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sábado, 1 de noviembre de 2014

Misterios - leyendas de San Luis Potosí



MISTERIOS

Leyendas de San Luis Potosí


Ya está a la venta en librerías Misterios, leyendas de San Luis Potosí con 35 leyendas divididas en cinco capítulos:
  1. Leyendas de fantasmas
  2. Leyendas religiosas
  3. Leyendas de espíritus benefactores
  4. Leyendas de personajes
  5. Leyendas de tesoros



Puedes leer las síntesis de cada leyenda en este enlace: "Misterios, leyendas de San Luis Potosí" de Homero Adame


Sucesos inexplicables
Experiencias sobrenaturales


¿Quién dice que no fue así? ¿Quién no ha visto fenómenos inexplicables u oído voces en la oscuridad?


Tantos hombres y mujeres que recuerdan misteriosas escenas de su niñez, aquel velador que cuenta con asombro lo que vio, devotos creyentes que describen milagros recibidos… de la abuela a la hija y de la hija a la nieta, así se transmiten las leyendas de generación en generación.

En estas páginas, Homero Adame nos hace revivir aquellos misterios que permanecen en la memoria colectiva de los potosinos. Tanto las leyendas más populares, como algunas poco conocidas son presentadas por el autor de una manera estremecedora, vívida, audaz. Estás a punto de descubrir los enigmas de un pasado inexplicable que continúan hasta nuestros días.

jueves, 30 de octubre de 2014

Mitos y leyendas de Yucatán: El Tzukán, la serpiente del cenote



TZUKÁN, EL MONSTRUO DEL CENOTE
Leyenda escuchada en Chunkanán, municipio de Cuzamá, Yucatán
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Ya había oído hablar de un monstruo o serpiente que habita en los cenotes de Yucatán, pero no sabía exactamente qué o cómo era. Andando en una ocasión de viaje por la península yucateca, caímos de casualidad a una hacienda todavía henequenera, la de Chumkanán, donde en un tendajo platiqué con los hermanos Echeverría. Uno de ellos, escritor empírico tanto en español como en maya, me platicó algunas leyendas locales y me habló del cenote que se encuentra a menos de cuatro kilómetros de ahí. Obviamente fuimos a conocerlo. El recorrido se hace en «truc», una especie de vagón abierto de ferrocarril, muy pequeño, y tirado por mula o caballo, que se usa para acarrear el henequén. Texto de Homero Adame.
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Como ya llevaba conmigo la referencia del monstruo del cenote, que le llaman «tzukán» (puede estar mal escrito), cuando llegamos al cenote y bajamos por una escalera de concreto hasta el tranquilo espejo de agua, le pregunté a Silverio, nuestro guía y «chofer» del truc, si sabía algo del mentado monstruo. El rostro de Silverio se tornó serio, casi sombrío, y mirando hacia todos los rincones del cenote me dijo: “Si quiere, primero dese un chapuzón y ya cuando salgamos le cuento lo que a mí me han platicado.” Su respuesta se me hizo enigmática, pero intuí por qué no quería hablar en ese momento: los yucatecos tienen un ancestral respeto por estas pozas naturales. Alrededor de una hora más tarde, ya en el exterior y bajo la sombra de un árbol, Silverio me contó lo siguiente:
“Aquí todos sabemos del tzukán. Yo nunca lo he visto ni quiero tener la mala fortuna de encontrármelo, pero dicen que vive en los cenotes, que puede salir en éste o en cualquier otro, porque todos los cenotes están comunicados por abajo. Me platicaba mi papá que hace muchos años dos muchachos vieron al animal ése, y sólo uno pudo vivir para contar su experiencia.
Habrá sido hace como un medio siglo más o menos. La hacienda estaba en buena pujanza, el henequén daba riqueza y en temporada los hacendados contrataban a gente extra para darle más duro al jale de la fibra. Entonces parece que una vez que contrataron a muchos trabajadores extras andaban dos entre la bola que vinieron de un lugar que le dicen «Sotuta».
Un día se vino por este rumbo una cuadrilla en los trucs a cortar henequén y ya en la tarde se fueron de regreso. Pero esos dos muchachos, que traían un truc, se quedaron mero atrás porque dijeron que se iban a meter a darse un chapuzón aquí en este cenote –en aquel tiempo no había escalera; creo que bajaban agarrados de una riata–. Los compañeros que sí sabían la historia les dijeron que no se metieran cuando oscurece porque luego sale el tzukán, pero ellos no quisieron creer. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)
Contaba mi papá que habrán sido como las diez de la noche cuando llegó uno de esos muchachos bien asustado. Llegó solo, sin su compañero y sin el truc. Del susto se fue corriendo hasta el pueblo y dejó el truc con bestia y carga aquí mismo. Entonces platicó ese muchacho que ya se habían bañado en el cenote y que ya se iban a salir cuando de repente como que el agua comenzó a burbujear. Los dos se asustaron y corrieron a la salida, o sea rumbo a la riata para treparse. Como él llegó primero, fue el primero en subir, pero en eso estaba cuando su compañero echó un gritote bien feo. Dice mi papá que dijo ese muchacho que vio para abajo –todavía había buena luz, aunque ya era de tarde– y que alcanzó a ver a un animal de color verde, como una serpiente de cabeza como de perro que se les venía encima. Entonces que el tzukán agarró a su compañero de un pie y lo arrastró, y que su compañero iba gritando bien feo. No, con el miedo pues no se iba a quedar a ver si le ayudaba a su amigo, ¿no?
Luego al día siguiente fueron varios hombres y encontraron bastante sangre aquí abajo junto al agua, y vieron unas huellas muy raras. Entonces sí fue cierto eso que el tzukán se comió a ese trabajador. Ah, y luego parece que el muchacho que lo vio estuvo muy malo de espanto y que mejor se regresó a su tierra. Creo que nunca volvió a Chumkanán”.

Notas:
1. El dibujo prehispánico de las serpientes fue tomado del sitio de Internet Los viajes del agua en el Mayab. Que el enlace sirva de crédito a su creador.
2. Las fotografías del truc y del cenote son de Homero Adame.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Leyendas de Nuevo León: El fantasma de la mujer de blanco




La mujer de blanco
Leyenda escuchada en Magüiras, municipio de Linares, NL

¿Cómo le va, amigo? Yo lo he vido [sic] por aquí muchas veces. Siempre viene hacer ejercicio, ¿vedá? –me dice el Sr. Eulogio Valdés–. [...] Oiga, ¿y nunca se le ha aparecido la vieja esa que anda vestida de blanco? [...] Pues déjeme platicarle, pa’ que sepa por qué rumbos anda. (Leyenda de Homero Adame.)
            Mire, la gente de por aquí cuenta que ya van muchas veces que uno va en su mueble por este camino (de la vía del tren), y que cuando ya está pardiando, de repente ven a una vieja qu’está parada al lado del camino y pide aventón. Unos dicen qu’es una muchacha joven y bonita y otros que ya está viejona, pero todos están de acuerdo que anda vestida de blanco. Bueno, pues usté la ve pidiendo aventón y aunque no le dé, ya sea por miedo o qué sé yo, pa’ cuando usté acuerda ya la trai sentada al lado. ¡Imagínese el susto que ha de pasar uno!
            La meritita verdá a mí no se me ha aparecido, pero pos la gente cuenta tantas cosas que ha de ser cierto. Pero yo me afiguro que a lo mejor se trata del ánima de alguien que mataron cuando se robaron el tren por este rumbo. Y mire, lo más curioso de todo es que cuando se le trepa esa vieja en el mueble pos uno le sigue dando y nomás pasando la curvita del vado ella se desaparece.
            Así que ahí le digo, si algún día ve a esa vieja, pos ni se asuste, al cabo que nomás ahí adelantito se le desaparece de su coche.
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Después de la Llorona, la mujer de blanco es quizá el motivo de leyenda más difundido en nuestro país, aunque ésta es parte de la mitología de muchas culturas del planeta, mientras que la primera es muy mexicana, no obstante citársele en otras partes del continente. Las características de ambas son diferentes entre sí, pues mientras la Llorona anda penando por causa de un castigo divino, de la mujer de blanco popularmente se dice que es un ánima que trata de buscar descanso una vez que entregue un tesoro o pague una manda pendiente, o bien, es el espíritu de una mujer que murió de modo trágico.
            En Nuevo León la mujer de blanco suele ser confundida con la Llorona, ya que se explica que a ésta siempre se le ve vestida con ropa de color blanco. Sin embargo, raras veces se aparece en ríos o zonas lacustres. (Explicación de Homero Adame.)
            La versión que leemos enseguida ofrece un elemento adicional de confusión, pues tiene características similares con la saga de relatos de la muerta, una mujer que se manifiesta en los caminos e inopinadamente se sube en un vehículo para luego desaparecer metros o kilómetros más adelante.


Notas:

1. esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de Nuevo León, por Ediciones Font. 2005.

2. la imagen fue tomada de internet y es parte de un cuadro del pintor Moritz von Schwind titulado “Apparition”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Leyendas de Nuevo León: La imagen perdida de San José



¿ADÓNDE SE FUE SAN JOSÉ?
Leyenda de la ex-hacienda de San José, municipio de Ciénega de Flores, NL

No, la hacienda de Tierra Blanca no era nada comparada con otra ai cerquitas, la de San José que fue muy rica, era muy grande, y cuentan que los dueños tenían muncho pero muncho ganado... –explica el Sr. Ramón González–. No, todo eso ya se acabó; no queda nada, puro amontonadero de piedras nomás. Vaya pa’ que se desengañe, aunque, déjeme decirle: está canijo entrar. Mire, aquí adelantito, rumbo a Ciénega, hay com’un camino de los camiones de basura y por ai pued’entrar, pero tiene que dejar su camioneta casi en el río y luego caminar. Pero, bueno, también pued’entrar por aquel lao, o sea, por la carretera de atrás que va pa’ Salinas Victoria. Antes de que vea la supercarretera va ver una desviación a la derecha y métase por esa terracería, aunque luego va tener que caminar también. 

[...] La verdad no sé. A mí se me hace que cuando abandonaron l’hacienda –habrá sido cuando la Revolución, m’imagino yo– alguien se agenció las cosas que había adentro porque acá se platica que los dueños fueron gente muncho muy adinerada. Cuentan qu’era una hacienda tan pero tan rica que tenía muebles muy finos y de muncho valor y parece que también hasta platos y cucharas de plata de pura ley, y cosas ansina de valiosas. Lo que sí sabemos nosotros es que luego ai se meten gentes dizque a buscar tesoros, pero pa’ serle sincero, la meritita verdá yo nunca he oído que alguien haiga encontrado nada. Tampoco se platica de ruidos o de llamaradas –cosas de tesoros, pues–. Pero dicen qu’en l’iglesita había unas imágenes muy bonitas, muy finas, y unas pinturas que sepa la bola quién se las habrá llevado. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Pero hay una plática que platicaban los viejitos de más denantes. Decían ellos quesque San José –l’imagen de San José, ¿verdad?– se convertía así com’uno y que salía a caminar por todos estos rumbos; es que parece que le gustaba vigilar qu’estas tierras estuvieran seguras. Entonces platican que lo veían que ai andaba, que venía aquí a Tierra Blanca, qu’iba a Ciénega o a otras partes, y ai lo miraban y que saludaba a la gente –en aquel tiempo eran pueblos muy chiquitos, así como ranchitos, ¿eh?– Entonces parece que cuando los dueños tuvieron que abandonar l’hacienda, como ai se quedó muy solo y coyotero, pos los bandidos comenzaron a robarse las cosas, entonces parece que San José se puso muy triste y mejor empacó sus chivas y se fue de aquí. La verdad naiden sabe p’ónde ganó...