Para tratar de entender el porqué del nombre del cerro de La Pez,
así como el origen del petróleo en esa zona, tal vez algunas leyendas
regionales nos ofrezcan una explicación.
Una versión nos dice que en la época prehispánica los habitantes
de la región, los téenek, venían a venerar al cerro porque, según sus
creencias, decían que el pez más grande que jamás haya existido en la laguna se
convirtió en cerro, pero que era una pescada. Aquellos huastecos, que eran
pescadores, subían al cerro a dejarle ofrendas a esa diosa para con ello
asegurar una buena pesca. Entre las ofrendas siempre llevaban un pescado fresco
de cada captura y lo dejaban como alimento para el gran espíritu del cerro.
Otra leyenda explica que el nombre de la laguna, “Marla”, se debe
a que el cerro no era un pez, sino más bien una sirena, una mujer pez que así
se llamaba y se convirtió en cerro y desde entonces es la cuidandera de la
laguna.
Siglos después, cuando descubrieron el petróleo, la gente creyó
que el color oscuro en el suelo, el chapopote, era por la sangre que brotaba de
la sirena. Muchos aseguraron que cuando perforaron el pozo número 1 le habían
cortado una vena a Marla y por causa de su dolor y mucho enojo su sangre salía
de color negro.
Nota: Puedes leer un artículo sobre el primer pozo petrolero que se explotó en México, precisamente junto al cerro de La Pez, en este enlace: Primera extracción petrolera mexicana.
Esta leyenda tének o huastecafue publicada el 2007 en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, de Homero Adame. Secretaría de Educación del Estado y Secretaría de Cultura. San Luis Potosí.
En 2023, el autor hizo una segunda edición con un diseño editorial diferente, con correcciones y mejoras a la original y añadió historias inéditas.
El libro está disponible en librerías potosinas como Ochoa y Española. En Monterrey: en la librería Publi-Arte, en Calzada Vasconcelos de San Pedro Garza García.
También está disponible enAmazonpara formato impreso:
Este video es del evento de Fiesta de Luz que se proyectó en la Plaza de
Fundadores de San Luis Potosí en diciembre de 2012. Todo el concepto
del diseño fue hecho por técnicos de la Secretaría de Turismo del estado
y estudiantes de Diseño Gráfico y de Animación de la Universidad Tec
Milenio, quienes se basaron en un texto que escribí ex profeso. Dicho
texto es el que aparece abajo del video.
XANTOLO
Texto original de Homero Adame
Es una tarde gris, no tanto por
el color del cielo sino por los atuendos de la gente y el ambiente sombrío de
las familias que están reunidas en el panteón, cada cual alrededor de las
tumbas de sus difuntos; tumbas sin colorido ni cruces o imágenes cristianas,
tumbas de tierra humildemente adornadas con las ofrendas consistentes en
alimentos y bebidas, así como el humo de los inciensos. El ambiente es de seriedad
absoluta, de reflexión; ambiente de tristeza. Los mayores apenas murmuran algo
entre sí. No hay cantos ni rezos, sólo pensamientos de recuerdos; tampoco se
escuchan llantos porque nadie acostumbra llorar. Solamente el viento produce
ruidos con las hojas marchitas que ruedan por ahí. Ese silencio es por momentos
interrumpido cuando se oye algún manazo que se le da a un niño inquieto. Sus
padres de esa manera le piden sosiego, silencio y respeto, mucho respeto porque
hoy es el Día de los Fieles Difuntos y la tradición indica que nada debe alterar
su descanso.
Así
es la costumbre entre los nativos de la sierra Huasteca, los téenek o
huastecos, quienes cada año puntualmente van a los panteones de sus aldeas o
pueblos para recordar a los que han muerto. Pasan la noche en vela y todo el
día siguiente junto a las tumbas, conviviendo con sus difuntos en silencio y a
través de los recuerdos. La costumbre se ha mantenido inalterada desde sus
orígenes, que nadie sabe cuándo empezó.
Pero
esta tarde sucede algo extraordinario, algo que trastoca las rutinas, la costumbre,
la tradición. La gente se siente alterada y temerosa ante la aparición de un
ser fantasmal, enmascarado, que anda bailando entre las tumbas. Se oye música,
pero no hay músicos ejecutándola. La gente mira con incredulidad primero,
asustada después, y huye ordenadamente del panteón. Es gente supersticiosa. Todos
hablan entre sí, tratando de explicar lo que han visto. Unos deciden refugiarse
en sus hogares hasta que se vaya el espíritu maligno, mientras que la mayoría acuerda
ir en busca del sacerdote, el chamán, para contarle acerca de lo que han visto
en el panteón y pedirle que haga algo para expulsar a ese espíritu de
ultratumba, cuyo único objetivo ha sido el de alterar la armonía entre la
comunidad, según han concluido los mayores.
El
chamán escucha intrigado el recuento de su gente. Sabe que existen numerosos
espíritus que rondan en el monte, en las aldeas, en el panteón mismo, pero uno
enmascarado que baila es inaudito; jamás había oído hablar de algo similar.
“Vaya
al panteón”, le suplica la gente al chamán, cuyo rostro se ve más serio que de
costumbre, rostro de preocupación.
El
sacerdote acepta, pero antes de ir tiene que preparar algunas cosas, pues es
posible que deba hacer algún ritual especial para ahuyentar al espíritu
chocarrero. Entretanto, y por precaución, la gente va a sus casas para armarse
con garrotes, hondas y piedras.
Sale
la comitiva rumbo al panteón, con el chamán al frente y la gente atrás, armada
y asustada. Entran al recinto y no es sorpresivo para nadie que el ánima enmascarada
siga bailando alegremente entre las tumbas, al son de la música rítmica pero
espectral. El chamán se acerca con cautela; la gente lo sigue a prudente
distancia.
“¿Quién
eres? ¿Qué quieres aquí?”, le pregunta el chamán al ánima, en lengua téenek.
“¿Acaso
no me conoces? Represento la alegría y he venido aquí porque ya me cansé de
verlos a ustedes tan sombríos y tristes en estas fechas de recuerdos, como si
la muerte fuera una razón de tristeza cuando debería ser todo lo contrario”,
responde el espíritu.
El
chamán y el espíritu hablan por un buen rato, mientras la gente sigue atenta el
curso de la conversación. En cierto momento, el misterioso ser enmascarado
pronuncia unas palabras en una lengua que nadie entiende, excepto el chamán,
quien comprende el mensaje y luego lo trasmite a los suyos. Les dice:
“Este
espíritu es Xantolo que quiere enseñarnos cómo honrar a nuestros muertos con
estas danzas”.
Debido
a sus creencias supersticiosas y luego de haber oído al espíritu hablar, la
gente piensa que más bien se trata de un chistoso que anda jugándoles una
broma. Murmuran todos entre sí y uno de ellos se lo dice al chamán, quien con
un ademán enérgico le pide callarse. Para entonces, el rostro del chamán ya no muestra
señales de preocupación, pero sigue viéndose serio, como es su costumbre. Hace
hincapié a su gente que Xantolo no es alguien de este mundo terrenal, nadie de
carne y hueso, sino un espíritu benefactor como ya él mismo lo ha explicado.
En
eso, y de nueva cuenta, Xantolo dice unas palabras en aquel lenguaje
desconocido para los presentes y de la nada aparecen más ánimas igualmente
enmascaradas que también se ponen a bailar como si todo fuera una fiesta, y no
un día para sentir y expresar tristeza. Advierten que las máscaras son como de
ancianos, lo cual es interpretado como si representaran a sus ancestros. La
música espectral suena más fuerte y rítmica y la gente empieza a moverse con
cierto nerviosismo e incluso temor, pues bailar en un cementerio es, hasta ese
entonces, considerado como una falta de respeto a los difuntos.
El
chamán, con torpeza porque jamás baila ni en las ceremonias, comienza a imitar
los movimientos de Xantolo y de su séquito hasta unirse a esa danza con gran
ánimo. Poco a poco la gente pierde sus inhibiciones y también se une a la
danza. Quienes saben tocar música fueron a sus hogares por sus instrumentos y
luego siguen las notas espectrales hasta aprendérselas.
Ese
día gris, de acostumbrada tristeza, termina con el crepúsculo bajo un ambiente
de gran animación. El chamán y los habitantes del pueblo se retiran del panteón
cuando, con la oscuridad, Xantolo y su séquito de danzantes se desvanecieron,
no sin antes haberles dicho, en lengua téenek:
“Quiero
agradecerles a todos ustedes por haberme escuchado y aceptado terminar felices
este día. Mi agradecimiento es también el de sus difuntos, quienes han
disfrutado de la música y las danzas. Espero que este día jamás sea olvidado
por ustedes y por las generaciones por venir porque celebrar a la muerte es un
acto de júbilo”.
Con
el crepúsculo de aquella tarde diferente, Xantolo desapareció y los habitantes
de esa aldea no sintieron temor. Acordaron ir a las aldeas vecinas para contar
lo ocurrido y explicar las enseñanzas de Xantolo. Así lo hicieron, acompañados
de los músicos que enseñaron a sus vecinos las melodías de esas danzas. Del
mismo modo, los artesanos enseñaron a sus colegas cómo elaborar máscaras
especiales que sirvieran para esas fiestas, máscaras que representaran
ancianos.
De
tal manera se corrió la voz por todos los pueblos de la Huasteca, y a partir de
entonces la gente ha seguido la tradición de organizar danzas con huehues
enmascarados que bailan en las calles y en los panteones con singular alegría
para divertirse, en vez de sumergirse en un momento de llanto y amargura.
Sobre la vida y obra de Edward James, singular y excéntrico artista inglés que vivió muchos años en Xilitla, S.L.P., se han publicado varios ensayos y biografías, pero suelen ser textos que se enfocan en el arte o que abordan la temática «desde afuera», es decir, al llevarse sus impresiones, el autor decide plasmarlas en papel. Edward James, Xilitla y el Surrealismo, en cambio, desde su origen tuvo un propósito diferente, sin que fuera desde la pluma panegírica o detractora de un autor más: la intención fue dar voz a la gente, a los xilitlenses, a quienes poco se les ha tomado en cuenta en la labor de investigación y literaria sobre algo que cambió la historia de su propia tierra. En otras palabras, mi objetivo fue tratar de conocer a Edward James «desde adentro». Así, el pequeño libro, o plaquette, se convirtió en un espacio en el cual algunas voces de los lugareños expresaron sus recuerdos acerca del hombre, del artista, del vecino –si acaso llegaron a conocerlo–, o expusieron sus opiniones en torno a lo que la imagen de Edward James representa para Xilitla en la actualidad. . La idea de hacer Edward James, Xilitla y el Surrealismo surgió a principios de 2007, durante la primera reunión del comité encargado de los festejos de 100 años del nacimiento del surrealista inglés y del Primer Congreso Internacional de Surrealismo. Los integrantes de dicho comité eran Fernando Betancourt, Eduardo Vázquez, Déborah Chenillo Alazraki y Fernando Carrillo, todos ellos de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. Como estaban apenas en la primera lluvia de ideas, yo les propuse hacer un libro diferente, expuse mi idea y a todos les gustó. Fui a Xilitla un par de veces, exclusivamente a platicar con la gente. Llevaba un cuestionario con tres preguntas básicas: La primera, ¿Conoció a Edward James? / ¿Cómo era?, a las personas mayores; si respondían negativamente o a los jóvenes, entonces les pregunté: ¿Quién fue Edward James? La segunda pregunta, en este caso general, fue, ¿Qué legado dejó Edward James a Xilitla? Y la tercera, ¿Qué es el surrealismo? Como resultado de este ejercicio las respuestas o comentarios parecen ser contradictorios; lo cual nos ofrece una amplia gama de interpretaciones, según la visión de cada persona y, a final de cuentas, nos hace salir del realismo para, en todo caso, entrar al campo del surrealismo de la memoria colectiva.
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Antes de publicarse, el libro resultó ser todo un reto editorial, pues teníamos la intención de hacer algo distinto y ad hoc para las circunstancias. Las diseñadoras, Susana Cerda y Erika Cardona, hicieron un trabajo excelente, siempre supervisadas por la experiencia de Beatriz Gaytán. María de Lara se hizo cargo de revisar mis borradores, lo cual en un caso así es una tarea complicada, pues «corregir» lenguaje coloquial y tradición oral puede devenir en discusiones entre la correctora y el autor o compliador. Por su parte, Déborah Chenillo, como editora, se afanó en evitar las erratas, los callejones, las viudas y todos los aspectos propios de su oficio, además de darle el visto bueno final, con su excelente ojo crítico. Y así, nos divertimos mucho y produjimos conjuntamente una plaquette cuasi artesanal, cuyo primer tiraje se agotó durante el Primer Congreso Internacional del Surrealismo, que se llevó a cabo en Xilitla, en noviembre de 2007. . A continuación, ofrezco algunas páginas escaneadas como imagen de Edward James, Xilitla y el Surrealismo para que vean cómo quedó ese libro entre artesanal y «surrealista».
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Por último agrego lo que en su momento consideramos como la "joyita", al grado de haber merecido una página individual en el libro por acertadísima decisión de la editora. Déborah estaba leyendo los borradores, con la seriedad que le caracteriza durante su papel de editora, y hacía comentarios u observaciones diversos. Cuando leyó la pregunta y la respuesta (ésta respondida como pregunta) perdió la compostura, se revolcó de risa y la celebró como si fuera la quintaesencia del surrealismo….
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Puedes ver otras páginas escaneadas de este libro en este enlace: