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viernes, 18 de julio de 2025

Espíritus de los antiguos mayas en Edzná, Campeche


 Leyenda de Edzná, Campeche: espíritus mayas de la antigüedad

Hace ya bastantes años, varios amigos de la prepa nos aventuramos a Edzná con la idea de quedarnos despiertos toda la noche porque alguien nos había contado sobre extrañas luces que se veían en el cielo —lo recuerda bien el señor Arturo Domínguez, quien me contó esta historia en otro tono. Era sábado cuando llegamos, después del mediodía. Sabíamos que el sitio cerraba entre las cinco y seis, y que los vigilantes cuidaban que nadie permaneciera dentro. Antes del cierre, nos escondimos entre los árboles, algo alejados de las pirámides principales, y allí esperamos hasta que oscureció. Regresamos después a la zona de las pirámides, procurando no hacer ruido. Primero estuvimos en una plaza por alrededor de dos horas, luego nos movimos hacia otra —creo que era el juego de pelota— y no ocurrió nada fuera de lo normal. Más adelante subimos a la pirámide más alta, la conocida como la de los cinco pisos, y allí nos quedamos platicando mucho rato, al ver que ningún guardia rondaba la zona. Cerca de las dos de la mañana decidimos ir hacia otra pirámide, y fue entonces que sucedió lo más extraño y aterrador que hemos vivido; tanto que varios terminamos enfermos de susto.

Estábamos al pie de la pirámide cuando notamos que se acercaba un grupo numeroso. Creímos que eran los vigilantes y no intentamos huir. De repente, empezó a soplar un viento fuerte, que formaba remolinos. Aquellas figuras llevaban antorchas, pero el aire no las apagaba. Al acercarse, nos pareció raro que no vestían ropa común, sino como antiguos danzantes: con taparrabos y tocados de plumas. Pensamos que iban a realizar algún rito o danza, así que nos quedamos quietos. Lo más inquietante ocurrió cuando pasaron entre nosotros, sin rozarnos, sin decir palabra, ni mirarnos. Sentí un aire helado en la espalda y empecé a temblar, más por frío que por miedo. Decir que atravesaron nuestros cuerpos es la mejor forma de contarlo, aunque no hubo contacto físico. Esa fue la conclusión que todos compartimos después.

La procesión era larga y nosotros seguíamos paralizados. Al final apareció un hombre acompañado por dos perros negros. Al acercarse, los animales comenzaron a ladrar. El hombre nos miró directamente, dándose cuenta de nuestra presencia. Pronunció algo que no entendimos, en algún idioma extraño, a lo mejor en maya antiguo, no sé, y sus ojos brillaban como tizones. Parecía que nos amenazaba, y vimos que las demás figuras venían en nuestra dirección. Salimos corriendo, aterrados, gritando. Hallamos una salida y saltamos una cerca. Nadie nos siguió, pero los ladridos de los perros se oían a lo lejos.

Todos nos enfermamos del susto. Yo me sané con una limpia que me hizo una curandera, usando hierbas y huevos. Ella me dijo que el espíritu estaba dañado, que había sido tocado por los fantasmas de las ruinas —los antiguos mayas. Si no los hubiera visto con mis propios ojos, y si mis amigos no los hubieran visto también, jamás le habría creído.

Desde aquel día, cuando alguien menciona luces de ovnis en Edzná, les digo que tal vez sea cierto, pero les aseguro que aún rondan por ahí las ánimas de los mayas de la antigüedad.


Notas: 
Edzná (del maya Izná: “Casa de los Itzáes”) es una de las zonas arqueológicas más importantes en Campeche y se ubica a 60 km al sureste de la capital del estado. En sus años de esplendor, entre 400 y 1000 d. C., Edzná fue una capital regional de gran relevancia económica y política. A través del tiempo tuvo modificaciones en su arquitectura, según puede observarse en los estilos Petén, Chenes, Puuc y Tardío, lo cual le da a todo el complejo mayor interés arqueológico.

2. Otra versión de esta leyenda fue publicada en el libro Leyendas de todo México. Aparecidos y fantasmas, por Editorial Trillas (2016). Se puede adquirir en las librerías Trillas o en línea siguiendo el enlace.


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martes, 1 de enero de 2019

Leyendas de Tabasco: La desaparición de los mayas


LOS MAYAS SE FUERON A OTRA DIMENSIÓN
(Leyenda de Villahermosa, Tabasco)

Por las cosas que yo he leído y que cuenta la gente de estudios, entiendo que hay muchos misterios que envuelven a los mayas; es que dicen que los historiadores no se pueden explicar exactamente cómo ni por qué desaparecieron los mayas. Hay cosas que sí saben, pero no se explican cómo es posible que un pueblo tan numeroso se haya acabado así tan de repente. Entiendo que cuando llegaron los españoles, todavía había muchos mayas, pero la mayoría de las ciudades estaban abandonadas.
   Cuando todavía vivía yo en Villahermosa –de allá soy–, una vez fue a la universidad un especialista a dar una conferencia y me acuerdo que dijo que los mayas no se acabaron con la conquista, sino que se fueron a vivir a otra dimensión y que lo hicieron a través de “puertas” que ellos mismos crearon en algunas de las pirámides. Dijo que algunas pirámides son como “puertas” o “ventanas” a otras dimensiones. Ese especialista estuvo explicando su teoría y quién sabe si sea cierto, pero lo que dijo a mí se me hizo interesante porque hay otras cosas que no tienen que ver con la gente de estudios, sino con las creencias de los mayas de ahora. Déjame explicarme: la gente mayor platica muchas cosas y por eso sabemos que los mayas saben muchas cosas que cuentan a través de sus historias, por ejemplo, de los aluxes, los espíritus, los duendes, los dioses y cosas de sus creencias, y no es que sean nada más leyendas de estas que andas buscando, sino que son creencias que siguen vivas, ¿no? Y en esas pláticas dicen que los mayas de mucho antes de la conquista eran gente muy avanzada espiritualmente que de algún modo encontraron la manera de irse a vivir a otro mundo, a otra dimensión.
   Esto algo de cierto ha de tener con el hecho de ciertas pláticas de personas de Tabasco, de Chiapas, de Yucatán, de toda la península, pues, que cuentan que sin proponérselo ni saber siquiera, de repente entraron a otra dimensión y cuando estuvieron allá vieron pueblos enteros llenos de vida, con gente como los mayas que podemos ver en los códices, o sea, mayas antiguos. Para explicarme mejor, es algo así como que entran a pueblos, digamos, encantados, que existen en otra dimensión; existen de verdad pero nosotros no los podemos ver ni sentir porque estamos en una dimensión diferente. (Leyenda de Homero Adame.)
   Y bueno, no es que yo crea en esas cosas así con fe ciega ni que esté convencida de que sea realidad, pero no puedo dudar que haya cosas que nuestros ojos no pueden captar, y lo de las dimensiones son cosas misteriosas, pero los científicos saben que existen. Entonces, es posible que los mayas más antiguos hayan encontrado la manera de entrar a otra dimensión para seguir viviendo allá, como cuentan en las creencias de los mayas de ahora, ¿no?

Después de muchos años de ocupación maya, los españoles fundaron Villahermosa en 1564 y la llamaron San Juan Bautista de Villahermosa. Gracias a su crecimiento y prosperidad, en 1641 se le concedió el título de sede del gobierno colonial. Cuando Tabasco se convirtió en estado libre, en 1826, su capital cambió el nombre por el de San Juan Bautista. Casi un siglo más tarde, después de la Revolución, Villahermosa retomó su topónimo que conserva en la actualidad.

Una versión similar fue publicada en “Mitos y leyendas de todo México”, por Editorial Trillas, 2010. En dicho libro, Homero Adame recrea 64 leyendas mexicanas (dos por cada entidad federativa), y puede conseguirse a través de la Tienda en Línea de la Editorial Trillas siguiendo este enlace:

Notas:
1. La foto de la pirámide de Chichén Itzá fue tomada del sitio de Internet Posta. Que el enlace sirva de agradecimiento a sus creadores.
2. La foto de Palenque del sitio FayerWayer. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
3. La foto de la catedral fue tomada del sitio Reporteros del Sur. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

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viernes, 6 de noviembre de 2015

Mitos y leyendas de Yucatán: El makech


EL MAKECH
Leyenda escuchada en Mérida, Yucatán


El makech (también escrito maquech o maquesh) es así como un bicho que se parece al escarabajo. Lo que yo sé es que los nativos mayas los encuentran en los troncos podridos porque ahí viven esos makech y luego le pintan el lomo, les amarran una cadenita en lo que es el cuello y así lo venden en los mercados. También otras gentes que no son mayas compran los makech y les pegan pedacitos de vidrios de colores con resistol para que parezcan que tienen como joyas y los venden porque dicen que son de buena suerte para cosas del amor. Lo malo es que los turistas los compran y esos bichos se mueren en tres o cuatro días por causa del resistol –dice el Sr. Rómulo Estrada. 

Dicen que el makech se alimenta de aire y que puede vivir cien años. Yo no sé si esto sea verdad, pero el caso es que, vivo o muerto, siempre está inmóvil y con las patas tiesas.

Lo que sí sabemos es que desde hace muchos siglos las mujeres mayas lo usan como amuleto. Es que, según las leyendas mayas, hace muchos siglos hubo una princesa maya que ya estaba comprometida en matrimonio con un príncipe, pero ella se enamoró de un muchacho muy pobre que no tenía tierras ni tampoco pertenecía a las clases sociales. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Cuando el Rey se enteró de que su hija se reunía a escondidas con el muchacho, lo mandó sacrificar. Cuando ella se enteró de que lo habían atrapado y de que lo iban a sacrificar, le rogó a su padre que no lo mataran con la condición y la promesa de no volverlo a ver. El papá le dijo que estaba bien. 

La princesa, todavía soltera, se quedaba llorando todas las noches porque ya no sabía dónde andaba su amado. Entonces resulta que un brujo se dio cuenta de la tristeza de ella y para ayudarla hizo un hechizo para que el muchacho se convirtiera en makech. Entonces le llevó ese escarabajo a la princesa y le dijo que era su amado y que lo cuidara, que lo decorara con joyas y que siempre lo llevara cerca de su corazón.

Así dice una leyenda y desde aquel entonces las mujeres mayas usan el makech como amuleto de amor y se lo cuelgan así como prendedor en la blusa cerca del corazón porque así es la tradición. Luego, como le digo, se hizo popular esta tradición y empezaron a vender esos bichos a los turistas.


Nota: las imágenes fueron tomadas de Internet, animogen.com y Taringa. Que los enlaces sirvan de agradecimiento a sus creadores.

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jueves, 30 de octubre de 2014

Mitos y leyendas de Yucatán: El Tzukán, la serpiente del cenote



TZUKÁN, EL MONSTRUO DEL CENOTE
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Leyenda escuchada en Chunkanán, municipio de Cuzamá, Yucatán
 
Ya había oído hablar de un monstruo o serpiente que habita en los cenotes de Yucatán, pero no sabía exactamente qué o cómo era. Andando en una ocasión de viaje por la península yucateca, caímos de casualidad a una hacienda todavía henequenera, la de Chumkanán, donde en un tendajo platiqué con los hermanos Echeverría. Uno de ellos, escritor empírico tanto en español como en maya, me platicó algunas leyendas locales y me habló del cenote que se encuentra a menos de cuatro kilómetros de ahí. Obviamente fuimos a conocerlo. El recorrido se hace en «truc», una especie de vagón abierto de ferrocarril, muy pequeño, y tirado por mula o caballo, que se usa para acarrear el henequén. Texto de Homero Adame.

Como ya llevaba conmigo la referencia del monstruo del cenote, que le llaman «tzukán» (puede estar mal escrito), cuando llegamos al cenote y bajamos por una escalera de concreto hasta el tranquilo espejo de agua, le pregunté a Silverio, nuestro guía y «chofer» del truc, si sabía algo del mentado monstruo. El rostro de Silverio se tornó serio, casi sombrío, y mirando hacia todos los rincones del cenote me dijo: “Si quiere, primero dese un chapuzón y ya cuando salgamos le cuento lo que a mí me han platicado.” Su respuesta se me hizo enigmática, pero intuí por qué no quería hablar en ese momento: los yucatecos tienen un ancestral respeto por estas pozas naturales. Alrededor de una hora más tarde, ya en el exterior y bajo la sombra de un árbol, Silverio me contó lo siguiente:

“Aquí todos sabemos del tzukán. Yo nunca lo he visto ni quiero tener la mala fortuna de encontrármelo, pero dicen que vive en los cenotes, que puede salir en éste o en cualquier otro, porque todos los cenotes están comunicados por abajo. Me platicaba mi papá que hace muchos años dos muchachos vieron al animal ése, y sólo uno pudo vivir para contar su experiencia.

Habrá sido hace como un medio siglo más o menos. La hacienda estaba en buena pujanza, el henequén daba riqueza y en temporada los hacendados contrataban a gente extra para darle más duro al jale de la fibra. Entonces parece que una vez que contrataron a muchos trabajadores extras andaban dos entre la bola que vinieron de un lugar que le dicen «Sotuta».

Un día se vino por este rumbo una cuadrilla en los trucs a cortar henequén y ya en la tarde se fueron de regreso. Pero esos dos muchachos, que traían un truc, se quedaron mero atrás porque dijeron que se iban a meter a darse un chapuzón aquí en este cenote –en aquel tiempo no había escalera; creo que bajaban agarrados de una riata–. Los compañeros que sí sabían la historia les dijeron que no se metieran cuando oscurece porque luego sale el tzukán, pero ellos no quisieron creer. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)


Contaba mi papá que habrán sido como las diez de la noche cuando llegó uno de esos muchachos bien asustado. Llegó solo, sin su compañero y sin el truc. Del susto se fue corriendo hasta el pueblo y dejó el truc con bestia y carga aquí mismo. Entonces platicó ese muchacho que ya se habían bañado en el cenote y que ya se iban a salir cuando de repente como que el agua comenzó a burbujear. Los dos se asustaron y corrieron a la salida, o sea rumbo a la riata para treparse. Como él llegó primero, fue el primero en subir, pero en eso estaba cuando su compañero echó un gritote bien feo. Dice mi papá que dijo ese muchacho que vio para abajo –todavía había buena luz, aunque ya era de tarde– y que alcanzó a ver a un animal de color verde, como una serpiente de cabeza como de perro que se les venía encima. Entonces que el tzukán agarró a su compañero de un pie y lo arrastró, y que su compañero iba gritando bien feo. No, con el miedo pues no se iba a quedar a ver si le ayudaba a su amigo, ¿no?

Luego al día siguiente fueron varios hombres y encontraron bastante sangre aquí abajo junto al agua, y vieron unas huellas muy raras. Entonces sí fue cierto eso que el tzukán se comió a ese trabajador. Ah, y luego parece que el muchacho que lo vio estuvo muy malo de espanto y que mejor se regresó a su tierra. Creo que nunca volvió a Chumkanán”.

Notas:
1. El dibujo prehispánico de las serpientes fue tomado del sitio de Internet Los viajes del agua en el Mayab. Que el enlace sirva de crédito a su creador.
2. Las fotografías del truc y del cenote son de Homero Adame.

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