAdame

2. Las imágenes fueron tomadas de Internet y que los enlaces sirvan como crédito a sus creadores:

viernes, 4 de julio de 2014

Leyendas de muertos: El carretón de la muerte

EL CARRETÓN DE LA MUERTE
Leyenda de Matehuala, SLP

Todavía cuentan aquí en Matehuala de una carreta fantasma que pasaba por la calle de Reyes a eso de las tres de la tarde y seguía su camino hasta desaparecer en el panteón Hidalgo. La carreta iba dirigida por un hombre con un látigo y la gente escuchaba los latigazos. Como esa calle antiguamente era de piedra bola y no de pavimento, y la carreta iba jalada por caballos, entonces dicen que los cascos de éstos al pisar aventaban chispas.

A esa carreta le decían «el carretón de la Muerte» porque cuando pasaba, o más bien como que la veían o nada más la escuchaban pasar, se decía que alguien iba a morir aquí en Matehuala y, a decir de muchos, este presagio nunca fallaba porque a los pocos días alguien se moría y lo llevaban a enterrar al mismo panteón Hidalgo.

Hay una historia parecida, aunque algunas personas no creen que sea la misma del carretón de la Muerte. Esa historia narra de una señorita que tenía un novio, pero su familia se oponía a esa relación y ya la tenían comprometida para casarse con un hombre a quien ella no quería. Ante su agobio ella decidió fugarse con su novio y éste aceptó gustoso.

Para esto, la mamá de ella había sido una mujer muy dura, aunque para ese entonces ya había muerto. Entonces la pareja se subió a la carreta para escaparse y vieron que estaba sentada con ellos una mujer. La señorita se sentó en la parte de los pasajeros donde estaba esa mujer y el muchacho se sentó con el cochero. En ese momento el cochero le preguntó al muchacho: “¿A dónde vamos?”. Y el muchacho le dijo: “Síguele, yo te voy diciendo adónde.” Sin embargo, la mujer que iba sentada a un lado de la señorita fue la que le indicó al cochero que se dirigieran primero hacia el panteón.

Cuando llegaron al panteón Hidalgo la mujer se esfumó de la carreta y para cuando la señorita se percató de esto, aquélla ya estaba en el umbral del cementerio. Entonces la señorita oyó una voz de ultratumba que le dijo: “Tú no te vas a casar nunca.” Del susto el muchacho corrió y nunca lo volvieron a ver, y la muchacha nunca se casó.

Entonces se cree que la mujer que los llevó al panteón y que fue la misma que le dijo la señorita que nunca se iba casar, era la difunta madre de la señorita.

 
Esta leyenda, narrada por doña Carmela Alcocer, fue publicada en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del Programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.

Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005.
Recopilación: Homero Adame
Edición: Mtra. Déborah Chenillo Alazraki.
Diseño: Beatriz Gaytán Reyes.

viernes, 21 de octubre de 2011

Historias de panteones: Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas


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UN SOMBRERO EN EL PANTEÓN
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Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas
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Una noche negra como pocas veces (la luna andaba seguramente de vacaciones), estaban reunidos varios amigos en un lugar muy cerca del panteón de Concepción del Oro; para ser exactos, en el arroyo. Aburridos de la misma rutina, uno de ellos dijo: “Hagamos algo diferente, algo que no hayamos hecho; ¿qué les parece si en punto de las doce, nos metemos al panteón?”.
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“Escuchen bien las instrucciones: uno de nosotros llevará un sombrero, lo dejará en la última tumba, saldrá de allí, vendrá hasta nosotros y el segundo irá por el sombrero y lo traerá aquí, se lo entregará al siguiente y así sucesivamente… ¿Entendieron?”.
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“¡Sí, sí entendimos!”, todos contestaron.
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Y así empezó el juego, sin ninguna novedad. Pasaron los minutos y se hicieron horas. Ya habían pasado fácilmente unas cinco personas, algunos con miedo, algunos más valientes, pero sin ningunas complicaciones; solamente el crujir del viento hacía que el que se adentraba y pisaba algunas tumbas se le ponía la piel “chinita” “chinita”. Las piedras resbalaban frecuentemente hacia algunas tumbas descuidadas, y por supuesto abiertas. Algunos tenían que hacer malabares para no caer adentro y lastimarse…
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Cuando al sexto compañero le tocó el turno de ir a dejar el sombrero, no quería ir; empezó a temblar y a temblar, pero ante la insistencia de los amigos, tuvo que entrar al camposanto. Con todo el miedo que tenía, empezó a avanzar lentamente… pero su corazón latía con rapidez. En eso cayó a una tumba deteriorada, su cuerpo lleno de pánico se deslizó por la fosa –serían algunos cuatro metros–, hasta que pisó, o más bien, tocó fondo.
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Él, todo asustado, quiso salir. De hecho, empezó a gritar desesperado, pero nadie lo oyó, sólo algunas lechuzas se abalanzaron y se quedaron esperando tan apetitosa comida. De pronto, intentó de nuevo salir, pero sintió que “alguien” lo detenía de la pierna derecha; no pudo zafarse y ahí se quedó…
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Mientras tanto, sus compañeros empezaron a desesperarse, pues ya había transcurrido el tiempo necesario. Uno de ellos dijo: “Nada que viene y ya son cerca de las seis de la mañana, ¡es mejor ir por él!”.
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Partieron todos a buscarlo, las lechuzas espantadas y enojadas al mismo tiempo, emprendieron su vuelo. Los amigos vieron el sombrero a un lado de la tumba. Momentos después uno de ellos gritó: “¡Aquí está! ¡Aquí está!”.
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Se asomaron todos a la tumba… Vieron a su compañero con los brazos cubriéndose la cabeza, como queriendo salir, y también notaron que una rama o raíz le enredaba la pierna…
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(Seguramente por el susto, el compañero había pensado: “¡Es la mano de un muerto! ¡Es la mano de un muerto!”.)
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Así me lo contó mi padre… y así que quede escrito...
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Tomás Magallanes Rodríguez      
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Notas:
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1. Esta historia la envió Tomás Magallanes al blog de Xpresandote.com como comentario (No. 133) al post Concepción del Oro, Zacatecas – sucursal bis.
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2. Las dos fotografías son cortesía del FaceBook de Zoylaystorya de Concha. (La primera foto lleva un arreglo en Photoshop de Homero Adame).
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