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miércoles, 8 de julio de 2015

Los gigantes de Namúrachi - leyenda de Chihuahua



UN TESORO DE LOS GIGANTES EN EL CAÑÓN NAMÚRACHI
Leyenda de San Francisco de Borja, Chihuahua

Por acá sabemos varias historias que cuenta la gente de los tesoros, porque parece que sí enterraron muchos tesoros por acá en la época de la Revolución, como uno que enterró un general. Es que parece que un general metió unos cajones de oro y joyas en algún lugar de la sierrita, pero se murió sin decir dónde; o sea, se llevó su secreto a la tumba. También dicen que abajo de la iglesia corre un túnel y que por ahí debe haber un tesoro, pero no es el más rico de todos; dicen que el más rico está en el cañón de Namúrachi. Ese cañón de Namúrachi tiene muchos misterios. ¿Ya lo conoce? […] Ah bueno, entonces sí sabe de lo que le voy a contar.
        Todas esas cuevas que usted ya vio fueron habitadero de los tarahumaras, pero cuentan que ellos no las hicieron, sino que son mucho más viejas, de la época de los gigantes, cuando los gigantes vivían en la Tierra antes que la gente como nosotros ahora. Sabemos que esos gigantes se acabaron cuando el diluvio porque Dios los castigó, pero dejaron muchas cosas, como las cuevas de Namúrachi que eran sus casas, y también tesoros muy raros. También cuentan que los gigantes se metieron a vivir adentro de la Tierra –habrá sido que se metieron por una cueva, no sé– y que un día van a volver porque esta tierra era de ellos; eso cuentan también.
        Luego los tarahumaras de más antes se fueron a vivir allá a las cuevas de Namúrachi, hasta que los españoles llegaron a perseguirlos y mejor se largaron más lejos, a la sierra donde pudieran vivir más a gusto –es que los españoles los agarraban para hacerlos esclavos, por eso se fueron lejos.
        Aquí sabemos de gente que ha buscado tesoros en el cañón y sí parece que muchos han encontrado cosas de valor, pero el tesoro más rico de todos dicen que no es de monedas de oro ni de joyas que escondieron por todas partes los bandidos de la Revolución; no, ese tesoro es de las riquezas de los gigantes, eso dicen.
        […] Pues está difícil saber en qué consiste ese tesoro, pero yo digo en mis piensos que han de ser cosas muy antiguas que a lo mejor ni valor tienen ahora; o sea, si yo me encuentro algo de eso y lo quiero vender, a lo mejor no me dan casi nada porque como no se puede calcular su valor, pues no sabemos cuánto pueda valer, ¿me entiende?

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Este relato es interesante porque el narrador, el Sr. Sergio Hernández, menciona a los gigantes que supuestamente habitaron en esa región poco poblada de Chihuahua, en el cañón de Namúrachi, un lugar enigmático con muchísimas cuevas. Los gigantes son motivo recurrente en la mitología universal, pero aquí lo más relevante es la alusión a sus tesoros, que tal vez ni siquiera tengan un valor monetario en la actualidad, aunque sí arqueológico, en caso de existir realmente. Asimismo, el narrador habla de otros tesoros que han sido encontrados en San Francisco de Borja o en los alrededores, pero al final reitera que el tesoro en verdad valioso es el que dejaron los míticos gigantes.

Algo sobre San Francisco de Borja

Cuando llegaron los españoles a esta región, en 1642, ahí habitaban los rarámuri (tarahumaras), quienes la conocían como Tehuácachi. La fundación fue en 1645 y se le dio el nombre de San Francisco de Borja. En el año de 1820 se convirtió en cabecera municipal. El cañón de Namúrachi se encuentra a pocos kilómetros de la población y es un paraje con muchas cuevas en las que habitaron a los antiguos rarámuri.




Otra versión de esta misma leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México. Editorial Trillas. México, D.F. 2010.

sábado, 13 de junio de 2015

Juegos tradicionales: Los acertijos



Juegos que ya poco vemos:

LOS ACERTIJOS



Texto y fotografías: Homero Adame



¿Cuándo fue la última vez que tuviste en tus manos uno de esos juegos artesanales de alambre que son difíciles de resolver? Muchos lectores jóvenes tal vez ni los han visto, pero los que pasan de los 35 años de edad seguramente los recuerdan. En Pátzcuaro nos tocó conocer a Rogelio Acuña, un hombre que desde hace más de una década se ha dedicado a elaborar y vender los “acertijos”, “rompecabezas” o “laberintos”, como él los llama. Según nos comenta, quedan pocas personas que viven de este tipo de juego artesanal y sólo sabe de otros colegas artesanos en Tlaquepaque, en el Distrito Federal, en Veracruz y en Chihuahua.



Don Rogelio tiene a la mano el material necesario para elaborar los acertijos: alambre y pinzas, además de algunos elementos decorativos que añade en ciertos juegos, como las canicas. En su pequeño puesto en el Portal Guerrero, frente a la plaza Vasco de Quiroga, vemos tres líneas de acertijos, en una están los que cuestan cinco pesos y son evidentemente los más fáciles tanto de fabricar como de resolver, en otra línea se encuentran los de 10 pesos y en la tercera los de 20, que son los más complicados. Entre los juegos podemos mencionar algunos de figura clásica como son los clavos, la pistolita, las tijeras, el corazón, la mano, el avión, la bicicleta, el cohete y la cruz. Mientras que en el grupo de los muy difíciles encontramos: el imposible, el súper difícil, la escalera china y la mano difícil. Aunque muchos de ellos son comunes entre los vendedores y entre quienes nos tocó jugarlos en nuestra infancia, don Rogelio ha ideado algunos diseños propios como la oruga (inspirada en “Katy la oruga”, un personaje infantil de la televisión), el resorte, el pie, la guitarra, las esposas; y en ciertos casos tomando como referencia algunos de los ya existentes como por ejemplo el imposible 2, que es una variante del imposible, o la escalera china con otras variantes para hacerla aún más complicada. También algunos diseños han surgido por petición de alguien en particular, como por ejemplo el clip, que fue idea de un cliente que al traer dos clips le pidió que le hiciera un juego con ellos.



Nos explica don Rogelio que hace muchos años llegaba a Pátzcuaro un vendedor de estos juegos acompañado por un ayudante, pero en una ocasión tal ayudante no vino y le pidió que si le ayudaba a elaborarlos y así fue cómo, sin proponérselo, se convirtió primeramente en aprendiz, en 1978, y luego en productor y vendedor, desde 1994.



Si para cualquiera de nosotros es difícil y tardado resolver un acertijo, ¿cuánto tiempo le toma elaborarlo a don Rogelio? Responde que eso depende de cada figura; sin embargo, al día fabrica un promedio de 40 piezas que, para su causa, logra venderlas. Nos comenta que hay determinados acertijos que son tan complejos que sólo alcanza a fabricar cinco de ellos en un día, pero suelen ser bajo pedido ya que el cliente ocasional difícilmente los compraría y no por el precio, que es bajo, sino porque resulta muy trabajoso resolverlo.        



Siendo Pátzcuaro una ciudad muy turística, muchos de estos acertijos son adquiridos por extranjeros más que nada por curiosidad, mientras que los mexicanos los compran porque les gusta tratar de resolverlos y matar el tiempo de una manera creativa.



Dice don Rogelio que no tiene algún aprendiz que siga con la tradición, pero hace algunos años un joven mexicano le pidió que le enseñara porque se iba ir a vivir España y quería venderlos allá. Esa persona ha vuelto a Pátzcuaro en varias ocasiones y le cuenta que sus juguetes han resultado todo un éxito en aquel país europeo. Añade también que llegan revendedores a surtirse para llevárselos a otras partes del estado o del país, donde les duplican o triplican el precio. Asimismo, comerciantes de otros países como Francia, China y Estados Unidos le hacen pedidos especiales y muy grandes con anticipación.



Como la época turística en Pátzcuaro no es continua todo el año, hay temporadas cuando don Rogelio se dedica a elaborar otro tipo de artesanías, además de que también le gusta hacer retrato a lápiz. Por el momento trae la inquietud de resucitar otro juguete tradicional que ya ha desaparecido de los mercados: la lanchita de latón que con el calor de una vela se mueve en el agua. Por más que ha buscado una de esas lanchitas en muchos lugares para tomarla como modelo, hasta ahora no la ha podido encontrar. A la mejor alguno de nuestros lectores que tenga una de ellas en su casa y algún día ande de paseo por Pátzcuaro pueda llevársela a don Rogelio para que saque el diseño y reviva esa tradición.

sábado, 9 de mayo de 2015

Tradiciones mexicanas: El Señor de los Rayos



EL SEÑOR DE LOS RAYOS
Centro de Peregrinaje en Temastián, Jalisco


No importa la hora ni el día de la semana. A lo lejos se oye el rumor de un autobús. Los comerciantes, tanto establecidos como ambulantes, se preparan a tener buenas ventas.


Cuando el camión finalmente se estaciona, las personas bajan sin prisas y esperan. Al momento que el último pasajero baja, todos se organizan y empiezan su procesión a una hora predeterminada por ellos mismos. El desfile comienza con el estandarte al frente. Los feligreses, los músicos y el resto de los participantes, entre cánticos, oraciones y paso lento, se dirigen a la iglesia. Al cruzar el umbral del atrio se observa un poco de desorden: unos siguiendo a pie, con reverencia, mientras que otros continúan su marcha de rodillas, hasta llegar al altar.

Adentro de la iglesia los rezos y cánticos se escuchan como un murmullo unificado, aunque es individual y a ritmo propio, que puede extenderse por horas y sólo ser interrumpido por el tañer de las campanas o la misa que da inicio. 

Así se llega a Temastián, un rincón del extremo noreste de Jalisco, en el municipio de Totatiche; lugar de peregrinaje donde se venera al Señor de los Rayos. Hay otros peregrinos que prefieren venir en automóvil para una rápida visita, mientras no pocos tardan hasta tres o más días en su travesía a pie desde lugares como Valparaíso, Zac. o Aguascalientes. (Artículo de Homero Adame.)

Sin importar la manera de llegar, el común denominador es la devoción y el fervor cristiano que está presente en todos y cada uno de los feligreses que han venido a encontrar alivio a sus penas, a solicitar un milagro o a pagar alguna manda pendiente. 

La historia de Temastián está íntimamente ligada a las de sus pueblos vecinos: Totatiche y Villa Guerrero, ya que los tres fueron fundados como convento para evangelizar y castrar la libertad de los indígenas, todo por cuenta de frailes franciscanos, allá a finales del lejano siglo XVI. La fundación se hizo tomando como punto de partida a Colotlán, que para entonces ya fungía como centro religioso y "político".


Extrañamente, de los tres pueblos el que menos ha crecido como tal a través de los siglos es Temastián, aunque de los tres fue el único que se convirtió en centro de peregrinaje. A esto la historia reciente lo fecha a partir de 1857, cuando se hicieron las primeras fiestas ya dedicadas al Señor de los Rayos. Sin embargo, de acuerdo a las leyendas, Temastián, que en náhuatl significa "el lugar de los baños" (de temazcal = baño y tlan = lugar) era desde tiempos remotos un sitio ritual donde las tribus llegaban una vez al año a venerar a alguna deidad. De hecho, los campesinos cuentan diferentes versiones, como la de que los indios tenían "un santo" al que visitaban, o la que dice que en este lugar los antiguos hacían sus mitotes para asegurar la caza y las lluvias. Lo extraño es que nadie mencione al lugar como sitio de baño o purificación. 

Posiblemente los frailes franciscanos, al darse cuenta que los nativos frecuentaban el lugar, tal vez en ciertas fechas rituales como solisticios y equinoccios, decidieron levantar ahí el monasterio, y poco a poco, con la conquista espiritual, simplemente cambiaron las fechas rituales y la deidad, dándole continuidad al peregrinaje. Este es un hecho que se presentó en casi todas las regiones del nuevo mundo, incluyendo santos o vírgenes que simplemente fueron inventados o suplantados por los conquistadores del espíritu.

Aparte de la participación y observación de las actividades de los feligreses en la nave principal del templo, el lugar más interesante del santuario es el Salón de los Retablos, en donde se exhiben auténticas obras de arte hechas en muchas técnicas: fresco, grabado, lápiz, óleo, pirograbado, etc. sobre materiales tan variados como el lienzo, madera, papel, piedra o vidrio. Teniendo todos en común el agradecimiento por un milagro concedido. 

Los artistas de estas obras, tanto mexicanos como chicanos, son diversos, desde aquel que a ello se dedica de manera profesional o artesanal y recibe un pago por el trabajo, hasta los espontáneos que hacen su mejor esfuerzo para plasmar una imagen. Así vemos algunas obras sobre un mismo material, cortado de forma idéntica, en el cual se utilizan los mismos colores, donde sólo el texto cambia, lo que nos dice que fueron hechos por una misma mano, posiblemente de un "profesional". Pero sin duda las más interesantes son las hechas por los espontáneos, quienes además tienen una manera muy particular de usar el idioma y la ortografía, algo que es digno de verse y leerse, como aquel ex-voto que dice "Doll gracias al Sr. de los Rayos por aberme alibiado a mi hijo de un paralis infatil. Jerez, Zac. Enero de 1959". 


Este salón de los ex-votos es también un marco ideal para observar los cambios tanto pictóricos como los de la vida diaria en el arte popular y en el país. Por ejemplo, en los dibujos vemos la variación en las modas, o los medios de transporte utilizados en diversas épocas de nuestra historia, desde la humilde carreta hasta el avión, pasando por el tren y el autobús, siendo este último el que más cambios ha sufrido en su forma. 

La fecha más antigua para uno de estos ex-votos parecer ser febrero de 1891. Y es digno de remarcar que las obras más antiguas se exhiben en un largo muro, donde no le llega la luz del sol que se filtra por las ventanas. Asimismo, las obras están protegidas bajo una larga "vitrina", lo que demuestra un sentido de conciencia y protección por lo antiguo.

Para todo visitante es casi obligatorio entrar a esa sala, donde se palpa un mundo de emociones traducidas en el dolor y la gratitud. Además de los ex-votos, ahí también se observan carteras, cruces, diplomas, prendas de vestir, trenzas de cabello, trofeos, yeso para pierna o brazo, zapatitos de bebé, etc. como ofrenda a los favores recibidos. Esto nos lleva a la conclusión que una promesa se hace a cambio de un milagro, para que a la postre la promesa se transforme en ofrenda. Un ciclo muy interesante en la vida ritual de cualquier lugar de peregrinaje. (Texto de Homero Adame.)

Y siempre la pregunta flota en el aire: ¿Por qué se le llama Señor de los Rayos? Como respuesta están las leyendas populares, como aquella que todos los lugareños cuentan de que al Cristo crucificado una vez le cayó un rayo y nada le pasó. Hay otras personas que dicen que hace muchísimos años, en esa región caían muchos rayos hasta que llegó la imagen y todo se calmó. Dichas leyendas son variadas en su contenido y desenlace, y no faltan las que dan una interpretación más profunda, como la que dice que al Cristo se le llama así por los rayos de luz que nos llegan de él cuando nuestra devoción es grande. Sin embargo, no falta el que asegura que esas leyendas son puros cuentos y el mote del Señor de los Rayos lo tomó de su corona compuesta de tres grupos de siete rayos cada uno; corona que por cierto da dos números mágicos dentro del ritual cristiano: el tres y el siete.

Sin embargo, los datos históricos y algunas leyendas asentadas en un libro titulado "Historia de la Venerable Imagen del Señor de los Rayos", escrito por el canónigo Luis Enrique Orozco, libro que se puede adquirir en la tienda parroquial, dicen que originalmente a la imagen se le llamaba "El Señor del Rayo" hasta que se pluralizó a partir de una tempestad que se abatió sobre unos misioneros que estaban dando catecismo bajo un mezquite, cuando un rayo se estrelló en la imagen, rajando la cruz, que todavía se conserva en el altar principal. 


El porqué del nombre a nadie parece interesarle, lo que importa es venir a venerar al Cristo que otorga muchos milagros y además ofrece 100 días de indulgencia a todo aquel que a sus pies le rece un Credo. Cualquier día es bueno para visitarlo, pero muchos prefieren hacerlo durante las fiestas, que tradicionalmente se llevan a cabo el jueves de la Asunción, empezando tres días antes. Para esas fechas, la multitud es tal que las misas se tienen que celebrar al aire libre, en el atrio, pues la iglesia no da abasto a tanta gente.

Los peregrinos llegan de cualquier parte de la república y pernoctan donde sea posible, preferiblemente en la Casa del Peregrino, pero si ya no hay cupo lo hacen bajo cualquier techo, en casas particulares o incluso a la intemperie. También en esos días llegan muchos vendedores ambulantes que ofrecen alimentos, veladoras, productos religiosos, etc., sin faltar los que venden baratijas. Por el contrario, en cualquier otro día del año, todo es muy tranquilo y el visitante puede tomarse todo su tiempo para conocer el templo, el Salón de los Retablos y sentir el silencio solo quebrantado por la campana o el murmullo de algún feligrés.


Cuándo ir, cómo llegar y tips de viaje

  • Dos son las fechas de peregrinaje y festividad más importantes dedicadas al Señor de los Rayos, el 11 de enero y el jueves de la  Ascención (40 días después del domingo de Resurrección).
  • Si vienes de Guadalajara o Zacatecas, toma la carretera No. 23 que va a Jerez y Tlaltenango. Cerca de Momax toma la desviación a Temastián y Villa Guerrero. Continúa hasta llegar al crucero que indica Chimaltitán o Bolaños.
  • Ninguno de los tres pueblos cuenta con hoteles, pero en los dos primeros puedes encontrar cuartos de renta muy económicos aunque en condiciones bastante precarias.
  • Si deseas visitar pueblos huicholes como Tuxpan o La Yesca y no cuentas con un vehículo adecuado para caminos montañosos, tanto en Bolaños como en San Martín puedes conseguir servicio de transporte a precios muy razonables.

Este texto se publicó originalmente en la revista México en el tiempo, en el No. 17 de marzo/abril de 1997.

viernes, 10 de abril de 2015

Creencias sobre el clima: La culebra que trae lluvia



LA CULEBRA EN EL CIELO
Creencias mexicanas sobre el clima

Estaba l’otro día ai entr’el maizal, viendo las mazorquitas, cuando se vino un aigre feo. Hasta el sombrero me lo aventó lejos. No, pos esos vientos frescos son señal de agua. Desde temprano me fijé en el cielo y la nube venía de allá [del poniente]. Pero yo no hice caso y quería ver los maicitos. Es que aquí nosotros decemos: “si se nubla p’ond’el sol sale, unce tu yunta y dale. Pero si se nubla p’ond’el sol se mete, desunce tu yunta y vete”. Cosas de uno, ¿vedá?
     Corrí por el sombrero y voltié p’al cielo. Y mire que ai estaba el culebrón. Una serpiente gris, grandota. Serpiente de lluvia. Será de puras nubes. Pero uno la ve clarito. Yo la vide clarito esa tarde.
     Esa culebra en el cielo no se mira muy seguido. No vaya a creer que sale cada vez que llueve. No. Sale de vez en cuando, y por algo ha de ser, aunque yo no l’intelijo mucho a los fenómenos. (Relato en un blog de Homero Adame.)
     Pero yo sé de gente que dice que cuando se deja ver esa culebra en el cielo, se va venir una temporada buena de lluvias. Que va ser un año llovedor. Y ha de ser cierto porque, como usté ve, ha estado lloviendo casi todas las tardes.

El motivo de la serpiente que vuela tiene sus fundamentos en el mitológico Quetzalcóatl o Kukulcán que sigue presente en el pensamiento del mexicano. Dicho motivo, el de la serpiente emplumada, se repite en el folclore de casi todos los pueblos de América con diversos nombres y variantes y siempre es una deidad del viento.
     En los pueblos del noreste al parecer no persiste ningún relato que hable directamente de esta deidad, sin embargo es común encontrar historias que hablan de una gran serpiente o culebra que surge en el cielo anunciando lluvias. De cierto modo podemos pensar que dicha culebra sea una reminiscencia de la mitológica serpiente emplumada, aunque aquí se le vea como una deidad de agua y no de viento.

Nota: la primera fotografía es de Homero Adame. La segunda fue sacada de la página de internet de Arabuko noticias. Que el enlace sirva de agradecimiento.