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jueves, 12 de junio de 2025

Too, Toloche, Toloache... Toluca

 

Toluca: ecos prehispánicos en un nombre que ataranta

El origen del nombre Toluca no se limita a la fonética colonial ni a casualidades de la orografía. Su raíz se hunde en las creencias y la cosmovisión de los antiguos matlazincas, pueblo originario que habitó el valle mexiquense mucho antes de la llegada de los conquistadores. Los matlazincas rendían culto a un dios llamado Tolo, una entidad vinculada al cerro conocido como Toloche, por ellos considerado como morada sagrada. En la cima de aquel cerro se levantaba el principal adoratorio a esta deidad, y en torno a él giraba una práctica ritual asociada con una planta poderosa: el toloache. Hoy en día, la cima contiene una zona arqueológica casi desconocida por el turismo.


Silvestre y abundante en la región, el toloache (Datura inoxia) posee propiedades medicinales, alucinógenas y narcóticas. Los sacerdotes matlazincas lo utilizaban en dosis controladas para alcanzar estados de contemplación profunda y establecer comunicación espiritual con su dios Tolo. Esta práctica fue parte integral de su culto, aunque con el paso del tiempo, su uso sagrado se desvió hacia fines más profanos, como los llamados “filtros de amor” o los populares "amarres" en la brujería mexicana tradicional.

La secuencia simbólica —Tolo, Toloche, toloache— culmina en el nombre actual de la ciudad: Toluca. Incluso el habla popular conserva ecos de esta herencia: se dice que “en Toluca hay buena gente, no mata pero sí ataranta”, haciendo referencia al efecto narcótico del toloache que “aturde” sin herir, aunque también se sabe que en altas dosis enloquece a quien lo toma. Otras versiones sugieren que los españoles, desconcertados por los efectos de la planta, la llamaban “tornaloco”, y que este término derivó gradualmente en Toluca, como deformación fonética.

En conlusión, el nombre de la ciudad capital del Estado de México resume en sí mismo un fragmento de historia indígena, una huella ceremonial y un rastro vegetal de significados místicos. Toluca no es sólo un lugar en el mapa; es un testimonio vivo de un legado que florece en el lenguaje y en la memoria cultural de México.

Notas: la primera foto fue tomada de la páagina en Facebook de Festividades y conciertos de Toluca. Que el enlace sirva de crédito a su autor.

2. La foto del toloache en flor pertenece al Archivo fotográfico de Homero Adame.

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Encuentra más leyendas o historias mexicanas en algunos libros del escritor e investigador Homero Adame que están disponibles en Amazon, por ejemplo, accede a la coleccción en este enlace:

Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas


O bien, ve directamente a una de sus obras que incluye el toloache en su tratado:

Plantas medicinales del noreste mexicano



lunes, 2 de diciembre de 2024

El indio Mariano. Leyenda de Santo Domingo, SLP



Esta leyenda está basada en una larga platica que tuvo Homero Adame con Víctor López en San Matías, municipio de Santo Domingo, SLP. Fue publicada en la 2da edición de su libro Mitos y leyendas de huachichiles, en 2024. Dicha edición es una versión corregida y aumentada del publicado en 2008 por la Secretaría de Cultura de Oaxaca. Para esta nueva edición, el autor agregó nuevas historias y cambió el diseño editorial.

El libro está disponible en Amazon y en librerías potosinas.

https://www.amazon.com.mx/dp/B0CW1KMDJJ






sábado, 5 de mayo de 2012

Mitos y leyendas de la Huasteca: Huehueyac Xonkaalli


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HUEHUEYAC XONKAALLI
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El de larga o grande cabellera

Existió alguna vez allá por el año 1200 un horrendo hombre de larga cabellera, ojos destellantes y hocico como de fiera, que por su pelo se confundía con las mujeres de Xonkatlan (lugar de cabelleras o de greñas sueltas), una aldea huasteca, gobernada por una mujer llamada Tezitlal (estrella de piedra) en inmediaciones de la sierra de Kotontepetl (cerros partidos o separados). Pueblo dominado en ese entonces por el reinado de Tomiyahuatl, después de la caída del imperio huasteco chichimeca de Cuextlán.
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Este sanguinario hombre que sobrevivió al exterminio total de varones, realizado por las satanizadas guerreras huastecas de raza negra, provenientes del imperio de Tam yam ija (entonces mucha agua) hoy Majaguales o Tamiahua la Vieja.
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Huehueyac Xonkaalli habitaba en la espesa selva a salto de mata escondiéndose para no ser descubierto. Aquel hombre juró vengar a los extintos varones de Xonkatlan y aldeas vecinas, que fueron salvajemente castrados, flechados, desollados y devorados por estas sádicas mujeres.
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Este hombre se valía de algún poder mágico para entrar al pueblo sin ser visto y robarse a una mujer cada tres días. Las llevaba a una cueva de la serranía, donde por medio de amarras las atacaba sexualmente hasta saciarse, para después cortarles los senos y matarlas. Y como burla o ejemplo de poder, ya muertas las llevaba a cambiar por otra mujer viva. Acto que tuvo indignadas por mucho tiempo a las salvajes guerreras, que por muchas trampas que le pusieron no lo podían descubrir. Temerosas pensaban también que era un ser divino con el que no podrían jamás.
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Para fortuna para ellas, una madrugada lluviosa, cuando Huehueyac se llevaba a otra guerrera en brazos, cayó un estruendoso rayo y despertó a todas las mujeres de la aldea y a la que llevaba en brazos también. Ésta despierta lo aprisionaba con sus férreas manos para dar tiempo a que las demás aldeanas lo tomaran preso.
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Bajo la lluvia en un rito con danzas y grandes hogueras, le arrancaron los ojos, las uñas de pies y manos, lo castraron, lo flecharon, lo desollaron y lo devoraron.
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Para así terminar con el mito de Huehueyac Xonkaalli y vivir tranquilas para siempre, empezando a rendir tributo al Dios “Tlapetlantli” (Trueno o rayo), hasta la muerte de Tomiyahuatl en Tenayucan capital de la huasteca en aquel entonces.
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Aunque en ocasiones cuando hay tempestad, gentes de algunas comunidades de la sierra han visto en aparición a este horrible hombre cargando a una mujer ensangrentada, causando gran espanto a las gentes que logran verlo. Y lo apodan “tekuani temiktiloni” (bestia asesina).
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Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por su autor para publicación en este blog.

viernes, 27 de abril de 2012

Mitos y leyendas de la Huasteca: Los Pak’an y los lints’i’

LOS PAK’AN Y LOS LINTS’I’
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Mito tének de Tanlajás, SLP
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Los relatos que versan sobre los gigantes no son propios de la Huasteca, ya que también forman parte de la tradición mitológica de cualquier cultura del planeta. Dentro del acervo de toda civilización se incluyen leyendas de aquellos habitantes que poblaron la Tierra mucho antes que aparecieran los primeros seres humanos. En la región de Tanlajás se cuentan historias de los lints’i’, que fueron descendientes de los pak’an. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Uno de tantos mitos sobre el tema de la creación que los tének de Tanlajás les cuentan a sus hijos, explica que cuando Dios creó el universo, el mundo, y dio vida a las plantas y a los animales, también se la otorgó a los pak’an, seres gigantescos que vivieron en la sierra. Éstos tuvieron mucha descendencia –unos más inteligentes o perfectos que otros. Al reproducirse, constituyeron las razas del mundo y se fueron a poblar todos los rincones del planeta.
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En la Huasteca se quedaron a vivir los lints’i’, una de esas razas de gigantes, cuya estatura apenas alcanzaba las dimensiones de sus padres, los pak’an. Los corpulentos lints’i’ tenían tres pies y dos brazos, además de abundante pelo en todo el cuerpo. Su organismo era diferente al de los humanos de la actualidad: carecían de dientes, pues no necesitaban ingerir alimentos ni beber líquidos; solamente se nutrían de la esencia de la comida cruda, como por ejemplo del aroma de las semillas tiernas de maíz o del perfume de las flores. En otras palabras, el alimento lo recibían a través del olfato, que tenían muy desarrollado.
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Los lints’i’ eran muy pacíficos, no peleaban con nadie y era nula su necesidad de cazar para sobrevivir, a la vez que tampoco había depredadores que los cazaran a ellos. Así vivieron en armonía por muchos siglos hasta que una nueva raza llegó a habitar estas tierras de la Huasteca: era la de los primeros humanos, más bajos de estatura y sí tenían la necesidad de ingerir alimentos, como carne cruda o frutos silvestres.
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Cuando aquellos primeros humanos primitivos descubrieron a los lints’i’, sintieron un pavor extremo porque éstos eran gigantes, y presuntamente muy poderosos. Sin embargo, al percatarse que en realidad eran muy pacíficos, decidieron desterrarlos, para lo cual planearon una guerra imparcial, pues la verdad sus adversarios no opusieron resistencia alguna. Los lints’i’ no podían defenderse porque ignoraban cómo hacerlo, ya que su naturaleza no era agresiva; además, era una raza poco numerosa. Entonces, un día organizaron un concilio del cual surgió la decisión de establecerse en otro lugar donde pudieran continuar viviendo conforme a su estilo, en paz y en armonía con el mundo, lejos de sus enemigos. Pero, sin importar a dónde fueran, invariablemente los perseguían los humanos.
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Con el paso del tiempo, aquella raza se extinguió, fue exterminada por la crueldad humana. Sin embargo, cabe la posibilidad de que hayan encontrado un lugar pacífico en el interior de la Tierra, pues se dice que los últimos lints’i’ que fueron vistos estaban en la entrada de una cueva en la sierra de Pioxtla. Entonces, a lo mejor aquellos seres mitológicos descubrieron la manera de perpetuar su existencia feliz en este mundo, pero eso sí, afuera del alcance de sus únicos depredadores: los humanos. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Algo sobre Tanlajás, San Luis Potosí
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La fundación española de esta región se dio en 1723, aunque su historia prehispánica se remonta a la época del gran imperio huasteco. El nombre asignado por los conquistadores fue Santa Ana de Tanlaxás. En el siglo xix recibió la categoría de villa y tiempo después, de cabecera municipal.
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Su nombre antiguo es una combinación de vocablos tének y castellanos: Tam significa «lugar» y Laxas o Lajas, «piedra en forma de capas» o «piedra en forma de hojas»; por lo tanto, el significado de Tanlajás es «lugar de lajas».

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Este mito tének o huasteco fue publicado en 2007 en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, de Homero Adame. Secretaría de Educación del Estado y Secretaría de Cultura. San Luis Potosí.


En 2023, el autor hizo una nueva edición con un diseño editorial diferente, con correcciones y mejoras a la original; conservó las historias y añadió otras inéditas.


El libro está disponible en librerías potosinas como Ochoa y Española. En Monterrey: en la librería Publi-Arte, en Calzada Vasconcelos de San Pedro Garza García.


También está disponible en Amazon para formato impreso:

https://www.amazon.com/dp/6072949789

Y en Kindle, para formato electrónico:

https://www.amazon.com.mx/dp/B0CV4S78Q9

jueves, 26 de enero de 2012

Mitos y leyendas huicholes: El nacimiento del Sol

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EL NACIMIENTO DEL SOL
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 Leyenda huichol recopilada por Carl Lumholtz
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“Dicen los huicholes que en los principios del tiempo, no había en el mundo más luz que la de la Luna, lo que traía muchos inconvenientes a los hombres. Reuniéronse entonces los principales de ellos para ver la manera de dotar al mundo de mejor luz, y le rogaron a la Luna que les enviase a su único hijo, muchacho cojo y tuerto. Comenzó ella por oponerse, pero consintió al fin. Diéronle al muchacho un vestido de ceremonia, con sandalias, plumas y bolsas para tabaco; lo armaron de arco y flechas, y le pintaron la cara, arrojándolo luego a un horno donde quedó consumido. Pero el muchacho resucitó, corrió por debajo de la tierra, y cinco días después apareció el Sol.
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Cuando éste irradió su luz sobre la tierra, todos los animales nocturnos (los jaguares y leones monteses, los lobos, los coyotes, las zorras y las serpientes) se irritaron muchísimo y dispararon flechas contra el astro del día. Su calor era grande y sus deslumbrantes rayos cegaban a los animales nocturnos, obligándolos a retirarse con los ojos cerrados a las cavernas, a los charcos y a los árboles; pero si no hubiera sido por la ardilla y el pitorreal no hubiere podido el Sol completar su primer viaje por el cielo. Éstos fueron los dos únicos animales que lo defendieron; hubieran preferido morir antes que dejar que se diera muerte al Sol, y le pusieron tesgüino en el ocaso para que pudiera pasar. Los jaguares y los lobos los mataron, pero los huicholes ofrecen sacrificios hasta el presente a aquellos héroes y dan a la ardilla el nombre de Padre” (Carl Lumholtz,
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Esta leyenda fue publicada por Carl Lumholtz (1904 [1902], 2: 106-107) y tomada del FaceBook de Real de Catorce Mágico

viernes, 28 de octubre de 2011

Mitos y leyendas de la Huasteca: La Tepa del río Tancochin


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LA TEPA DEL RÍO TANCOCHIN
 Leyenda huasteca
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En las márgenes y a todo lo largo del extenso río Tancochin, río que nace en la caída de agua de la sierra de Kotontepetl, en el municipio de Tancoco, y atraviesa los municipios de Naranjos-Amatlán, Chinampa, y desemboca en la laguna de Tamiahua, entre Saladero municipio de Tlamalín y Reforma municipio de Tamiahua, se han escuchado infinidad de cuentos, relatos e historias, como la leyenda de la Tepa.
Según cuentan los abuelos, la Tepa era una mujer muy hermosa, de cara bonita, alta, blanca, de larga cabellera, cuerpo bien torneado, prominentes pechos, ojos coquetos y sonrisa encantadora, cuando se apreciaba de lejos. Pero al tenerla cerca, su apariencia cambiaba totalmente. Su rostro se mostraba pálido y amarillo, sus ojos destellaban odio, su pelo desbaratado, las uñas de las manos largas y filosas y su boca demasiado enojo.
Cuando la Tepa estaba contenta, interpretaba cantos muy tristes en una lengua extraña. Totalmente desnuda se metía al agua y con un guacal se rociaba agua por todo su hermoso cuerpo; al bañarse mostraba todos sus encantos.
Hay quienes aseguran que a las 12 del día, al llegar o estando en sus milpas, de repente sentían una ráfaga de viento que movía todos los arboles, apareciéndose como por arte de magia, sin dejar pasar a nadie por el camino, llenando de ramas y abrojos todas las salidas. Produciendo enorme susto a quienes lograban ver a la Tepa, que en ocasiones sufrían de fuertes fiebres y alucinaciones por muchos días, que algunas personas fallecían por esta causa.
Todos los habitantes de esta región por generaciones, sabían y conocían muy bien el mito de esta terrorífica mujer, que algunos ya venían preparados, con agua bendita, caña o aguardiente y algunas oraciones para alejarla del lugar.
Por eso cuando sembraban preparaban mucha comida, café, agua limpia para beber, pan, tortillas y aguardiente, para comer en la milpa, acompañados de sus peones.
No sin antes ofrendarle a la Tepa en un lugar especial del monte, de la siguiente manera:
  • En siete cazuelitas muy pequeñas de barro colocaban la comida, siete tacitas también de barro colocaban los líquidos (café, agua y aguardiente).
  • Colocaban en el improvisado altar dos copaleros con brasa e incienso, figurillas de barro y caritas sonrientes conocidas como teopaquetl, hoy en día se conocen los restos de barro como tepalcates (vasijas divinas, porque se ocupaban para ofrenda).
  • Después de haber compartido con la Tepa y los peones, hacían un hoyo en medio de la milpa, donde depositaban todo lo que les había sobrado.
  • Para darle de comer a la madre tierra, también encima rociaban el agua, el café y el aguardiente.
Este ritual lo acostumbraban hacer en todas la comunidades huastecas, aunque en algunas de ellas nunca se hubiese aparecido la Tepa.
Se dice que allá por el año de 1960 en una comunidad de Tamiahua, conocida como Buena Vista, al levantar la cosecha, cuando estaban variando el frijol y a la hora de comer sus lonches, se les apareció de repente la Tepa a cinco campesinos.
Entre ellos estaba uno llamado Melitón Santiago, quien sacó su machete y le grito “¡hasta aquí llegaste bruja, hija de tu humilde madre!
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Se le echó encima a machetazos pero sin tocar su cuerpo, siguiéndola hasta perderse en el espeso monte, mientras ella se carcajeaba burlonamente.
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Sus compañeros quedaron estáticos con sus pies engarrotados, gritando angustiosamente ¡Melitón, Melitón, Melitón…!
Después se arrodillaron implorándole a Dios que los ayudara, sin saber que Melitón había desafiado a fuerzas extrañas de la naturaleza, provocando la ira de la Tepa, que se lo llevó para siempre. 
Juan uno de ellos corrió a la comunidad para avisar lo sucedido. Al llegar al pueblo gritaba "¡A Melitón se lo llevó la Tepa!". Toda la gente del pueblo se organizó para buscarlo por muchos días, mas no dieron con él. Luego de pasados unos cuarenta días, unos vecinos de Tampache encontraron el cuerpo disecado totalmente, la piel bien adherida al esqueleto, como si lo hubiesen chupado. Sólo por sus ropas lo reconocieron. No había duda: ¡él era Melitón!
Durante esos cuarenta días todas las milpas sufrieron ataques de la Tepa, quebrando las plantas de maíz y arrancando de raíz las plantas de frijol, no así donde habían sembrado ajos y chonacates o cebollinas.
Y los demás campesinos empezaron a sembrar también ajos y chonacates en sus milpas, para alejar a la bruja llamada Tepa que no ha vuelto más por estos lugares.

Nota: Tancochin es una palabra téenek que tiene su origen en un pueblo huasteco del municipio de Tamiahua, muy cerca de la desembocadura del rio con el mismo nombre. Este pueblo huasteco se fundó allá por el año 1180, bajo el dominio del rey Atl-aua, rey de Tamyamija uxquae o Tamiahua la vieja.
De lo que se deriva su nombre, es porque los aldeanos de Tancochin navegaban río arriba en improvisadas balsas para cazar venado, pasando por Yancucum (hoy la laja Moralillo) municipio de Tancoco, hasta la hermosa cascada que sirve de afluente a este río, que anteriormente también se alimentaba del manantial de Agua Zarca que allá por el año de 2009 fue desviada para llenar la represa de Tlamalín y que pasó a mermar la corriente de este importante río.
Significado de Tancochin, en tének, Tan: canoa o balsa, koch u tan: anchura, chin: buche y ch`iin: lanzar o lapidar. Ta`an: ceniza, koch: carga, ko`och: higuera y ch`iin: echar. En conjunto podría ser “echar carga a la balsa” o “echar carga de ceniza”. Descartando la hipótesis de que el nombre viene de tanco por Tancoco y chin por chinampa, ya que el pueblo de Tancochin fue antes que el de Tancoco.

Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco
Y compartida por su autor para su publicación en este blog.
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lunes, 24 de octubre de 2011

Cuentos huastecos: “Miquen-Xantolo” – Culto a los muertos


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“MIQUEN-XANTOLO”
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(Todos muertos todos santos)
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Amén de estar aquí, dejando pasar las horas, las negras nubes amenazan con desplomarse, pronto va a llover, las bancas del parque a la bandera, van quedando vacías, hoy viernes grande, viernes último del mes de octubre, allá donde las risas infantiles me confunden de niño y veo el rostro de mi padre muerto, que pronto estará conmigo compartiendo estos días de fiesta y dolor, pero es viernes grande, tianguis o plaza de la curva como se le quiera llamar, todos se preparan, compran lo esencial para recibir a sus difuntos; huacales, canastos, comales, copal, copaleros, candelabros, velas, alimentos varios. Los vendedores ambulantes pregonan sus ofertas, todo es agitación, movimiento, es calor humano compartido, el aroma a copal penetra, en mi cuerpo, penetra en mis recuerdos, liberando con ello mi redimido espíritu, el copalero es elevado con la gracia y tranquilidad que solo mi madre puede poseer, esparciendo generosamente el sahumerio, el incienso de dios, agradable sensación, misteriosa y profunda. Los cohetes afirman que ya es la entrada de los fieles difuntos, sí claro que son fieles ¿qué muerto nos podría engañar? Sólo el muerto de hambre como yo, o el muerto de miedo como tú, tú mismo miedo es lo que impide tener valor para vencer a la muerte en el nombre de Cristo Jesús. La flor despicada, esparcida sobre el camino o vereda, señala el rumbo que en vida tantas veces recorrió el difunto o difuntos, que llevan años entre sombras o gloria de salvación según el tipo de vida en que se preparo el difunto antes de su partida. El son de los viejos llega a los oídos de los mismos viejos, los jóvenes contemplan, los niños ríen, los monarcas hacen rueda y bailan, conversan, traen a un negrito que recita versos picarescamente, acompañado de un “tlaquechanequetl” (hombre vestido de mujer) que representa a la Malinche, el negrito con un machete y una máscara que se levanta cada vez que dice un verso para que se escuche mejor, y dice así:
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Aman kena lamatzin, Aman kena huehuetzin, Pobres de nuestros nietos, La vida empezando para ellos
Y el mundo se va a acabar, La vida es alegría tan bella, La hermosa naturaleza
Es su hermana, su aliada esencia, La naturaleza genera energía, árboles, flores, hijos,
La vida los alimenta, Aman kena lamatzin, Aman kena huehuetzin.
“Ahora si viejita, ahora si viejito”
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Danzan, caminan cansadamente, pausados, encorvados, en sentido contrario, conversan en su lengua madre, en la lengua náhuatl o mexica; la Malinche y los demás monarcas danzantes bailan en los costados dando unos pasos rústicos y a la vez cómicos, con vestimentas chuscas, con corona como si fuesen reyes, sólo que el resplandor no lo provoca el oro sino los espejos que en ella portan, también usan una capa como la usaban los nobles durante la conquista, también se cuelgan listones de colores, típicos a los reyes huastecos, cargan un morral lleno de corcho latas y lo suenan al danzar simulando tener mucho dinero, también llevan un cetro de cartón y madera en una mano y en la otra una sonaja para acompañar rítmicamente a la jarana y al violín que ejecutan los “tlozozonquemen” (músicos). Esta danza es un rito por eso se les pide a los presentes no aplaudir, ya que son días de luto y dolor, para los vivos y de fiesta para los difuntos. La música continúa, los monarcas siguen danzando y se contonean, dan la vuelta y miran las tumbas del panteón, frente a las tumbas está un arco de zempoalxochitl, olivo, alimonaría y mano de león, este arco simula el paso o la puerta que limita la vida y la muerte, que al llegar los difuntos y al atravesarlo se encuentran con nosotros los vivos por el bautismo. En el arco se cuelgan naranjas, plátanos, manzanas, mandarinas, uvas, cacahuates y pan de mono, en la parte baja, sobre hojas verdes de plátano, se colocan, tamales de pipían, de fríjol, de carnita de pollo o de puerco, atole de máiz de masa y chocolate, que según era lo que el difunto prefería. Los difuntos nos visitan, están con nosotros, desayunan, comen, cenan y se van, pero aunque se marchen regresaran, los cohetes truenan por doquier con angustia desmedida, hasta cuándo volverá mi padre, hasta cuándo volverá mi abuelito, hasta cuando mis difuntos amigos, no lo sé, simplemente esperare un largo año para tenerlos aquí, lo más extraño es que solo en estos días nos podemos acordar de ellos, porque el resto del año sólo son muertos y nada más..
Texto escrito por José Reyes Nolasco, de Cerro Azul, Veracruz
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Y enviado para su publicación en este blog en octubre de 2011
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lunes, 2 de mayo de 2011

La Santa Cruz - Tradición de la cruz del mezquite

.LA CRUZ DE MEZQUITE

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Tradición del desierto norestense
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Como bien sabemos, por su pluralidad étnica y su gran variedad de zonas geográficas, México es un país riquísimo en costumbres y tradiciones
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En algunas comunidades semi desérticas del Altiplano norestense, donde convergen los estados de Nuevo León, San Luis Potosí y Tamaulipas, existe una tradición ancestral del culto al mezquite, cuyos orígenes se pierden en los anales de la conciencia colectiva de los altiplanenses.
De acuerdo con algunos investigadores, debe tratarse de una reminiscencia de las tribus que habitaron esta región antes de la invasión española, como los huachichiles. Sin embargo, también se tiene la teoría de que es un sincretismo ideológico y/o religioso porque, por un lado, hay quienes hablan del espíritu del mezquite que se manifiesta en forma de cruz y, por el otro, las celebraciones al mezquite con estas características se llevan a cabo el 3 de mayo, día dedicado a la Santa Cruz. Ensayo de Homero Adame.
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Con respecto a la costumbre de venerar la cruz del mezquite, lo cierto es que existen pocas referencias y menos estudios, tal vez porque ha quedado limitada a un contexto geográfico muy reducido. Sin embargo, de acuerdo con las creencias regionales, cuando un mezquite se desarrolla en forma de cruz, o bien tres troncos crecen pegados formando una cruz, debe ser respetado, es decir, no hay que cortarlo. Al correrse la voz de que alguien ha encontrado un árbol así, los lugareños van a visitarlo y empiezan a rendirle culto para el cual lo visten, lo festejan, le llevan música y ofrendas, entre otras actividades.

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A lo largo de mis mis recorridos en busca de mezquites que han crecido en forma de cruz y se les venera, h
e encontrado en los siguientes lugares:
  • Las Albercas, municipio de Bustamante, Tamps.
  • Matehuala, SLP
  • San Francisco, municipio de Bustamante, Tamps.
  • San Isidro de Fernández, municipio de Doctor Arroyo, N.L.

Como toda regla tiene su excepción, y según mis investigaciones, la tradición de los mezquites en forma de cruz se da básicamente en el Altiplano, diré que encontré uno en la ciudad de San Luis Potosí, otro en Rioverde y uno más en Ciudad Fernández. Con esto, podemos deducir que la tradición se ha extendido más allá del Altiplano y sigue muy vigente. El caso del mezquite en San Luis no me resultó tan extraño, pues quien lo descubrió y empezó la tradición, hace más de cien años, fue un hombre que llegó de Matehuala.
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Muchas de ellas son parte de la identidad nacional y, por lo mismo, conocidas por todos; otras son más bien regionales y no pocas se han quedado confinadas a un pequeño contexto geográfico, lo que las hacen ser prácticamente desconocidas en el resto del país o incluso dentro de un mismo estado.
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Puedes leer una leyenda sobre los mezquites en el siguiente enlace:





Una leyenda basada en esta tradición fue incluida en el libro Mitos y leyendas de huachichiles obra galardonada en 2007 por el Premio nacional de cuento, mito y leyenda “Andrés Henestrosa”, convocado por la Secretaría de Cultura del estado de Oaxaca y publicada originalmente en 2008.

Ahora en 2024, el autor e investigador ha publicado una segunda edición, corregida, mejorada y aumentada con relatos inéditos que recopiló tiempo después durante sus recorridos por las semi desérticas llanuras altiplanenses; relatos que aluden directamente a los huachichiles, grupo del cual poco se sabe, pero Homero Adame nos da una muestra a través de la óptica legendaria, área que le es muy conocida. Debemos recordar que la historia conocida es la versión de los vencedores, sin embargo, gracias a estos relatos y leyendas recopiladas por el también  “arqueólogo de la tradición oral” podemos dar un atisbo de la vida y las creencias de los vencidos.
Y para dar un cierre inesperado a este trabajo, el también escritor y novelista incluyó un relato adicional, obra de su pluma, de su creatividad literaria y de su fascinación por los huachichiles; relato que nos permite imaginar cómo eran estos habitantes del ayer, cómo vivían, cuáles eran sus idiosincrasias y muchas cosas más. 

El libro está disponible en Amazon, tanto para formato digital (Kindle) como para impreso.

https://www.amazon.com.mx/Mitos-leyendas-huachichiles-Biblioteca-Homero/dp/6072933793/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=