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domingo, 8 de marzo de 2015

Leyendas indígenas: El cerro de la Pez



EL CERRO DE LA PEZ
Leyenda de la Huasteca potosina

Para tratar de entender el porqué del nombre del cerro de La Pez, así como el origen del petróleo en esa zona, tal vez algunas leyendas regionales nos ofrezcan una explicación.

Una versión nos dice que en la época prehispánica los habitantes de la región, los téenek, venían a venerar al cerro porque, según sus creencias, decían que el pez más grande que jamás haya existido en la laguna se convirtió en cerro, pero que era una pescada. Aquellos huastecos, que eran pescadores, subían al cerro a dejarle ofrendas a esa diosa para con ello asegurar una buena pesca. Entre las ofrendas siempre llevaban un pescado fresco de cada captura y lo dejaban como alimento para el gran espíritu del cerro.

Otra leyenda explica que el nombre de la laguna, “Marla”, se debe a que el cerro no era un pez, sino más bien una sirena, una mujer pez que así se llamaba y se convirtió en cerro y desde entonces es la cuidandera de la laguna.

Siglos después, cuando descubrieron el petróleo, la gente creyó que el color oscuro en el suelo, el chapopote, era por la sangre que brotaba de la sirena. Muchos aseguraron que cuando perforaron el pozo número 1 le habían cortado una vena a Marla y por causa de su dolor y mucho enojo su sangre salía de color negro.

Notas:
1. Una versión similar de esta leyenda se publicó en el libro  Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí. 2007.
2. Puedes leer un artículo sobre el primer pozo petrolero que se explotó en México, precisamente junto al cerro de La Pez, en este enlace: Primera extracción petrolera mexicana.

viernes, 6 de marzo de 2015

Mitos y leyendas de Colima: El tesoro de ocho sacos en el volcán



EL TESORO DE OCHO SACOS EN EL VOLCÁN
Leyenda colimense escuchada en Comala, Colima


Acá del lado del volcán hay muchos lugares misteriosos, pero nosotros sabemos de un tesoro muy grande que está compuesto de ocho sacos –anticipa el Sr. Nicasio, que vende fruta en la plaza de Comalá–. El tesoro está dividido en dos partes: una está en un lugar que le dicen «Salsipuedes» y la otra, en El Zapotal. Cuatro sacos están adentro de una cueva y otros cuatro están adentro de un árbol hueco. Dicen que ese árbol hueco habla y los que dicen que lo han oído hablar dicen que la voz misteriosa les dice que ahí está el tesoro. En la cueva también hay una voz que dice lo mismo, que ahí está el tesoro. Es la misma voz para los dos tesoros porque, como le digo, esos dos tesoros es uno solo pero dividido en dos partes. 

[...] Ah, bueno, lo del árbol hueco también es un misterio porque dicen que no es así un árbol que se le vea el agujero, sino que está hueco por dentro y completo por fuera. O sea que por eso no es fácil dar con él; no es fácil saber cuál árbol es.

Entonces lo que cuentan es que la voz de ese espíritu pide que vayan cuatro personas para que entre los cuatro puedan sacar el tesoro. A una señora de por aquí, la voz –el espíritu ése– la aceptó y le pidió que llevara a tres personas más. La señora ha llevado a muchísima gente y por quién sabe cuántos motivos el espíritu no los acepta, los rechaza. Con decirle que hasta muchos se desmayan con la pura impresión de escuchar una voz fantasmal, de ultratumba. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Pero eso no es todo: según esto, hay que pasar varias pruebas antes de poder sacar el tesoro. Una de ellas es un toro fantasma que se aparece y entre las cuatro personas tienen que dominarlo. Esa prueba está fácil porque luego viene una serpiente que es horrible y aunque sea fantasma comoquiera mata de susto porque, yo me imagino, no puede picar ni tiene veneno.

La señora consiguió a otra persona que llevó allá y después de pasar otras pruebas el espíritu la aceptó, o sea que ya van dos y faltan otras dos personas para que entre las cuatro puedan sacar ese dinero, esos ocho sacos en el volcán. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
La verdad no sabemos desde cuándo está ese tesoro ahí, quién sabe si sea de la época de la guerra cristera o de más antes, porque por este rumbo se sabe que hubo muchos ladrones y asaltaban y escondían el dinero en cuevas o lo enterraban en lugares donde sólo ellos supieron y nadie los ha podido encontrar. De seguro a esos ladrones los mataron tarde o temprano y ellos se llevaron a la tumba el secreto del lugar en donde habían escondido el dinero. Pero lo que sí sabemos es que en este caso son ocho sacos repletos de monedas de puro oro.

Nota: la foto del volcán visto desde la laguna Carrizalillos es de Emmanuel Oseguera y fue tomada de México desconocido. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a ambos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

El Señor de El Saucito - leyendas de San Luis Potosí



ALGUNOS MILAGROS DEL SEÑOR DE EL SAUCITO
Leyenda potosina



Uno de los primeros milagros que hizo Señor del Saucito fue a un campesino que de tanta hambre que traía se comió unos huevos de víbora y se intoxicó, estaba al borde de la muerte y comoquiera tuvo un momento de lucidez para encomendarse a nuestro Cristo -cuenta Armando Rivera Zapata, de Fomento Deportivo-. Dicen que bajó una luz del cielo y así le hizo milagro de salvarlo de esa muerte que ya estaba segura. Por eso a los pies del imagen del Señor del Saucito hay unos huevos en forma de marfil (!), vamos, que el mismo campesino donó como agradecimiento y manda por haberlo salvado.

También se habla de muchos milagros que ha hecho este Cristo milagroso a gente que por alguna causa se ha tragado algún balín, alguna bala y se encomendaron y gracias a su fe que Cristo les cumplió y se salvaron.

Hay también algunos milagros chuscos que luego cuenta la gente como, por decir, “que me escape de la casa y me encomendé luego para que no me regañaran mis papás”, “que me encomendé al Señor del Saucito para que la policía no me pescara”, “que gracias al Señor del Saucito mi esposa no me cachó en la movida”, y así muchas que cuenta la gente. (Blog de Homero Adame.)

Aquí en El Saucito hay muchas historias, por ejemplo, el primer libro de texto gratuito se entregó en la escuela Cuauhtémoc y es una página histórica que nos dice de los rasgos indígenas que teníamos los niños en aquel entonces; somos descendientes de los huachichiles por qué en este sector donde ahora está el parque Tangamanga II fue tierra habitada por los huachichiles originales que luego se mezclaron con el mestizaje. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

La primera ermita que hubo en este lugar, ermita que hicieron los sacerdotes para cristianizar a los huachichiles, es esa pequeña que está enfrente de la iglesia de nuestro Señor del Saucito; es una capillita dedicada a nuestra Virgen de Guadalupe y los antiguos huachichiles le cobraron buena fe a ella porque hubo muchas apariciones y también milagros que les hizo.


Según las crónicas, en 1820 fue tallada una cruz con la imagen de Nuestro Señor de Burgos, y terminada de labrar en 1825, cuando se le hicieron ciertas modificaciones estéticas por mano del escultor José María Aguado.
      


Cabe añadir que El Saucito, sin ser uno de los siete barrios tradicionales de San Luis Potosí, tiene la fiesta patronal más animada de la ciudad. Según las crónicas, la primera fiesta dedicada al Señor del Saucito se llevó a cabo el 26 de noviembre de 1826 (día de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo), aunque posteriormente se cambió al 1er viernes de marzo (día de la Corona de Espinas), fecha ahora oficial para esta fiesta que coincide con otras fiestas regionales dedicadas a imágenes de Cristo: la de Pinos, Zacatecas, y la de Salinas, SLP.




Otra leyenda sobre el origen y los milagros del Señor de El Saucito fue publicada recientemente en el libro Misterios, leyendas de San Luis Potosí.

jueves, 26 de febrero de 2015

Leyendas de Zacatecas: el hombre que aparece en El Grasero



De huachichiles e irritilas
Leyenda de Concepción del Oro, Zacatecas

Años atrás se hablaba de un hombre que vestía de una manera muy rara. Se le veía con un arco y una flecha y más que caminar parecía que flotaba. Siempre se dirigía al mismo lugar, donde hoy se localiza El Grasero. Se hincaba y ponía su frente en el suelo. Permanecía un tiempo allí y luego se desaparecía, se esfumaba. (Después se llegó a la conclusión de que se trataba de un indígena irritila, de los muchos que cohabitaron con los huachichiles en las sierras de lo que hoy es Concepción del Oro.) Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame. 

Una hermosa y joven mujer de la tribu de los huachichiles acostumbraba andar por el que hoy conocemos como el cerrito de la Cruz. Juntaba mezquites, que formaban parte de su alimentación. Un día, andando en esos menesteres, sintió que alguien la observaba. Al dirigir su mirada a lo alto del cerro, descubrió a un apuesto indígena de la tribu de los irritilas, hombre alto, muy bien formado, que andaba de cacería con su arco y su flecha. Tras saberse descubierto, el joven bajó despacio por la ladera del cerro, sin perder de vista a la joven. Cuando ya estaba a cierta distancia, preparó su flecha en el arco y la dirigió hacia la huachichil. Ella se quedó petrificada, anticipando lo peor. El joven disparó la flecha y en unos instantes cayó una serpiente que estaba enroscada en una rama del mezquite. La hermosa huachichil recuperó el aliento y corrió hacia el irritila; lo abrazó y le dio las gracias de todo corazón. Ése fue un momento en que por primera vez se vieron a los ojos y sintieron que el amor los había atrapado. A partir de aquel día se les veía por todas partes siempre corriendo entre las florecillas del campo. Sus risas eran acompañadas por el alegre trino de los pajarillos. Se sentaban bajo la sombra de los pirules. Y un lugar muy especial al que acudían era el arroyito de aguas cantarinas donde se les veía refrescar sus cuerpos siempre felices, siempre riendo y enamorados. Pero siempre algo sucede que nubla la dicha de una pareja que vive tan feliz…

Resulta que un huachichil se moría de celos porque pretendía a la joven y ella no le correspondía. A todo momento la seguía. A la distancia la observaba con el irritila, conforme urdía la forma de acabar con ese amor que no pudo ser para él. Un día siguió a la joven y precisamente en ese lugar que hoy se conoce como El Grasero y que era el lugar donde se reunían los enamorados, le dio muerte con su puñal, clavándolo en su pecho. En ese preciso momento llegaba el joven irritila a reunirse con su amada. Al darse cuenta, el huachichil preparó su arco y su flecha y le disparó a su rival de amores, hiriéndolo de muerte. El joven irritila se arrastró hasta donde estaba su amada, puso su cabeza sobre el pecho de ella y allí murió. El joven huachichil se fue furioso porque ni en la muerte logró separarlos. Leyenda tomada del blog de Homero Adame. 

Cuentan que ese día el cielo se oscureció y empezó a llover; que era una lluvia triste como si el cielo llorara por la muerte de esos enamorados. Los pájaros dejaron de emitir sus cantos y las flores del campo doblaron sus tallos en señal de duelo.

Se dice que el hombre que aparece y desaparece en El Grasero es el joven irritila que de vez en cuando va al lugar donde le quitaron la vida a él y a su amada.
 
Nota: esta leyenda fue compartida por Lucila Torres Ortiz y las fotos son de Carlos Ponce. Gracias a ambos.