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viernes, 3 de agosto de 2018

Leyendas de Zacatecas: El hacedor de lluvia

EL HACEDOR DE LLUVIA
(Leyenda de Villa de Cos, Zacatecas)


Aquí es una tierra muy seca, pero hay aguajes de la antigua hacienda de Illescas, de la de Sierra Hermosa y hasta de la de Guanamé; aquí pues es el desierto y no es muy llovedor, ¿verdad? Pero cuentan que mucho más antes había gente que sabía traer la lluvia. Como por ejemplo hubo un hombre, que yo creo que era indio de no sé qué tribu –porque antes había aquí varias tribus, unos de Zacatecas [zacatecos o caxcanes] y otros de por el rumbo aquí del estado de San Luis [huachichiles]–. Entonces dicen que los hacendados de Illescas mandaban traer a uno de esos hombres que vivía en un ranchito serrano de Villa de Cos –está del lado zacatecano– para que hiciera llover y se llenaran los aguajes porque había temporadas muy largas de sequías muy duras –explica la Sra. Inés Sosa Dominguéz, radicada en Santo Domingo, SLP.

   Este hombre sabía las danzas de la lluvia. Pero eran danzas no como de los matachines o las pastorelas que van a Catorce a las festividades de San Panchito, o los matachines que bailan aquí el 4 de agosto en la fiesta patronal. No, ese hombre que le digo era pues hacedor de lluvia porque él sabía bailar, y dicen que lo llevaban primero a la hacienda y luego a los aguajes de la hacienda. Aquí mero en Santo Domingo estaba uno de los aguajes –todavía quedan partes de las ruinas del aguaje que le digo, vaya a verlo al ratito, está de aquel lado–. Entonces ese indio zacatecano –habrá sido huichol a lo mejor–iba a los pueblos y las haciendas y ponía sus no sé, serían monitos o las plumas de algunas aves, y luego prendía candelas y que hacía un círculo con braceros y que echaba una plantita seca que creo le llaman «istafiate». Y el hombre se ponía a bailar con sus cascabeles aquí en las pantorrillas y tocaba un tamborcito. Bailaba, bailaba y bailaba toda la tarde cuando había tarde de nubes, y ya para cuando empezaba a pardear la tarde, cuando se metía el sol, empezaban los rayos y los truenos y es cuando él echaba más hojitas del istafiate ese que le digo en los braceros y de rato empezaba la lluvia. ¡Y eran aguaceros, grandes aguaceros de los que ya no se ven!, pero tampoco eran culebras, de esas culebras de agua; eran lluvias fuertes que se lograban gracias al conocimiento –o sería la magia– de ese indio del rumbo de Zacatecas que le digo. Pero se acabó o se habrá muerto o quién sabe qué habrá sido de él porque de esto que le digo fue hace muchos años, muchos muchos años. Entonces a lo mejor ya no quedó alguien que siguiera la costumbre de él o alguien a quien él le haya pasado el conocimiento ese de hacer llover. Y pues se acabó él y luego se acabaron las haciendas, y los aguajes pues ya quedaron abandonados y con eso se acabó la lluvia que este señor sabía traer. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
            Y ahora las lluvias vienen nomás de vez en cuando, pero ya no tanto como en aquel tiempo cuando ese hombre que le digo sabía cómo organizar las nubes para que cayera el agua e inundara todo este rumbo y llenara los aguajes.

Los llamados «graniceros» o «teciutleros» (cuyo origen viene de los teciuhtlazque nahuas) son personas que, entre otras funciones, tienen el conocimiento para hacer llover y todavía en la actualidad existen por doquier. La narración que tenemos enseguida nos habla de un granicero, y sus rituales, que era contratado para traer los chubascos a la región de Villa de Cos, Zacatecas y Santo Domingo, SLP, una de las más áridas del Altiplano. No sabemos a cuál etnia haya pertenecido, pero entre corchetes pusimos las posibilidades.



Para leer más sobre los huachichiles, Mitos y leyendas de huachichiles, en su segunda edición de 2024, tiene relatos inéditos que Homero Adame recopiló tiempo después de la primera edición (en 2008) durante sus recorridos por las semi desérticas llanuras altiplanenses; relatos que aluden directamente a los huachichiles, grupo del cual poco se sabe, pero Homero Adame nos da una muestra a través de la óptica legendaria, área que le es muy conocida. Debemos recordar que la historia conocida es la versión de los vencedores, sin embargo, gracias a estos relatos y leyendas recopiladas por el también  “arqueólogo de la tradición oral” podemos dar un atisbo de la vida y las creencias de los vencidos.Y para dar un cierre inesperado a este trabajo, el también escritor y novelista incluyó un relato adicional, obra de su pluma, de su creatividad literaria y de su fascinación por los huachichiles; relato que nos permite imaginar cómo eran estos habitantes del ayer, cómo vivían, cuáles eran sus idiosincrasias y muchas cosas más. 

El libro está disponible en Amazon, siguendo estos enlaces:

Huachichiles formato digital (Kindle)     y     Huachichiles para impreso




martes, 15 de marzo de 2016

Creencias y supersticiones sobre animales: El tecolote



EL TECOLOTE
Leyenda de Pinos, Zacatecas



Este relato fue publicado en el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano, por la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí a través de la Dirección de Publicaciones y Literatura, en 2015. Es un interesante y singular tratado de antropología, en el cual Homero Adame se enfoca en un aspecto muy específico del folclor: las muchas creencias y supersticiones que existen sobre animales, pero vistas y narradas como leyenda, en muchos casos. Al final de cada uno de los 57 relatos que contiene el libro, el “arqueólogo de la conciencia colectiva”, como también se le conoce a Homero Adame, añade dos apartados: un comentario sobre el animal o insecto como motivo de leyenda o del folclor universal y la ubicación geográfica y el contexto histórico del lugar donde recopiló esos relatos.

Ahora en 2024, el autor ha ha lanzado una segunda edición corregida, mejorada y aumentada con material inédito que enriquece aún más el acervo del folklore potosino y mexicano.

El libro está disponible en librerías y también en Amazon para formato impreso:

https://www.amazon.com.mx/Creencias-mitos-y-leyendas-animales/dp/6072953107/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=

y para formato electrónico Kindle:

https://www.amazon.com.mx/dp/B0CV8G3HDW



viernes, 11 de septiembre de 2015

Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano



Creencias, mitos y leyendas de animales es un libro de Homero Adame quien, a lo largo de muchos años, se ha dedicado a recopilar historias y leyendas en muchas regiones de México y por ello se le conoce como «el hombre leyenda» o «el arqueólogo de la conciencia colectiva». En esta obra el autor se enfoca en un aspecto muy específico del folkore del Altiplano (región cultural que comprende municipios de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas), es decir, en las muchas creencias y supersticiones que existen sobre animales, pero vistas y narradas como leyenda, en muchos casos.

La nueva edición, publicada en enero de 2024, contiene todos los relatos del libro original y varios nuevos, hasta ahora inéditos. La estructura del nuevo libro es diferente, con otro diseño editorial, aunque se conservó el dibujo de la portada original, ahora colorizado.

Creencias, mitos y leyendas de animales se puede conseguir en algunas librerías de San Luis Potosí y de Monterrey, y también está disponible en Amazon.


Creencias, mitos y leyendas de animales fue publicado por la Editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí en septiembre de 2015.
La segunda edición se lanzó en 2024 y está disponible en Amazon para formato impreso, siguiendo este enlace:
https://www.amazon.com/dp/6072953107

Y la versión electrónica para Kindle en el siguiente enlace:
https://www.amazon.com.mx/dp/B0CV8G3HDW
 

jueves, 26 de febrero de 2015

Leyendas de Zacatecas: el hombre que aparece en El Grasero



De huachichiles e irritilas
Leyenda de Concepción del Oro, Zacatecas

Años atrás se hablaba de un hombre que vestía de una manera muy rara. Se le veía con un arco y una flecha y más que caminar parecía que flotaba. Siempre se dirigía al mismo lugar, donde hoy se localiza El Grasero. Se hincaba y ponía su frente en el suelo. Permanecía un tiempo allí y luego se desaparecía, se esfumaba. (Después se llegó a la conclusión de que se trataba de un indígena irritila, de los muchos que cohabitaron con los huachichiles en las sierras de lo que hoy es Concepción del Oro.) Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame. 

Una hermosa y joven mujer de la tribu de los huachichiles acostumbraba andar por el que hoy conocemos como el cerrito de la Cruz. Juntaba mezquites, que formaban parte de su alimentación. Un día, andando en esos menesteres, sintió que alguien la observaba. Al dirigir su mirada a lo alto del cerro, descubrió a un apuesto indígena de la tribu de los irritilas, hombre alto, muy bien formado, que andaba de cacería con su arco y su flecha. Tras saberse descubierto, el joven bajó despacio por la ladera del cerro, sin perder de vista a la joven. Cuando ya estaba a cierta distancia, preparó su flecha en el arco y la dirigió hacia la huachichil. Ella se quedó petrificada, anticipando lo peor. El joven disparó la flecha y en unos instantes cayó una serpiente que estaba enroscada en una rama del mezquite. La hermosa huachichil recuperó el aliento y corrió hacia el irritila; lo abrazó y le dio las gracias de todo corazón. Ése fue un momento en que por primera vez se vieron a los ojos y sintieron que el amor los había atrapado. A partir de aquel día se les veía por todas partes siempre corriendo entre las florecillas del campo. Sus risas eran acompañadas por el alegre trino de los pajarillos. Se sentaban bajo la sombra de los pirules. Y un lugar muy especial al que acudían era el arroyito de aguas cantarinas donde se les veía refrescar sus cuerpos siempre felices, siempre riendo y enamorados. Pero siempre algo sucede que nubla la dicha de una pareja que vive tan feliz…

Resulta que un huachichil se moría de celos porque pretendía a la joven y ella no le correspondía. A todo momento la seguía. A la distancia la observaba con el irritila, conforme urdía la forma de acabar con ese amor que no pudo ser para él. Un día siguió a la joven y precisamente en ese lugar que hoy se conoce como El Grasero y que era el lugar donde se reunían los enamorados, le dio muerte con su puñal, clavándolo en su pecho. En ese preciso momento llegaba el joven irritila a reunirse con su amada. Al darse cuenta, el huachichil preparó su arco y su flecha y le disparó a su rival de amores, hiriéndolo de muerte. El joven irritila se arrastró hasta donde estaba su amada, puso su cabeza sobre el pecho de ella y allí murió. El joven huachichil se fue furioso porque ni en la muerte logró separarlos. Leyenda tomada del blog de Homero Adame. 

Cuentan que ese día el cielo se oscureció y empezó a llover; que era una lluvia triste como si el cielo llorara por la muerte de esos enamorados. Los pájaros dejaron de emitir sus cantos y las flores del campo doblaron sus tallos en señal de duelo.

Se dice que el hombre que aparece y desaparece en El Grasero es el joven irritila que de vez en cuando va al lugar donde le quitaron la vida a él y a su amada.
 
Nota: esta leyenda fue compartida por Lucila Torres Ortiz y las fotos son de Carlos Ponce. Gracias a ambos.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Dos leyendas de Villa González Ortega, Zacatecas



En este video tenemos dos de las leyendas más conocidas en Villa González Ortega, Zacatecas

  • La imagen del Señor de Santa Teresa

y

  • La Niña Conchita



Créditos:

“Niña Conchita" -Viridiana Urías

“Conde” Mariano de los Santos Moncada - René Urías

Peón - César Emanuel Sealatiel Reyes Gaytán

Leyenda contada por la Sra. Francisca Mauricio

Introducción en off - Flossie Arias Navarro

Leyenda editada y narrada por - Homero Adame

Camarografía - Gerardo Ávila / Tu Reflejo