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jueves, 22 de mayo de 2014

Gastronomía de Nuevo León: Las tortas compuestas de Linares



TORTAS COMPUESTAS
Dádiva culinaria de Linares



Uno de los platillos más vistosos y representativos de Linares, N.L. son las tortas compuestas. Nadie sabe con exactitud desde cuándo se prepara, quién lo inventó, pero según algunas versiones, fue una monja del Colegio Modelo quien las dio a conocer, pues ella había llegado de otra parte del país y conocía la receta. Otra versión explica que dichas tortas son típicas de Guadalajara y quien trajo la receta a Linares fue la Srita. Fidelfa de la Garza que junto con otras personas comenzó a prepararlas para las fiestas de la iglesia de San José. Sea cual sea la versión correcta, es sabido que tanto en esa institución educativa como en las iglesias han conservado la tradición de prepararlas y venderlas en las kermeses.
Las tortas compuestas tienen como base la mitad de una “margarita” (pan de media noche) que se baña con salsa de chorizo y se le agrega picado de papa, zanahoria, huevo duro y orégano; también puede añadírsele betabel y/o chícharos como variante. Quien las prefiere con chile, les agrega chile del monte (raras veces se les pone salsa picante).

A simple vista, las tortas compuestas parecen ser un platillo sencillo de preparar, pero lo cierto es que es muy minucioso y toma mucho tiempo. Por esta razón, poca gente las elabora y de cierto modo ha quedado relegado a ocasiones especiales, kermeses y fiestas religiosas. Es común que cuando el Colegio Modelo, la Casa Parroquial o el Seminario van a preparar tortas compuestas, llamen a sus clientes y amigos para vendérselas bajo pedido, y nadie desaprovecha tal oportunidad. 

Para quedar satisfecho con estas tortas se recomienda comer por lo menos tres, y tienen la peculiaridad de ser tan deliciosas que uno quisiera seguir comiéndolas. Por lo general se comen frías, por lo tanto son un platillo muy fresco, además de muy lucidor por su colorido.

domingo, 5 de enero de 2014

Costumbres, cuentos y leyendas de Nuevo León: Los jicos



LOS JICOS

Costumbre, cuento y leyenda del Altiplano

Hay extraña una costumbre que es propia de algunas poblaciones altiplanenses del sur de Nuevo León, dentro de los municipios de Doctor Arroyo y de Mier y Noriega. Se trata de una especie de fiesta sin comparación, la cual se celebra de manera espontánea y tiene como base el compadrazgo.

       Todo surge de un fenómeno natural y poco frecuente que se da en algunas plantas, cuando dos frutas crecen juntas o pegadas, dígase dos tunas, dos elotes o dos calabazas, a las cuales regionalmente se les conoce como “jicos”. La costumbre consiste en que la persona que encuentra y corta los jicos se los regala a otra, y ésta queda comprometida a secarlos y reducirlos en harina y luego prepararla como dulce para después entregar la mitad del producto a quien se lo regaló. Al hacer esto, se realiza la fiesta y los dos amigos se convierten en compadres.

       ¿De dónde o cómo surge dicha costumbre? Nadie parece saberlo, pero hay una leyenda, que algunos ancianos narran a guisa de cuento, que bien podría darnos una pista.


      Hace muchos años, tantos que ya no hay quien recuerde cuántos, andaba una joven mujer huachichil en el monte cortando frutas. El tiempo de frío había llegado y era su obligación juntar provisiones para el largo invierno. Ella estaba embarazada y pronto iba a dar a luz. Como buena indígena, sabía que, de ser necesario, pariría sola, sin la ayuda de alguien, como lo habían hecho su propia madre y todas las otras mujeres de su aldea. Si le llegaba el momento andando sola en el monte, no debería haber problema.

       La época de tuna ya había concluido y era la fruta más preciada por los huachichiles. En eso, la mujer descubrió unos jicos de tuna en lo alto de una nopalera. Inútilmente trató de alcanzarlos con su mano; luego, buscó una vara larga o cualquier cosa que le ayudara, sin suerte alguna. Pensó en tumbarlos de una pedrada, pero eso hubiera hecho que las tunas se echaran a perder. Siguió intentando de muchas formas, incluso poniéndose en riesgo, hasta que pudo cortarlos con la mano. Para su mala fortuna, perdió el equilibrio y cayó entre la nopalera. Como nadie estaba cerca de ella para auxiliarla, no pudo moverse y quedó muy grave, tanto por el frío como por las heridas de las espinas. En la mañana, aún con vida, unos cazadores la encontraron y la cargaron de regreso a la aldea. Llevaba aferradas en sus manos las dos tunas, los jicos.

       Resulta que antes de morir, dio a luz a dos niños, algo al parecer inusual, al menos en esa aldea huachichil. Como el hombre de ella andaba de cacería con otros compañeros, la gente esperó su regreso para que él mismo decidiera qué hacer con los bebitos. Mientras tanto, éstos fueron entregados a dos mujeres para que los amamantaran.

       Pasó el invierno y el padre de los dos niños jamás regresó ―es posible que haya muerto durante una cacería―. Los gemelos hubieran crecido en la misma aldea de no haber sido por una circunstancia imprevista: hubo una lucha territorial entre huachichiles y xi’oi; a las mujeres y niños los llevaron a sitios seguros, lejos del campo de batalla. Fue así como los hermanos quedaron separados, al igual que los pobladores de aquella aldea, quienes con el paso del tiempo formaron dos o tres clanes distintos.

       Transcurrieron los años y varios clanes de la nación huachichil decidieron hacer alianzas entre ellos para crecer en número y unir la fuerza de sus guerreros con el propósito de hacerles frente a los enemigos de otras tribus o naciones. Para lograr las alianzas, era necesario desposar a los jóvenes de diferentes clanes, quienes no tenían inconveniente en hacerlo. Así, el jefe de un clan, y padre de dos hermosas doncellas, ofreció a sus hijas a sendos jóvenes guerreros. Como hubo muchos pretendientes, el hombre les dijo que las daría en matrimonio a los dos guerreros que trajeran las mejores ofrendas. Todos salieron en busca de algo para complacer al futuro suegro.

       Al tercer día, regresaron los pretendientes con sus ofrendas o dotes. Las exhibieron ante el padre de las doncellas para que tomara su decisión. No batalló mucho en hacerlo. Dio las manos de sus hijas a dos jóvenes que habían traído, cada uno por su lado, jicos de tunas, pues eso había sido algo excepcional. Encontrar jicos no es tarea fácil; encontrar dos jicos de una misma fruta es más difícil; que dos jóvenes hubieran llevado una ofrenda igual era algo por demás inusual, y por dicha razón el jefe del clan decidió de inmediato quiénes serían sus yernos.

       Lo que tal vez él no supo, ni los jóvenes tampoco, fue que ellos eran aquellos gemelos cuya madre murió cortando jicos. El destino los volvió a unir, ahora casados con dos hermanas.


Esta leyenda se publicó en 2008 en el libro  Mitos y leyendas de huachichiles por la Secretaría de Cultura del estado de Oaxaca como resultado del trabajo ganador del Premio Mito y Leyenda "Andrés Henestrosa", 2007. Ahora en 2024 el autor lanzó una segunda edición revisada y aumentada con material que recopiló tiempo después.


El libro está disponible en Amazon, tanto para formato digital (Kindle) como para impreso.

https://www.amazon.com.mx/Mitos-leyendas-huachichiles-Biblioteca-Homero/dp/6072933793/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=


Encuentra más leyendas de Nuevo León o de México en otros libros del investigador Homero Adame disponibles en Amazon, por ejemplo, accede a la coleccción en este enlace: Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas.

O bien, ve directamente a uno de sus libros más recientes: Mitos y leyendas del norte de México.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Costumbres y tradiciones de Nuevo León: Los chicaleros



En 2022, Homero Adame publicó Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, libro cuyos antecedentes son Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León (Ed. Font. 2005), Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Ed. Font. 2005) el cual fue, a su vez, una edición corregida, aumentada y mejorada de Mitos, cuentos y leyendas regionales – tradición oral de Nuevo León, originalmente publicada por Ediciones Castillo en 1998.


Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur
 (Guadalajara. 2022) contiene exclusivamente relatos de doce municipios neoleoneses, seis de ellos ubicados en la Región Citrícola y, otros seis, en la Región Sur. Está compuesto por tres capítulos: 1. Mitos, 2. Cuentos y 3. Leyendas; este último subdivido por épocas y temas: a) Leyendas con contenido prehispánico, b) Leyendas coloniales de santos y vírgenes, c) Leyendas de aparecidos y fantasmas, d) Leyendas de brujas y curanderos, e) Leyendas de cementerios y f) Leyendas de tesoros. Más aún: en este tratado el autor presenta cada relato recreando el habla de zonas rurales y serranas de Nuevo León, donde se usa un lenguaje sencillo, pero con vocablos y locuciones poco comunes o desconocidas en otras regiones del país o en las urbes.

Cabe destacar que más allá del relato, Homero Adame analiza el contenido de cada leyenda y encuentra simbolismos, hierofanías, elementos teogónicos del pensamiento desde el tiempo mítico y, de tal modo, sitúa a estas regiones neoleonesas en el contexto de la mitología universal.

La vital obra para saber más del folklore de Nuevo León, está disponible en librerías y también en Amazon, tanto en formato digital (Kindle) como en formato impreso o formato papel.

https://www.amazon.com.mx/Mitos-cuentos-leyendas-Nuevo-Le%C3%B3n/dp/6072930409/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=


sábado, 25 de diciembre de 2010

El Niño Fidencio, mito y leyenda

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EL NIÑO FIDENCIO1
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Mítico personaje de Espinazo, municipio de Mina, N.L.
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.Uno de los movimientos de curanderismo y fanatismo más controvertidos en el Noreste es el fidencismo, cuyo epicentro se localiza en la pequeña y desértica comunidad de Espinazo, en el municipio de Mina. La fama de este lugar surgió durante la primera mitad del siglo XX gracias al Niño Fidencio, un curandero nada ortodoxo que se ganó el apreció de muchos con sus curaciones supuestamente milagrosas. Incluso después de su muerte, el movimiento se ha mantenido y agrega cada vez más seguidores.
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Existen muchas versiones a favor y en contra sobre este ya casi mítico personaje y aquí presentamos una de ellas, la cual nos explica, a grosso modo, los pasajes más relevantes de la vida del Niño Fidencio y el movimiento fidencista.
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Manobile2 no nació aquí; a él lo adoptó una familia y se lo trajeron de allá por Celaya [Guanajuato], explica doña Florencia, una mujer que va a Espinazo cada año durante las fiestas de octubre. Él estaba muy jovencito cuando un día le habló Dios allá junto al Pirulito3. Parece que andaba pastoreando unas cabras del alemán4 y de repente que oyó como una voz que le decía cosas. Él miraba para todos lados y nada, no había nadie, pero luego esa misma voz le dijo que era el Señor y que le iba a dar el poder de la curación. Y así de repente Manobile empezó a curar y luego lueguito empezó su fama. Al principio su papá no quería que hiciera curaciones porque, según él, no eran cosas de Dios –no le creía eso de la voz divina en el Pirulito, verdad–, pero luego se convenció también y lo apoyó en todo lo que pudo. Artículo de Homero Adame.
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Cuando ya agarró buena fama, todo mundo lo conocía como «el Niño Fidencio» porque aunque creció se quedó chiquito y también hablaba con voz como de niño. Y miré que sí sabía curar. Nomás llegaba alguien y él lo miraba y ya sabía qué enfermedad o mal puesto traía la persona; también luego lueguito ya sabía cuál era su remedio. Sabemos que curaba con huevos, con cubetazos de agua, a tomatazos y siempre recetaba gobernadora –que se da mucho por aquí, verdad. Y también hacía que los enfermos se metieran a bañar al Charquito5 porque esa agua de ahí es sagrada.
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A mí no me tocaron aquellos años, pero todo mundo se sabe la historia del Niño Fidencio. Dicen que cuando ya estaba en su lecho de muerte dijo: “Ya me voy, pero volveré, y nadie sabrá en quién.” Entonces cuando se murió lo estaban velando junto al Pirulito y en eso que una mujer entró en trance y habló con la voz de Fidencio y dijo: “Yo les dije que me iba y volvería, y aquí estoy de nuevo.” Así comenzaron las cajitas6 a curar, y por eso Espinazo sigue vivo y sigue siendo el centro de peregrinación más importante de todo el país; todo porque aunque el Niño Fidencio ya no esté presente en cuerpo, su espíritu sigue estando con nosotros. Artículo encontrado en un blog de Homero Adame.
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1 Un extenso artículo sobre Fidencio Constantino Sintora (1898-1938) se publicó en el número 176 de la revista México desconocido, correspondiente a octubre de 1991.
2 Así le llamaban a Fidencio sus hermanos adoptivos.
3 El pirul es un árbol cuya sombra tiene el poder de curar, de acuerdo con muchas creencias latinoamericanas.
4 Theodor Von Wernich, terrateniente de esa región.
5 Se dice que con su poder el Niño Fidencio abrió un venero en lo que ahora se conoce como «el Charquito».
6 Las cajitas, también llamadas materias, son las personas en quienes se manifiesta el espíritu del Niño Fidencio para curar.
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Si te interesa el tema puedes leer una especie de leyenda en este enlace:
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Si quieres leer más historias, mitos o leyendas de Nuevo León, hay libros de Homero Adame disponibles en Amazon:
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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Las cabañuelas en el Noreste de México

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LAS CABAÑUELAS
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Modo de pronosticar el clima
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¿Has oído hablar de las cabañuelas? Para la gran mayoría de la gente que vive en las ciudades grandes quizás esta palabra suene rara; para aquellos que viven en provincia, particularmente en las ciudades pequeñas, es probable que les resulte conocida, y para quienes viven en las áreas rurales es, sin duda, parte de su habla cotidiana durante el primer mes de cada año.
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Según algunos diccionarios, las cabañuelas son el cálculo que suele hacer el vulgo, basándose en las características climáticas que se presentan en ciertos días de determinados meses, dependiendo del país y sus costumbres, para con ello pronosticar cómo será el clima durante el año en curso. Para México en particular, los mismos diccionarios explican a las cabañuelas como las lluvias en los meses de invierno.
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Para efectos del presente artículo, hablaremos de las cabañuelas en el Noreste del país, las cuales en sí no corresponden a la descripción expuesta al final del párrafo anterior y sí son todo un concepto. Las cabañuelas en las pequeñas ciudades de los estados norestenses son parte del conocimiento empírico del clima, para lo cual la gente se basa en todos los días del mes de enero y con ello pronostican el clima a futuro. En sí se trata de un conocimiento oral, es decir, las personas hablan de esto sólo en enero como resultado del cambiante clima a lo largo de dicho mes. Por citar un ejemplo, tenemos que si el día 9 de enero es nublado, templado y lluvioso, entonces alguien dice por ahí: “Ah, es que estamos en la cabañuela de septiembre”. Luego, al día siguiente, las particularidades climatológicas son, digamos, de cielo despejado, con viento y algo frío. “Bueno, es que ahora estamos en la cabañuela de octubre”, es el clamor popular.
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Como se mencionó, este conocimiento es básicamente oral –que yo sepa no hay nada escrito al respecto todavía–, sin embargo, es un sistema bastante complejo, como veremos a continuación:
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Primero hay que llevar una bitácora detallada del comportamiento climático de cada día de enero, anotando los datos pertinentes. Utilicemos el día 6 como ejemplo, el cual corresponde al mes de junio.
Así que desde temprano observamos el cielo, el viento y la temperatura. El resultado nos daría algo como esto: soleado, sin viento y caluroso. (Por supuesto que estos datos son relativos porque durante el día pueden haber variaciones relevantes como: primero fresco y luego caliente, así como primero nublado y después soleado, etc. Por ello es mejor tomar una media, es decir, cómo estuvo más tiempo del día.)
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Entonces, cada día tiene un mes que se les atribuye de una manera sistemática, como lo veremos en esta tabla:
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Días.................Mes.........................Días.....................Mes
1 – 24….........enero.......................7 – 18............... . julio
2 – 23….........febrero.....................8 – 17…............agosto
3 – 22.............marzo......................9 – 16…...........  septiembre
4 – 21….........abril........................10 – 15…...........octubre
5 – 20.............mayo......................11 – 14…........... noviembre
6 – 19….........junio.......................12 – 13.............. diciembre
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Después tenemos que del día 25 al 30 se toman por medio día para cada mes; desde la madrugada hasta el medio día, y la tarde y noche. Esto se hace del siguiente modo:
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Días..........Meses...............................Días...............Meses
25..........enero y febrero.....................28............julio y agosto
26..........marzo y abril........................29............septiembre y octubre
27..........mayo y junio...................,....30......... ..noviembre y diciembre
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Finalmente tenemos al día 31 con sus 24 horas. En este caso cada dos horas son asignadas a cada mes, partiendo de la madrugada:
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....Hora.........................Mes...................................Hora.........................Mes
12:00 – 2:00 a.m......diciembre......................12:00 – 2:00 p.m...........junio
2:00 – 4:00 a.m........noviembre.......................2:00 – 4:00 p.m...........mayo
4:00 – 6:00 a.m........octubre............................4:00 – 6:00 p.m...........abril
6:00 – 8:00 a.m…....septiembre......................6:00 – 8:00 p.m...........marzo
8:00 – 10.00 a.m…..agosto............................ 8:00 – 10:00 p.m..........febrero
10:00 – 12:00 a.m….julio...............................10:00 – 12:00 p.m.........enero
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Muy bien, ya tenemos todos los días y sus horas correspondientes a cada mes del año. Si volvemos a nuestro ejemplo original, que es el mes de junio, sabemos que sus días son el 6, el 19, la tarde y noche del 27, y las horas de las 12:00 a la 1:59 de la tarde del día 31. Texto de Homero Adame.
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Como se verá, este sistema parece un tanto complicado, pero la verdad es cuestión de ser pacientes y observar con detalle todos y cada uno de los días, realizar las anotaciones adecuadas y sumar y comparar todos los datos obtenidos para sacar las conclusiones de cómo será el clima en tal o cual mes del año. Así, con mucha anticipación ya sabremos cuándo lloverá, qué meses serán muy calientes, cuáles serán fríos, cuándo habrá heladas, etcétera, sin necesidad de estar pendientes de los canales del tiempo, los cuales, es conocimiento de todos, son poco confiables ya que manejan datos muy globales y temperaturas máximas y mínimas en los extremos para tener «poco margen de error». Texto de Homero Adame.
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Entonces, y como bien sabemos –aunque sea en el inconsciente colectivo–, el conocimiento popular suele ser muy certero, pues con base en la observación ancestral y cotidiana de los fenómenos naturales, del comportamiento de los animales, del desarrollo de la vegetación e, incluso, de las dolencias repentinas de nuestro propio cuerpo, llegamos a descubrir otras cosas del entorno, aunque muchos digan que tal conocimiento ya se ha perdido.
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Si analizamos la información anterior, encontramos que, por ejemplo, febrero resultó ser un mes tranquilo, sin los acostumbrados vientos fuertes y con inusuales lloviznas, tal y como se había visto durante sus cabañuelas respectivas en dos ocasiones. Marzo, por su parte, fue en realidad un mes con climas templados, aire reseco y con viento; más o menos como se había previsto. Abril cumplió con las expectativas, pues durante ese mes tuvimos climas cambiantes, entre muy caluroso a frío, así como vientos y lloviznas; hubo nublados densos al final, pero no lluvias torrenciales. Mayo resultó ser un mes muy interesante porque, en primera instancia, presentó los calores acostumbrados y esperados, sin embargo, hacia el final hubo más lluvias de las imaginadas, las cuales contradijeron a sus cabañuelas correspondientes. Y junio, por su parte, fue más o menos fiel a sus cabañuelas, con muchos días soleados y calurosos, noches frescas y aguaceros leves.
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En fin, todo este cuadro sistemático de las cabañuelas que aquí hemos presentado también tiene un error muy simple, pero difícil de comprender. Si a cada mes se le asigna un día, un medio día o dos horas, nos queda la duda de cuál es en realidad la predicción para enero, pues después de todo estamos en enero, ¿no? Pero bueno, no hay nada perfecto y esta antaña tradición también presenta sus equivocaciones.

Como comentario final reiteramos que las cabañuelas son, más que nada, una costumbre oral que se recuerda al momento y sólo durante el mes de enero, pues en realidad es poca la gente que se toma la molestia de hacer sus anotaciones metódicamente.
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Nota: este texto fue publicado, con otras fotografías, en el mes de enero de 2002, en la revista México Desconocido. Posteriormente, en 2005, utilicé la misma información para incluirla en mi libro Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León (páginas 180-183).
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