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martes, 29 de septiembre de 2020

La rata vieja

 



Sandia es una comunidad del municipio de Galeana, N.L. Creció alrededor de una estancia en el pasado perteneciente a la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, cuyo casco se ubica a pocos kilómetros de distancia, hacia el sureste, en el municipio de Aramberri.


Para leer más sobre los huachichiles, Mitos y leyendas de huachichiles, en su segunda edición de 2024, tiene relatos inéditos que Homero Adame recopiló tiempo después de la primera edición (en 2008) durante sus recorridos por las semi desérticas llanuras altiplanenses; relatos que aluden directamente a los huachichiles, grupo del cual poco se sabe, pero Homero Adame nos da una muestra a través de la óptica legendaria, área que le es muy conocida. Debemos recordar que la historia conocida es la versión de los vencedores, sin embargo, gracias a estos relatos y leyendas recopiladas por el también  “arqueólogo de la tradición oral” podemos dar un atisbo de la vida y las creencias de los vencidos.Y para dar un cierre inesperado a este trabajo, el también escritor y novelista incluyó un relato adicional, obra de su pluma, de su creatividad literaria y de su fascinación por los huachichiles; relato que nos permite imaginar cómo eran estos habitantes del ayer, cómo vivían, cuáles eran sus idiosincrasias y muchas cosas más. 

El libro está disponible en Amazon, siguendo estos enlaces:

Huachichiles formato digital (Kindle)

y

Huachichiles para impreso

sábado, 8 de agosto de 2020

Los indios mineros en San Luis Potosí


LOS INDIOS MINEROS
Leyenda de Guadalcázar, SLP

Allá en esa sierrita hay unas cuevas donde la gente saca cositas muy curiosas; cositas que luego van y venden por ahí. Ha de saber usted que los indios moraban en esas cuevas. Esos indios estaban antes de que los españoles llegaran aquí porque ya trabajaban las minas y los indios hacían cositas con el metal que sacaban de las minas. Cuando llegaron los españoles les gustó el asunto de las minas y por eso corrieron a los indios. Los españoles no destaparon ninguna mina; las minas ya las habían destapado los indios y los españoles son los que las aprovecharon.

Cuentan que unos amigos de aquí fueron al Cañon del Meco, allá por el rumbo de Cuidad del Maíz, y se encontraron a otros hombres. Esos hombres no parecían como uno sino que tenían como cara de indios. Entonces les preguntaron que de dónde eran y cuando estos amigos dijeron que venían de Guadalcázar aquellos hombres les dijeron: “Mmm, nosotros éramos de allá... a nuestros padres los corrieron los españoles cuando nosotros estábamos ansina de chiquitíos.” Entonces dijeron que los españoles los corrieron para quitarles las minas.

Y esos indios sí sabían de estos rumbos porque les dijeron a los amigos de la mina que le mentamos «La Cocinera». Los indios dijeron: “Sí, en La Cocinera trabajábamos nosotros. Hay unas cuevas (socavones) y una es de pura plata, otra es de puro oro y una más es de mercurio para afinar la plata.”

Por eso le digo que fueron los indios los que descubrieron las minas y no los españoles. Aunque los españoles cuando llegaron le sacaron mucho provecho, primero corriendo o matando a los indios, robándose las tierras, posesionándose de cuanta cosa podían, y matando a las mujeres para que ya no tuvieran más hijos indios. Esos españoles fueron muy méndigos y luego fundaron sus haciendas a costa de la sangre que hicieron derramar de los indios.


Este relato publicado por el investigador y mitólogo Homero Adame habla sobre unos indios, sin especificar a cuál tribu pertenecieron, y los tiempos son un tanto confusos, por lo que evidentemente cae en el campo de la leyenda. Sin embargo, también se menciona que la región de Guadalcázar ya era un centro minero desde antes de la llegada de los españoles, y esto lo hace entrar en el campo de la historia. (Blog de Homero Adame)


Nota: la foto fue tomada de El Sol de Zacatecas.


En el premiado libro Mitos y leyendas de huachichiles, de Homero Adame, puedes leer más historias de grupos prehispánicos. Dicho libro está disponible en Amazon para versión impresa o/y digital.



martes, 21 de julio de 2020

Los cometas en las creencias y supersticiones


Una leyenda de los COMETAS escuchada en Durango

Bueno, tocante a eso de los augurios, uno que es de mal agüero es el cometa. Yo ya voy para los 80 años y he visto –qué serán– unos tres o cuatro cometas en mi vida, cometas grandes, sí señor –dice el Sr. Mario Molina en este recuento publicado por Homero Adame.
Yo me acuerdo que mi papá y sus gentes contaban del cometa que el Halley, que el más grande de todos y que trajo muchas calamidades, tantas que hasta empezó la guerra de Revolución por causa del cometa. Eso decían las gentes de antes. Luego me acuerdo que hace como unos 15 años –algo así– dijeron que “ahí viene el Halley; ahí viene el Halley” y el corredero de gente. Se metían a sus casas, cerraban ventanas, ponían listones rojos en las puertas afuera, qué sé yo. Y má, que apenas se vio una rayita en el cielo. Nada como aquel cometa Halley que contaban las gentes de antes.

Le digo, yo he visto unos cuantos cometas en toda mi vida y ninguno ha traído guerras ni la peste, pero lo que sí le puedo decir es que cuando han pasado los cometas o que las chivas o las vacas no dan buena leche o que se empedernen las frutas en el árbol y cosas así. Eso sí se lo puedo asegurar. Y también le puedo asegurar que viene un frío a destiempo o una sequía larga. Eso es lo que anuncian los cometas a mi parecer.

Nota: la fotografía fue tomada del muro de Robert Lombrosso en Facebook.

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Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas


O bien, ve directamente a una de sus obras más recientes que incluye cuatro relatos de Durango:

Mitos y leyendas del norte de México


Historias del desierto de Homero Adame parte 4





martes, 14 de abril de 2020

Libro de "Judíos ashkenazitas



Después de dos años de intenso trabajo de campo, de hacer más y más nuevos contactos, de visitas a México y San Luis Potosí, de mensajes escritos, llamadas nacionales, a Estados Unidos, Canadá e Israel, reuniones de entrevistas, conferencias con los colegas y largas horas de escritorio para transcribir más de cien entrevistas, por fin logramos publicar el primer libro de los judíos potosinos con origen ashkenazí.

Este libro es para mí el trabajo más complejo y, a la vez, más satisfactorio que he hecho en mi trayectoria como escritor e investigador de oralidad, y no hubiera sido posible sin el entusiasmo de todos los que apoyaron desde que empezó como proyecto.

La noche del 28 de septiembre de 2019 en el Centro Cultural Bella Época de CdMx fue una noche extraordinaria, maravillosa, como maravillosa la gente que abarrotó el espacio que nos facilitaron para presentar nuestro trabajo en el marco de la FILJU --Feria Internacional del Libro Judío, con el honor que implica estar allí. Los tres autores de este libro, Jesús Garza Herrera, Emilio Borjas Rubín de Celis y yo estuvimos acompañados por Sandra Karchmer, quien fungió como moderadora.


Este libro, además, tiene desde ya un sello invaluable: su poder de convocatoria. Este libro logró reunir a más de cien personas de tres generaciones con vínculos potosinos, dígase ashkenazitas, sefaradim y goyim. Fue una noche de reencuentros entre familiares, noche de gran animación y, para mí, noche cuando finalmente conocí a personas estupendas que sólo conocía por voz o por escrito.

Y por ser hoy el día que es, no me resta más que reiterar mi agradecimiento y decir a todos los que estuvieron y a los que no pudieron estar... Shaná Tova Umetuká!



sábado, 4 de abril de 2020

Leyendas de Querétaro: Tesoros y cuevas en El Zamorano


CUEVAS Y UN TESORO
(Leyenda de El Zamorano, municipio de Colón, Querétaro)

Aquí también se le conoce como «Pinal de Zamorano» –dice don Macedonio Pérez Hndz., gambusino de oficio. Existen varias cuevas; en una de ellas sacaban ópalo. Yo sé porque yo llevaba a unas personas de México y sacábamos puras rojuelitas de ópalo ya liquidado; ellos se llevaban hasta tres cargas de costales de ixtle. Eran tres amigos Ignacio, Raúl y Javier.
   De aquel lado hay otra cueva que le llaman «Rincón de la Peña Blanca» y de este lado hay otra cuevota grande donde hay una mata de órgano y por eso le dicen la «Cueva del Órgano». Hay también un lugar muy misterioso que le decimos la «Peña de la Colmena». Había siete colmenas ahí –todavía están–. Había un señor de Colón que se llamaba Apolinar y cada año las venía a capar esas colmenas. Se llevaba harta miel y la cera la regalaba en la parroquia de la Virgen de Soriano, a la Santísima Virgen de los Dolores para que no le pasara nada, porque la Santísima Virgen le ayudaba y lo protegía y le daba más miel de aquellas colmenas. Se descolgaba el señor de arriba de la ceja de la peña con unos cables y su señora se quedaba abajo con un bote recibiendo la miel. Ahí en esa peña también hay una cueva muy grandota, pero no tiene dibujos de los que usted anda preguntando. (Blog de Homero Adame.)
   Pero allá en el cerro El Mexicano hay una cueva que le dicen «El Meco» porque hay unos nopales grandes de esos mecos. Ahí una vez espantaron a estos tres amigos de México. Yo los había acompañado para traer ópalo, pero cuando nos dio la noche yo me tuve que ir a buscar unos animales y ellos se quedaron en esa cueva. Luego me contaron en la mañana que estaban por dormirse cuando de repente oyeron unos ruidos así como cuando pega el bastón en el piso y oyeron una voz que les decía que sacaran el tesoro. Entonces se asustaron mucho y como les dio miedo, mejor se fueron. Yo me los encontré en la mañana en un reliz, estaban enteleridos con harto frío, tenían frío porque la noche había sido fría y también por el miedo que todavía traían. Nos sacaron nada porque la voz les dijo: “Todo o nada”, y como era una voz muy fea así como del más allá, mejor se fueron y no sacaron nada de esa cueva del Meco.

Notas:
1. La foto de la virgen de Soriano fue tomada del sitio de Internet De paseo.com. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
2. La foto del cerro El Mexicano fue tomada de la página de Internet Tripmondo. Que el enlace sirva como crédito y agradecimiento a sus creadores.

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jueves, 19 de marzo de 2020

La princesa primavera y el conde anacoreta

 




“La princesa primavera y el conde anacoreta” es un relato parte del libro Cuentos de amor y otras trivialidades, de Homero Adame (SLP 2008).


domingo, 2 de febrero de 2020

Santo Toribio Romo, el protector de los migrantes


SANTO TORIBIO ROMO
(Leyenda de Altos de Jalisco)


Tengo un sobrino que se fue de mojado p’al otro lado con otros amigos d’él. Dice que cuando estaban en el desierto, allá por Sonora, que los llevaba un pollero que les había cobrado mil dólares por cruzarlos la frontera, pero qu’el pollero ese se largó una mañana y se fue con todo el dinero. Y es que ya estaban del otro lado y vieron una camioneta de la Migra que ahí venía. Entonces todos los muchachos se asustaron, pero no supieron pa’ dónde correr, ni tampoco había dónde esconderse. No’mbre, según mi sobrino qu’en ese lugar ni siquiera hay un méndigo árbol que dé sombrita –cuenta el Sr. Lorenzo Ornelas Ledezma, canterero de oficio radicado en San Miguel el Alto.

Total, ya estaba la Migra cerquitas cuando mi sobrino se hincó y se puso a rezar. Dijo que s’encomendó a Santo Toribio porque mi hermana –su mamá de él, ¿verdad?– le dijo que s’encomendara a este santito que ahora veneran en un pueblo de por aquí que se llama Santa Ana –está entre aquí y Jalos[totitlán]–. Y mire que se le concedió un milagro, el primer milagro ese día, porque los de la Migra llegaron en la camioneta y detuvieron a todos pero a mi sobrino no porque ni siquiera lo vieron, y eso qu’estaba ahí entre la bola, pero hincado rece y rece. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

Los de la Migra se llevaron a todos y Neto, mi sobrino, se quedó solo en el desierto; se quedó sin agua ni comida, solo, solito y perdido. Dice que se sentó a llorar cuando de pronto que llegó un señor joven y que le dijo que qué le pasaba. Neto mi sobrino le contó su desventura al extraño aquél y el hombre le dijo: “No te apures. Vente, yo te llevo hasta una ciudad y te voy a conseguir trabajo.” Mi sobrino le dijo que no traía ni un centavo pa’ pagarle, pero el señor le dijo: “No te apures que yo no cobro.” Ese fue el otro milagro.

Y así fue como Neto salió del enredo aquel. El hombre desconocido lo llevó hast’un lugar que se llama Ajo, en Arizona, y allí l’encontró empleo. Mi sobrino ni tiempo tuvo pa’ darle las gracias porqu’el señor se desapareció y nunca lo volvió a ver. Luego pasaron los meses y Neto se fue a California donde está trabajando muy bien. Con el tiempo arregló sus papeles y hace poco que vino a visitarnos y nos contó lo que le pasó. Ah, pero no se imagina la sorpresota que se llevó cuando vio la imagen de Santo Toribio porque, dice, es la del hombre que le ayudó cuando estaba solo en el desierto. ¿Y sabe por qué Santo Toribio es ahora muy venerado? Porqu’es el que ayuda a los migrantes y los ayuda así como ayudó a Neto mi sobrino.

Entonces ya fue él a Santa Ana a dejarle un regalo a Santo Toribio Romo como pago de una manda por la ayuda que le dio aquella vez que estuvo solo en el desierto.

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Toribio Romo González nació el 16 de abril de 1900, en Santa Ana de Guadalupe, una comunidad en el municipio de Jalostotitlán, perteneciente a la zona de Los Altos de Jalisco. Ya siendo sacerdote murió como mártir durante la Guerra Cristera, el 25 de febrero de 1928. Fue beatificado en 1992 y canonizado el 21 de mayo de 2000, junto con 24 compañeros.

Notas: Una versión editada de esta leyenda fue publicada por Editorial Trillas, en 2010. El libro, con 64 leyendas mexicanas, se puede conseguir directamente de la tienda en línea de Editorial siguiendo este enlace: Mitos y leyendas de todo México, de Homero Adame.
2. La imagen de Santo Toribio Romo con la oración del migrante fue tomada de la página My Catholic Gifts. Que en enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.
3. La foto del templo en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, fue tomada del sitio de Internet pueblosofmexico.smuygsmug. Que en enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.




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Mitos y leyendas del norte de México



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miércoles, 1 de enero de 2020

Leyendas mexicanas: Brujería y curanderismo


BRUJERÍA Y CURANDEROS
(Versión escuchada en Tacámbaro, Michoacán)

Sí, sí es cierto de que acá por estos rumbos hay gente que sabe de otras cosas que los médicos no saben. Hay hartas brujas y también curanderos. Los curanderos conocen cosas raras que sí curan, como por ejemplo recetan que tomando caldo de ardilla prieta –que se da en los cerros donde hay piña– uno se cura del asma. También frotándose aguarrás se cura uno del asma –dice don Martín, pescador y vigilante de la laguna.
             No, pero hay otras cosas que son malas. Mire, hay unas gentes que viven de aquel lado [de la laguna] que le hacen a la magia mala. A mí me han afectado por cuestiones de la envidia. Mire, una vez venía yo pasando por ahí ya casi de noche cuando vi que una de las muchachas de esa gente estaba ahí sentada mirándome; estaba mirándome muy feo y que de repente me echa una luz como de una lámpara que me dejó casi ciego. Venía yo lejos y esa luz me quemó los ojos, pero no era luz de una lámpara normal –quién sabe qué sería–. Me puse muy malo y no hubo doctor que me pudiera ayudar, y entonces mejor fui con un curandero que sí supo de dónde venía el problema y él me curó. Él me dijo que aquella muchacha me había hecho brujería.
             Esa fue una vez. Aquí le cuento otra: esas mismas gentes me volvieron a echar una brujería. Andaba yo con un dolor de espalda que nada me lo quitaba y ya ni caminar podía, entonces fui con el curandero –Martín se llamaba él, así como yo– y ya me revisó y me dijo cuál era el problema y me dijo que con tres curadas me iba yo a curar. A la primera curada que me dio salí yo caminando, aunque con la ayuda de una sobrina y mi señora, pero no va creer que a la tercera curada quedé como nuevo. Luego supe que se murió el hombre, sí, don Martín se murió porque tenía otros trabajos muy pesados también.
             Tiempo después me volvieron a echar otra brujería, pero ya no estaba don Martín para ir con él, así que fui con una mujer, doña Lupe, que también sabe de eso. Andaba yo que no podía ni acostarme porque sentía que traía puras estacas en la espalda, como aguates, que hasta tenía que dormir así como empinado. Entonces fui con ella y sin decirle nada ya me pasó y me dijo, “A ver, siéntate ahí y deja revisarte.” Ya me senté yo y nomás me tocó en la espalda y que me dice: “Ay, hijo, con razón estás malo. Mira nomás, estás todo tachueleado.” Y qué cree, no era que yo trajera las tachuelas en la espalda, sino que aquellas gentes malas tenían un monito de trapo todo tachueleado y era así que me estaban haciendo la brujería. Ya luego me explicó que el monito lo tenían enterrado entre una camerina (?) y que una sobrina mía lo iba encontrar. Y, sí, una sobrina lo encontró entre la camerina y tenía 14 clavos ese muñeco. Ya luego quemé el monito ese y guardé los clavos, como me pidió doña Lupe, y desde entonces me curé del problema que le digo, de la brujería, pues. (Leyenda de Homero Adame encontrada en su blog.)
             Deje eso. Hay otras cosas muy feas que se cuentan acá en Tacámbaro. Mire, he oído yo que en el panteón hay personas que las han oído gritar a las 72 horas de que los sepultaron. Es que son cosas de la brujería, o sea que embrujan a alguien y así como que se muere. Lo velan, le dan su misa de cuerpo presente y luego lo entierran, pero a las 72 horas despierta y como se da cuenta que ya está enterrado, pues ahora sí que se muere de la asfixia y del terror de estar enterrado vivo. Entonces ya cuando los que oyeron a la persona gritar van y dan fe a la Presidencia, cuando ya vienen abrir la tumba encuentran al muerto todo revolcado, rasguñado de la desesperación y ya muerto porque se ahogó por falta de aire. Ya le digo, las cosas de la magia negra son muy horribles.

Nota: las imágenes que acompañan esta leyenda de Tácambaro fueron tomadas de Internet, del sitio Tips para tu viaje. Que el enlace sirva como agradecimiento y crédito a sus creadores.