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miércoles, 9 de julio de 2025

Leyendas de Sonora: Una mujer nagual


LA DOÑA DE BÁCUM
(Leyenda de Bácum, Sonora)


Y de esto que te digo, anduve en aquel tiempo en Sinaloa y en Sonora principalmente porque andábamos en la misión por aquellos rumbos. Sí, sí estuve en Hermosillo pero no me acuerdo que me hayan platicado los compañeros de allá leyendas de la ciudad, pero teníamos una conocida que había trabajado con una señora en Bácum, un pueblo yaqui por ahí cerca de [Ciudad] Obregón, y ella nos recomendó que fuéramos a platicar de la religión [mormón] con esa señora. Y fuimos entre la curiosidad y el deseo de hablarle de nuestras propuestas; la curiosidad era porque, según la leyenda, esa señora era bruja de las que se convierten en animales. Lo cierto es que sí era curandera y muy conocida en esa región. No recuerdo su nombre y obviamente no le gustaba que le dijeran bruja pero era la doña... la doña no me acuerdo qué –recuerda David González Milán, terapeuta radicado en San Luis Potosí.
   Fuimos la primera vez y nos recibió y estuvimos platicando un rato. Volvimos varias veces y siempre nos recibió muy bien y nos escuchaba y nos inquiría sobre nuestras propuestas y hasta nos invitó a comer dos veces. La señora que nos la había recomendado, que había trabajado con ella y que nos había platicado que esta doña era bruja, hasta se sorprendió de que nos haya invitado a comer. Pero el caso es que nunca nos dejó pasar a una habitación en donde supuestamente tenía animales disecados, los animales en los que ella se convertía o se convierte: un perro, un águila y parece que hasta un venado. O sea que ella se convertía en las noches en alguno de esos animales dependiendo del trabajo que tuviera que hacer.
   Es que dicen que en aquella región las personas que saben de esto de la brujería, y más los indios yaqui, tienen ese conocimiento de convertirse en ciertos animales. A pesar de que la mayoría de los yaquis son personas muy cerradas y así como que te escuchan pero la verdad no te están haciendo caso, esta doña siempre fue muy amable y una vez ya entrado en confianza yo le pregunté que si era bruja y ella me contestó con otra pregunta sobre mi religión que no me dio opción para seguirle preguntando. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
   Te digo, ella era y quizá sigue siendo muy conocida en aquella región y mucha gente la procuraba para solicitarle servicios de curandera. De esto fue hace más de 20 años y en aquel tiempo parte de la leyenda era que esta doña se mantenía siempre igual, más o menos con una apariencia madura de una mujer de unos 50 años, pero según la gente, con la que nosotros platicamos, nos decían que ella se conservaba siempre igual. Han pasado más de 20 años y yo no he vuelto por aquellos rumbos y no sé si todavía viva la doña y si se siga manteniendo con esa misma apariencia madura pero no de vieja. Era una mujer muy amable, a pesar de lo que se decía de ella y de que fuera yaqui.

El pueblo de Bácum es uno de los ocho tradicionales pueblos de los yaquis y fue fundado en 1617 por los misioneros jesuitas Andrés Pérez de Rivas y Tomás Basilio, con el nombre de Santa Rosa de Bácum, y con la categoría de Pueblo de Misión teniendo como lugar de visita a Cócorit. En la lengua yaqui Bácum significa “lago” o “agua estancada”.

Notas:
1. La foto de la iglesia de Bácum fue tomada del sitio de Internet Pueblos América con el crédito a su autor Charmar. Que el enlace sirva de agradecimiento.
2. La imagen del venado fue tomada del sitio de Internet DiCYT. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
3. La imagen del mapa con la ubicación de Bácum fue tomada de la página de Enciclopedia de los municipios y delegaciones de México. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Puedes encontrar más leyendas de Sonora o de México en algunos libros del investigador Homero Adame disponibles en Amazon, por ejemplo, accede a la coleccción en este enlace: Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas.

O bien, ve directamente a uno de sus libros más recientes, precisamente en el cual se publicó esta leyenda de la bruja sonorense: Mitos y leyendas del norte de México.




miércoles, 1 de enero de 2020

Leyendas mexicanas: Brujería y curanderismo


BRUJERÍA Y CURANDEROS
(Versión escuchada en Tacámbaro, Michoacán)

Sí, sí es cierto de que acá por estos rumbos hay gente que sabe de otras cosas que los médicos no saben. Hay hartas brujas y también curanderos. Los curanderos conocen cosas raras que sí curan, como por ejemplo recetan que tomando caldo de ardilla prieta –que se da en los cerros donde hay piña– uno se cura del asma. También frotándose aguarrás se cura uno del asma –dice don Martín, pescador y vigilante de la laguna.
             No, pero hay otras cosas que son malas. Mire, hay unas gentes que viven de aquel lado [de la laguna] que le hacen a la magia mala. A mí me han afectado por cuestiones de la envidia. Mire, una vez venía yo pasando por ahí ya casi de noche cuando vi que una de las muchachas de esa gente estaba ahí sentada mirándome; estaba mirándome muy feo y que de repente me echa una luz como de una lámpara que me dejó casi ciego. Venía yo lejos y esa luz me quemó los ojos, pero no era luz de una lámpara normal –quién sabe qué sería–. Me puse muy malo y no hubo doctor que me pudiera ayudar, y entonces mejor fui con un curandero que sí supo de dónde venía el problema y él me curó. Él me dijo que aquella muchacha me había hecho brujería.
             Esa fue una vez. Aquí le cuento otra: esas mismas gentes me volvieron a echar una brujería. Andaba yo con un dolor de espalda que nada me lo quitaba y ya ni caminar podía, entonces fui con el curandero –Martín se llamaba él, así como yo– y ya me revisó y me dijo cuál era el problema y me dijo que con tres curadas me iba yo a curar. A la primera curada que me dio salí yo caminando, aunque con la ayuda de una sobrina y mi señora, pero no va creer que a la tercera curada quedé como nuevo. Luego supe que se murió el hombre, sí, don Martín se murió porque tenía otros trabajos muy pesados también.
             Tiempo después me volvieron a echar otra brujería, pero ya no estaba don Martín para ir con él, así que fui con una mujer, doña Lupe, que también sabe de eso. Andaba yo que no podía ni acostarme porque sentía que traía puras estacas en la espalda, como aguates, que hasta tenía que dormir así como empinado. Entonces fui con ella y sin decirle nada ya me pasó y me dijo, “A ver, siéntate ahí y deja revisarte.” Ya me senté yo y nomás me tocó en la espalda y que me dice: “Ay, hijo, con razón estás malo. Mira nomás, estás todo tachueleado.” Y qué cree, no era que yo trajera las tachuelas en la espalda, sino que aquellas gentes malas tenían un monito de trapo todo tachueleado y era así que me estaban haciendo la brujería. Ya luego me explicó que el monito lo tenían enterrado entre una camerina (?) y que una sobrina mía lo iba encontrar. Y, sí, una sobrina lo encontró entre la camerina y tenía 14 clavos ese muñeco. Ya luego quemé el monito ese y guardé los clavos, como me pidió doña Lupe, y desde entonces me curé del problema que le digo, de la brujería, pues. (Leyenda de Homero Adame encontrada en su blog.)
             Deje eso. Hay otras cosas muy feas que se cuentan acá en Tacámbaro. Mire, he oído yo que en el panteón hay personas que las han oído gritar a las 72 horas de que los sepultaron. Es que son cosas de la brujería, o sea que embrujan a alguien y así como que se muere. Lo velan, le dan su misa de cuerpo presente y luego lo entierran, pero a las 72 horas despierta y como se da cuenta que ya está enterrado, pues ahora sí que se muere de la asfixia y del terror de estar enterrado vivo. Entonces ya cuando los que oyeron a la persona gritar van y dan fe a la Presidencia, cuando ya vienen abrir la tumba encuentran al muerto todo revolcado, rasguñado de la desesperación y ya muerto porque se ahogó por falta de aire. Ya le digo, las cosas de la magia negra son muy horribles.

Nota: las imágenes que acompañan esta leyenda de Tácambaro fueron tomadas de Internet, del sitio Tips para tu viaje. Que el enlace sirva como agradecimiento y crédito a sus creadores.

sábado, 17 de junio de 2017

Leyendas de Baja California Sur: Un brujo


UN BRUJO QUE INVOCA A LOS ESPÍRITUS DEL VIENTO
Leyenda de Mulegé, Baja California Sur

Tengo un chaval que le gusta harto el rollo ese de la aventura, del turismo de aventura. Ahora en Semana Santa se fue con sus camaradas allá a Baja California y se llevaron sus bicicletas de montaña. Allá se estuvieron todas las vacaciones y me cuenta que se quedan a dormir allí donde les da la noche y por eso siempre cargan con sus mochilas y llevan tienda de campaña. Cuando regresó nos estuvo platicando de las aventuras de ellos y pues ya esas pláticas que nos platica son comunes porque han andado ellos en muchas partes y más o menos nos platica luego de dónde anduvieron y los lugares que recorrieron y cosas de esas. Pero nos platicó algo que se me hizo como muy interesante de allá de Baja California porque dice que andaban en la sierra de San Francisco y ya se les estaba haciendo de noche y a un señor le preguntaron cómo llegar a alguna parte porque parece que allá hay poca agua y siempre ellos procuran acampar cerca de donde haya agua, un río, un arroyo, y el señor les dijo que estaban cerca de unos charcos o algo así. Y también les dijo que si querían ir a conocer una cueva con pinturas de la prehistoria que los podía llevar pero hasta la mañana siguiente. Los muchachos dijeron que sí y así quedaron – cuenta el Sr. Ángel Mario Macías, un comerciante de la Ciudad de México.
  En la mañana temprano llegó el señor éste en una mula y todos se fueron rumbo esa cueva; los muchachos en bicicleta y el señor en su mula. Me dijo mi chaval que está retirado, pero que les gustó mucho porque en las paredes de las cuevas hay hartas pinturas que dejaron los indios.
  [...] No, no sé cuáles indios hayan sido; eso no me lo dijo él. El asunto estuvo en que luego el guía que llevaban ahí les estuvo explicando eso de las pinturas y también les contó que por ahí cerca vive un indio que sabe muchas cosas, algo así como un brujo o un curandero y a los muchachos les dio curiosidad pero ya no fueron. Según nos platicó que según esto ese chamán o lo que sea cura con el viento, con el aire, y cura así porque es la manera cómo curan los curanderos de esa tribu –pienso yo–. Según esto, cuando llega gente a buscar a ese indio para que les ayude, él lleva a uno a una peña y lo sienta ahí en la tarde, en pelotas completito, y espera hasta que el viento empiece a soplar y es cuando el brujo comienza hacer sus cosas. El guía les explicó a mi chaval y a sus camaradas que ese brujo canta, que echa humazos y que ahí tiene a la persona así sin ropa aunque haga frío y habla con los espíritus del viento y los espíritus del viento le quitan el mal a la persona. (Leyenda de Homero Adame.)
  Se me hizo harto interesante esto que le estoy contando y quién sabe si sea cierto porque, usted sabe, uno por acá ha oído hablar de curanderas, así de brujas y de naguales, y también las ha procurado para alguna barrida, un mal de ojo, un mal de aire y cosas de esas que la ciencia no puede explicar, pero yo nunca había oído de nadie que hable con los espíritus del viento y se me hizo interesante de a tiro.


Aunque el narrador no precisa el grupo étnico al cual pertenece el curandero, es posible que se trate del cochimí, una etnia en vías de extinción por su escaso número de parlantes. Debido a ciertas tradiciones y creencias se estima que los cochimí tienen relación sanguínea o cultural con los pomo, un grupo étnico que habita en el centronorte de California, en los Estados Unidos.

Nota: las imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de agradecimiento y crédito a sus autores: Ruta de ciclismo de montaña y Playa de Mulegé.

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O bien, ve directamente a una de sus obras más recientes que incluye relatos de Baja California Sur:

Mitos y leyendas del norte de México



viernes, 8 de julio de 2011

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: San Francisco y las fonderas

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SAN FRANCISCO Y LAS FONDERAS
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Leyenda de Real de Catorce, municipio de Catorce, SLP
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De todas las historias recopiladas para este trabajo, posiblemente no haya otra que contenga mejores aspectos narrativos y de leyenda que ésta. Aquí, la narradora, doña “Carlitos” nos cuenta de un acontecimiento de la vida diaria del Real de Catorce que ya sólo queda en la historia oral, cuando el pueblo era un centro minero muy próspero. Además, explica el por qué la imagen de San Francisco presenta unas quemaduras y nos ofrece un dramático (o “lógico”) desenlace, el cual imprime un tono más rico de leyenda.
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Cuando entonces el Real de Catorce estaba en opulencia, mis abuelas, que eran unas mujeres viejillas antiguas, venían con sus animales y unos colotes y bidones de leche a vender, y desde el Puerto de los Aguadores hasta la puerta del panteón era la calle de Fondas; le decían «de fonderas» porque las fondas las atendían puras mujeres. Cuando salía el pueble [sic] de varones de la mina del Padre [Flores], de Guadalupito, de San Agustín, de San Pedro y de todos los minerales salían los puebles a comer a las fondas.
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Había una señora que tenía su fonda en un cuartito del panteón p’acá –todavía existe esa casita– y a ella no le gustaba que nadie la anduviera procurando, y entre sus males había algo que Panchito (San Francisco de Asís) le notaba. Todos los días que llegaban las gentes de mi rancho (Las Adjuntas) con sus borregas a vender, veían a San Panchito ahí parado afuera de la fonda de esa mujer. Como en aquel tiempo San Panchito vivía en la iglesia del panteón, le quedaban muy cerquita las fondas. Él salía siempre a ver el pueble a la hora de la comida. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Bueno, la mujer ésa se daba cuenta que llegaba un hombre a vigilarla a la orilla del cuarto, afuera de la fonda, pero ella no sabía que era San Panchito porque no platicaba con nadie ella. Ya harta de que ese hombre desconocido [para ella] la estuviera vigilando, un día tenía ella unas cazuelas jetonotas de mole y estaba menéele y menéele y el pueble estaba que ya iba llegar. Entonces ese día traía mucho coraje la señora –estaba agarrando quesos y gordas de horno que les había comprado a mis abuelas viejas– cuando llegó el hombre desconocido y se paró en la puerta y se asomó así. Como ella estaba menéele y menéele a la cazuela jetona del mole se enojó mucho porque se asomó el señor y [ella] le dijo unas maldicionotas. Le dijo: “Viejo jijo de quién sabe qué, ¿qué me cuidas?” –y es que San Panchito iba todos los día a cuidar las fondas, iba de fonda en fonda para que la comida estuviera buena y el pueble bien alimentado. Del libro Mitos y leyendas del Altiplano potosino.
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Estaba la vieja esa meneando el mole –¡vieja mugrosa!– y entonces Panchito se metió a saludar a la señora y al estirar la mano ella muy enojada le aventó el mole caliente en la mano. Panchito, sin decirle quién era, le dijo que le besara la mano y ella le contestó: “¡Sáquese de aquí, viejo fisgón!”, y San Francisco se regresó caminando y al momento que iba cruzar la puerta p’afuera, ella le aventó las cucharas de chile y le cayó el chile a San Panchito en la espalda. Por eso la imagen de San Francisco está quemada de aquí de su manita y también de su espaldita porque la vieja esa le aventó dos cucharones de chile que uno le cayó en la mano y el otro en la espaldita, además de que la mano ya la llevaba quemada con el mole caliente. Leyenda publicada por Homero Adame.
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Mis abuelas sabían cómo se llamaba esa vieja mugrosa, pero yo sí me acuerdo que el marido de ella se llamaba Jacinto. Jacinto se dio cuenta y regañó a su señora diciéndole: “Vieja animal, ¿por qué has ofendido a San Panchito?”. Entonces ella ya se dio cuenta de quién era el hombre extraño que la vigilaba y se fue detrás de él por toda la calle. Se dio cuenta cuándo él se metió aquí a la iglesia y se subió a su camerino y lo vio ya sentado ahí con su manita quemada y ella pegaba de gritos por haber ofendido a San Panchito. El dolor y el llanto de arrepentimiento de esa mugrosa no fueron suficientes.
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San Francisco no castiga ni es rencoroso, pero hay otros poderes que sí castigan. A la mañana siguiente Jacinto –sí, su esposo– fue y mató a su mujer; la mató por haber ofendido al santo más bueno del pueblo. Nadie lo recriminó porque ella bien se había merecido la muerte. Leyenda publicada por Homero Adame en su libro Mitos y leyendas del Altiplano potosino.

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sábado, 22 de enero de 2011

Mitos y leyendas de Nuevo León: Milagros de la Virgen de San Juan de los Lagos

MILAGROS DE LA VIRGEN DE SAN JUAN DE LOS LAGOS
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(Sucedido en Santa Catarina, N.L.)
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Aquí sabemos que la virgencita [de San Juan de los Lagos] es muy milagrosa. Mucha gente va a San Juan en peregrinaciones porque allá es la mera casa de ella, pero por estos rumbos también tiene sus templos y hace muchos milagros a los que le tienen fe y se le encomiendan. Uh, si me pusiera a platicarle de los milagros que le ha hecho a la gente enferma nunca acabamos de platicar, pero así de leyendas de la virgencita, pues sí, sí hay leyendas que contaban de más antes –anticipa don Eulogio Aguilera, un jubilado de la fundidora.
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Mire, esas leyendas son de cuando ella se aparecía para proteger a la gente de aquí. Déjeme darle un ejemplo: cuentan que una vez venían de acá de Saltillo unas tropas que iban a tomar Monterrey y tenían que pasar por aquí. Como la gente ya sabía, pero eran muy pocos los que podían defender, entonces no cree que a un ocurrente se le ocurrió trozar bastantes ramas de los mezquites para que la raza hiciera así como que venían muchos caballos levantando polvareda. No, con eso las tropas se fueron por otro lado. Pero ya cuando iban por allá se les atravesó una niña y las tropas no pasaron porque se dieron cuenta que era la virgencita de San Juan de los Lagos que se les había aparecido para que no pasaran.
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Luego los generales volvieron a mandar otro batallón para que tomaran Monterrey. Ya era de tarde cuando venían acercándose aquí a Santa Catacha y mejor levantaron sus campamentos en el río, lejos del pueblo, ¿verdad? No cree que a eso de la madrugada se despertaron porque había mucho ruido y fue cuando se le supo todo, o sea que vieron que una niña estaba desconchinflándoles todas las armas. Era otra vez la virgencita, pero los del batallón no sabían que era ella. Más tarde pasaron por aquí y vieron afuera de la iglesia a la misma niña y la siguieron cuando se metió a la iglesia. No, qué le cuento, el susto que se llevaron porque vieron cómo la niña se convirtió en imagen.
  (Leyenda de Homero Adame.)
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Eso que le digo son pláticas de más de antes, pero yo sí sé de un milagro porque yo ya tenía como 11 años cuando esto que le voy a platicar pasó. Creo que fue un huracán muy fuerte que pegó en el año… habrá sido en el 38 o el 39 (del siglo XX) y parece que fue el que tumbó la escuela de La Fama. Esa vez el río también se desbordó y hubo muchas tragedias, pero mucha gente dijo que una niña los ayudó a salvarse y que les decía que se metieran a la iglesia porque ahí no iba entrar el agua. Esto a mí no me tocó verlo, pero por mucho tiempo la gente nomás platicaba del milagro y todos íbamos a la iglesia a llevarle flores a la virgencita.
(Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)
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En todos los pueblos occidentales con una fuerte tradición católica es común escuchar historias de los milagros realizados por el patrón de su iglesia o parroquia, dígase el santo o la virgen. Resulta un tanto extraño que en el caso de Santa Catarina, cuya patrona es la virgen del mismo nombre y su fiesta se celebra el 25 de noviembre, no se hable mucho de los milagros o apariciones de ella, sino más bien de los milagros de la Virgen de San Juan de los Lagos.
Esta virgen tiene su centro de peregrinaje en San Juan de los Lagos, Jalisco, y existen muchísimos relatos acerca de sus milagros en cualquier rincón del país. En el caso particular de Santa Catarina, donde se le hace una fiesta cada 15 de agosto, se sabe de algunos, como nos los explica el narrador.
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Esta leyenda fue publicada en el libro Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León. Editorial Font, Monterrey, 2005.

Otras leyendas como ésta son parte de Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, un libro de Homero Adame publicado en 2022 y compuesto por tres capítulos: Mitos, Cuentos y Leyendas; este último subdivido por épocas y temas: Leyendas con contenido prehispánico, Leyendas coloniales de santos y vírgenes, Leyendas de aparecidos y fantasmas, Leyendas de brujas y curanderos, Leyendas de cementerios y Leyendas de tesoros. Más aún: en este tratado el autor presenta cada relato recreando el habla de zonas rurales y serranas de Nuevo León, donde se usa un lenguaje sencillo, pero con vocablos y locuciones poco comunes o desconocidas en otras regiones del país o en las urbes.

Cabe destacar que, más allá del relato, Homero Adame analiza el contenido de cada leyenda y encuentra simbolismos, hierofanías, elementos teogónicos del pensamiento desde el tiempo mítico y, de tal modo, sitúa a estas regiones neoleonesas en el contexto de la mitología universal.

Este nuevo bestsellerMitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, está disponible en librerías y también en Amazon, tanto en formato digital (Kindle) como en formato impreso o formato papel.

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sábado, 25 de diciembre de 2010

El Niño Fidencio, mito y leyenda

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EL NIÑO FIDENCIO1
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Mítico personaje de Espinazo, municipio de Mina, N.L.
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.Uno de los movimientos de curanderismo y fanatismo más controvertidos en el Noreste es el fidencismo, cuyo epicentro se localiza en la pequeña y desértica comunidad de Espinazo, en el municipio de Mina. La fama de este lugar surgió durante la primera mitad del siglo XX gracias al Niño Fidencio, un curandero nada ortodoxo que se ganó el apreció de muchos con sus curaciones supuestamente milagrosas. Incluso después de su muerte, el movimiento se ha mantenido y agrega cada vez más seguidores.
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Existen muchas versiones a favor y en contra sobre este ya casi mítico personaje y aquí presentamos una de ellas, la cual nos explica, a grosso modo, los pasajes más relevantes de la vida del Niño Fidencio y el movimiento fidencista.
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Manobile2 no nació aquí; a él lo adoptó una familia y se lo trajeron de allá por Celaya [Guanajuato], explica doña Florencia, una mujer que va a Espinazo cada año durante las fiestas de octubre. Él estaba muy jovencito cuando un día le habló Dios allá junto al Pirulito3. Parece que andaba pastoreando unas cabras del alemán4 y de repente que oyó como una voz que le decía cosas. Él miraba para todos lados y nada, no había nadie, pero luego esa misma voz le dijo que era el Señor y que le iba a dar el poder de la curación. Y así de repente Manobile empezó a curar y luego lueguito empezó su fama. Al principio su papá no quería que hiciera curaciones porque, según él, no eran cosas de Dios –no le creía eso de la voz divina en el Pirulito, verdad–, pero luego se convenció también y lo apoyó en todo lo que pudo. Artículo de Homero Adame.
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Cuando ya agarró buena fama, todo mundo lo conocía como «el Niño Fidencio» porque aunque creció se quedó chiquito y también hablaba con voz como de niño. Y miré que sí sabía curar. Nomás llegaba alguien y él lo miraba y ya sabía qué enfermedad o mal puesto traía la persona; también luego lueguito ya sabía cuál era su remedio. Sabemos que curaba con huevos, con cubetazos de agua, a tomatazos y siempre recetaba gobernadora –que se da mucho por aquí, verdad. Y también hacía que los enfermos se metieran a bañar al Charquito5 porque esa agua de ahí es sagrada.
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A mí no me tocaron aquellos años, pero todo mundo se sabe la historia del Niño Fidencio. Dicen que cuando ya estaba en su lecho de muerte dijo: “Ya me voy, pero volveré, y nadie sabrá en quién.” Entonces cuando se murió lo estaban velando junto al Pirulito y en eso que una mujer entró en trance y habló con la voz de Fidencio y dijo: “Yo les dije que me iba y volvería, y aquí estoy de nuevo.” Así comenzaron las cajitas6 a curar, y por eso Espinazo sigue vivo y sigue siendo el centro de peregrinación más importante de todo el país; todo porque aunque el Niño Fidencio ya no esté presente en cuerpo, su espíritu sigue estando con nosotros. Artículo encontrado en un blog de Homero Adame.
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1 Un extenso artículo sobre Fidencio Constantino Sintora (1898-1938) se publicó en el número 176 de la revista México desconocido, correspondiente a octubre de 1991.
2 Así le llamaban a Fidencio sus hermanos adoptivos.
3 El pirul es un árbol cuya sombra tiene el poder de curar, de acuerdo con muchas creencias latinoamericanas.
4 Theodor Von Wernich, terrateniente de esa región.
5 Se dice que con su poder el Niño Fidencio abrió un venero en lo que ahora se conoce como «el Charquito».
6 Las cajitas, también llamadas materias, son las personas en quienes se manifiesta el espíritu del Niño Fidencio para curar.
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Si te interesa el tema puedes leer una especie de leyenda en este enlace:
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