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lunes, 11 de noviembre de 2019

Leyenda de la cruz de zacate, en Tepic, Nayarit


POR UNA CRUZ DE ZACATE
(Leyenda de Tepic, Nayarit. Dos versiones)


No’mbre, esa supuesta leyenda que cuentan, que es casi la más popular de Tepic, es puro rollo, o al menos eso pienso yo. Dicen que cuando andaban los primeros españoles conquistando estas tierras que supuestamente traían a unos indios labrando la tierra y, ¡oh milagro de milagros!, que ellos descubrieron ahí en medio de la labor una cruz de zacate. Entonces, según esto, los indios fueron corriendo a decirle a los frailes y los frailes ya vinieron a ver la cruz y como había sido un milagro divino, entonces ahí mismo levantaron su convento –dice Sebastián Lizaola, estudiante de 22 años.
     No’mbre, puros cuentos. Tú que andas en esto de seguro ya te has encontrado un chorretal de leyendas parecidas de que por gracia divina se apareció no sé qué cosa y con eso los nativos se convirtieron al cristianismo. No’mbre, manipulación pura al peor estilo de la época. Ahora ya nadie creería eso, y si se diera el caso hacen un chorro de estudios científicos hasta encontrar una respuesta lógica. Ya ves, tanto rollo con eso de que en las milpas de Inglaterra se forman círculos extraterrestres y cuanta cosa, pero al final de cuentas todo sale a relucir y el veredicto es que ni es cosa de extraterrestres ni hay misterio tampoco. Entonces, digo yo, los misioneros «sembraron» esa cruz de zacate y con eso pudieron sublegar [sic] a los nativos.


Aquí hay una plática muy antigua que todavía cuentan de allá cuando los franciscanos llegaron a estas tierras y venían fundando sus misiones y uno de ellos era el padre Quino –muy querido por todos estos rumbos, el padre Quino–. Según la plática, dicen que ellos se habían detenido aquí en lo que era habitadero de indios que no eran muy malos. Entonces la plática dice que andaban unos indios con unos misioneros en el monte trayendo plantas para comer cuando de repente vieron que entre el zacatal había una cruz. Pero, espéreme, lo raro es que era una cruz natural que crecía del zacate, ¡era de puro zacate! –exclama la Sra. María Guadalupe Sánchez, vendedora ambulante.
     Que se van los misioneros a darle razón al padre Quino y que se viene el padre Quino con un montón de gente haciendo barullo porque el chisme de una aparición milagrosa corrió de voz en voz como reguero de pólvora. No, qué le cuento, desde ese día empezaron a levantar la misión de esos franciscanos y es la que todavía se conoce como la de la Santa Cruz. Y luego ya fue creciendo el pueblo, así unas casitas alrededor de la misión y luego otras casitas más, y fue creciendo y creciendo hasta que ya era Tepic y se hizo ciudad.

Notas:
1. La imagen de la cruz de zacate fue tomada del sitio de Internet All travels. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La foto del convento de la Cruz de zacate fue tomada del blog Riviera Nayarit. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

jueves, 10 de octubre de 2019

Leyendas de Nuevo León: Los novios


LOS NOVIOS
(Leyenda de Doctor Arroyo, NL)

Hay una plática de aquí en la iglesia que han visto fantasmas salir. Unos muchachos que andaban enfrente de la plaza echando cerveza ya muy de madrugada dijeron, según ellos, que vieron que salieron unos novios de aquí a las cuatro de la mañana. Sí, que salieron y que estaba la puerta abierta –a esas horas siempre está cerrada– y uno de esos muchachos los fue a alcanzar hasta allá por aquella cuadra. Pero como esos novios iban más adelante, cuando dieron vuelta en la esquina pues el corrió y ya no vio a nadie. Los otros no se movieron de la banca por el miedo. Cuando regresó el que había seguido a esos novios venía pálido que hasta la borrachera se le bajó a él; a los otros ya se les había bajado del puro susto. Pero este muchacho se puso muy malo y hasta lo llevaron al hospital; lo tuvieron todo el día internado, por un lado por la excitación de alcohol y por otro, por el susto. Y no se curaba y parece que ya luego lo llevaron con alguien allá en Albarcones para que lo barriera de espanto –cuenta el sacristán Rosario Villegas en esta leyenda publicada en un blog de Homero Adame.
    El que andaba con ellos era un chavo –bueno, ya es un señor porque esto que le cuento pasó hace varios años– que tiene una carnicería que se llama «Rancho largo», por toda esta calle allá por otra placita de aquel lado. Ese andaba con ellos y fue el que me la contó. Un día me dijo: “Oye, tú que hay veces andas aquí cuando hay misa de gallo, ¿no oyes cosas o ves cosas?”. Yo le dije que sí oigo ruidos, pero nunca he visto nada. Es que adentro de la iglesia se oyen ruidos hasta en el día. Cuando está solo y ando haciendo aquí el aseo se oye como que truena la madera y como que se sienta alguien en alguna banca; así se oye, pero no es nada. Pero nunca he oído voces ni visto nada. Ahora no me asusto porque ya me acostumbré.
    Quién sabe, lo que pasa es que cuando reconstruyeron la iglesia en 1888 encontraron unos restos de huesos humanos, pero nunca hemos sabido de quien hayan sido, si de un sacerdote o de la gente rica de antes. Es que usted ha de saber que antiguamente enterraban a gentes en las iglesias, pero ya no. A esos huesos luego les dieron cristiana sepultura en el panteón.

Notas:
1. La imagen exterior de la parroquia de la Purísima Concepción fue tomada de la página oficial del municipio: Doctor Arroyo. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
1. La foto de la iglesia al atardecer fue tomada del sitio de Internet Pueblos América. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Leyendas oaxaqueñas: Los gigantes de Dainzú


LAS PIRÁMIDES DE LOS GIGANTES
(Leyenda de Dainzú, municipio de San Jerónimo Tlacochahuaya, Oaxaca)

Hartas, hay hartas pirámides por todas partes. Casi todo el turista va pa’ Mitla –muy bonitas, muy arregladas–, o pa’ las de Monte Albán. ¿Ya conocen p’állá? [...] Tan rechulas esas pirámides. Yo una vez jui a conocelas, me llevó uno de mis muchachos y me gustaron pero bastante. Luego están estas de acá, las de Yagul, ¿vedá?, pero no va tanto turista. Ellos ganan pa’ Mitla mejor. Y aquí en Dainzú vienen menos; son muy pocas las gentes como ustedes que vienen hasta acá y quieren saber –dice don Alfredo, un campesino como de 80 años. (Leyenda publicada en un blog de Homero Adame.)
   Hay cosas que sabemos por pláticas de la gente de ayer. Miren bien ese cerro qu’está allá. ¿Qué ven? ¡Es una pirámide! ¿Si le hallan la forma? [...] Bueno, esa decían los viejitos de ayer qu’era una pirámide qu’hicieron los gigantes. Mírenla, mírenla bien, sí es de los gigantes porqu’es más grande que las de Mitla o las de Monte Albán, ¿vedá?
   [...] Bueno, decían qu’esos gigantes andaban en esta tierra antes de las lluvias. Dicen que las lluvias los ahogó a todos todos, y nomás quedaron las cosas qu’ellos hicieron, las pirámides como esa que las gentes d’estudio afirman qu’es un cerro nomás. Pero sí sabemos nosotros que aquí hubo gigantes porque nos hemos hallado huesos d’ellos enterrados. Miren, huesos d’este vuelo (como un metro) que son d’esta parte (el antebrazo). Y muelas grandototas, y costillas así de grandotas (como un metro). ¿De qué eran? ¡Pos de los gigantes! ¿De quién más, eh? (Blog de leyendas de Homero Adame.)
   Pero hay otras cosas que la gente no sabe porque no platican con la gente de ayer. Esa pirámide dicen qu’era donde venían antes los brujos zapotecos pa’ sacar conocimientos pa’ su magia. Entonces ellos sí sabían qu’ésta era una pirámide de más antes, y sabían que los gigantes tenían conociecia [sic] de la magia, de otra magia. Pero todo eso ya se acabó. Los brujos zapotecos ya no vienen p’acá; a lo mejor ganan p’otros rumbos pa’ lo mismo. O a lo mejor se dieron cuenta qu’esta magia d’esta pirámide ya no les servía o que ya no podían sacarle provecho porque, han de saber ustedes, todo se acaba, y a lo mejor la magia de aquí se acabó también o será que la gente di’ora ya no le sabe a esa magia.


Notas:
1. Dainzu en zapoteco quiere decir «Cerro del Órgano», esto debido a la abundancia de esa especie de cactáceas. La fecha aproximada considerada para el inicio de este asentamiento es el año 600 a.C. Los vestigios están integrados en una gran unidad arquitectónica que va hasta la población de Macuilxochitl. A lo largo de este trayecto se encuentran varios mogotes y el cerro llamado «la Fortaleza» en donde se ubica la base de un centro ceremonial. (Texto de Homero Adame.)
2. La foto panorámica de Dainzú, con un cerro alto al fondo, fue tomada del sitio de Internet Oaxaca es. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
3. La imagen firmada por Lorena Cassacy fue tomada del sitio de Internet Hive mind. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

jueves, 8 de agosto de 2019

Leyendas de Puebla: Los túneles en Atlixco


EL TÚNEL DEL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN
(Leyenda de Atlixco, Puebla)


Sí, aquí en Atlixco también hay un túnel. Yo lo recuerdo muy bien porque cuando estábamos chicas, las amiguitas o los primos nos metíamos, pero nada más caminábamos tantito porque nos daba miedo. Lo que siempre se ha platicado es que ese túnel corre entre el convento de San Francisco, la parroquia (de Santa María de la Natividad), el Carmen, Santa Clara, y que todas las ramificaciones se unen abajo del templo de San Agustín –explica la Sra. Marta Calderón.
  También platican que cuando la Revolución llegaron aquí los zapatistas con mucho barullo y ganas de robar. Entonces la gente adinerada, como sabía que esos zapatistas andaban fusilando a los ricos, ganaron todos para el convento de San Agustín y se metieron. El sacerdote cerró las puertas. De rato, uno de los bandidos revoltosos fue y dio aviso que mucha gente se había escondido en el convento con sus pertenencias. El comandante que traía a esos bandoleros ordenó que tumbaran la puerta y mataran a todos los escondidos. Fíjese que no encontraron a nadie adentro del convento, nadie supo por dónde se habían escapado. Ahora sí sabemos que se habían metido por el túnel y luego vinieron a salir a lo que es la parroquia; iban guiados por el párroco que no me acuerdo cuál fue su nombre, pero conocía los túneles. (Blog de Homero Adame.)

Notas:
1. La foto de la iglesia de Santa María de la Natividad fue tomada de la página de Tips para tu viaje. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La foto del interior del convento de San Agustín fue tomada de la página Foursquare con crédito a Dave A. Que el enlace sirva de agradecimiento a su autor.

domingo, 7 de julio de 2019

Padilla, Tamaulipas en la historia: El ocaso de un pueblo


PADILLA, Tamps: A la sombra de la muerte de un caudillo

Texto y fotografías: Homero Adame M.

“Padilla, pueblo que como estrella fugaz en el límpido suelo tamaulipeco, tiene su orto y ocaso después de cumplir su misión histórica, convierte su tumba en puerta gigantesca que se abre al signo del progreso”

No son palabras proféticas las que acabamos de leer; más bien se trata de una cita a guisa de verso que no parece tener significado alguno para quienes desconocen la historia de Padilla, o para los que jamás han pisado la yerma tierra de un pueblo otrora glorioso.
   Corre el año de 1824, día 19 de julio. Los vecinos de Padilla, ciudad capital del ahora estado de Tamaulipas, se preparan para dar el último recibimiento a Agustín de Iturbide, ex-presidente y emperador de México, en su retorno del exilio. La comitiva ha llegado proveniente de Soto la Marina. El célebre personaje, quien consumó la Independencia de México y a la postre fue tomado como traidor de la Patria, es llevado al cuartel de la Compañía Volante del Nuevo Santander, donde ofrece su último discurso:
  “A ver, muchachos... daré al mundo la última vista”, dice con firmeza. Y mientras besa un Cristo, cae exánime entre un olor a pólvora. Son las 6 de la tarde. Sin suntuoso funeral, el General es sepultado en la vieja iglesia sin tejado. Así concluye un capítulo más de la escabrosa historia imperial de México. Un nuevo capítulo de la historia de Padilla se abre.
   Estamos ahora en 1971. Han transcurrido 147 años desde aquel fusilamiento y Padilla ha desaparecido en aras del progreso. Los recuerdos y los sucesos históricos comienzan a flotar en las aguas de la presa, o se han hundido para siempre. Las casas se han derrumbado, la gente se ha ido y sólo queda la triste memoria de otras épocas en la decrépita parroquia y la escuela que en el ayer lucía majestuosa. El resquebrajado piso de lo que fue la plaza principal, donde derramó su sangre un emperador, es otra señal de que Padilla se ha marchitado. Todo el carácter de un pueblo, las anécdotas de sus calles, sus casas y sus habitantes se han ido para jamás volver. Sin embargo, a varios kilómetros de ahí nace Nuevo Padilla, aunque bajo el estigma de un oscuro recuerdo.
   “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. El destino estaba escrito como una maldición que se cumplió”, nos dice don Eulalio, un hombre viejo que recuerda a su ciudad natal con suma nostalgia. “La gente vivía feliz, pero el fantasma de un asesinato nunca la dejó descansar. Y luego nos cambiaron a Nuevo Padilla. Sí, casas nuevas, escuelas, calles bonitas y hasta una iglesia ansina de chaparrita, pero mucha gente no se acostumbró y mejor prefirió irse a otra parte; nomás los más viejos nos quedamos en el nuevo pueblo, pos ya no tenía caso irnos a otra parte. Pero la vida ya no es la mesma. Nuestro pueblo se acabó...”, concluye con un tono de resignación. (Blog de Homero Adame.)
   Donde estuvo Padilla es ahora la presa Vicente Guerrero, lugar vacacional y de pesca recreativa. Por un lado se ven las contadas ruinas de lo que fuera el centro de Padilla: la iglesia, la escuela, la plaza, unas pocas paredes y el quebrado puente que iba a la hacienda de Dolores, de la cual sólo subsiste la antigua troje según nos dicen. Por el otro lado se encuentra la Villa Náutica -un club privado- y las modernas instalaciones del Centro Recreativo Tolchic, construido por el gobierno en 1985 como mísero pago a una deuda sin precio. Sin embargo, en fechas recientes algo ha sucedido: la Villa Náutica se ve abandonada, salvo por la presencia de algún socio que sigue viniendo para no perder su propiedad, y el centro Tolchic está cerrado; sus mejores días ya sólo permanecen en el recuerdo de algunos. La reja y los candados lucen oxidados y no puede uno imaginarse el polvo del olvido que cubre su interior. Desde afuera aún se aprecian los juegos infantiles también con signos de oxidación.
   Es de suponerse que la considerable baja del nivel de la presa, las recurrentes crisis económicas y otras tantas razones obligaron que ambos sitios cerraran sus puertas, aunque siempre con la esperanza de mejores épocas que igual jamás habrán de volver porque, de todos modos, este paraje sigue extinguiéndose día con día. Esto es un síntoma que denota tácitamente cómo la vida en el antiguo Padilla va decayendo cada vez más. Acaso el último hito de revivir un pueblo que murió fueron estos centros sociales, pero el futuro luce sombrío, ya que restablecer la actividad, el movimiento, puede convertirse en una tarea casi imposible. (Artículo histórico de Homero Adame.)
   Más impresionante que esos modernos edificios en vías de convertirse en ruinas también, es caminar por lo que imaginamos fueron las calles, ahora tapizadas de maleza. Entrar a la iglesia -la cual estuvo dedicada a San Antonio de Padua- y a la escuela o pararse en el centro de la plaza nos imprime un sentimiento indescriptible; como si algo pugnara por salir, mas no encuentra el modo de hacerlo. Es como si el espíritu del pueblo buscara un punto de referencia que ya no existe. Adentro del templo no se observa ningún recuerdo o epitafio de la tumba de Agustín I; es de pensarse que fue trasladada a otra parte. Afuera de la escuela hay una placa conmemorativa reciente  (7 de julio de 1999) cuando se festejó el 175 aniversario de la creación del estado de Tamaulipas. A la sazón, y previo a la presencia del gobernador, se limpió toda la zona y los ladrillos y sillares de las ruinosas paredes y techos fueron llevados a sitios alejados de los ojos de cualquier visitante. Sin embargo, pese a esa superficial limpieza, los muros derruidos son factor indicativo de que los buscatesoros han tratado de obtener míticas riquezas en no pocos intentos. Y nos preguntamos: ¿A quién se le ocurriría enterrar un cofre o un cantarito de monedas de oro en los predios de una escuela? Para no desentonar, adentro de la capilla también se observan pozos de los saqueadores, acaso como ejemplo palpable de la profanación de tumbas, si es que las hubo.
   Una vez entrados en las interrogaciones, quisiéramos saber ¿dónde quedó el kiosco sobre el cual la banda solía alegrar con su música a la concurrencia en su devenir alrededor de la plaza? ¿Dónde quedaron las campanas, que resonando en cada rincón de la ciudad puntuales llamaban a misa? Y ¿a dónde se fueron los días aquéllos, cuando los niños corriendo y gritando salían felices de la escuela luego de un largo día de clases? Ya no se ve el mercado ni el ajetreo diario de los marchantes. El merolico ha dejado de gritar las bondades de tal o cual medicina. Los puestos de comida desaparecieron para llevarse consigo el característico aroma del aceite, las carnitas y las fritangas. Los trazos de las calles se han borrado y no podemos imaginar por dónde transitaban los carruajes y caballos primero, y los pocos automóviles después. Y las casas, ¿dónde estaban todas ellas? Y desde la plaza, al ver hacia el sur los montones de escombro, nos surge la duda de dónde se ubicaba el palacio y cómo habría sido; seguramente el mismo palacio donde se dictó la última orden para fusilar al emperador. Además, también nos preguntamos en dónde habrá quedado el monumento erigido en el preciso lugar donde Iturbide cayó muerto, el cual, de acuerdo a las crónicas, aún permanecía enhiesto antes de la inundación de los años setenta. Y sus políticos... ¿en dónde tomaban el café para arreglar el mundo y comentar las últimas noticias y chismes?
   Nada quedó, ni el camposanto siquiera. Ahora la hierba es tan alta que se ha vuelto imposible caminar en algunas partes. Todo es silencio, salvo el correr del viento que al mover las ramas las hace rechinar. Sobre unos árboles altos se ve a un grupo de zopilotes que no sabemos qué acechan. Cuando el cielo está nublado, el escenario se torna todavía más sombrío. Ese cúmulo de raros sentimientos no nos lleva a entender lo efímero que la vida puede resultar.
   La escuela, al igual que la iglesia, muestra en sus paredes los trazos del nivel alcanzado por el agua cuando la presa tuvo sus mejores días. Pero las escasas lluvias en estos años sólo han dejado un páramo. A lo lejos se encuentra lo que fue el puente, ahora destrozado, y el espejo lacustre a su alrededor. Al cabo de un buen rato de silencio pasa alguien en su lancha y nuestras cavilaciones se ven interrumpidas. Junto al puente también nos topamos con un grupo de amigos disfrutando de unos buenos pescados a las brasas; nos dicen que ocasionalmente vienen los fines de semana. Luego miramos de nuevo el paisaje, el panorama, y todo parece seguir igual, estático, pero se nos antoja distinto. Es como si de un momento a otro cambiáramos de realidades, primero lo lúgubre, lo palpable, después el recrear episodios que, aunque no vivimos, sentimos que sucedieron y finalmente estar en el presente, junto a las aguas de una presa, entre el matorral, como pescadores o aventureros que se hallan ajenos a la historia de esos lares.
   Así es Padilla, la ciudad que dejó de ser, la ciudad que fue sacrificada por el progreso. Mientras caminamos de regreso al coche, nos acompañan las palabras del viejo que conocimos: “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. Se cumplió la maldición...” Sin duda tiene razón.

Notas:
1. Este texto fue publicado originalmente en el número 311 de la revista México desconocido, correspondiente a diciembre de 2002.
2. Las fotografías de Padilla son autoría de Homero Adame.
3. La ilustración del fusilamiento de Agustín de Iturbide fue tomada del periódico Expreso.press. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
3. La imagen del presidio donde fue fusilado Agustín de Iturbide fue tomada del sitio de Internet Wikimexico. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

viernes, 28 de junio de 2019

Maximiliano de Habsburgo en San Miguel de Allende






En el libro titulado CASA EUROPA MÉXICO – Historia de la casa desde la memoria de los sanmiguelenses se añadió un capítulo especial en torno a la visita del emperador Maximiliano I de México del 13 al 15 de septiembre de 1864. Aunque fue un evento aislado, debió haber sido muy importante por la investidura del Emperador al grado que a más de 150 años hay quienes siguen hablando de ello.
     Puesto que el libro está publicado en cuatro idiomas, ofrecemos aquí fragmentos del citado capítulo en inglés, en alemán y en francés.






Emperor Maximilian I of Mexico visits the house

This chapter has been added as an almost separate and independent section, because it deals with a single isolated event and, at the same time, indicates the historical importance which this house has enjoyed, in its time. The comments people have made alluding to the visit of Maximilian of Habsburg, Emperor of Mexico, on the 13th and 14th of September, 1864, seem to be versions of what is known largely thanks to local history, as documented by Francisco de la Maza, in one of his books about San Miguel. At the end, part of the text in which the house is mentioned is reproduced verbatim.
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The correct name of my great-great-grandfather and owner of the house was Jesus Maria Vazquez Palacio. He defended Maximillian at the siege of Queretaro. He was his chief legal advisor and director of the School of Jurisprudence. He was in Queretaro with Riva Palacio and another lawyer. There were three of them, and two of them went to San Luis to plead for a reprieve for Juarez, and one of them remained in Queretaro. I believe it was Jesus Maria Vazquez, because he and Maximillian had a very close working relationship.
     When Maximillian came here to San Miguel, he stayed at Jose Maria Vazquez’s house and they gave a gala dinner and ball for him at the Lambarris’ house, next door. Maximillian danced with my great-grandmother, Dolores Lambarri Malo. They say that when my great-grandmother and Maximillian were dancing a waltz, some wax from the candelabra dripped onto the shoulder of her dress, and Maximillian, very chivalrously removed the wax from her shoulder.
Luis Miguel Villarreal

Der Besuch von Kaiser Maximilian I. von Mexiko
Dieses Kapitel ist als separates und unabhängiges Thema angefügt, da es doch eine besondere Begebenheit beleuchtet und von historischer Bedeutung ist, die auch dieses Haus betrifft.
     Die wörtlichen Überlieferungen, die den Besuch von Maximilian von Habsburg als Kaiser von Mexiko am 13. Und 14. September 1864 erwähnen sind Wiedererzählungen, über das, was man dankenswerterweise davon weiß, aufgeschrieben von Francisco de la Maza in einem seiner Bücher über San Miguel. Ab Ende dieses Buches werden Teile seines Textes wiederholt, die das Haus erwähnen.
§§§§§§§§§§§

In jenen Zeiten – als Maximilian kam, um die Unabhängigkeit in Dolores Hidalgo auszurufen – was der erste offizielle Ausruf eines Gouverneurs war – empfing ihn ein Komitee hier in San Miguel und er wohnte in diesem Haus und blieb für zwei Nächte. Einen Nachmittag begleiteten sie Ihn zu dem Park in Guadiana, dort waren damals Obstgärten und es gab einen Ort zur Erholung, wo die Leute von San Miguel zum Spazierengehen hingingen. Den Park Benito Juarez gab es noch nicht.
Samuel Rangel

La visite de Maximiliano I du Mexique
Ce chapitre s’ajoute comme un thème indépendant parce que c’est un fait isolé et à la fois liée historiquement à cette demeure. Les témoignages verbaux évoquant la visite de Maximilien de Habsbourg Empereur du Mexique du 13 et 14 septembre 1864 sont des récits de ce qu’on sait grâce à l’histoire écrite par Francisco de la Maza dans un de ses livres sur San Miguel. À la fin de ce chapitre, se trouve un extrait du texte où il est fait mention de la demeure.
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Le grand-père de mon père ne l’a pas vécu, parce que ça s’est produit avant, mais selon ce que racontaient les gens en ce temps, Maximilien est arrivé dans un carrosse très élégant avec de nombreuses personnes et des chevaux des plus fins. L’Empereur est entré en marchant sur un large tapis rouge jusqu’à la maison, mais le cocher a fait le tour et laissa les chevaux et le carrosse de l’autre côté, dans ce qui est maintenant la rue Correo. Puis tous les employés obtinrent la permission de sortir pour acclamer l’empereur quand il sortit un peu plus tard avec sa cour pour se rendre à ses affaires publiques dans le Palais du gouvernement.
José Guadalupe Sánchez


El libro se puede conseguir a través de librerías mexicanas que dan servicio internacional como Gandhi, Educal o Librería Española.

The book can be purchased in Mexican bookstores that give international service such as Gandhi, Educal or Librería Española.

Das Buch kann in mexikanischen Buchhandlungen wie Gandhi, Educal oder Librería Española erworben werden, die internationalen Service anbieten.

Le livre peut être acheté dans les librairies mexicaines offrant des services internationaux tels que Gandhi, Educal ou Librería Española.

domingo, 5 de mayo de 2019

Leyendas de Quintana Roo: El atropellado


EL ATROPELLADO
(Sucedido en la región centro de Quintana Roo)



La historia del atropellado dice que lo mataron en un diciembre, y en ese mes de diciembre cuando la luna está afuera entonces dicen que ahí en la carretera se aparece el atropellado, pero que únicamente se le aparece a los tráilers, a los traileros, ¿verdad? Es que según la historia, fue un trailero el que lo aplastó, o sea que iba el trailero ese manejando ya de tarde y así como que de repente se atravesó un hombre y lo atropelló, y parece que otros traileros también le pasaron encima y lo dejaron todo hecho pedazos. No sé exactamente dónde fue eso, pero parece que fue entre [Felipe] Carrillo Puerto y Tulum –cuenta el Sr. Miguel Xool, agente de ventas radicado en Playa del Carmen. 

   Entonces la historia dice que se presume, se presume que el hombre les hace la parada a los traileros y si ellos no se paran, luego se dan cuenta que el hombre va corriendo con el camión a la par hasta cruzar lo que dicen “La fenicia” y los traileros se asustan tanto porque lo ven que el hombre se les quiere trepar y terminan saliéndose de la carretera y se matan. Mire, se ve ese tramo de la carretera completamente limpio, no hay curvas ni nada que represente peligro, pero si viera cuántos tráileres se han volcado ahí, y todo por causa de ese atropellado porque su ánima no ha encontrado descanso y sigue penando. 

Notas:
1. El dibujo del tráiler fue tomado del sitio de Internet Dibujos.net. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La imagen del entronque de carreteras fue tomada del buscador de Google. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

jueves, 4 de abril de 2019

Leyenda de huicholes: Una maldición


LA MALDICIÓN DE UN MARAAKÁME
(Leyenda de Poblazón, municipio de Catorce, SLP)

Bueno, aquí no es exactamente pasadero de los huicholes; ellos más bien tienen su ruta más abajo y suben a su cerro quemado por aquel lado de la sierrita. Pero como desde siempre los hemos visto –digamos que allá por la estación [Catorce], o en Coronado o en Wadley, que también es estación–, pues nosotros nos enteramos de cosas de ellos. Pero acá nosotros tenemos una plática, que ya platicaban los viejitos de más antes, de un brujo de los huicholes que puso una maldición –anticipa el Sr. Asunción Mata Colunga, de   Poblazón, municipio de Catorce.

Resulta que cuando las minas de plata de buena ley estaban en pujanza, andaban los encomenderos muy bravos atrapando indios para hacerlos esclavos y que trabajaran en las minas de Catorce, de La Luz y hasta de [Villa de] la Paz; muy méndigos esos encomenderos. Entonces resulta que venían los huicholes en grupo, todos ajilados, porque andaban cortando esa biznaguita que le mentan “peyote”, y un encomendero español los atrapó para llevarlos a las minas –creo que era el capataz de “La Purísima” o “San Agustín”, unas minas de mucha bonanza–. Pero primero se armó el pleito, pero como los huicholes son muy pacíficos, entonces los atraparon bien facilito. (Blog de Homero Adame.)

Bueno, la cosa estuvo en que entre los esclavos andaba el brujo de ese grupo de huicholes, y sabrá Dios nuestro Señor qué habrá dicho el brujo aquél en su idioma, que al poco tiempo se acabó toda la pujanza de las minas. No’mbre, nos platicaban los viejitos que el Real se quedó bien solo, todo abandonado, porque la plata se desapareció –o se habrá escondido– y todo por la maldición que echó ese brujo huichol que le digo. (Recopilación de Homero Adame.)

No, esas son cosas que uno no entiende, pero muy fuertes las cosas que saben los brujos, y más las de los huicholes porque ellos se comunican con muchos espíritus y los espíritus de la tierra, del agua, del viento, del peyote los escuchan.


La palabra maraakáme en lengua huichol o wirrárika significa chamán o guía, y se le atribuye al sabio de una comunidad, que por sabio no necesariamente es un “brujo”, según el contexto e interpretación que en lugares cristianos se les da. En las sierras donde habitan los huicholes seguramente existen infinidad de historias sobre sus chamanes, pero no parecen ser comunes en los pueblos del Altiplano potosino. Por tal motivo, el relato que acabamos de leer resulta muy interesante, ya que nos habla de un brujo (sin duda un maraakáme) y una maldición tan fuerte que acabó con la riqueza de Real de Catorce.

domingo, 3 de marzo de 2019

Leyendas de Sinaloa: La cueva del diablo


LA CUEVA DEL DIABLO
(Leyenda de Mazatlán, Sinaloa)


Allá en el malecón de Mazatlán hay un lugar muy famoso que es una cueva y le llaman “La cueva del diablo” –dice Georgina Gpe. Gómez Gámez, radicada en León, Gto–. Según la leyenda, se supone que esa cueva llegaba hasta el centro de la tierra, al mero punto donde vive el Diablo. Entonces cuando nosotras estábamos chiquitas y para que no nos portáramos mal siempre nos decían: “Te voy a llevar a la cueva del diablo.”
   De hecho ahora esa parte de Mazatlán abarca el área donde hacen el carnaval. Es una vía bastante larga donde se hace como cantina, o sea hay carpas vendiendo cerveza y tienen música a cada 100 metros –siempre hay un grupo de música diferente–. Ahora a la entrada de la cueva ya le pusieron una puerta de herrería blanca con sus barrotes que, de hecho, tienen el trinche del diablito como decoración y durante el carnaval ahí es utilizado por la policía para meter a la gente y a los borrachos que andan echando pleito. O sea que ahí los dejan, digamos como encarcelados, por un rato hasta que se les baje la borrachera y luego ya puedan salir y se vayan a sus casas sin seguir portándose mal. Es como un castigo pero también parte del carnaval para que los revoltosos se aplaquen. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
   Quién sabe si en verdad sea una cueva muy profunda, pero siempre se ha dicho que ahí se apareció el Diablo hace muchísimo tiempo y que por eso la cueva está encantada. Siempre se nos ha hecho creer que adentro de la cueva existen bifurcaciones o túneles que llegan hasta el centro la tierra. Yo no he sabido de algún explorador que se haya metido a esas profundidades, en caso de que su existencia sea cierta, para descubrir qué hay allá abajo.
   Esa cueva está sobre el malecón, por el rumbo de Olas Altas que es la parte más vieja de Mazatlán, en la punta antes de llegar al cerro. Hay muchas lomas por ahí y hoy en día ya se han construido bastantes casas, pero antes estaba despoblado. Justo arriba de la entrada de la cueva del diablo hay como unas vías del tren que pasaban por ahí y llegaban hasta el muelle, con todas las provisiones, la materia prima y los cargamentos que venían de ese lado de Sinaloa para luego cargar los barcos que se iban a otras partes del mundo.

Notas:
1. La foto de la cueva fue tomada del sitio de Internet Way marking. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La fotografía del sector Olas Altas fue tomada del sitio de Internet Zona turística. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.