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martes, 1 de noviembre de 2011

Anécdotas de funerales: ¡Salió del ataúd en plena procesión!

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UN MUERTO QUE RESUCITA
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 Sucedido en San Luis Potosí
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Nota publicada en el periódico “El Informador” de Guadalajara
el 31 de octubre, 1918
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Tema de las conversaciones durante estos días ha sido un hecho curioso ocurrido en la mañana del día 26 en el camino que lleva al cementerio, y que ha sido comentado por los chuscos como “una nueva Resurrección de Lázaro.”
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Diariamente pasan por la calle de Libertad, fúnebres comitivas acompañando carrozas elegantes o humildes ataúdes que llevan cadáveres de las víctimas de la “influenza española” rumbo al panteón del Saucito. El hecho, tomado ya como algo común y corriente, no extraña ya a los vecinos de aquel rumbo, pero lo que les sorprendió sobremanera, fue que uno de los “cadáveres”, después de una breve lucha sostenida a puñetazos con la tapa de su caja mortuoria, saltó de su estrecha prisión, y echó a correr por la calle, mesándose de los cabellos como en un supremo espasmo de locura.
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El pánico que se apoderó de los cuatro individuos que cargaban en hombros al “muerto”, así como de la comitiva que acompañaba el féretro, no es para describirlo. Uno de los deudos que antes lloraba sin consuelo camino del cementerio, sufrió un síncope del que fue muy difícil salvarlo.
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Los demás dolientes y amigos del “cadáver” corrían en todas direcciones buscando dónde meterse, y algunas viejecillas se prosternaron en mitad de la calle, para elevar sus preces al Omnipotente, en la inteligencia de que se trataba de algún milagro del cielo.
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Después se vino la conclusión de que el considerado como muerto, en la crisis de la influenza y después de abundante hemorragia por la boca y la nariz, sufrió un fuerte desmayo, que sus deudos, en medio de su dolor, tomaron por una muerte segura.
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Esta historia fue encontrada en la hemeroteca de El informador por Enlaces culturales y subida a su página de FaceBook. Se anexó en este blog con su autorización.
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Enlaces culturales tiene también una página web donde transmiten programas radiofónicos relacionados con nuestras costumbres y tradiciones: http://enlacesculturales.org
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viernes, 21 de octubre de 2011

Historias de panteones: Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas


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UN SOMBRERO EN EL PANTEÓN
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Sucedido en Concepción del Oro, Zacatecas
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Una noche negra como pocas veces (la luna andaba seguramente de vacaciones), estaban reunidos varios amigos en un lugar muy cerca del panteón de Concepción del Oro; para ser exactos, en el arroyo. Aburridos de la misma rutina, uno de ellos dijo: “Hagamos algo diferente, algo que no hayamos hecho; ¿qué les parece si en punto de las doce, nos metemos al panteón?”.
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“Escuchen bien las instrucciones: uno de nosotros llevará un sombrero, lo dejará en la última tumba, saldrá de allí, vendrá hasta nosotros y el segundo irá por el sombrero y lo traerá aquí, se lo entregará al siguiente y así sucesivamente… ¿Entendieron?”.
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“¡Sí, sí entendimos!”, todos contestaron.
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Y así empezó el juego, sin ninguna novedad. Pasaron los minutos y se hicieron horas. Ya habían pasado fácilmente unas cinco personas, algunos con miedo, algunos más valientes, pero sin ningunas complicaciones; solamente el crujir del viento hacía que el que se adentraba y pisaba algunas tumbas se le ponía la piel “chinita” “chinita”. Las piedras resbalaban frecuentemente hacia algunas tumbas descuidadas, y por supuesto abiertas. Algunos tenían que hacer malabares para no caer adentro y lastimarse…
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Cuando al sexto compañero le tocó el turno de ir a dejar el sombrero, no quería ir; empezó a temblar y a temblar, pero ante la insistencia de los amigos, tuvo que entrar al camposanto. Con todo el miedo que tenía, empezó a avanzar lentamente… pero su corazón latía con rapidez. En eso cayó a una tumba deteriorada, su cuerpo lleno de pánico se deslizó por la fosa –serían algunos cuatro metros–, hasta que pisó, o más bien, tocó fondo.
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Él, todo asustado, quiso salir. De hecho, empezó a gritar desesperado, pero nadie lo oyó, sólo algunas lechuzas se abalanzaron y se quedaron esperando tan apetitosa comida. De pronto, intentó de nuevo salir, pero sintió que “alguien” lo detenía de la pierna derecha; no pudo zafarse y ahí se quedó…
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Mientras tanto, sus compañeros empezaron a desesperarse, pues ya había transcurrido el tiempo necesario. Uno de ellos dijo: “Nada que viene y ya son cerca de las seis de la mañana, ¡es mejor ir por él!”.
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Partieron todos a buscarlo, las lechuzas espantadas y enojadas al mismo tiempo, emprendieron su vuelo. Los amigos vieron el sombrero a un lado de la tumba. Momentos después uno de ellos gritó: “¡Aquí está! ¡Aquí está!”.
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Se asomaron todos a la tumba… Vieron a su compañero con los brazos cubriéndose la cabeza, como queriendo salir, y también notaron que una rama o raíz le enredaba la pierna…
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(Seguramente por el susto, el compañero había pensado: “¡Es la mano de un muerto! ¡Es la mano de un muerto!”.)
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Así me lo contó mi padre… y así que quede escrito...
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Tomás Magallanes Rodríguez      
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Notas:
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1. Esta historia la envió Tomás Magallanes al blog de Xpresandote.com como comentario (No. 133) al post Concepción del Oro, Zacatecas – sucursal bis.
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2. Las dos fotografías son cortesía del FaceBook de Zoylaystorya de Concha. (La primera foto lleva un arreglo en Photoshop de Homero Adame).
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