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lunes, 14 de enero de 2013

Los huicholes (2da parte)



LOS HUICHOLES (2da parte)

Continuación del relato de Homero Adame publicado en su libro Catorce voces por un real, obra ganadora del Premio “20 de Noviembre” de Narrativa, en 2004. Para leer la primera parte sigue este enlace:
Los huicholes (1ra parte).

—En las anécdotas de ustedes, ¿hay algunos peregrinos que no han cruzado esas puertas?
—Es muy peligroso y ahí se puede fracasar. Unos han regresado sin ver a Wawatsári.
—¿Cómo sucede este fracaso?
—Accidentes, cosas malas, Wawatsári se esconde.
—¿Qué piensan los demás huicholes de los que fracasaron?
—Un hermano no juzga. No hay sentimientos de nada. Uno toma las cosas como son; sabe que luego volverá a intentar.
—¿Qué hacen después de cruzar el lugar donde las nubes chocan, hay algunas ceremonias antes de entrar en Wirikúta?
—Nadie puede entrar a Wirikúta ni puede cazar a híkuri-venado sin estar limpio de todo. Primero hacemos la confesión y luego la purificación. Los cazadores (peyoteros) deben contar a todos sus aventuras con otras personas, desde que ya son mayores hasta el presente. Todos dan los nombres de las personas con quienes se han aparejado (tenido relaciones), y no importa que los esposos o esposas estén presentes. A los más viejos se les permite acortar los relatos porque si no se hace muy larga la cosa. Y a los chamacos no se les pregunta. Bueno, sí se les pregunta, pero no tienen nada que contar todavía.
—¿Y no se enojan los cónyuges si saben que su mujer o su esposo ha tenido relaciones con otros hombres o mujeres?
—Uno se encela, pero es parte de la purificación. Ahí tenemos que olvidarnos de resentimientos, corajes, celos, envidias. Si alguien no queda limpio de eso, su paso en el país del peyote será muy malo. Pero un huichol nunca se arrepiente, nomás acepta las cosas como son.
—¿Cómo se hace la ceremonia de confesión?
Maraakáme primero prende el fuego sagrado y todos se sientan en círculo, cerca del fuego. Luego todos los viajeros cuentan sus historias, sin olvidar nada. Maraakáme tiene en sus manos una soga y su muviéri (penacho de chamán); a sus pies tiene a Kauyúmari (el espíritu auxiliador del venado, representado con dos cornamentas) y el takwátsi. Entonces Maraakáme escucha las historias de cada huichol y hace un nudo en la cuerda por cada uno de nosotros. El primero que cuenta sus aventuras es el Tayaupá (representante del sol en la peregrinación) y luego los demás, de acuerdo a su jerarquía.
—¿Por qué hacen este rito de confesión?
—Es que el viaje a Wirikúta es muy arduo, y uno tiene que ir limpio de su pasado y de su carga sexual.
—¿Y cómo es la purificación?
—En la purificación todos los peregrinos ponen primero una mano en el fuego y luego la otra. Los más valientes brincan sobre las llamas. Las mujeres se alzan las enaguas para que el humo suba por entre sus piernas y se meta en ellas, para que queden limpias por dentro también.
—¿Nunca se queman?
—Nadie tiene por qué quemarse, pero si alguien no hizo su confesión correctamente, sí se quema y eso lo limpia.
—¿Qué hacen después de eso?
Maraakáme es el transformador, él que hace y deshace. Él enrolla la soga, ya llena de nudos, y la echa al fuego para que se convierta en cenizas.
—¿Cuáles son las peores ofensas entre ustedes?
—No tenemos castigos nosotros para nadie porque la confesión y la purificación en el fuego sagrado limpian los pecados. Pero cuando alguien se apareja con sus hijos o sus padres (incesto), o con los «españoles», los corremos de nuestro pueblo y su verdadero castigo será después de la muerte porque nuestros antepasados no olvidan.
—Dime, Camilo, ¿por qué mezclarse con los «españoles» es tan malo?
—Los «españoles» siempre han sido crueles con nosotros. Como ya te dije...

El resto del relato y el libro está disponible en Amazon para versión impresa y para electrónica en Kindle.

14 voces por un Real
1ra edición: Verdehalago y Secretaría de Cultura de SLP. 2007.
2da edición: San Miguel de
Allende, Gto. 2024


https://www.amazon.com.mx/dp/6072953166/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=


Nota: la foto superior fue tomada del muro de Real de Catorce Mágico, en Facebook.

viernes, 9 de septiembre de 2011

"El peregrino" - relato en el libro Catorce voces por un real

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El peregrino
Relato de Homero Adame en su libro 14 voces por un real
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—Áaamonoos. Destino Real de Catorce. ¡Última parada en Cedral! –grita a todo pulmón el conductor del autobús que puntual cada año hace el mismo viaje repleto de peregrinos.
—Siempre igual. A este chofer lo conozco de hace muncho tiempo y grita igualito cuando nos lleva al Real de Catorce –dice un pasajero a su compañero de asiento–. Usté es nuevo, ¿vedá? Sí, me lo afiguraba. Yo tengo más de una docena de años de hacer este viaje y nunca lo he vido antes.
Van dos hombres sentados uno al lado del otro. El primero tiene como setenta años de edad, es bajito de estatura, de piel morena, curtida por el sol y cabello entrecano; viste ropa de mezclilla desgastada, con chamarra gruesa, sombrero y huaraches. El otro es un hombre de unos cuarenta y cinco años, moreno también, pero más alto; viste ropa moderna y de colores: chaqueta verde, camisa amarilla, pantalones azul marino y tenis.
Entre el rumor del motor, el traqueteo del vetusto camión, los ronquidos de uno que otro desmañanado y la música ranchera del radio, sobresalen el grito de un chiquillo inquieto y los cánticos de los adultos quienes se encuentran ansiosos de llegar para cantarle las mañanitas a San Francisco, que este 4 de octubre celebra su santoral.
«♪♪♪ Vamos peregrinos/ ya estamos por llegar/ que a nuestro santo hemos de adorar... ♫♫♫.»
—Muy bonito, mi amigo –continúa diciendo el viejo, en una suerte de monólogo, sin casi permitir que su compañero le responda–. Todos cantan antes de llegar. Hay que afinar la garganta. Usté sabe.
“Yo tengo munchos años de venir. ¿Es su primera visita? Le va gustar, le va gustar. Primero hay que subir el cerro, luego cruzar el túnel. Muy asombroso, el túnel. Ya verá cómo le va gustar.
“Antes era distinto, cruzábanos el túnel en mueble. Ya no. Ora es muncho el gentillal que viene que luego no se puede pasar más que caminando. Sí, mi amigo, las cosas cambian, pero el fervor a San Panchito es igual de fuerte. Eso no cambia. No, señor.
El ánimo general decae un poco cuando la aurora empieza a despuntar. Ha sido largo el viaje. Hace diez horas salió el autobús del pueblo y ya van por los rumbos de Cedral, donde hizo la última parada para cargar gasolina y que los pasajeros bajasen al baño.
«Traca, traca, traca» –suena y se bambolea el camión cuando toma el camino a Real de Catorce. Ha disminuido la velocidad porque ahí no se puede circular más veloz debido a la subida y al empedrado. Aunque lo cierto es que el autobús está tan viejo que tampoco se le puede pedir que vaya más fuerte.
—Ándele, ya vamos a llegar. Un ratito d’empedrado y luego en La Luz nos apeamos del mueble pa’ treparnos en uno de redilas que nos lleve hasta’l túnel. Son como cuatro o cinco kilómetros de subida bien disgraciada, y luego dos del túnel. No’mbe, las viejas ya no aguantan tanta friega. Imagínese, diez horas apoltronados en este camión... los huesos s’entumen. Como dicen los muchachos di ora: “Hasta la raya se te borra” ¡Ah chamacos caranchos, cada cosa que sacan!
“¿Tiene familia? Yo tengo cuatro muchachos y dos chamacas. Ya están grandes. No les gusta venir. Dos se fueron pa’l otro lao. Una vive por el rumbo de Tampico, y el resto están ocupados con sus chambas. No les gusta el rancho tampoco. Cuando estaban chiquíos sí los tráibanos, pero desde que faltó su madre –que descansando en paz esté mi vieja– se desbalagaron.
“¿Por qué no trajo a su vieja? Ah, es ésa qu’está con aquea otra señora. Su suegra, ¿vedá? Me lo imaginaba. Desde que se treparon supe qu’eran nuevos ustedes. Les va gustar, ya verá. Muy bonito el pueblo. Y muy milagroso San Panchito, ¡eso que ni qué!
“Le voy a platicar. Cuando mi vieja se puso mala yo le prometí una manda a San Panchito. Y mire que me la cumplió. Mi mujer –que Dios la tenga en su santo reino– me duró siete años más, pero cuando ya ni la fe pudo hacer nada, pos se murió. Sus últimas palabras que me dijo fueron: «Ay Chemo, nunca dejes d’ir a ver a San Francisco. Ve siempr’en su mero día, préndele una vela, reza por mí, por los tuyos, y pídele nos dé descanso». Yo le prometí y no le fallo, hasta que Dios me dé licencia.
“¿Usté cree en los milagros, mi amigo?...

Puedes ler el resto del relato y los otros trece en el libro que está disponible en Amazon para versión impresa y para electrónica en Kindle.

https://www.amazon.com.mx/dp/6072953166/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=
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1ra edición: Verdehalago y Secretaría de Cultura de SLP. 2007.
2da edición: San Miguel de Allende, Gto. 2024



Puedes ver extractos de las otras voces en este enlace:

También puedes leer una reseña del libro siguiendo este otro enlace:

martes, 25 de enero de 2011

"14 voces por un real" - Extractos del libro de Homero Adame

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Extractos del libro CATORCE VOCES POR UN REAL
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Catorce voces por un real
fue el libro ganador del Premio "20 de Noviembre", 2004, en la categoría de narrativa. A continuación tenemos fragmentos de las 14 voces o personajes que nada tienen en común, excepto que hablan sobre el mismo escenario, Real de Catorce, en San Luis Potosí.

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  • La fotógrafa
Miércoles 3
Salimos bien temprano rumbo a Real de Catorce. La mayor parte del trayecto es largo, recto y tedioso. Dormité hasta San Luis. El resto del camino platicamos bastante. Paramos a cargar gasolina en Matehuala y comimos unas enchiladas potosinas. Muy buenas. Adelante de Cedral me llamó la atención el camino empedrado. Un autobús estaba descompuesto, con el eje roto de una llanta.
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  • El peregrino
—Áaamonoos. Destino Real de Catorce. ¡Última parada en Cedral! –grita a todo pulmón el conductor del autobús que puntual cada año hace el mismo viaje repleto de peregrinos.
—Siempre igual. A este chofer lo conozco de hace muncho tiempo y grita igualito cuando nos lleva al Real de Catorce –dice un pasajero a su compañero de asiento–. Usté es nuevo, ¿vedá? Sí, me lo afiguraba. Yo tengo más de una docena de años de hacer este viaje y nunca lo he vido antes.
Van dos hombres sentados uno al lado del otro. El primero tiene como setenta años de edad, es bajito de estatura, de piel morena, curtida por el sol y cabello entrecano; viste ropa de mezclilla desgastada, con chamarra gruesa, sombrero y huaraches. El otro es un hombre de unos cuarenta y cinco años, moreno también, pero más alto; viste ropa moderna y de colores: chaqueta verde, camisa amarilla, pantalones azul marino y tenis.
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  • El comerciante
Desde que tengo uso de razón he vivido en este medio. Mis padres eran vendedores ambulantes que instalaban su puesto en el lugar de ocasión: Días de Muertos, Chalma, San Juan de los Lagos, Plateros, la Villa de Guadalupe y en las ferias de los pueblos. Yo y mis hermanos crecimos entre cajas y productos; durmiendo casi a la intemperie. No, no fui a la escuela, con eso de que siempre andábamos de un lugar a otro, pos era difícil, ¿no?
La vida de vendedor es bien canija, pero es lo que sé hacer mejor. Yo fui el único que seguí con esto. Éramos nueve hermanos, pero sólo cinco llegamos a mayores. Dos hermanas se casaron, un hermano se fue pa’l otro lado y otro le ayuda a mi jefe ahí de repente, desde que mi madrecita faltó. Yo me independicé.
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  • La hipiteka
Qué te diré... uh Real de Catorce... qué buena onda. Este lugar es mágico único místico está lleno de buenas vibras y gente va y gente viene cada quien metido en su rollo. Pero son pocos los que traen buena onda los que tiran buena vibra los que quieren descubrir el significado del universo y de la vida.
Te diré que yo nací en un pueblito de provincia pero crecí en el De Efe con eso que mi jefe agarró una buena chamba allá y se llevó a toda la familia. Así que terminé haciendo la secundaria y la prepa en un ambiente bien prendido pues los cuates traían su reve buena onda y me hice con ellos.
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  • Los huicholes
Yo fui inspector escolar. Tengo más de veinte años de estar jubilado; cuando alcancé ese puesto fue la máxima satisfacción de mi vida profesional. Antes era maestro, primero rural y luego de la ciudad, pero poco a poco fui ascendiendo hasta llegar a ser lo que fui dentro del magisterio.
Nací en Valparaíso, Zacatecas. Mi padre se crió en la hacienda de mi abuelo Sebastián Mendoza, allá por los rumbos de Capistrano, y mi madre es oriunda de Real de Catorce.
Cuando uno crece en Valparaíso se acostumbra a ver a los huicholes en sus peregrinaciones rumbo a los territorios de Catorce, en el Altiplano potosino.
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  • Los gringos
Lentamente un coche viene subiendo el camino empedrado de La Luz a Real de Catorce. Es un auto gris, bajito, cuyo mofle roza las piedras grandes o altas. Al dar la vuelta en la última curva, un grupo de chamacos –improvisados y ocasionales vendedores– corren hacia ellos con bolsas en sus manos.
—Quiotes. Quiotes. Cómpreme unos quiotes –le dicen al conductor, quien sólo mueve su cabeza en sentido de negación.
—Tunas, señor. Tunas. Ándele, cómpreme unas. Están a cinco pesos la bolsita –grita otro niño, casi pegado al vidrio.
Los tripulantes del automóvil, una joven pareja de turistas norteamericanos, se miran entre sí conforme avanzan a paso más lento. Se aproximan a la entrada del túnel. Un hombre les hace la señal para que se detengan; están en Dolores Trompeta.
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  • La corredora de bienes raíces
Si hay algo que detesto es Real de Catorce. Desde que mi esposo se empecinó en invertir en ese maldito villorrio, el negocio se nos fue a pique. Siempre me dio mala espina, pero Jaime nunca me hizo caso.
—No te apures, Cristina –me dijo un día–, es una excelente oportunidad. Ya verás el negociazo que vamos a hacer.
En 1975 empezamos juntos una compañía de bienes raíces y nos enfocamos en San Luis, porque de aquí somos los dos. Mi padre nos prestó el capital inicial y arrancamos con buenos augurios. Todo principio es difícil, sin embargo la bonanza del tiempo de López Portillo nos benefició sobremanera. Para finales de esa época, nuestra empresa ya era más que respetable. Comprábamos terrenos o casas en mal estado y las remodelábamos para luego venderlas con jugosos dividendos. Construimos nuestra propia residencia y seguimos creciendo. Fue cuando Jaime se obsesionó con Real de Catorce.
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  • Los buscatesoros
—Órale, compadre, anímate. ¿Qué te cuesta? Quién quite y encontremos algo bueno.
—No’mbre, pa’ qué te haces ilusiones. Pa’ cuando tú vas yo ya vengo. Ya te lo he dicho: allí no hay nada.
—¿Cómo que no va haber, compadre? Fue un pueblo rico. Minas, casa de moneda, haciendas; plata de a montones... de la que sí valía.
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  • La lugareña
Hay segmentos de la población cuyos horizontes no llegan más allá de los límites de su entorno porque nunca han salido de él. Los casos se pueden contar por millones, principalmente entre las mujeres quienes, por tradición cultural, suelen permanecer en un mismo lugar a lo largo de su existencia. Los hombres, por el contrario, son más trashumantes debido a que muchas veces se ven obligados a emigrar para poder ganarse el sustento y con ello mantener a sus familias.
Doña Glafira es una mujer de aproximadamente 85 años, obesa, de baja estatura y de piel morena, quien no conoce más que Real de Catorce; sólo algunas partes de Real de Catorce, para ser precisos.
—Aquí nací, aquí me crié y aquí me van enterrar porque ya estoy muy vieja y no tengo a dónde ir –dice ella con voz apagada.
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  • El ánima
Muchos años ha esta ciudad viome llegar. Era una época de gran abundancia, cuando la riqueza subía como la espuma de un buen vino francés. Solo no llegué, no. Éramos tres amigos que asaz arrebatados por la fiebre de la plata, una mañana nuestros enseres empacamos y a buscar fortuna nos fuimos. Dicen que antes era más fácil hacerse rico que ahora, empero eso depende de un golpe de suerte. Y a nosotros nos cayó; a cada cual de diferente manera.
Mas no, yo ya no moro aquí. No recuerdo exactamente cuándo me largué como alma perseguida por Satán. Ah, lo bueno es que me fui. Épocas azarosas eran, cuando la opulencia con el derrumbe se desvaneció. Obstinado como pocos, quise quedarme, mas al momento en el cual ya ni los fantasmas mismos en camposanto rondaban, ni en las callejuelas empinadas para asomarse por las ventanas ya rotas, ni por las puertas resquebrajadas para a algún persignado asustar, entendí que mi tiempo había terminado.
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  • El sacerdote
—Sí, hija, que te vaya bien, y mándame a ese chamaco tuyo. Ya va a estar listo para su primera comunión.
—No se apure, padre, yo lo mando mañana mismo. Muchas gracias por todo.
—No hay de qué. Todo va a salir bien, ya verás. La fe mueve montañas; no lo olvides.
Así despidió el sacerdote Valtierra, párroco de Real de Catorce, a la última persona que esperaba la confesión esa mañana. Al advertir que no había nadie más haciendo fila, se quitó la estola de dos caras –blanca y morada–, la colgó en el confesionario y se dirigió a la sacristía. A esa hora no hay gente en el templo, y es cuando él se puede tomar su tiempo libre.
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  • El político
—Íralo, ai va Nivardo, quesque ya le dijeron qu’él va ser el alcalde.
—Muchacho engreído éste, igual que su apá.
—Y su güelo también.
—Oye, ¿tú crees qu’es el güeno?
—Pos sabe. Ya ves cómo se las gastan esas gentes.
—Pero ‘stá muy leido.
—Eso sí. No hay munchos jóvenes estudiaos aquí.
—Pero son de mala sangre. Se sienten muy anchos...
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  • La historiadora
—Ándale, anímate, tú puedes hacerlo, ya tienes experiencia –me decían mis compañeros una tarde que estábamos, en un café, decidiendo qué íbamos a hacer con respecto a nuestra clase sobre la arquitectura en los pueblos mineros de México. Tengo licenciatura en arquitectura y ya estoy en la maestría.
Luego de mucho discutir, Laura eligió Zacatecas porque tiene familiares allá; Joaquín, Real del Monte; Martha, Chihuahua. Los puntos que restaban eran: Real de Catorce, Cañón de Bolaños, Mapimí-Ojuela y Concepción del Oro-Mazapil. Mis amigas sugerían que yo tomara el de Real de Catorce porque hace algún tiempo realicé un ensayo acerca de Cerro de San Pedro, y supuestamente el desarrollo de ese lugar fue similar al del otro en el Altiplano potosino. Aunque sus argumentos eran casi correctos, yo no me sentía muy segura que digamos, más que nada porque Real de Catorce no me trae buenos recuerdos: mi hermano mayor tuvo un accidente que lo dejó paralítico. Sucedió una vez, hace varios años, cuando él y sus cuates se fueron para allá con sus bicicletas de montaña. En el camino de bajada a la estación Catorce se cayó en una barranca y desde entonces su vida ha sido un terrible martirio. Me decidí por Bolaños.
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  • El escritor
Real de Catorce... nombre de romántico sonido, paraje de fantásticas virtudes, pueblo de leyenda viviente; tierra de culto milenario donde se fusiona la inescrutable prehistoria, el pasado glorioso pero efímero y el presente de letargo, sin avizorar un futuro promisorio. Real de Catorce es hoy en día uno de los muchos núcleos de asentamiento minero que se hallan abandonados, desde las épocas de la Revolución, en estados como Chihuahua, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Querétaro, el mismo San Luis Potosí y Zacatecas, entre otros.
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  • Un real
Localización geográfica: el municipio de Catorce se encuentra entre los 23° 24' y 24° 03' de latitud Norte, y a los 100° 27' de longitud Oeste.
Sus colindancias son con Vanegas al Norte, Cedral al noreste, Villa La Paz al Este, Villa de Guadalupe al Sur, Charcas y Santo Domingo al suroeste, y el estado de Zacatecas al Oeste.
La cabecera municipal se ubica entre las coordenadas 23º 41' de latitud Norte y 100º 53' de longitud Oeste.


Catorce voces por un Real
1ra edición: Verdehalago y Secretaría de Cultura de SLP. 2007.
2da edición: San Miguel de Allende, Gto. 2024.

Disponible en Amazon para versión impresa y para electrónica en Kindle.

https://www.amazon.com.mx/dp/6072953166/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=




Puedes leer una reseña de este libro en el siguiente enlace:
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