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sábado, 24 de marzo de 2012

Mitos y leyendas de Chihuahua: Pancho Villa robó el tesoro de Luis Terrazas


EL TESORO DE LUIS TERRAZAS Y PANCHO VILLA
Leyenda de Chihuahua
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Desde mucho antes de la Revolución, o sea desde la segunda mitad del siglo XIX, Luis Terrazas era uno de los hombres más ricos de México, y el más rico del norte. Tenía haciendas, ranchos ganaderos, minas, propiedades, casas y todo lo que quería. Hasta fundó un banco, el Banco Minero de Chihuahua. Era tan rico que se convirtió en el cacique y con el poder que tenía ponía y quitaba gobernantes a su antojo.
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Dicen que los hombres más poderosos son los que siendo el poder están detrás del poder; son los que manipulan, y Luis Terrazas era así hasta que quiso ser diputado y síndico. Anduvo coqueteando con el poder de figura pública y se convirtió finalmente en el gobernador de Chihuahua. Ya con eso, no había nadie que lo contradijera y se hizo más rico y poderoso. Historia recreada por Homero Adame.
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Cuando empezó la Revolución, en Chihuahua las cosas se pusieron difíciles. Todavía siendo Porfirio Díaz presidente, destituyó a Luis Terrazas de la gobernatura y los ánimos se caldearon. En esas fechas, ya con 80 años de edad, Luis Terrazas huyó a una de sus propiedades en Aguascalientes, pero al darse cuenta de que todo el país era un polvorín, mejor se fue a California, pero en 1912 regresó a Chihuahua cuando Francisco I. Madero se lo pidió y le ofreció garantías para que pudiera gobernar sin problemas. Regresó y encontró muchas de sus haciendas saqueadas. Creía que iba a poder restablecerlas, y fue cuando Pancho Villa azoló Chihuahua.
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Todo lo anterior es historia y aquí viene la parte de la leyenda: cuentan que Pancho Villa llegó personalmente a la casa de Luis Terrazas y lo sacó a punta de pistola para que lo llevara al banco, abriera la caja fuerte y poder saquearla. Luis Terrazas siguió las órdenes del general Villa y sí, fueron al banco y de la bóveda los revolucionarios sacaron todo el dinero, joyas y barras de plata y de oro que había. Pero Pancho Villa se dio cuenta de que no era mucho y que lo que estaba allí guardado era dinero de los ahorradores, no el de Terrazas. Entonces le ordenó al ex gobernador que le dijera dónde estaba su tesoro, sin mucho éxito. Villa amenazó con matarlo, sin que esto asustara a Terrazas tampoco. Muy enojado, Villa mandó traer a dos hijos y dos nietos de Terrazas y le dijo a éste que si no le decía dónde estaba el tesoro los iba a matar allí mismo. Luis Terrazas no tuvo más remedio que decir la ubicación. El tesoro estaba adentro del mismo banco, pero enclavado en los pilares. Los hombres de Villa tumbaron los pilares y se llevaron las riquezas que Terrazas había acumulado en todos sus años de cacicazgo. Leyenda recreada por Homero Adame.
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Notas:
1. La foto de la Quinta Carolina fue tomada del sitio ImageShack.
2. La foto de Luis Terrazas fue tomada de Wikipedia.
3. La foto de Pancho Villa también fue tomada de Wikipedia.
Que los enlaces sirvan de crédito a sus creadores.

Puedes encontrar más leyendas de Chihuahua o de México en algunos libros del investigador Homero Adame disponibles en Amazon, por ejemplo, accede a la coleccción en este enlace:

Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas


O bien, ve directamente a una de sus obras más recientes que incluye cuatro relatos de Durango:

Mitos y leyendas del norte de México


martes, 20 de marzo de 2012

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: El espíritu de la lechuguilla



"El espíritu de la lechuguilla" es una leyenda que fue narrada por don Antonio Martínez y recopilada por Homero Adame en Villa de Guadalupe, SLP. Se publicó en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del Programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.
Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005.

martes, 13 de marzo de 2012

Cuentos tradicionales mexicanos: El hombre que fue a tocar al infierno



"El músico que fue a tocar al infierno" es un cuento tradicional, que se narra con características similares en muchas partes de México. Esta versión la escuché hace muchos años en La Petaca, una congregación de Linares, N.L.
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Nota: la foto fue tomada del blog Literamo. Que el enlace sirva de crédito a su creadora.

lunes, 12 de marzo de 2012

Mitos y leyendas del Distrito Federal: La calle de las Ánimas


LA CALLE DE LAS ÁNIMAS
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Leyenda de México, D.F.
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Las calles de esta zona de Tacubaya tienen nombres de mártires de 1810, Mártires de Tacubaya, Mártires de la Conquista. Esta última ostentaba anteriormente el nombre de Calle de las Ánimas y unía al Molino de Valdez con la parroquia de La Candelaria. En las tardes de mucho viento, los vecinos aseguraban ver el paso de las almas de los judíos que murieron sin bautismo y vivieron en el molino antes mencionado, sin lamentar su suerte. Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.
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En las tarde, cuando las penumbras se asomaban, la calle se llenaba de nubes que crecían y se achicaban; unas seguían a la parroquia y otras hacia el Molino de Valdez, pasando por la casa del obispo Palafox (hoy Colegio Saviñón). Llegando a la parroquia, entraban al baptisterio y retrocedían para comenzar de nuevo la travesía.
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Nadie se atrevía a dar opinión sobre el asunto, pues podría exponerse ante el Santo Oficio, pero algún bachiller instruido sugirió el uso de agua bendita, rosarios y cosas parecidas. Leyenda compartida por Magali López.
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Averiguaron que esas nubes eran las almas de Sebastián Cardoso, a quien se le sorprendió que escupía el suelo a la hora de la elevación del cáliz y la hostia; de Blanca Rodríguez, Blanca Enríquez, Violante y Beatríz Rodríguez, Esabel y Helena de Silva, Justa Méndez y otros. Sus alaridos reclamaban: ¡Tú nos quitaste la fe de Cristo! ¡Tú nos enseñaste la Ley de Moisés! ¡Maldita sea, por ti sufrimos! Volviendo su cara el cielo imploraban por la absolución de sus pecados y confesaban sus culpas. Estos gritos duraban hasta que se desvanecía la aurora.
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Don Francisco Fernández del Castillo nos relata esta historia y yo la encontré en un viejo libro llamado México en el Tiempo, de Roberto Olavarría y editado en 1946.
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Nota: esta leyenda fue enviada por Magali López.
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viernes, 9 de marzo de 2012

Mitos y leyendas del Altiplano: Auroras boreales


AURORAS BOREALES EN EL NORTE DE MÉXICO
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Testimonio escuchado en algún lugar donde colindan los estados de
Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas
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—Mire que hay cosas que uno no se puede explicar porque no sabemos qué son –anticipa don Ramón Maldonado, un campesino como de 85 años de edad, radicado en el municipio de El Salvador, Zacatecas–. Se lo cuento porque luego unos dicen que son cosas que de fantasmas, que del diablo, que de Dios y que hasta de los marcianos –ansinita mero decían antes, que de los marcianos. Esto que le voy a platicar a mí me tocó verlo cuando estaba chiquitillo y vivíamos allá por los rumbos de San Jorge, y no nomás a mí me tocó verlo sino que a muncha gente también.
Sí sabe usté de los cometas, ¿vedá? Bueno, eso que veíamos en el cielo no eran cometas, eran luces que se movían de un lado a otro, ansina como borniándose. Haga de cuenta que ya en la noche, de esas noches sin luna, en el cielo, hacia el norte, salían luces de colores que bailaban, sí, haga de cuenta que bailaban. ¿Qué serían? Vaya usté a saber. (Testimonio recopilado por Homero Adame.)
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—Han de haber sido lo que en ciencia se llaman auroras boreales –le digo a don Ramón–. Se sabe que muy al norte, cerca del Polo, se dan esos fenómenos de luz, pero es raro, muy raro, que se vean hasta acá. (Historia recopilada por Homero Adame.)
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—Ah, mire… Entonces son cosas de la ciencia. Pero de esto que le cuento fue nomás una vez, cuando yo estaba chiquitillo y pastoreaba cabras.
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—¿Cómo cuántos años tendría usted entonces?
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—No, ¿pos qué será?, como unos diez.
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—¿Y cuánto tiempo duró eso que veía?
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—Duraba muncho rato. Yo creo que toda la noche hasta el amanecer, pero no nos quedábamos mirando eso porque nos recogíamos temprano; sí, antes la gente se recogía temprano. (Relato recopilado por Homero Adame.)
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—¿Y fueron varios días?
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—Sí, yo me recuerdo que sí. ¿Qué habrán sido? A lo muncho una semana y luego ya no volvimos a mirar esas luces en el cielo.
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—¿Y de qué color se veían esas luces?
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—Me acuerdo que eran varios colores, que rojos, que amarillos, que verdes y todo el cielo hacia acá el norte se miraba muy bonito.
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—Oiga, ¿y las chivitas no se ponían más locas?
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—No. Ya ve que ellas campean de día y en la noche uno las mete a los corrales o se echan a dormir en el monte. Por eso no podría decirle si con aquellas luces se pusieran más locas. Los perros sí se daban cuenta y le ladraban a las luces en el cielo; de eso sí me acuerdo.
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—¿Y por qué cree usted que la gente pensaba que era cosa de los marcianos?
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Pos habrá sido por “falta de ignorancia”, creo yo. Es que ya ve que cuando uno no se puede explicar algo, pos le echa la culpa a los fantasmas o a las brujas o a lo que sea, y como eso se miraba en el cielo, pues créibanos nosotros que era cosa de los marcianos; sí, eso decían las gentes mayores.
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—¿Y las gentes mayores habían visto algo así antes?
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—Me parece que sí, pero no me acuerdo bien. O sea que decían que era como los cometas que luego vienen de vez en cuando.
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Nota: las imágenes de auroras boreales fueron tomadas de dos sitios de Internet, Arteleku y Euroexpress. Que los enlaces sirvan de crédito a sus autores.

Puedes encontrar más leyendas de Coahuila o de México en otros libros del investigador Homero Adame disponibles en Amazon, por ejemplo, accede a la coleccción en este enlace: Biblioteca Homero Adame : mitos y leyendas mexicanas.

O bien, ve directamente a uno de sus libros más recientes: Mitos y leyendas del norte de México.

domingo, 4 de marzo de 2012

Mitos y leyendas de la Huasteca: La sirena de Tamiahua

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LA SIRENA DE TAMIAHUA (la ninfa de la Huasteca)
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Leyenda de Tamiahua, Veracruz
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Ésta es la historia de Irene, hija del finado Abundio Saavedra Rosas y de Demasía González Corona, quien vivía con su madre en un pintoresco pueblecito huasteco llamado Rancho Nuevo, entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, en el municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. Irene era una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra. Madre e hija eran muy creyentes y devotas de la fe católica, que seguían al pie de la letra, así como de todos los usos y costumbres de la misma.
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Un día Jueves Santo, allá por los años de 1900 -1920, en plena Semana Santa –que eran días de vigilia o de guardar Irene– había ido a traer leña por el rumbo de Paso de Piedras (leñar es un acto prohibido en estos días). Regresó donde su madre y le dijo: “Ma, yo ando muy sucia y polvienta, que me dan ganas de echarme un baño”. Su madre le contestó: “No, hija, te condenarías. En estos días no debemos agarrar agua, mucho menos bañarnos”. Pero Irene le contestó: “Ay, ma, Dios me perdone pero yo aunque sea me voy a lavar la cara”. Tomó un guacal con dos hojas de jaboncillo y se fue rumbo al pozo a lavarse la cara.
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De pronto, su madre escucho unos gritos de angustia. Era Irene quien gritaba: “¡Ma, ma, ayúdame! ¡Ma, ma, ayúdame!”. Luego, sus gritos se convirtieron en un triste cántico como de lamento.
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Allí junto al pozo se levantó una gigantesca ola e Irene empezó a convertirse en otro ser, su boca como de pez, sus ojos más grandes, su negra cabellera y su piel se tiñeron como de rojo. Y lo más cruel fue que sus piernas desaparecieron, formándose debajo de la cintura una cola de pez, babosa y con escamas. La ola arrastró su cuerpo por el río rumbo al mar. Los lugareños la siguieron en pequeñas lanchas hasta la laguna. Cuando estaban a punto de alcanzarla, se apareció un extraño barco viejo, destrozado y feo. De pronto, Irene saltó hacia él, mientras esbozaba una sonrisa burlona y cantaba de forma macabra “Peten ak, peten ak” (giren, giren o circulen, en huasteco; hoy en día se dice petenera) para reunir en derredor de ella a toda la especie marina. Y así desapareció de la vista de todos.
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Desde aquel entonces, su vieja y cansada madre cada Jueves Santo iba hasta la playa con la ilusión de volver a ver a su hija Irene. Sólo cuentan los pescadores que cuando oyen sus fúnebres cantos, se alejan del lugar porque aquel que la vea sufre desgracias, ya que Irene la sirena se convierte en una rubia y hermosa mujer de dulce vos y prominentes pechos. Se dice que algunos pescadores han muerto cuando la han visto, porque al acercarse miran un ser espectral y horroroso que dicen que les voltea las lanchas y embravece las olas hasta matarlos.
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Versión popular publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por el autor para publicarse en este blog.

viernes, 2 de marzo de 2012

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: San José, protector de sus devotos

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SAN JOSÉ, PROTECTOR DE SUS DEVOTOS

Leyenda de Villa Hidalgo, SLP
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Entre los relatos que por aquí se escuchan, existen desde luego también los que refieren hechos milagrosos del santo patrono del pueblo, el Sr. San José, quien sabido de que muchos seres humanos en algunos casos pueden recuperar su salud, pero en otras ocasiones son definitivamente llamados a la presencia de Dios, se esmera en que por lo menos todo aquel que ha mantenido su fe y su devoción en él, no deje este mundo sin el auxilio de un sacerdote.

Corrían así los años cuando Villa Hidalgo era aún vicaría de la parroquia de Armadillo, que lo siguió siendo hasta 1906. El señor Carlos Martínez, fiel devoto de San José y compadre del párroco del Armadillo, se hallaba muy enfermo y ya en agonía; lo único que podía dar el consuelo a su familia y al enfermo mismo era que por lo menos pudiese recibir el sacramento de la extremaunción, cosa que parecía imposible, pues las fuerzas del enfermo comenzaban a flaquear y traer al párroco desde El Armadillo significaba una jornada a caballo durante la noche y el retorno hasta el día siguiente, con la posibilidad, además, de que el párroco anduviera cumpliendo con su ministerio por otro rumbo de su extensa parroquia y no pudiera atender de inmediato aquel llamado. Simple y sencillamente todo indicaba a que el enfermo se iba de este mundo sin aquel auxilio tan reconfortante para él como para los que aquí se quedaban rogando por su alma.

De pronto se escucharon unos toquidos en la pequeña ventana de madera de mezquite de la casa del enfermo. Era el sacerdote que llegaba directo desde El Armadillo, tras haber sido avisado por un humilde hombre de barba y sombrero, de las condiciones en que se hallaba su compadre. Los de la casa se preguntaban quién pudo haber sido aquel hombre que avisó al sacerdote en tan corto tiempo, simplemente a nadie se le había pedido o encomendado aquello, mucho menos a alguien desconocido, pues el párroco conocía a todos sus feligreses y aunque el rostro de aquel hombre que desapareció en cuanto le comunicó la noticia que llevaba, le parecía familiar y le inspiraba confianza, simple y sencillamente estaba seguro que jamás lo había visto por estos rumbos. Únicamente recordó su apacible voz y la humilde vestimenta en inusuales colores amarillo y verde. Fue entonces que vino a su memoria el rostro de la imagen frente a la cual tantas veces había orado durante sus visitas a la capilla de San José de Picachos.
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Esta leyenda fue publicada en el libro Picachos, Villa Hidalgo, S.L.P. Monografía y recuerdos, de José Rafael Barboza Gudiño. Universidad Autónoma de San Luis Potosí. SLP. 2011.

Se ha publicado en este blog con autorización del autor.

lunes, 27 de febrero de 2012

Mitos, leyendas, creencias y tradiciones sobre el 29 de febrero.



MITOS, LEYENDAS, CREENCIAS Y TRADICIONES SOBRE EL 29 de febrero
El año bisiesto en algunas partes del mundo
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¿Alguien conoce alguna tradición o costumbre mexicana que esté relacionada con el 29 de febrero?
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Como bien sabemos, el año bisiesto es aquel que se le agrega un día al mes de febrero, sucediendo cada cuatro años y este año de 2012 es bisiesto y por ello febrero tiene 29 días.
En algunas partes del mundo el 29 febrero es objeto de tradiciones, creencias y supersticiones. Por ejemplo, en Irlanda es el único día (de cada cuatro años) que las mujeres pueden pedirle matrimonio a los hombres.
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Cuenta una leyenda que en el siglo V, santa Brígida de Kildare le comentó, con preocupación, a san Patricio (el patrón de los irlandeses) que muchas mujeres tenían que esperar largo tiempo para casarse porque había hombres demasiado tímidos o irresolutos como para formularles la propuesta.
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San Patricio pensó en el asunto y resolvió que el 29 de febrero fuera el día en que las mujeres pudieran realizar la petición a sus novios. Un día cada cuatro años no era mucho, pero suficiente para las rígidas convenciones sociales de aquella época.
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Los irlandeses saben defender sus tradiciones, por lo cual el permiso del 29 de febrero se mantiene en el presente, aunque en tono más festivo que real. Por eso en las ciudades y pueblos de Irlanda pueden verse a muchas damas arrodilladas ante su caballero, declarándole amor y pidiéndole matrimonio. No es obligatorio para el hombre decir que sí, pero en el caso que rechace la petición debe compensar a la chica con un beso y el regalo de un camisón de seda.
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Pese a que la leyenda se atribuye a dos santos irlandeses, san Patricio y santa Brígida de Kildare, lo cierto es que la tradición se extendió a todas las islas británicas y sigue vigente hoy en día, aunque sea de manera lúdica.
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En Grecia, en cambio, por mucho tiempo persistió la creencia de que los años bisiestos traían mala suerte a los matrimonios, por lo cual muchas parejas preferían casarse antes o esperar un año para hacerlo.
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Otras culturas limitan la superstición a la boda celebrada un 29 de febrero, porque resulta difícil fijar la celebración del aniversario: ¿28 de febrero o 1° de marzo?
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En Escocia, donde también las tradiciones y creencias están muy arraigadas, se considera de mala suerte que alguien nazca el 29 de febrero, independientemente de la confusión para celebrar su cumpleaños.
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Hay lugares donde las oficinas del registro civil niegan registrar a alguien el 29 de febrero y solicitan que la persona decida si prefiere el 28 de febrero o el 1° de marzo.
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También hay refranes supersticiosos que hacen alusión al día extra en febrero, por ejemplo: “Año bisiesto, año siniestro” o “Año bisiesto, entra el hambre en el cesto”.
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Dentro del santoral católico, el 29 de febrero es el día dedicado a san Oswaldo Obispo de York y a santa Emma y Antonieta viuda.
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Nota: algunos de estos datos fueron tomados del blog Innisfree. Por su parte, la imagen del calendario fue tomada del blog Actiludis. Que los enlaces sirvan de crédito a sus autores.
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jueves, 23 de febrero de 2012

Mitos y leyendas de San Luis Potosí: ¡La Llorona es Carlota!


¡LA LLORONA ES CARLOTA!
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Leyenda de Villa de Guadalupe, SLP
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La Llorona... la Llorona, sí, todo mundo ha oído hablar de ella. Unos dicen que es una mujer que se aparece en los arroyos llorando por sus hijos, pero históricamente sabemos que la Llorona fue la mujer que anduvo con el Emperador Maximiliano. Ella se llamaba Carlota. Ellos aquí en México tuvieron un hijo, pero como ella estaba un poco mal de la cabeza se lo quitaron y lo mandaron a España. Fue tanto su dolor de no tener a su hijo en brazos que esa mujer andaba llorando en las calles de la ciudad de México, en las ciudades, en los pueblos, y hasta en los ranchos. Es que ella se iba a otras partes diciéndole a su marido que iba en alguna misión, pero la verdad era para buscar a su hijo y ahí fue cuando ella se volvió loca de a tiro; se volvió loca porque le dijeron que su hijo nunca había nacido. Ella, con su sentido de madre, sabía que su hijo sí vivía y por eso lo anduvo buscando en aquel tiempo.
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Cuando fusilaron a Maximiliano ella quedó más loca que cualquier cabra y dicen que la mandaron a España también, pero lo cierto es que ella se escapó y anduvo vagando por todos los ranchos buscando a su hijo. Luego, ya de vieja se habrá muerto por ahí y su ánima sigue penando esa pena tan horrible de no haber conocido a su hijo. Su ánima por eso llora por todos los caminos y las brechas del monte y grita que busca a su hijo.
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Como bien sabemos, la leyenda de la Llorona tiene muchísimas variantes, sin embargo, raras veces se menciona quién es o quién fue. En esta versión, narrada por Don Antonio Martínez, en Villa de Guadalupe, SLP, y publicada en el libro Mitos y leyendas del Altiplano potosino, encontramos una explicación un tanto diferente del origen de la Llorona, pues hasta se le da nombre, lo que la hace en una versión por demás inusual.
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Nota: la imagen de Carlota de Bélgica fue tomada del sitio de Internet Tu Bicentenario. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.
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Si andas buscando más leyendas de la Llorona sigue este enlace:
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martes, 21 de febrero de 2012

Leyendas norestenses: "Todo o nada"

“TODO O NADA”
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Leyenda recreada por Trístan Arvayo Adame
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Dice mi abuelito Jorge Adame que algunas leyendas son de espíritus que guardan un tesoro y no dejan que te lleves cosas, sólo que en este caso es un espíritu que te deja llevarte todo y si no puedes con todo, entonces no deja que te lleves nada. Así de simple, ¿no?
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Me contó mi abuelito que esto pasó cuando un grupo de amigos pobres andaban buscando un gran tesoro que supuestamente está enterrado en una cueva de Linares. Día tras día buscaban y buscaban en las lomas y junto a los ríos hasta que un buen día dieron con una cueva en la sierra donde había todo tipo de plantas: comestibles, carnívoras, venenosas, etc. Aunque los amigos eran muy pobres y no tenían sus propias herramientas, sí llevaban esa vez porque habían pedido cosas prestadas: machetes, mochilas, palas, lámparas, cuerdas, etc. Así que entrar a la cueva no fue problema.
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Cuando ya estaban adentro, oyeron una voz de ultratumba que dijo “todo o nada” varias veces. Aunque sintieron un poco de miedo porque era una voz de ultratumba, en ese momento uno de los amigos pobres dijo “todo” y así de la nada aparecieron montones de monedas de oro, diamantes, rubíes, esmeraldas, etc. Se emocionaron bastante y empezaron a contar las cosas hasta que se quedaron dormidos.
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Al día siguiente los amigos agarraron todo lo que pudieron y cuando se iban a salir de la cueva bien contentos se cerró la puerta y la voz volvió a decir “todo o nada”. Trataron de abrir la puerta de la cueva con los picos, con las palas, con lo que fuera, y hasta le pegaron con la barra para ver si podían romperla, pero nada, era una puerta de pura piedra. Se asustaron bastante y no sabían qué hacer y como estaba muy oscuro prendieron las lámparas. Y la voz seguía diciéndoles “todo o nada”.
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Los muchachos para poder seguir agarrando más tesoro, o sea todo lo que pudieran agarrar, aventaron las herramientas y cargaron con lo que les cupo en las bolsas, en las mochilas y en las manos. Hasta se quitaron las camisas, los calcetines, los pantalones y los zapatos para llenarlos. Aun así todavía no se acababa ni la tercera parte del tesoro mientras la voz seguía diciendo “todo o nada”, “todo o nada”, “todo o nada”. Como se dieron cuenta de que no podían llevarse todo, entonces dijeron “nada” y la puerta de la cueva se abrió y el tesoro desapareció junto con sus cosas.
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Se fueron bien tristes, sin nada al pueblo, nada más descalzos y en calzoncillos. Pero aparte de que no pudieron llevarse el tesoro iban a tener que pagar las herramientas que habían pedido prestadas. O sea que salieron más pobres de cómo habían entrado.
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Notas:
1. Con esta leyenda, Trístan Arvayo Adame ganó el Concurso "Relatos de mi abuelo", convocado por el Museo de Historia del Noreste, en 2008.
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2. El dibujo fue realizado por Jennifer Hennen.
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domingo, 5 de febrero de 2012

Fuego Nuevo - Pesach - Pascua

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TRADICIONES ALREDEDOR DE LA SEMANA SANTA
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Aunque la celebración de Pascua comúnmente se asocia con un festival cristiano en el mundo occidental, lo cierto es que todas las culturas han celebrado diferentes fiestas de primavera a lo largo de la historia de la civilización. Para los cristianos, la Pascua es un período cuando recuerdan la pasión y resurrección de Jesucristo y por eso estas fechas simbolizan el amor de Dios y la promesa divina de que el espíritu de los seres humanos es inmortal.
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En muchas lenguas la palabra Pascua viene del hebreo pesach. De hecho, la fiesta se puede rastrear hasta quizás el festival hebreo más importante, el cual siempre ocurre a principios de primavera, en el mes de Nisan, de acuerdo con el antiguo calendario judío. En esta fecha la gente recuerda, según las escrituras, que los israelitas fueron rescatados del cautiverio en Egipto por su gran líder, Moisés.
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En el cristianismo encontramos que las primeras celebraciones de Pascua se hacían en indistintas fechas hasta que finalmente, en el año 325 d.C., el consejo de Nicaea fijó la fecha para que siempre se llevara a cabo en el primer domingo seguido de la luna llena después de marzo 21; esto significa que el festival cristiano de la Pascua siempre ocurre entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Aunque muchos historiadores suponen que el consejo seleccionó esa fecha móvil de la luna llena intencionalmente para que de tal modo los peregrinos pudieran avanzar durante la noche, también podemos pensar en otros aspectos mucho más ancestrales, pues bien sabemos que la mayoría de los rituales humanos son de índole lunar; es decir, se realizan alrededor de las fases de la luna, como en este caso la Pascua y la luna llena.
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Si retrocedemos un poco más en la historia encontramos que las religiones paganas celebraban el renacimiento de la Tierra durante la primavera, exactamente al mismo tiempo del Pesach judío o de la Pascua cristiana.
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En el México precolombino el ritual del Fuego Nuevo tradicionalmente marcaba el principio de la primavera y el de un nuevo año solar. Aunque mucha gente ha olvidado el origen de esta fiesta, sigue encendiendo velas o fogatas, incluso dentro las iglesias porque, como ya bien sabemos, el cristianismo adoptó y adaptó del judaísmo y de otras religiones antiguas (paganas) muchos de los símbolos y tradiciones.
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sábado, 4 de febrero de 2012

Cuentos tradicionales mexicanos: El conejo y el coyote


EL CONEJO Y EL COYOTE

Cuento tradicional mexicano: versión de Galeana, N. L.

Había una vez una viejita que tenía sembradíos de lechuga, rábanos y betabeles, y había un conejito que llegaba todas las noches a comérselos. Harta de eso, la viejita ponía trampas, pero como el conejo era muy audaz nunca caía. Un día la viejita pensó:

«A la próxima le voy a poner un monito de cebo, a ver si con eso se asusta y ya no viene.»
  
Pasaron los días y llegó el conejo con el afán de comer algo. Cuando vio al monito, comenzó a burlarse de él, pero como éste no le contestaba, el conejo le dijo: «Mira, monito, no te voy a comer». De todos modos, le siguió haciendo bromas y lo empezó a golpear hasta quedarse pegado, pues el monito era de cebo tipo engrudo. Como en ese momento la viejita no andaba por ahí, no se dio cuenta de que el conejo se había quedado atrapado. Sin embargo, en eso llegó el coyote y al verlo así lo pescó. Pero el conejito, muy astuto, le dijo:
  
–Por favor no me comas, coyote. Mira, ¿ves aquella majada que está allá? Dime, cuál chivita te gusta y ahorita te la traigo. 
  
Como ese coyote era un poco tonto, le creyó. Al soltarlo el conejo se fue corriendo lo más rápido que pudo y sólo se le veían las orejitas moverse. El coyote se quedó esperando que le trajera la chivita, pero aquél nunca regresó con la presa. Cuento recopilado por Homero Adame.

Al poco tiempo el coyote se volvió a encontrar al conejo y le dijo:
  
–Ya te pesqué otra vez, conejito. Hace varios días te andaba buscando y como me hiciste trampa ahora sí te voy
a comer.

No’mbre, coyotito, déjame explicarte: resulta que atrapé la cabra que te dije, pero cuando te fui a buscar no te encontré, así que se me ocurrió hacerla chicharrones. Por eso aquí me ves preparándolos. Hm… están quedando al puro punto -explicó el conejo. (Cuento en un blog de Homero Adame.)

–Está bien -dijo el coyote-, ahorita nos los comemos.
  
El coyote empezó a menear el cazo donde supuestamente estaban los chicharrones que no eran tal, sino un panal de abejas que zumbaban, produciendo un ruido como si algo estuviera friéndose. En eso el conejo le dijo que en un rato regresaba y se fue lo más rápido que pudo, mientras el tonto coyote seguía meneando sus supuestos chicharrones. Como es de esperarse, lo picaron bastante las abejas. Cuento recopilado por Homero Adame.
  
A la noche siguiente, el conejo estaba comiéndose unos rábanos en la huerta de la viejita y el coyote lo vio y que lo pesca.
  
–Mira, conejo mañoso, traigo un hambre atroz y no hay más remedio comerte a ti, al fin y al cabo ya te burlaste de mí dos veces.
  
Cuando estaba a punto de darle una mordida, el conejo le dijo:
  
–No, coyote, no seas tonto. ¿A poco crees que se te va a quitar el hambre con comerme? Mira, ¿ves aquel bulto que está allá? Bueno, ésa es una borrega que yo mismo pesqué para ti, y si te la comes ya verás que te alcanza para dos o tres días. ¿Qué te parece?
  
El coyote se entusiasmó y corrió a comerse la supuesta borrega, pero cuando le dio el primer zarpazo nada más pegó un aullido de dolor. ¡Era un cactus y se había espinado! El conejo lo había hecho tonto de nuevo.

Pasó el tiempo y de nuevo el coyote se encontró a su enemigo; esta vez en la orilla de una laguna. (Cuento encontrado en un blog de Homero Adame.)
  
–Mira, conejo desgraciado, ahora sí te voy a comer -le dijo-. Ya me hiciste tonto tres veces y ya no me voy a dejar.
  
–Pero amigo coyotito, antes de querer comerme debes saber que te andaba buscando porque te traía un queso, pero se me cayó en la laguna y no lo puedo alcanzar con mi manita que es muy corta -le explicó el conejo-. Estaba pensando en una solución para sacar el queso de ahí y se me ocurre que entre los dos podemos lograrlo. ¿Cómo la ves, me agarras o te agarro yo hasta que podamos sacar el queso del agua?
  
Estuvieron discutiendo quién asía la mano de quién hasta que finalmente se pusieron de acuerdo. Quedaron en que el conejo iba a sujetar al coyote para que éste, con sus brazos más largos, alcanzara el queso. Pero lo que el coyote no sabía es que el supuesto queso no era más que la luna llena reflejada en el agua y no un queso como le había hecho creer el mañoso conejo. Como éste tenía otros planes, cuando el coyote ya estaba adentro del agua, lo soltó y el coyote se ahogó. Cuento encontrado en un blog de Homero Adame.

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Comentario de Homero Adame sobre este cuento
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En muchos relatos indígenas mexicanos, y de las etnias del desierto americano, existe una saga de cuentos donde los protagonistas son un conejo y un coyote, resultando como ganador uno u otro indistintamente. Por lo general, esa clase de cuentos lleva una moraleja implícita, la cual es una característica convencional en este género literario.
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En la versión que acabamos de leer, narrada por Milton de la Peña, un estudiante de Geología en Linares, quien nos dice que todavía se cuenta a los niños en las regiones serranas de Iturbide, los símbolos son los mismos: un coyote, animal embustero que siempre se sale con las suyas, cuya naturaleza en el folclore es dual, pues aparte de tramposo es también un héroe cultural, ya que imparte conocimiento de las artes y no permite que se extinga el fuego, protegiendo así a la raza humana. Y un conejo, que también en el folklore de algunos pueblos es un animal tramposo y embustero, aunque de igual forma es benefactor, pues él trajo el fuego de allende el mar para beneficio de la humanidad; con lo cual demuestra su naturaleza dual, similar a la de su contrincante.
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Puedes leer este cuento en inglés siguiendo este enlace:


Este cuento, publicado originalmente en 1998 y después en 2005, fue de nuevo incluido en Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, libro cuyos antecedentes son Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León (Ed. Font. 2005), Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Ed. Font. 2005) el cual fue, a su vez, una edición corregida, aumentada y mejorada de Mitos, cuentos y leyendas regionales – tradición oral de Nuevo León, originalmente publicada por Ediciones Castillo en 1998.


Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur
 (Guadalajara. 2022) contiene exclusivamente relatos de doce municipios neoleoneses, seis de ellos ubicados en la Región Citrícola y, otros seis, en la Región Sur. Está compuesto por tres capítulos: 1. Mitos, 2. Cuentos y 3. Leyendas; este último subdivido por épocas y temas: a) Leyendas con contenido prehispánico, b) Leyendas coloniales de santos y vírgenes, c) Leyendas de aparecidos y fantasmas, d) Leyendas de brujas y curanderos, e) Leyendas de cementerios y f) Leyendas de tesoros. Más aún: en este tratado el autor presenta cada relato recreando el habla de zonas rurales y serranas de Nuevo León, donde se usa un lenguaje sencillo, pero con vocablos y locuciones poco comunes o desconocidas en otras regiones del país o en las urbes.

Cabe destacar que más allá del relato, Homero Adame analiza el contenido de cada leyenda y encuentra simbolismos, hierofanías, elementos teogónicos del pensamiento desde el tiempo mítico y, de tal modo, sitúa a estas regiones neoleonesas en el contexto de la mitología universal.

La aclamada obra Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Regiones Citrícola y Sur, está disponible en librerías y también en Amazon, tanto en formato digital (Kindle) como en formato impreso o formato papel.

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