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jueves, 12 de junio de 2025

Too, Toloche, Toloache... Toluca

 

Toluca: ecos prehispánicos en un nombre que ataranta

El origen del nombre Toluca no se limita a la fonética colonial ni a casualidades de la orografía. Su raíz se hunde en las creencias y la cosmovisión de los antiguos matlazincas, pueblo originario que habitó el valle mexiquense mucho antes de la llegada de los conquistadores. Los matlazincas rendían culto a un dios llamado Tolo, una entidad vinculada al cerro conocido como Toloche, por ellos considerado como morada sagrada. En la cima de aquel cerro se levantaba el principal adoratorio a esta deidad, y en torno a él giraba una práctica ritual asociada con una planta poderosa: el toloache. Hoy en día, la cima contiene una zona arqueológica casi desconocida por el turismo.


Silvestre y abundante en la región, el toloache (Datura inoxia) posee propiedades medicinales, alucinógenas y narcóticas. Los sacerdotes matlazincas lo utilizaban en dosis controladas para alcanzar estados de contemplación profunda y establecer comunicación espiritual con su dios Tolo. Esta práctica fue parte integral de su culto, aunque con el paso del tiempo, su uso sagrado se desvió hacia fines más profanos, como los llamados “filtros de amor” o los populares "amarres" en la brujería mexicana tradicional.

La secuencia simbólica —Tolo, Toloche, toloache— culmina en el nombre actual de la ciudad: Toluca. Incluso el habla popular conserva ecos de esta herencia: se dice que “en Toluca hay buena gente, no mata pero sí ataranta”, haciendo referencia al efecto narcótico del toloache que “aturde” sin herir, aunque también se sabe que en altas dosis enloquece a quien lo toma. Otras versiones sugieren que los españoles, desconcertados por los efectos de la planta, la llamaban “tornaloco”, y que este término derivó gradualmente en Toluca, como deformación fonética.

En conlusión, el nombre de la ciudad capital del Estado de México resume en sí mismo un fragmento de historia indígena, una huella ceremonial y un rastro vegetal de significados místicos. Toluca no es sólo un lugar en el mapa; es un testimonio vivo de un legado que florece en el lenguaje y en la memoria cultural de México.

Notas: la primera foto fue tomada de la páagina en Facebook de Festividades y conciertos de Toluca. Que el enlace sirva de crédito a su autor.

2. La foto del toloache en flor pertenece al Archivo fotográfico de Homero Adame.

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Plantas medicinales del noreste mexicano



jueves, 14 de abril de 2011

Tradiciones mexicanas: “Ni yendo a bailar a Chalma”

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NI YENDO A BAILAR A CHALMA
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Tradición y leyenda del Estado de México

Para todo extranjero que llega a radicar en México e intenta poco a poco integrarse a la vida y ser partícipe de las costumbres de este maravilloso país, sin duda hay muchas cosas que le parecen singulares, raras o extravagantes por ser tan distintas a las de su país de origen. Algunas de esas costumbres son meramente verbales, pues consisten en los refranes populares. Uno de ellos es el que dice “Ni yendo a bailar a Chalma”, cuya interpretación es que algo no tiene solución o que por muchas maneras que uno intente lograr su propósito, ya sea mediante rituales, promesas o mandas, no podrá hacerlo. Artículo en un blog de Homero Adame.

Chalma es un pueblo mexiquense famoso por su Cristo milagroso y por el citado refrán. Hay que ir para verificar si es cierto, aunque yo más bien adaptaría el refrán para decir: “Ni quien vaya a bailar a Chalma” o “Ni yendo a bailar a Chalma se puede bailar ahí”. ¿Por qué? Porque nadie baila y la tradición es otra muy distinta a la verbal.

Al llegar a Chalma no falta alguien que te ponga una corona de flores en la cabeza. Esto porque la tradición exige que aquellos que vienen por primera vez a visitar al Cristo de Chalma deben adquirir una corona de flores y entrar al templo con ella debidamente puesta en la cabeza. Después de estar en el interior un rato, ya sea por curiosidad o por devoción, si desean llevársela a su casa, pues se la llevan, pero si la quieren dejar, entonces hay que hacerse una especie de limpia o barrida con ella antes de dejarla. Para esto uno se quita la corona y se la pasa por todo el cuerpo, o nada más por el pecho o en su caso por alguna parte que uno tenga enferma, como por ejemplo una pierna rota, o un brazo afectado o un riñón malo (también sirve para quitarse la mala suerte). Entonces uno se hace la limpia solo y luego deposita la corona en un lugar especial ubicado junto a la puerta lateral derecha, en un palo donde todos dejan sus coronas.

Al platicar con algunos comerciantes y preguntarles sobre el famoso refrán “Ni yendo a bailar a Chalma”, éstos nos dicen que se trata simplemente de un dicho popular, pues casi nunca se ve a la gente bailar a su libre albedrío ya sea por manda o por devoción. Nos explican que de hecho las únicas danzas se ejecutan durante las fiestas del 1° de julio, y por cuenta de grupos organizados. Y añaden: “Lo importante es venir a Chalma, venir con fe y participar de las fiestas a nuestro Cristo milagroso”.
Así aprendimos que ni quién vaya a bailar a Chalma, pero los que vienen sí se ponen su corona de flores para darse una barrida y dejarla como ofrenda para estar a tono con la tradición.

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