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domingo, 16 de agosto de 2015

¿Dónde se ubica el centro geográfico de México?

¿EL CENTRO GEOGRÁFICO DE MÉXICO?
Cañitas de Felipe Pescador, Zacatecas

Texto y fotografías: Homero Adame

Siempre se ha especulado acerca de cuál es el verdadero centro geográfico de México. Por muchos años se creyó que se localizaba en el Cerro del Cubilete en Guanajuato, y después se le ubicó en la ciudad de Aguascalientes. Justo ahí, en un pilar en el centro de la plaza, incluso existió una placa alusiva a ese hecho, pero ésta fue retirada, tal vez a sabiendas de que había un error de cálculo. 

Entonces la pregunta sigue abierta: ¿Cuál es el centro geográfico de México? (Veamos qué dice Homero Adame.)

Hace poco tiempo, un amigo de la creciente ciudad de Aguascalientes me platicó que unos conocidos de él habían hecho un mapa tipo maqueta, a escala, de la república y al colocarlo sobre un alfiler descubrieron que se mantenía balanceado en un punto del estado de Zacatecas; en un pueblo de nombre Cañitas de Felipe Pescador. La deducción a la cual llegaron fue que precisamente ahí debe de encontrarse el famoso y tan buscado centro geográfico.
 
Cierto o no, Cañitas es un pequeño pueblo ubicado fuera de las rutas comerciales de la entidad, a 30 km de la carretera Fresnillo-Río Grande. Sin embargo, no por ello Cañitas es una población insignificante. Por el contrario, Cañitas de Felipe Pescador tiene una relativa importancia a nivel nacional por tratarse de un centro ferrocarrilero excelentemente situado; un crucero donde pasan los trenes México-Cd. Juárez y México-Saltillo, es decir, la ruta primordial de sur a norte y viceversa.
 
La ahora cabecera municipal del mismo nombre era, en sus orígenes, estancia de viajeros que se desplazaban a las lejanas tierras del norte, muchas décadas después, en el siglo XVIII, se convirtió en la hacienda La Salada, luego fue congregación del municipio de Fresnillo. Finalmente adquirió la categoría de municipio libre el 19 de noviembre de 1958. (Artículo de Homero Adame.)

Su singular nombre se debe a que en sus orígenes estaba en los límites de las haciendas La Salada y Guadalupe las Corrientes y sus tierras no eran productivas, salvo por unas plantas similares al carrizo que los pobladores llamaban "cañitas". El Felipe Pescador se añadió al nombre oficial en honor al hombre que durante su gestión como superintendente de los Ferrocarriles Nacionales de México ordenó construir el ramal a Durango y decidió que justamente en ese punto se instalaran talleres para dar servicio a los trenes.
 
Así, en la actualidad vemos en este interesante pueblo ferrocarrilero los enormes talleres de reparación y mantenimiento de locomotoras y furgones, los cuales se quedan tres o cuatro días, o el tiempo necesario, antes de volver a recorrer las extensas -y vetustas- vías férreas para las cuales están destinados.
 
El tráfico ahí es permanente. Los trenes cambian de máquinas. Toda la vida y actividad económica de sus habitantes gira en torno al ferrocarril. Es importante centro y entronque de la línea México-Cd. Juárez, al igual que de la México-Torreón. (Texto de Homero Adame.)

En Cañitas los servicios al público son limitados; sólo existe un hotel casi exclusivo para el personal de FCNM. Hay expendios de gasolina, tiendas y pequeños restaurantes. El visitante ocasional puede hallar todos los servicios en Río Grande, al norte, o en Fresnillo, al sur. Y como puntos de interés encontramos la iglesia dedicada a la Virgen de San Juan de los Lagos y su pintoresca plaza que en sí es el centro social de los no muy cuantiosos vecinos. (Artículo de Homero Adame.)

Si desea conocer un fundamental centro ferrocarrilero, con incesante movimiento como en los buenos tiempos, y además sentirse en el probable centro geográfico de México, una vuelta por Cañitas de Felipe Pescador, en Zacatecas, es la solución.

jueves, 30 de julio de 2015

Leyendas duranguenses: La marrana que arrastra una cadena



LA MARRANA QUE ARRASTRA UNA CADENA

Leyenda de Amado Nervo, municipio de Nombre de Dios, Durango

Antes aquí fue una hacienda que se llamaba «Juan Guerra». Por mucho tiempo estuvo de a tiro decaída, pero luego el gobierno le dio una manita de gato a la iglesia, pero al casco no y por eso la hacienda sigue toda ruinosa. Aquí veneramos a San Antonio de Padua, pero también al padre Mateo Correa que fue un mártir y ya es santo. Parece que este templo de San Antonio es el templo más antiguo de todo el estado, explica doña Lupita Gutiérrez, quien hace la limpieza y cuida la pequeña iglesia. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

Las gentes de aquí dicen que cuando hay sequía llega la Llorona. También dicen que por la carretera de Villa Unión sale un perro prieto, pero otros también dicen que sale una marrana bien grandota arrastrando una cadena. Eso es en la carretera y dicen que espantan en la noche como a eso de las doce de la noche, por eso la gente mejor no anda por ahí a esas horas y ya mejor están recogidos en sus casas. Son los vagos que andan en la noche a los que han asustado y también a las personas que por alguna razón tienen que pasar por ahí ya tan tarde.

Según una vez platicaron, hace muchos años se aparecía esa misma marrana bien grandota arrastrando una cadena aquí también en uno de los patios de la hacienda. Entonces parece que unos señores escarbaron un pozo y sacaron una relación; desde entonces ya nunca se volvió a saber de esa marrana, o sea que ya no la volvieron a ver aquí. Pero como ahora sale de aquel lado de la carretera, entonces a lo mejor allá hay otra relación.

Ustedes han de saber que antes a los hacendados, como eran dueños de todas estas tierras, les daba por esconder sus riquezas cuando había problemas como de la Revolución o de otras revueltas, y ellos sabían que si escondían el dinero adentro de su propiedad, o sea, adentro de la casa, lo bandidos podían dar con ese dinero, y es por eso que también ordenaban que enterraran los cofres con monedas y joyas en otros rumbos, por ejemplo debajo de un mezquite o algo así. Por ahí hay gente que dice que a lo mejor donde la marrana se aparece es porque allá también debe de haber alguna relación. (Leyenda publicada por Homero Adame.)


En este relato, con varios motivos de mitología, la narradora primero menciona, de manera superficial, a un perro negro fantasmagórico y a la Llorona, dando una explicación poco común para la saga de tan funesto espectro femenino: aparece cuando hay sequía. Enseguida, habla de una marrana arrastrando una cadena –en la saga de leyendas sobre tesoros la marrana y el ruido de cadenas son elementos convencionales y por lo general van juntos. También hace mención de que había un tesoro en algún patio de la ex hacienda y desde que lo sacaron, la marrana dejó de verse por ahí, justificándose así que la aparición misteriosa ya no se vea en ese preciso lugar. Sin embargo, añade que ahora la han visto en otro punto de la carretera y por tal razón se cree que allá exista un tesoro enterrado. (Explicación de Homero Adame.)
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Nota: otra versión editada de esta misma leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por la Editorial Trillas.

El libro está a la venta en todas las sucursales de Editorial Trillas en el país.

También se puede adquirir a través de la Tienda en línea.

Para más fácil acceso, éste es el enlace directo al libro: Mitos y leyendas de todo México.

miércoles, 8 de julio de 2015

Los gigantes de Namúrachi - leyenda de Chihuahua



UN TESORO DE LOS GIGANTES EN EL CAÑÓN NAMÚRACHI
Leyenda de San Francisco de Borja, Chihuahua

Por acá sabemos varias historias que cuenta la gente de los tesoros, porque parece que sí enterraron muchos tesoros por acá en la época de la Revolución, como uno que enterró un general. Es que parece que un general metió unos cajones de oro y joyas en algún lugar de la sierrita, pero se murió sin decir dónde; o sea, se llevó su secreto a la tumba. También dicen que abajo de la iglesia corre un túnel y que por ahí debe haber un tesoro, pero no es el más rico de todos; dicen que el más rico está en el cañón de Namúrachi. Ese cañón de Namúrachi tiene muchos misterios. ¿Ya lo conoce? […] Ah bueno, entonces sí sabe de lo que le voy a contar.
        Todas esas cuevas que usted ya vio fueron habitadero de los tarahumaras, pero cuentan que ellos no las hicieron, sino que son mucho más viejas, de la época de los gigantes, cuando los gigantes vivían en la Tierra antes que la gente como nosotros ahora. Sabemos que esos gigantes se acabaron cuando el diluvio porque Dios los castigó, pero dejaron muchas cosas, como las cuevas de Namúrachi que eran sus casas, y también tesoros muy raros. También cuentan que los gigantes se metieron a vivir adentro de la Tierra –habrá sido que se metieron por una cueva, no sé– y que un día van a volver porque esta tierra era de ellos; eso cuentan también.
        Luego los tarahumaras de más antes se fueron a vivir allá a las cuevas de Namúrachi, hasta que los españoles llegaron a perseguirlos y mejor se largaron más lejos, a la sierra donde pudieran vivir más a gusto –es que los españoles los agarraban para hacerlos esclavos, por eso se fueron lejos.
        Aquí sabemos de gente que ha buscado tesoros en el cañón y sí parece que muchos han encontrado cosas de valor, pero el tesoro más rico de todos dicen que no es de monedas de oro ni de joyas que escondieron por todas partes los bandidos de la Revolución; no, ese tesoro es de las riquezas de los gigantes, eso dicen.
        […] Pues está difícil saber en qué consiste ese tesoro, pero yo digo en mis piensos que han de ser cosas muy antiguas que a lo mejor ni valor tienen ahora; o sea, si yo me encuentro algo de eso y lo quiero vender, a lo mejor no me dan casi nada porque como no se puede calcular su valor, pues no sabemos cuánto pueda valer, ¿me entiende?

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Este relato es interesante porque el narrador, el Sr. Sergio Hernández, menciona a los gigantes que supuestamente habitaron en esa región poco poblada de Chihuahua, en el cañón de Namúrachi, un lugar enigmático con muchísimas cuevas. Los gigantes son motivo recurrente en la mitología universal, pero aquí lo más relevante es la alusión a sus tesoros, que tal vez ni siquiera tengan un valor monetario en la actualidad, aunque sí arqueológico, en caso de existir realmente. Asimismo, el narrador habla de otros tesoros que han sido encontrados en San Francisco de Borja o en los alrededores, pero al final reitera que el tesoro en verdad valioso es el que dejaron los míticos gigantes.

Algo sobre San Francisco de Borja

Cuando llegaron los españoles a esta región, en 1642, ahí habitaban los rarámuri (tarahumaras), quienes la conocían como Tehuácachi. La fundación fue en 1645 y se le dio el nombre de San Francisco de Borja. En el año de 1820 se convirtió en cabecera municipal. El cañón de Namúrachi se encuentra a pocos kilómetros de la población y es un paraje con muchas cuevas en las que habitaron a los antiguos rarámuri.




Otra versión de esta misma leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México. Editorial Trillas. México, D.F. 2010.

sábado, 13 de junio de 2015

Juegos tradicionales: Los acertijos



Juegos que ya poco vemos:

LOS ACERTIJOS



Texto y fotografías: Homero Adame



¿Cuándo fue la última vez que tuviste en tus manos uno de esos juegos artesanales de alambre que son difíciles de resolver? Muchos lectores jóvenes tal vez ni los han visto, pero los que pasan de los 35 años de edad seguramente los recuerdan. En Pátzcuaro nos tocó conocer a Rogelio Acuña, un hombre que desde hace más de una década se ha dedicado a elaborar y vender los “acertijos”, “rompecabezas” o “laberintos”, como él los llama. Según nos comenta, quedan pocas personas que viven de este tipo de juego artesanal y sólo sabe de otros colegas artesanos en Tlaquepaque, en el Distrito Federal, en Veracruz y en Chihuahua.



Don Rogelio tiene a la mano el material necesario para elaborar los acertijos: alambre y pinzas, además de algunos elementos decorativos que añade en ciertos juegos, como las canicas. En su pequeño puesto en el Portal Guerrero, frente a la plaza Vasco de Quiroga, vemos tres líneas de acertijos, en una están los que cuestan cinco pesos y son evidentemente los más fáciles tanto de fabricar como de resolver, en otra línea se encuentran los de 10 pesos y en la tercera los de 20, que son los más complicados. Entre los juegos podemos mencionar algunos de figura clásica como son los clavos, la pistolita, las tijeras, el corazón, la mano, el avión, la bicicleta, el cohete y la cruz. Mientras que en el grupo de los muy difíciles encontramos: el imposible, el súper difícil, la escalera china y la mano difícil. Aunque muchos de ellos son comunes entre los vendedores y entre quienes nos tocó jugarlos en nuestra infancia, don Rogelio ha ideado algunos diseños propios como la oruga (inspirada en “Katy la oruga”, un personaje infantil de la televisión), el resorte, el pie, la guitarra, las esposas; y en ciertos casos tomando como referencia algunos de los ya existentes como por ejemplo el imposible 2, que es una variante del imposible, o la escalera china con otras variantes para hacerla aún más complicada. También algunos diseños han surgido por petición de alguien en particular, como por ejemplo el clip, que fue idea de un cliente que al traer dos clips le pidió que le hiciera un juego con ellos.



Nos explica don Rogelio que hace muchos años llegaba a Pátzcuaro un vendedor de estos juegos acompañado por un ayudante, pero en una ocasión tal ayudante no vino y le pidió que si le ayudaba a elaborarlos y así fue cómo, sin proponérselo, se convirtió primeramente en aprendiz, en 1978, y luego en productor y vendedor, desde 1994.



Si para cualquiera de nosotros es difícil y tardado resolver un acertijo, ¿cuánto tiempo le toma elaborarlo a don Rogelio? Responde que eso depende de cada figura; sin embargo, al día fabrica un promedio de 40 piezas que, para su causa, logra venderlas. Nos comenta que hay determinados acertijos que son tan complejos que sólo alcanza a fabricar cinco de ellos en un día, pero suelen ser bajo pedido ya que el cliente ocasional difícilmente los compraría y no por el precio, que es bajo, sino porque resulta muy trabajoso resolverlo.        



Siendo Pátzcuaro una ciudad muy turística, muchos de estos acertijos son adquiridos por extranjeros más que nada por curiosidad, mientras que los mexicanos los compran porque les gusta tratar de resolverlos y matar el tiempo de una manera creativa.



Dice don Rogelio que no tiene algún aprendiz que siga con la tradición, pero hace algunos años un joven mexicano le pidió que le enseñara porque se iba ir a vivir España y quería venderlos allá. Esa persona ha vuelto a Pátzcuaro en varias ocasiones y le cuenta que sus juguetes han resultado todo un éxito en aquel país europeo. Añade también que llegan revendedores a surtirse para llevárselos a otras partes del estado o del país, donde les duplican o triplican el precio. Asimismo, comerciantes de otros países como Francia, China y Estados Unidos le hacen pedidos especiales y muy grandes con anticipación.



Como la época turística en Pátzcuaro no es continua todo el año, hay temporadas cuando don Rogelio se dedica a elaborar otro tipo de artesanías, además de que también le gusta hacer retrato a lápiz. Por el momento trae la inquietud de resucitar otro juguete tradicional que ya ha desaparecido de los mercados: la lanchita de latón que con el calor de una vela se mueve en el agua. Por más que ha buscado una de esas lanchitas en muchos lugares para tomarla como modelo, hasta ahora no la ha podido encontrar. A la mejor alguno de nuestros lectores que tenga una de ellas en su casa y algún día ande de paseo por Pátzcuaro pueda llevársela a don Rogelio para que saque el diseño y reviva esa tradición.