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martes, 3 de marzo de 2026

Leyenda del garrotero en el puente negro de Torreón

 

El garrotero del puente negro

Leyenda de Torreón, Coahuila


Una vez que veníamos de Durango se nos hizo un poco tarde y cuando pasábamos por Torreón ya casi era de noche y decidimos quedarnos ahí en un hotel para no seguir manejando en esa carretera que es muy larga y muy solitaria en la noche. Entonces nos hospedamos en un hotel del centro y en la mañana bajamos a desayunar. En eso pasó un señor muy elegante, de saco y sombrero, un poco fuera del lugar porque Torreón no es una ciudad que se preste para ese tipo de vestimenta por el calor tan típico. Eran como las 9 de la mañana que estábamos ahí, ya hacía bastante calor y este señor pues ya andaba muy elegante. Se nos acercó y algo nos dijo, nos empezó a contar cosas de Torreón y lo invitamos a almorzar, se sentó, nos dio las gracias y se presentó como Luis Huitrón. Siguió platicando historia e historias de la ciudad. Me acuerdo de una, la de un garrotero que se aparece ahí por la estación del tren. Nos explicó primeramente que Torreón creció gracias al desarrollo del tren por ser un punto clave en las rutas del norte y del sur y hacia Monterrey o hacia Durango y el Pacífico o hacia Chihuahua, hacia México, Zacatecas, etcétera.

Desde sus inicios cuando se tendieron las vías y se empezó a desarrollar la ciudad que creció muy rápido, había un empleado del ferrocarril, un garrotero y nos dijo que los garroteros son los que están al pendiente de que todo esté en orden tanto en la estación como en los vagones. Era un hombre muy puntual y muy respetado por los compañeros y demás, pero resulta que en alguna ocasión por alguna mala suerte de él el tren lo arrolló la bestia negra lo mató, así dijo, y quedó el pobre hombre todo destrozado y fue una tragedia muy tremenda en aquel tiempo, pues Torreón ha de haber sido un pueblo muy chico y todo mundo se conocía. Al garrotero en particular todos lo conocían porque era muy respetado en la comunidad. Sus compañeros y la familia y demás pues todos sintieron mucho lo del accidente y bueno, pues ahí quedan las historias. (Leyenda de Homero Adame).

Total, pasó el tiempo y gente que no conocía esa historia empezó a decir que estuvieron platicando con un señor que trabajaba en el tren, una persona muy correcta y que los orientaba y que les decía que tuvieran mucho cuidado porque cuando viene el tren y uno trata de anticipársele y cruzas la vía en coche o camioneta, antes de atravesar el coche “se mata” esa es la palabra que usó o sea que se apaga mitad de la vía y es cuando ocurren los accidentes tremendos. Luego de oír testimonios de gente que platica haber estado hablando con un hombre mayor que los previene, los trabajadores llegaron a la conclusión de que se trata del garrotero, del ánima del garrotero que se manifiesta o se aparece para prevenir a la gente de un posible accidente y, añaden, que era un tipo tan responsable y cumplido con su trabajo que su espíritu sigue allí.

Total, eso nos platicó ese señor Huitrón y luego nos enteramos de que era todo un personaje de Torreón porque a toda la gente se le acercaba a platicar y les contaba historias como esta seguramente se le habrá contado a alguien más y que era una persona que no trabajaba, simplemente se ganaba la comida, la cena o la copa contándole historias a la gente y que era un hombre estimado por la comunidad, todo un personaje. Eso fue hace como treinta años en Torreón. (Relato publicado por Homero Adame).




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Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas


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Mitos y leyendas del norte de México



viernes, 13 de mayo de 2022

El tigrillo, leyenda de Jazminal, municipio de Saltillo, Coahuila

El tigrillo


Había unas pláticas de más antes en las que se decía que había un león –más bien, yo pienso que era un puma– que era así como un protector, como un espíritu amigo del hombre porque cuando iba a haber un peligro para algún campesino salía ese león y lo protegía.

Según platicaban, en aquellos años –más de cien–, por estos rumbos había mucho tigrillo y siempre ha sido un animal muy peligroso porque ataca al campesino nada más por atacarlo, sin avisar. O sea, el tigrillo antes se escondía arriba de un árbol o atrás de un mogote y cuando pasaba un hombre se le aventaba para atacarlo. Entonces, los viejitos decían que cuando había un peligro como ese aparecía el león y atacaba al tigrillo. 

 Leyenda contada por Artemio Cerda


Jazminal es una comunidad ubicada al sur del municipio de Saltillo, Coahuila. La comunidad se desarrolló en las cercanías del casco de una pequeña hacienda agrícola, ixtlera y guayulera que, hacia mediados del siglo XIX, pertenecía a la hacienda Presa de Guadalupe hasta que se fragmentó por compra-venta.

Esta leyenda fue publicada originalmente en el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en 2015 por la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. Ahora, en 2024, Homero Adame ha lanzado una segunda edición corregida, mejorada y aumentada con material inédito que enriquece aún más el acervo del folklore potosino y mexicano.

El libro está disponible en librerías y también en Amazon para formato impreso:

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sábado, 5 de mayo de 2018

Cañón del Chiflón, paraíso en Saltillo


CAÑÓN DEL CHIFLÓN
Entre un paisaje de película

Texto y fotografías: Homero Adame

Es sabido por muchos que en las proximidades de Saltillo existen infinidad de vestigios de antiguas culturas que habitaron esta región del México septentrional. Tales vestigios son básicamente petroglifos, pinturas rupestres y puntas de flecha, que hablan de la vida nómada de los pobladores. Son muchas las teorías y conjeturas, como poca es la historia recabada sobre esas culturas; historia que en ocasiones se presta a la confusión ya que no existe una manera de fechar con exactitud el tiempo de que datan las remanencias. La historia de la región es más bien moderna, de la época de la conquista, y habla de los muchos grupos conocidos que poblaron las sierras,  los valles y, también, los desiertos del estado. Pero no hay seguridad que esas tribus hayan sido las que tuvieron la inquietud y se tomaron el tiempo y la dedicación de dejar pintadas o esculpidas en las rocas la expresión de su arte o idiosincrasia. Posiblemente esas pinturas y petroglifos ya estaban ahí cuando aquéllos llegaron. No lo sabemos con exactitud y quizás nunca lo sabremos.
Dentro de ese amplio marco de lugares que entre la escases de su vegetación y lo intrincado de sus sierras resguardan los petroglifos y pinturas, encontramos el Cañón del Chiflón, ubicado a 38 kilómetros de Saltillo rumbo a Torreón.
El Chiflón es muy conocido por los saltillenses por ser un lugar de paseo dominical, donde existe un río con una hermosa cascada, que da frescura a los calurosos días de verano. Lugar de agua limpia y fría que corre todo el año, aun en épocas de sequía. Pero son más las personas que llegan atraídas por la fama de la cascada que por las otras cosas que están ahí para ser vistas y admiradas, siendo por lo general el turista extranjero o el mexicano que viene de distantes puntos del país el que llega preguntando por las pinturas rupestres, para así enterarse que ahí existe una cascada de gran altura y monumental belleza.
A escasos 600 metros de la carretera está la ruinosa hacienda del Chiflón, otrora señorial de recios adobes y grandes piedras, donde vive una familia que cuida la casa grande y las 100 hectáreas de que la hacienda está compuesta. Ellos son gente humilde, acostumbrada al turismo y gustan de platicar, con mucho orgullo, lo que tienen a la vista, las historias que se cuentan y sobre los muchos visitantes importantes que han llegado por ahí en busca de aventura o lugares, digamos, desconocidos.
Sentado en una mecedora, don José Juan Valdez nos invita a tomar asiento y nos pregunta que qué nos trae por esos rumbos. Una vez que uno le explica el motivo de la visita, él dice que sí hay algunas pinturas, pero que es mejor ir a la cascada. Su esposa hace pocos comentarios y sus hijos pequeños, que todavía viven en el casco de la hacienda, miran al visitante con atención y curiosidad. Uno de ellos, Raymundo de 13 años, constantemente interrumpe la plática de su padre para afirmar o agregar los comentarios. El es el guía de turistas y está más que dispuesto a llevarnos a ver las pinturas y la cascada.
Don José poco sabe de la historia de la hacienda y menos de los más antiguos pobladores, pero con regocijo cuenta detalles de la película El alma grande del desierto, que se filmó en esos parajes, y cita otras películas cuyos títulos ha olvidado; todas ellas de indios y vaqueros. Asimismo cuenta descubrimientos y leyendas. Dice que a seis kilómetros, en el llamado Rincón Colorado, hace muchos años encontraron huesos de dinosaurios, pero que los lugareños no permitieron que se los llevaran a la Ciudad de México, pues querían que permanecieran ahí y se construyera un pequeño museo, para así poder contar con una atracción turística; los huesos no fueron removidos del lugar y el museo todavía sigue en proyecto.
Como buena hacienda con leyendas, don José se divierte narrando episodios de gente que ha llegado en busca de tesoros, pero que nada han encontrado, y niega que se escuchen ruidos o se vean apariciones; sin embargo, afirma que por ahí se han visto platillos voladores. Dice que en las noches algunas personas han observado luces volar rumbo a la cascada y que él mismo las vio en una ocasión. “Hace mucho se perdieron tres gentes que subieron a la cascada, los buscamos todo el día y en la noche, pero no los pudimos hallar. Luego vino un señor que vive allá arriba y nos dijo que él vio cuando los marcianos los habían subido en una nave y se los llevaron. Verdad o mentira, la cosa es que esos muchachos nunca aparecieron”.
Emprendemos camino con la buena guía de Raymundo, quien conoce todos los parajes ya que él lleva a las cabras y borregas a campear. A pocos metros de la casa encontramos los primeros petroglifos y así sucesivamente los iremos viendo a todo lo largo y lo ancho del cerro. Es increíble la cantidad que hay de ellos. Las figuras varían en forma y tamaño, siempre destacando las circulares, las onduladas y los puntos, alusivas a los astros, el agua del río y, posiblemente, a un sistema numérico. Pero no todos esos petroglifos son antiguos, muchos de ellos son modernos pues son demasiados los paseantes que gustan de dejar un recuerdo de su visita grabado en la roca. Encontramos nombres y dibujos de cruces, flechas, corazones e iglesias; digna representación de que los petroglifos se siguen creando de acuerdo a la época en que se vive.
No nos cansamos de ver los petroglifos, pero el día pasa rápido y queremos conocer y contemplar otras maravillas.
Subimos por todo el lecho del río hasta llegar a la cascada, que tiene dos caídas y varias pozas o albercas naturales. En verdad que la descripción dada por don José se queda corta ante la belleza del lugar. La pared del cañón es alta, estrecha e impresionante, y con finura se desliza la blanca estela del agua, para caer con estrépito en la primer y más profunda poza y así seguir su camino cuesta abajo hasta la segunda poza, donde nos encontramos. El agua es muy fresca, con tonalidades turquesa, e invita a darse un chapuzón. Raymundo nos espera pacientemente sentado en la roca, mientras continúa platicando sus aventuras, descubrimientos y fantasías.
La mayoría de la gente se queda en ese paradisiaco lugar, pero nuestro plan es seguir hacia arriba para ver las pinturas rupestres, que es en sí el motivo original de nuestra visita.
El ascenso es difícil y resbaladizo. Así llegamos hasta la primer poza y más arriba a una cueva. A escasos metros de ésta hay un venero en el cual se construyó una pila para captar el agua que se entuba hasta abajo -a la casa y al ejido Plan de Ayutla, junto a la carretera-. La cueva no es profunda, pero a lo alto tiene una pequeña oquedad de profundidad desconocida, de la cual asegura el jovencito Raymundo que en una ocasión unos exploradores extranjeros se metieron con tanques de oxígeno por largas horas.
Así como esa, al parecer hay muchas cuevas más en todo el cañón, pero permanecen inexploradas por lo inaccesible y la falta de difusión o interés.
Rodeamos la cueva y seguimos subiendo hasta llegar a la cima, donde inicia la cascada. La vista de la cañada gris, de las pozas turquesa, del azul del cielo con blancas nubes y del amarillento-obscuro valle en la distancia es en verdad impresionante; vista que hace valer el día en sí y la fatiga de la caminata.
Raymundo platica que desde ahí caían a la poza los indios que "mataban" durante el rodaje de las películas filmadas en Chiflón, pero -advierte- caían cuando el río llevaba más agua, ahorita es muy poca.
En esa parte, en lo alto del cañón, se encuentran las famosas pinturas rupestres en un recodo natural de la roca. Pero las pinturas no son tan abundantes como habíamos creído y hubiéramos querido. Solamente se pueden distinguir restos de cuatro pinturas, el faltante y las demás, si es que había, han ido desapareciendo, tanto por el intemperismo y el tiempo como por la gracia de los vándalos, quienes han dejado ahí las huellas de su paso. Dos de ellas son las más distinguibles, una pintada en rojo y la otra en rojo y azul. Semicírculos y ondulaciones que seguramente representan las cascadas y el río.
Preguntamos si acaso no hay más pinturas, y Raymundo nos dice que sí, que son las que ya habíamos visto abajo, pero que éstas son las únicas de color. Por alguna razón incomprensible, ningún visitante guiado por este jovencito se tomó la molestia de explicarle que unas son pinturas y otros petroglifos; error que ya ha quedado aclarado.
Por sugerencia del chamaco, el retorno lo hacemos por otra parte, alejándonos del río, para bajar por la escarpada ladera. Desde la cima del cerro la vista al valle es aun más impresionante, admirando así el interminable horizonte del poniente. La bajada es un tanto peligrosa por lo resbaladizo del terreno y las piedras sueltas, que caen ruidosamente, pero vale la pena intentarlo, porque en toda la ladera de ese cerro hay más y más petroglifos.
Bajamos por la ermita, antigua iglesia de la hacienda y ahora en vías de desaparecer. El día ha sido extenuante y la familia amablemente nos ofrece de comer un plato de arroz y tortillas de nixtamal recién hechas.
Antes de despedirnos, don José nos dice que el nuevo dueño de la hacienda proyecta hacer en el futuro próximo un campo turístico, remozar la hacienda, hacer más accesible el camino a la cascada y reconstruir los pocos objetos antiguos que quedan. Qué bueno que hay alguien que se preocupe por mejorar una joya histórica y natural en esta árida parte de Coahuila, y dar así un nuevo realce a este atractivo del estado.

Notas: este artículo con más fotografías fue publicado originalmente por la revista México desconocido, en 1999.
2. Puedes leer una leyenda relacionada con la hacienda del Chiflón siguiendo este enlace: El tesoro de Pancho Villa.

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano



Creencias, mitos y leyendas de animales es un libro de Homero Adame quien, a lo largo de muchos años, se ha dedicado a recopilar historias y leyendas en muchas regiones de México y por ello se le conoce como «el hombre leyenda» o «el arqueólogo de la conciencia colectiva». En esta obra el autor se enfoca en un aspecto muy específico del folkore del Altiplano (región cultural que comprende municipios de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas), es decir, en las muchas creencias y supersticiones que existen sobre animales, pero vistas y narradas como leyenda, en muchos casos.

La nueva edición, publicada en enero de 2024, contiene todos los relatos del libro original y varios nuevos, hasta ahora inéditos. La estructura del nuevo libro es diferente, con otro diseño editorial, aunque se conservó el dibujo de la portada original, ahora colorizado.

Creencias, mitos y leyendas de animales se puede conseguir en algunas librerías de San Luis Potosí y de Monterrey, y también está disponible en Amazon.


Creencias, mitos y leyendas de animales fue publicado por la Editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí en septiembre de 2015.
La segunda edición se lanzó en 2024 y está disponible en Amazon para formato impreso, siguiendo este enlace:
https://www.amazon.com/dp/6072953107

Y la versión electrónica para Kindle en el siguiente enlace:
https://www.amazon.com.mx/dp/B0CV8G3HDW
 

viernes, 9 de marzo de 2012

Mitos y leyendas del Altiplano: Auroras boreales


AURORAS BOREALES EN EL NORTE DE MÉXICO
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Testimonio escuchado en algún lugar donde colindan los estados de
Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas
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—Mire que hay cosas que uno no se puede explicar porque no sabemos qué son –anticipa don Ramón Maldonado, un campesino como de 85 años de edad, radicado en el municipio de El Salvador, Zacatecas–. Se lo cuento porque luego unos dicen que son cosas que de fantasmas, que del diablo, que de Dios y que hasta de los marcianos –ansinita mero decían antes, que de los marcianos. Esto que le voy a platicar a mí me tocó verlo cuando estaba chiquitillo y vivíamos allá por los rumbos de San Jorge, y no nomás a mí me tocó verlo sino que a muncha gente también.
Sí sabe usté de los cometas, ¿vedá? Bueno, eso que veíamos en el cielo no eran cometas, eran luces que se movían de un lado a otro, ansina como borniándose. Haga de cuenta que ya en la noche, de esas noches sin luna, en el cielo, hacia el norte, salían luces de colores que bailaban, sí, haga de cuenta que bailaban. ¿Qué serían? Vaya usté a saber. (Testimonio recopilado por Homero Adame.)
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—Han de haber sido lo que en ciencia se llaman auroras boreales –le digo a don Ramón–. Se sabe que muy al norte, cerca del Polo, se dan esos fenómenos de luz, pero es raro, muy raro, que se vean hasta acá. (Historia recopilada por Homero Adame.)
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—Ah, mire… Entonces son cosas de la ciencia. Pero de esto que le cuento fue nomás una vez, cuando yo estaba chiquitillo y pastoreaba cabras.
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—¿Cómo cuántos años tendría usted entonces?
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—No, ¿pos qué será?, como unos diez.
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—¿Y cuánto tiempo duró eso que veía?
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—Duraba muncho rato. Yo creo que toda la noche hasta el amanecer, pero no nos quedábamos mirando eso porque nos recogíamos temprano; sí, antes la gente se recogía temprano. (Relato recopilado por Homero Adame.)
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—¿Y fueron varios días?
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—Sí, yo me recuerdo que sí. ¿Qué habrán sido? A lo muncho una semana y luego ya no volvimos a mirar esas luces en el cielo.
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—¿Y de qué color se veían esas luces?
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—Me acuerdo que eran varios colores, que rojos, que amarillos, que verdes y todo el cielo hacia acá el norte se miraba muy bonito.
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—Oiga, ¿y las chivitas no se ponían más locas?
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—No. Ya ve que ellas campean de día y en la noche uno las mete a los corrales o se echan a dormir en el monte. Por eso no podría decirle si con aquellas luces se pusieran más locas. Los perros sí se daban cuenta y le ladraban a las luces en el cielo; de eso sí me acuerdo.
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—¿Y por qué cree usted que la gente pensaba que era cosa de los marcianos?
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Pos habrá sido por “falta de ignorancia”, creo yo. Es que ya ve que cuando uno no se puede explicar algo, pos le echa la culpa a los fantasmas o a las brujas o a lo que sea, y como eso se miraba en el cielo, pues créibanos nosotros que era cosa de los marcianos; sí, eso decían las gentes mayores.
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—¿Y las gentes mayores habían visto algo así antes?
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—Me parece que sí, pero no me acuerdo bien. O sea que decían que era como los cometas que luego vienen de vez en cuando.
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Nota: las imágenes de auroras boreales fueron tomadas de dos sitios de Internet, Arteleku y Euroexpress. Que los enlaces sirvan de crédito a sus autores.

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viernes, 22 de julio de 2011

Mitos y leyendas de Coahuila: La fundación de Saltillo

LA POSIBLE FUNDACIÓN DE SALTILLO SOBRE UN ADORATORIO PREHISPÁNICO
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(Leyenda de Saltillo, Coahuila)
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Como suele suceder en muchos lugares, los lingüistas no terminan de ponerse de acuerdo en la etimología del nombre de alguna ciudad, mientras que los historiadores tienen sus diferencias acerca del origen de la misma. Tal es el caso de Saltillo, pues existen muchas versiones sobre su fundación exacta, algunas de la cuales incluso rebasan, en ocasiones, el aspecto histórico para caer en la leyenda.
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Una de las tantas versiones dice que cuando los conquistadores llegaron a estas tierras, se sorprendieron mucho de encontrar un territorio por demás desértico, pero se les hizo muy extraño que los nativos defendieran ferozmente la cima de un cerro. Como aquellos españoles eran muy voraces y lo único que buscaban era oro, plata o cualquier yacimiento, tal vez pensaron que los nativos (¿quiniguas o huachichiles?) escondían en ese cerro sus riquezas. Por su parte, los misioneros pensaron que seguramente los indígenas estaban protegiendo un adoratorio consagrado a sus dioses. Así, unos llevados por la ambición y otros con la excusa de cristianizar a los “herejes”, terminaron matando a los aguerridos quiniguas o huachichiles, pero con la ayuda de los tlaxcaltecas.
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Cuando finalmente los españoles se apoderaron del cerro en cuestión, se percataron de que era un ojo de agua lo que defendían los nativos y no la entrada a una mina de plata u oro. El verdadero tesoro de aquellos pobladores era el agua, lo más preciado en el desierto. Para sacar provecho de esta circunstancia, y también poder subyugar a los indígenas con una nueva religión, los conquistadores levantaron en ese cerro la capilla del Santo Cristo del Ojo de Agua, lo que se supone fue el origen de la fundación de Saltillo. Leyenda en un blog de Homero Adame.
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El hecho de que el agua brotara, y siga brotando, en lo alto de un cerro, fue visto por aquellos españoles como un milagro del Cristo, pero también hay versiones que dicen que esto se debía a la magia de un chamán huachichil o quiniguas y que por eso los nativos tenían ahí un adoratorio.
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Una versión de la leyenda del Santo Cristo del Ojo de Agua se incluyó en el libro Mitos y leyendas de todo México, publicado por Editorial Trillas. Dicho libro está a la venta en cualquiera de las librerías de Trillas. También se puede adquirir en la tienda en línea, siguiendo este enlace:


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sábado, 5 de febrero de 2011

Mitos y leyendas de Coahuila: El curro

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EL CURRO
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(Leyenda de la ex hacienda de Hornos, municipio de Viesca, Coahuila)
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—¿Tú has oído esa leyenda del curro? –le pregunto a Víctor Alfonso Rocha, un chamaco como de 14 años.
—Más que oírla yo le puedo decir que sí es cierto porque a mí también se me ha aparecido el curro, se me ha aparecido ahí donde está caído todo eso y lo he visto con un cigarrote; echa bastante humo.
—¿O sea que se aparece en esas ruinas de la vieja hacienda?
—Ándele, ahí mero. Yo lo he visto y mucha gente lo ha visto y a todos nos ha dado mucho miedo porque sabemos que es un fantasma.
—¿Y cómo se ve?
—Pues anda vestido de negro, con un traje negro, y es un hombre muy alto. La primera vez que lo vi iba yo a la tiendita que está allá y cuando lo vi que me voy corriendo y me metí a la tiendita. Me preguntaron que por qué andaba tan asustado y yo les dije que porque me había salido el curro. Me dieron un dulce y un vaso de agua para que se me bajara el susto y luego esas gentes de la tiendita salieron a esa esquina donde está caído todo eso a ver si lo veían al curro, pero ya no estaba, nomás olía al humo del cigarrote, eso dijeron. (Leyenda tomada de un blog de Homero Adame.)
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Escuché varias versiones de esta leyenda, en Venustiano Carranza, municipio de Viesca, Coahuila. Esta comunidad creció alrededor de la ex hacienda algodonera de Hornos, en cuyas ruinas se dice que aparece el fantasma del curro y, se cree, éste sea el ánima de alguien que vivió en la hacienda en el pasado.
Para leer otra versión de esta misma leyenda sigue este enlace: Leyenda del Curro en Coahuila.

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domingo, 12 de diciembre de 2010

Mitos y leyendas de la Virgen de Guadalupe: Leyenda de Coahuila


LA VIRGEN DE GUADALUPE SE APARECIÓ POR UN RAYO
Leyenda de Parras de la Fuente, Coahuila
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Hay un historiador jesuita que todos los sábados da conferencias de la historia de Parras y cuenta todo tipo de historias y leyendas. Ahora que fuimos en vacaciones compramos dos libros de leyendas de Parras –aquí a mi hija le gustan mucho las leyendas– y luego de que los leímos ella me dijo: “Mamá, llévame a esa iglesia donde se apareció la Virgen de Guadalupe,” y la llevamos. 
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Mi mamá fue también con nosotros y entonces nos contó algo que le pasó cuando ella era niña. Resulta que una tarde de verano –de esas que está tronando y que está nublado pero de repente sale el sol– ella y varias amiguitas andaban jugando en un solar y aunque se veían los nubarrones y tronaba medio fuerte, no se metían a sus casas porque estaba nada más así como amenazando con llover. Cuenta mi mamá que de repente oyeron un trueno de esos fuertes y vieron a lo lejos una piedra que se trozó a la mitad porque le había caído ahí el rayo. Entonces los niños se asombraron y dice mi mamá que a una de sus amiguitas le tocó descubrir el milagro, por andar de curiosa. O sea que esa amiga se fue corriendo a ver dónde había caído ese rayo y fue cuando vio la virgen estampada, la Virgen de Guadalupe. Y ahí estaban todos los niños, pero no le veían forma aunque parecía así como la virgen; luego empezó a llegar más gente y todos la miraban y la miraban hasta que le fueron viendo forma de la Virgen de Guadalupe. Leyenda de Homero Adame.
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No se sabe si la imagen estaba adentro de la piedra o si la imagen vino con el rayo que partió a esa piedra. Ahí mismo donde cayó el rayo y se estampó la imagen le construyeron una capillita que se llama «la ermita de Guadalupe».
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Nosotros la hemos visto, está la roca y tiene forma y hasta color entre verdecito como con rojizo. Muy parecido al atuendo de la virgen.
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Nota: esta leyenda me la contó la Sra. Guadalupe López, quien radica en Matehuala, S.L.P..

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