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martes, 26 de marzo de 2013

Mitos y leyendas de potosinas: “La casa de las cien puertas”



FENÓMENOS FRENTE A LA “CASA DE LAS 100 PUERTAS”
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Anécdota de Villa de Ramos, S.L.P.
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Lo que en Villa de Ramos, S.L.P. conocemos como “La tronera” es la enorme chimenea de la mina, donde están los grandes estanques que servían para lavar el mineral que se beneficiaba en la hacienda “La Cocinera”. Ésta era muy grande y abarcaba los predios de la mina y todos los paredones de los alrededores, pues era una casa tan grande que, a decir de algunas personas, se le conocía como “La casa de las 100 puertas”.
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Les voy a contar una anécdota de cuando yo era niña: en Villa de Ramos había un internado para los niños de los ranchos que iban a la primaria y la secundaria en el pueblo. Muchos niños, incluyendo a mi hermana y a mí, así como algunos primos, ingresamos a la misma escuela –ésta se encuentra enfrente de unos paredones de lo que era la hacienda, o sea de la supuesta “casa de las 100 puertas”, y sólo nos dividía la calle; lo que era el frente de los dormitorios y el comedor daban al frente de esas paredes–. Cuando oscurecía, esa calle siempre se veía muy sola, pues la gente no pasaba a esas horas y mucho menos de noche, ya que les daba miedo. Todos preferían dar vuelta por la otra calle.
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Después de un tiempo empezaron a suceder cosas extrañas, como ruidos en la parte de atrás de los dormitorios donde se encontraba una especie de bodega. También se escuchaban gemidos y llantos de bebé. Los muchachos más grandes inspeccionaban el lugar con linternas, pero nunca vieron nada. Eran dos dormitorios: el de niños y el de niñas; en cada uno se quedaba una trabajadora social y una cocinera.
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Días más tarde comenzaron a caer lo que nosotros creíamos que eran piedras; creíamos eso porque sonaba como si las piedras cayeran al techo –los techos están o estaban en pico, es decir, tenían caída como de dos aguas–. Cuando escuchábamos las piedras pegar en el techo, luego las oíamos rodar hasta caer al suelo. Esto siempre ocurría cerca de la media noche o un poco más tarde. Ahora bien, y por consecuencia, si en verdad hubieran caído aquellas supuestas piedras al suelo, pues tendrían que estar allí, en el suelo, afuera de los dormitorios, pero lo cierto es que nunca las encontramos, y eso que todas las mañanas íbamos a investigar.
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El colmo de todo fue una noche cuando a las niñas más pequeñas les entró verdadero terror; lloraban y lloraban. Nosotras, que éramos las grandes, queríamos hacernos las fuertes cuidando y calmando a las pequeñas. El asunto llegó a tal magnitud que las maestras (como nosotros las llamábamos a las trabajadoras sociales), hicieron espacio para que llevaran a los pequeños al dormitorio con nosotros, pues el pánico ya se había apoderado de todos. Imagínense cómo estábamos, unos tratando de calmar a tantos niños y éstos asustadísimos,  que las maestras decidieron mandar a los que éramos de Ramos a nuestras casas, en plena madrugada, para ellas quedarse con los niños de las rancherías. Una de las cocineras no aguantó y mejor se fue y las maestras también querían irse, pero no podían porque eran de San Luis. Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.
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Esa noche a todos nos regañaron por haber abandonado el lugar y los mayores nunca creyeron lo que pasó. Ni mi hermana, ni mis primos ni yo jamás volvimos a ese lugar. Una maestra también se fue y las cocineras nada más terminando sus labores se iban; era raro que se quedaran a dormir desde aquella noche.
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Esa noche fue la última que pasamos nosotros allí y todo lo que ocurrió lo achacamos la mina, pues de allá provenían todos los acontecimientos raros que sucedían en Ramos, incluyendo las piedras que nunca se encontraron.
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Esta anécdota con tintes de leyenda la escribió Fabiola Rodríguez y la envió al blog de Xpresandote. Ella es originaria de Villa de Ramos, S.L.P. y vive en California, Estados Unidos.
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Puedes leer otra leyenda de una casa similar en Tacoaleche, Zac, siguiendo este enlace:

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mitos y leyendas de animales: El vampiro



EL VAMPIRO

Norias del Conde, municipio de Guadalcázar, SLP

Andaba una vez regando yo la alfalfa ahí en el canal, como a las once o doce de la noche, cuando de repente veo un animalón que venía volando hacia mí, así bajito, bajito, derechito hacia mí. Era un animalón grande, prieto, pero no era una lechuza ni tampoco era tecolote porque no tecuruquiaba. Era... pos no supe qué era –recuerda el Sr. Misóforo Campos Delgado.
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Entonces como me di cuenta que venía volando hacia mí, yo le grité: “¡Aja, aja!” y el animalón seguía su vuelo. Entonces agarré yo mi cuchilla y que le empiezo a hacer así en el aire, como para espantarlo y le seguía gritando: “¡Aja, aja!” y luego el animalón se detuvo y se paró cerquita de mí, ahí sobre un árbol. Y ya lo vide grandote, prieto, pero más grande que cualquier pájaro que yo había visto antes. Era como un zopilote, pero más grande y con ojos grandes; y lo curioso es que no podía ser zopilote porque esos no vuelan en la noche. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
Entonces yo le seguía gritando: “¡Aja, hijo de la..., aja!” y no se movía. Quién sabe qué sería, pero, como le digo, era un animalón grande porque las ramas del árbol donde estaba parado hasta crujían. Por eso yo creo que era un animal muy pesado y pues ahí se estuvo un buen rato y yo no le quitaba la vista. Yo lo que quería era que se fuera, ¿verdad? Entonces me le acerqué un poquito más, me envalentoné, y con la cuchilla le pegué al tronco del árbol y el animalón ése echó un chillido; un chillido pero raro de veras que yo nunca había escuchado y se fue para el mismo rumbo. Se fue volando y el aleteo era pesado, se oía pesado.
Y bueno, pues ya se fue y yo terminé de regar la alfalfa y de rato, ya más noche, llegué a la casa y le platiqué a un hermano y me dijo que él también había visto lo mismo. Dijo que parece que a ese animal le dicen «vampiro». Entonces pues será, porque yo nunca había visto un animalón así.
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Nota 1: muchos relatos y leyendas de este tipo serán publicados próximamente en mi nuevo libro titulado Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas.
Nota 2: la imagen del murciélago fue tomada de este sitiode Internet. Que el enlace sirva de crédito a su autor.
Nota 3: la fotografía de Norias del Conde es de Homero Adame.

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Uno de los muertos vivientes, sin alma, del folclor universal es el vampiro. Los mitos y leyendas sobre estos seres se distribuyen por todo el orbe (China, India, Indonesia, etc.), pero es un motivo típico del folclor de los países eslavos (Bulgaria, Eslovenia, Polonia, Rusia, etc.), aunque en Rumania, Hungría, Albania y Grecia es más común. En el continente americano, y en particular en México, este símbolo alcanzó gran difusión gracias a Drácula, el personaje de la literatura y el cine.
       En términos zoológicos, por otra parte, el vampiro es un mamífero quiróptero que tiene su hábitat en América tropical y cuya alimentación consiste básicamente en frutos e insectos, aunque también se han reportado casos aislados que chupan la sangre de animales y humanos.
       En el relato que acabamos de leer se habla de un vampiro de gran tamaño, casi humano, el cual ha sido visto en ciertas regiones del Altiplano potosino.

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Norias del Conde es una comunidad ubicada en la parte desértica del municipio de Guadalcázar, SLP. Allí existen las ruinas de una estancia que perteneció a la hacienda de Peñasco. De hecho, el nombre del lugar lo toma por el conde de Nuestra Señora de Guadalupe del Peñasco, José María Sánchez Mora.


Para leer más del folklore de la etno-fauna, en el libro Creencias, mitos y leyendas de animales de Homero Adame encuentras algo de lo que buscas. El libro está disponible en librerías y también en Amazon para formato impreso:

https://www.amazon.com.mx/Creencias-mitos-y-leyendas-animales/dp/6072953107/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=

y para formato electrónico Kindle:

https://www.amazon.com.mx/dp/B0CV8G3HDW



domingo, 10 de febrero de 2013

Leyendas indígenas mexicanas: El cerro del Papantón



EL CERRO DEL PAPANTÓN
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(Leyenda de la ex-hacienda de San Tiburcio, municipio de Mazapil, Zac.)
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Acá del lado de Zacatecas está el pueblito de San Tiburcio donde hubo una hacienda muy rica. Una de mis abuelas era de allá –explica el Sr. Rosendo Lara–. El lugar está así como en un valle plano, plano, y hay un cerrito que le dicen que Papatón. Mi abuela contaba que ahí asistían los indios de más antes (huachichiles) que no eran como los huicholes de ahora que van a [Real de] Catorce porque se han encontrado muchos chucitos y hasta metates que hacían ellos. Pero también platicaba que vivían en cuevas que ellos hicieron adentro del cerro. Ahí vivían muy a gusto hasta que llegaron los gachupines y les quitaron sus tierras, los quisieron esclavizar para que trabajaran en la hacienda, pero como no se dejaron, entonces los mataron o se fueron a otro lado. Según esto, de repente todavía ven así como bolitas de fuego abajo del cerro y parece que dicen que son las ánimas de los indios que ahí quedaron muertos.
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Ah, y también contaba mi abuela que parece que los hacendados hicieron un túnel desde la hacienda hasta el Papantón, pero que está cerrado porque las ánimas de los indios no dejan que nadie se meta. Bueno, son pláticas de la gente de antes; uno como que no cree en esas cosas, ¿verdad? (Leyenda en un blog de Homero Adame.)
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Y bueno, arriba del cerro está una capillita de la Santa Cruz, pero ésa la levantaron los hacendados porque como es el único cerro en todo ese rumbo —ya ve que todo está plano—, los hacendados querían poner una santa cruz en alto para cuidarse de las brujas, que eran cosas de los indios. Y bueno, parece que antes la capillita era diferente, pero luego la arreglaron.
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Yo nunca he ido, pero sé que el 3 de mayo hacen una fiesta en el Papantón, o sea que organizan las danzas de la Santa Cruz. Mi abuela contaba que la tradición de subir al cerro y bailar venía de muy atrás, cuando los indios hacían los rituales para sus dioses o sus creencias. Y no sé si sea cierto, pero según esto, en aquellos tiempos el cerro estaba pedregoso y picudo y parece que de tanto que bailaban los indios terminaron aplanándolo.
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Notas:
1. Esta leyenda fue incluida en Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyendas. Tomo I. Grandes latifundios virreinales. El libro se puede conseguir a través de la tienda de Amazon:

Haciendas del Altiplano. Tomo I



2. Para leer más sobre los huachichiles, 
Mitos y leyendas de huachichiles, en su segunda edición de 2024, tiene relatos inéditos que Homero Adame recopiló tiempo después de la primera edición (en 2008) durante sus recorridos por las semi desérticas llanuras altiplanenses; relatos que aluden directamente a los huachichiles, grupo del cual poco se sabe, pero Homero Adame nos da una muestra a través de la óptica legendaria, área que le es muy conocida. Debemos recordar que la historia conocida es la versión de los vencedores, sin embargo, gracias a estos relatos y leyendas recopiladas por el también  “arqueólogo de la tradición oral” podemos dar un atisbo de la vida y las creencias de los vencidos.Y para dar un cierre inesperado a este trabajo, el también escritor y novelista incluyó un relato adicional, obra de su pluma, de su creatividad literaria y de su fascinación por los huachichiles; relato que nos permite imaginar cómo eran estos habitantes del ayer, cómo vivían, cuáles eran sus idiosincrasias y muchas cosas más. 

El libro está disponible en Amazon, siguendo estos enlaces:

Huachichiles formato digital (Kindle)     y     Huachichiles para impreso



sábado, 19 de enero de 2013

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: Una mujer convertida en piedra

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La mujer convertida en piedra
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Leyenda de Charcas, SLP
 
¿Ya le platicaron de la mujer que se quedó convertida en piedra? [...] Bueno, esa mujer convertida en piedra está en Charcas a un lado de la carretera. Todo mundo ha visto esa piedra y sabe dónde mero está. Es una piedra grande que tiene la forma de mujer.

La leyenda cuenta que era una mujer muy pecadora que escuchó la voz de Dios cuando ella iba caminando por ahí al lado del camino, y le dijo que ya dejara de pecar y que se portara bien. La mujer en vez de escuchar y aceptar las palabras de Dios se puso a decirle no sé cuantas cosas feas y como castigo quedó convertida en piedra.

Ahora que vaya para Charcas pregúntele a la gente de allá de esa mujer convertida en piedra y verá que sí fue cierto. A lo mejor le dicen dónde mero está esa piedra y puede ir a verla y tomarle retratos con su cámara.
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Esta leyenda, narrada por el Sr. Luis Maldonado, del pueblo de Solís en el municipio de Villa de Guadalupe, fue publicada en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del Programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.
Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005.
Recopilación: Homero Adame.
Edición: Mtra. Déborah Chenillo Alazraki.
Diseño: Beatriz Gaytán Reyes.

En Amazon puedes encontrar otros libros de Homero Adame con interés en San Luis Potosí.

Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyendas.: Tomo I. Grandes latifundios virreinales.