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domingo, 18 de octubre de 2026

Las tres ánimas: creencia de los nahuas veracruzanos

Las tres ánimas

Había un hombre nahua que creció en los Estados Unidos porque sus padres se lo llevaron desde muy niño y como querían aprender la cultura americana no le enseñaron algunas tradiciones de su comunidad. Pasados los años, este hombre regresó al pueblo en la Huasteca veracruzana a vivir su vejez; ya era un hombre cansado, pero conforme con su vida porque había hecho una pequeña fortuna como para poder construir una bonita casa y que su familia viviera a gusto en el pueblo donde él había nacido. Las primeras semanas batallaron para aclimatarse, pero la gente es muy amable con los suyos, con los de su misma raza, y aunque él no hablaba muy bien el nahua, de todos modos lo aceptaron y aceptaron a la esposa y a los hijos y sus parejas que no hablaban la lengua. Cuando llegaron las fiestas de muertos, a esa familia se le hizo muy raro lo que la gente hacía de poner altares para sus muertos. Ese primer año imitaron las costumbres y pusieron su altar en memoria de los padres de él que ya habían fallecido en los Estados Unidos. Esa noche velaron el altar con veladoras, flores de cempaxúchitl y ofrendas como el pan de muerto, las mandarinas, las cañas de azúcar y unos traguitos de ron que era lo que le gustaba a su papá. Fue una noche muy agradable de recordar a sus muertos y contar historias familiares. La familia se sintió feliz de participar en esa tradición y convivir con otros vecinos. (Leyenda publicada por Homero Adame).

Al año siguiente sucedió algo muy extraño porque hicieron el mismo ritual y un altar muy similar del año anterior, pero de alguna manera, cuando estaban en la velación, se vino un tremendo ventarrón que tumbó parte del altar, volaron las flores y se cayó la copita de ron derramando el líquido en el papel picado y al caer también una veladora casi ocurre un incendio que pudieron apagar a tiempo. El hombre se quedó muy triste pensando que su papá o su mamá ya no lo querían porque estaban enojados con él por no haber hecho algo correctamente. Al día siguiente les platicó del incidente a unos familiares muy mayores de edad y a nadie se le hizo extraño que hubiera ocurrido algo así. Le dijeron que no se apurara, que no era un enojo de parte de los difuntos sino que, le explicaron, los nahuas saben que toda persona en vida tiene tres espíritus, tres ánimas, un ánima está en el corazón y cuando se manifiesta es muy bondadosa, otra está en el cerebro y cuando se manifiesta es muy racional y la tercera ánima está en el hígado y cuando se manifiesta puede mostrar enojo. Le dijeron que, seguramente, en este segundo año durante la visita de los difuntos, cuando estaban haciendo la velación, se manifestó el espíritu del hígado del papá o de la mamá y como tenía algo de ira, entonces tumbó las cosas en el altar y casi incendia la casita. Afortunadamente no pasó a mayores y entonces, ya con esa información, el hombre dejó de preocuparse. Al año siguiente levantaron el altar con ansiedad y con curiosidad de ver qué espíritu se manifestaría, esperando que no fuera una manifestación enojada, sino alguna de las otras ánimas de su padre o de su madre que venían para convivir en armonía con la familia.

viernes, 2 de octubre de 2026

La novia que murió de amor

 La novia que murió por despecho

Leyenda de San Miguel de Allende


Por los rumbos de la colonia San Rafael cuentan de una casa vieja que, aun estando habitada, raras veces se ve gente entrar o salir por la única puerta de madera que desde hace años requiere una buena lijada, barnizada y pintada, o mínimo un brochazo de aceite de linaza. La casa en cuestión no está en malas condiciones, pero tampoco en óptimas porque no se le da mucho mantenimiento. Cuando la gente pasa por ahí siempre nota que hay una ventana cerrada, con vidrio, sin cortina; sólo en contadas ocasiones está abierta del postigo. Cuentan que cuando eso sucede es porque se va a haber una aparición. Antes de eso, se deja sentir un viento frío en la calle, como un pequeño remolino que levanta polvo y luego quien vaya pasando por ahí si se asoma por la ventana ve que adentro de una habitación está una mujer sentada, una mujer vestida de novia. ¿Quién es? ¿Desde cuándo aparece allí? Nadie lo sabe, pero lo que sí se sabe es que fue una joven mujer que la dejaron vestida y alborotada en el altar; el novio nunca se presentó al casamiento y la pobre mujer y su familia regresaron a casa muy tristes. Despechada, la novia se sentó en una mecedora junto a la ventana, con la esperanza de que el novio fuera por ella. Por su desazón, dejó de hablar. Transcurrieron los años y la desdichada mujer murió sentada, inmersa en su tristeza, sin haber vuelto a saber de su novio siquiera. Murió de amor y de despecho.

Han pasado tantos años desde aquel infortunado suceso que ya nadie recuerda el nombre de la mujer o del novio ni la fecha cuándo la dejaron en el altar de quién sabe cuál iglesia, ni se sabe desde cuándo se sentó ahí junto a la ventana para rumiar su desventura. La conseja dice que, ocasionalmente, cuando se deja sentir una ráfaga de viento que hace un remolino frío, aunque sea un día caluroso, quien se asome por esa ventana verá a esa mujer sentada con su mirada perdida viendo hacia la nada.

Para leer más leyendas e historias sanmiguelenses, el libro bilingüe de Homero Adame Historias y leyendas de San Miguel de Allende / Stories and Legends of San Miguel de Allende está disponible en librerías y también en Amazon en presentaciones de tapa blanda, tapa dura y electrónico (Kindle).